Entradas

Los pueblos más bonitos de Italia

Por si os quedastéis con ganas de más, los pueblos más bonitos de Italia son la segunda entrega de aquel “los pueblos más bellos de Italia”. De repente caigo en la cuenta de este post cuyo título escribí hace mucho tiempo y que ha quedado en el olvido, no intencionado, claro. Aunque hay quien puede pensar que es una buena forma de enmascarar la desidia o la pereza, y tampoco puedo quitarle la razón.

 

Uno de esos pueblos más bonitos de Italia, Corciano, en Umbria, celebraba el día que lo visitamos su famoso “Agosto Corcianese”: exposiciones, conciertos, proyecciones cinemátográficas, representaciones teatrales… que culminn el 15 de agosto con el famoso Corteo del Gonfalone, un desfile en el que participa todo el pueblo, en el que se rememoran hechos acontecidos en el siglo XV, y que toma su nombre del estandarte que portaban los militares en la batalla y que era llevado en procesión para ahuyentar las epidemias, como la peste, o la pobreza.

Precisamente es el Gonfalone de Benedetto Bonfigli el que protege a la población, y se puede ver en la iglesia de Santa Maria Assunta. A ella acudimos para contemplar el magnífico retablo de la Asunción, obra de “Il Perugino”, que impresiona más si cabe entre las paredes blancas del Templo. Apenas si puedo acercarme pues se celebra la misa a esas horas y es por ello que las calles estaban vacías, tan sólo algunos jóvenes artistas que trabajan y exponen sus obras en los lugares habilitados por el Ayuntamiento, hermosos talleres entre las paredes de piedra de las casas que rodean la piazza Coragino, centro neurálgico de la ciudad que debe su nombre al que se dice fue su fundador, compañero del héroe griego Ulises por más señas.

 

 

No me extraña en absoluto que Corciano sea merecedor del distintivo de “I Borghi più belli”, pues puedo afirmar que es merecedor de estar en esa lista de los pueblos más bonitos de Italia. Enclavado en una colina, rodeado de frondosos árboles, la piedra impoluta y limpia de sus edificios, a pesar de los siglos, se torna dorada bajo el sol del mediodía.
Umbria- la sombría, pero tan sólo por la cantidad de bosques que la cubren- el corazón verde de Italia, como también se la conoce, está repleta de pueblos de los más bonitos de Italia.

Tiene Corciano, además, y toda la región, otro aliciente nada despreciable: una magnífica cocina y unos excelentes vinos, que nada tienen que envidiar a los de Toscana. En estos días de agosto se puede disfrutar en cualquiera de los restaurantes- yo llevaba anotado uno en especial “La locanda di San Michele”- de menús basados en las recetas de la cocina medieval, aunque finalmente decidimos seguir ruta y dejar la comida para una próxima ocasión.

No fue intencionado, puedo jurarlo, sino fruto de la casualidad que, en pocos días y pocos kilómetros, visitásemos un gran número de pueblos pertenecientes al selecto Club de los pueblos más bonitos de Italia, en nuestro recorrido por la región de Umbria.
Spello supera en belleza al anterior y es uno de los lugares más bonitos y con mayor encanto de cuantos he conocido.

 

Photo credit: Pilù.2008 via Foter.com / CC BY-NC-ND

 

Después de atravesar su muralla os encontraréis una sucesión de calles cuesta arriba hasta llegar a la Piazza Matteotti. Es un buen punto para reponer fuerzas, sentados en la terraza de alguna enoteca, probad los quesos… pecorinos, con trufa. De camino, no he podido evitar la visita a un par de Iglesias y oratorios. Si proponérmelo, me he tropezado con bellísimas obras de Pinturicchio y como la memoria me juega malas pasadas- ha transcurrido un año- busco en internet y concluyo que he visitado las de la Maddalena y Sant’Andrea. Y es que si algo tiene Umbria, como toda Italia, es una concentración impresionante de arte por metro cuadrado.

Pero si las obras del Perugino o de Pinturicchio no os subyugan, el recorrido por sus calles ofrece otro tipo de arte nada despreciable: la decoración floral. A pesar de que la ornametación de calles y balcones se hace desde el mes de mayo hasta primeros de julio, en agosto todavía permanece, ofreciendo una imagen de postal. Cada año, a finales del mes de junio y coincidiendo con la celebración del Corpus, las calles de Spello se cubren de pétalos de flores con los que se crean tapices que representan motivos y figuras ornamentales y litúrgicas. Los habitantes de la localidad, tras la preparación durante los días previos, cubren en una noche- la llamada noche de las flores- los 2 kilómetros que ocupará el tapiz, para que por la mañana puedan contemplarlo los miles de visitantes que se desplazan hasta allí con motivo de la celebración.

 

 

Spello será, en mi memoria y para siempre, no sólo uno de los pueblos más bonitos de Italia, sino, y sobretodo, la ciudad de las flores, en clara competencia con el distintivo de “ciudad del arte” que también posee. La rememoro cada vez que veo,  pegado en mi nevera, un bonito imán pintado a mano sobre madera, que compré a una artista local.

Bevagna posee el encanto de esos pueblos cuya vida se desarrolla entorno a las Plazas, con gente sentada a la puerta de su casa o en las mesas de cualquier bar, las vecinas que conversan frente a la carnicería, todavía con las bolsas en la mano… y cuyos veranos bullen de actividad: fiestas, conciertos en la Plaza- están montando un pequeño escenario a nuestro paso- que invitan a quedarse un rato más. Esto es así hasta tal punto que acabo de descubrir una asociación que se llama precisamente ” la Piazza”, lo que corrobora que esa primera impresión que uno se lleva al visitar Bevagna es del todo cierta.

 

Photo credit: artnbarb via Foter.com / CC BY-NC-SA

Aprovechamos para callejear, sin rumbo ni prisa, para comprar salsa tartufata y otras especialidades con trufa- he descubierto una a base de tomate, albahaca y trufa con la que acompañar la pasta… simplemente impresionante-. En mi recorrido descubro uno de esos establecimientos de toda la vida, que además presume de su antiguedad en la fachada, tanto años vendiendo carne, embutidos o pasta. Para celebrar su aniversario, expone una receta tradicional, que me resulta muy apetitosa. Os la dejo aquí, traducida, por si os animáis a hacerla y ya me contaréis:

 

 

PICCHIERILLI ALLA BEANATA

Los picchierilli son un tipo de pasta fresca de origen campesino. Están hechos con ingredientes simples como la patata y el aceite de oliva virgen. Esta receta se ha transmitido de generación en generación a través de la tradición oral, como un patrimonio a salvaguardar. En España no se conoce esta pasta, así que se puede optar por unos ñoquis (también son de patata) u otra pasta fresca gruesa.

Para 4/5 personas: 800 grs de picchierilli, 100grs de panceta o tocino de papada, 1 cebolla, aceite de oliva, 2 vasitos de vino tinto, queso parmesano o pecorino (podéis utilizar un queso de oveja curado), rúcula (a voluntad)

En una sartén, pochar la cebolla junto con la panceta o tocino, añadir un poco de agua y el vino y dejar reducir (que quede un poco de líquido)

Cocer la pasta (muy poco tiempo, cuando suba a la superficie es suficiente) y añadirla a la sartén para terminar la cocción. Añadir abundante queso y la rúcula finamente picada.

 

Si hay algo que me gusta en mis viajes es descubrir pequeños rincones curiosos, de esos cuyo nombre a menudo olvidamos- y cada vez más- pero que se fijan en la retina y se quedan en un pequeño escondite de la memoria. Seamos serios, lo que de verdad sucede es que repasando cientos de fotos almacenadas, de repente nos topamos con la imagen y ecco!. Paseando por Bevagna encontramos un antiguo Claustro, ahora convertido en Hotel, en el que obtuvimos una instantánea curiosa. Realmente, el lugar invitaba a quedarse… o al menos a esperar un rato.

En mi recorrido por los pueblos más bonitos de Italia, y más bellos de Umbria, no me puedo olvidar de uno que, curiosamente, nunca he visto con la luz del día. Castiglione del Lago se erige tras los muros de una fortaleza, emplazado sobre una colina desde la que se divisan las aguas del Lago Trasimeno.

 

Photo credit: just_jeanette via Foter.com / CC BY-NC-SA

Era allí donde acudíamos a cenar casi todas las noches, atraídos por su ambiente festivo, las terrazas de los restaurantes repletas, los comercios abiertos hasta muy tarde compartiendo espacio con los tenderetes callejeros… pero sobre todo por las excelentes pizzas cocidas en horno de leña de “La Cantina”, que todavía ocupan el número uno en nuestro particular ranking de “pizzas en Italia”. Puedo asegurar que también bajo la luz de la luna, y alumbrado por farolas, es uno de los pueblos más bonitos de Italia de cuantos podáis visitar.

Mi primer viaje a Toscana: Desde la cima del mundo al Valle de Mugello

Nuestro primer día de vacaciones, en aquel que fue nuestro primer viaje a Toscana, amaneció con un sol radiante. Como siempre me ocurre al despertar, necesitaba con urgencia una buena dosis de café, asi que con la taza en la mano abrí la puerta de nuestro apartamento “Il Balestruccio” y salí a la terraza. Estratégicamente situado en la parte más alta de la propiedad, unas 200 hectáreas de zona protegida donde se cultivan olivos y conviven todo tipo de especies salvajes en los cercanos bosques de castaños que la rodean, la espectacular visión que desde allí se me ofrecía me hizo pensar que quizá no hubiese despertado del todo.

Rodeada de verdes montañas, a pesar de lo avanzado del verano, las suaves laderas invitaban a deslizarse o simplemente a tumbarse en la hierba para contemplar el cielo límpido y azul. El viento era fresco y traía aromas de lavanda y de una paz infinita. Desconozco la sensación que deben tener los escaladores  cuando alcanzan esas cimas de los cuatromil…pero yo, en aquel momento y a poco más de 600 mtrs de altitud, me sentía en la cima del mundo.

Fue todo un acierto reservar este alojamiento mientras organizaba mi primer viaje a Toscana, y un auténtico regalo para los sentidos disfrutarlo durante 14 días. El agroturimo está compuesto por unas pocas casitas muy similares, restos de un antiguo pueblo medieval, que los propietarios Enrico y Nara habían rehabilitado. Además, quedaba entre ellas la antigua casa de la nonna (la abuela) de Enrico, quien sentía por estas tierras un enorme afecto y dedicaba su tiempo al cultivo de los olivos milenarios.

Esta zona de la Toscana pertenece al Valle de Mugello, seguro que a todo el mundo le “suena” por el famoso circuíto, pero a pesar de su cercanía a la ciudad de Florencia es quizá de las menos transitadas… toda una ventaja, pues permite disfrutar de una tranquilidad absoluta alejada de los grupos de turistas que todo lo invaden en otros lugares más famosos. Reconozco que es un punto de partida muy poco usual para un primer viaje a Toscana, pero aun después de muchos años no me arrepiento de haberlo escogido.

Precisamente la familia Medici, omnipresente en la ciudad de Florencia, era originaria de este Valle. Quedan en la zona algunas de las villas que tan ilustre familia poseía y puede seguirse una ruta Medicea desde Dicomano hasta Barberino de Mugello, llegando hasta  Cafaggiolo, Trebio o Pratolino (Vaglia) donde podréis disfrutar de la Villa Demidoff… no se puede visitar todos los días y de hecho cuando llegamos hasta allí no pudimos hacerlo (no os fiéis siempre de lo que dicen las guías de viaje, en ocasiones contienen errores en detalles como éstos) Os recomiendo de verdad hacer este circuíto si estáis organizando vuestro viaje a Toscana, ya se que se escapa un poco de lo que algunos consideran “imprescindible” pero ¿De verdad os interesa sólo lo que hace todo el mundo?

Dicomano es un pueblo pequeño: un supermercado, un almacén de ferretería, una panadería-heladería..y poco más. Algunas tardes, en aquellas pocas ocasiones que decidíamos dedicar el día al descanso, sin agotadoras rutas en nuestro afán por descubrir hasta el último rincón de la Toscana (imposible por más que nos empeñásemos) ibamos a pasar la tarde a Borgo de San Lorenzo. El pueblo es tranquilo, como todos por esa zona, pero posee una riqueza patrimonial envidiable: la Pieve di San Lorenzo, quizá la iglesia más antigua del Mugello (S.XII), el Palazzo del Podesta en cuya fachada se pueden admirar los escudos de las nobles familias que lo habitaron, o la Villa Pecori Giraldi, edificio renacentista donde encontrareis la oficina de turismo y un museo.

Pero lo que más disfrutábamos era nuestro paseo por sus calles, atravesando la muralla del S.XIII por la Porta Fiorentina para encontrarnos con la Torre del reloj.Tomar un helado, mirar los escaparates y disfrutar de esa parte de la ciudad cerrada al tráfico donde jóvenes y viejos pasean y toman el pulso a la vida.

Cuántas veces me he alegrado por el descubrimiento de este lugar en nuestro viaje a Toscana. Como todos los descubrimientos, me fue dado por la casualidad… o por la desesperación, pues llevaba dos meses intentando encontrar un alojamiento para las fechas deseadas y que se adaptase a mi bolsillo!

La ubicación ideal estaba entre Florencia y Siena, pero alojarse en el Chianti en pleno Agosto es una locura, tanto por los precios como por la masificación. Cuando ya estaba empezando a desesperar entré de casualidad en una web que, después de…había perdido la cuenta, milagrosamente no había visitado. Y allí lo encontré…I Nidi di Belforte, a tan sólo unos 30 km de Florencia y una estupenda conexión por tren con la ciudad.

Puedes hacer muchos viajes, encontrar sitios maravillosos… pero sólo algunos, por alguna extraña razón, los haces tuyos. Y eso nos ocurrió con I Nidi y con aquel viaje a Toscana, que fue sin duda, el mejor de nuestra vida.

Una tarde en el Palio de Siena

Una tarde en el Palio podría ser, pero no lo es, un título más en la filmografía de los hermanos Marx. Quizá lo acontecido en la crónica de un 16 de agosto de 2011 contenga algunas situaciones inverosímiles, una buena dosis de caos, mucha más emoción y, sin duda, una alegría contagiosa. Cuatro años atrás, un Ferragosto de 2007, me hice la promesa de regresar a la ciudad de Siena para vivir en primera persona la emoción de “Il Palio”, aunque ésto más que una promesa es una forma de expresar en “voz alta” los anhelos más profundos.

 

 

Una tarde en el Palio podría resumir las horas previas, y el tiempo fugaz, de la que se considera la carrera de caballos más peligrosa del mundo, la más arriesgada, la más emocionante, y en ocasiones la más criticada o denostada. Pero es mucho más que todo eso. Se inicia en las primeras horas de la mañana con la misa del “fantino”(jinete) aunque durante toda la semana se desarrollan actos y distintas pruebas hasta llegar al gran día. En realidad, Siena vive Il Palio desde el mes de Julio, pues el día 2 de ese mes tiene lugar la primera carrera en la que se decide cuales son las Contradas que llegarán al de Agosto -Il Palio de la Assumpta (de la Asunción)-.

Hasta las siete de la tarde, hora en que se cierra el acceso a la Piazza del Campo, quedan muchas horas por vivir, por disfrutar en esta ciudad que, ya he dicho en otras ocasiones, figura en mi lista de lugares favoritos, no sólo por su belleza indiscutible sino por ser poseedora de un carácter propio. Siena, que recibe de manera habitual a cientos, miles, de turistas, ve desbordadas sus calles, largas y estrechas, por una muchedumbre dispuesta a empaparse de la emoción de la fiesta del Palio, a contagiarse de la alegría de sus habitantes, aunque no tomen partido ni compartan la histórica rivalidad entre los vecinos de unas y otras Contradas, para quienes vencer la prueba es una cuestión de honor.

Tan sólo algunos insensatos -turistas en su totalidad- ocupan la Piazza desde primeras horas de la mañana, unos pertrechados con paraguas para protegerse del sol, aunque otros van más allá en su osadía y puedo observar los signos de las que serán severas quemaduras solares sobre sus pieles blancas, lechosas, que indican claramente su procedencia, sin necesidad de consultar su pasaporte. Pero muchos otros aprovechan la visita a la ciudad para conocer los innumerables tesoros que ofrece, entre ellos su Catedral, más bella si cabe engalanada para la ocasión.

Como no es nuestra primera visita a Siena – y espero que tampoco la última- no hemos querido madrugar en exceso, aunque ello nos complique, un poco más, la tarea de encontrar aparcamiento. La mayoría de los parking exhiben el cartel de “pieno” (lleno) pero finalmente nos hacemos un hueco en el de la Fortezza, gratuíto. Son las ventajas de un utilitario pequeño, como el cinquecento.

Por el camino, nos hemos desviado de la ruta más rápida para disfrutar de uno de los paisajes más sorprendentes de la Toscana, las Crete Senesi. Este paraje, que tomamos desde la salida a Betolle para continuar por Asciano hasta Taverne d’Arbia sigue sorprendiéndome cada vez que lo visito, tan diferente según la estación, pero es en verano cuando más me impacta, cuando más se asemeja a la superficie lunar – aunque nunca he viajado a la luna!- por lo que también es conocido como “crete lunari”. Y no os podéis imaginar lo bello que está en primavera. Es un recorrido que nadie debería perderse cuando visite Siena. Mucho menos frecuentado que otras zonas más turísticas, y sobrevaloradas en mi opinión, conserva como pocos la esencia del espíritu toscano: recio, árido, pero suave y acogedor a un tiempo.

Esto es sólo un inciso, pero una buena forma de comenzar un día lleno de emociones, de alcanzar una paz de espíritu… que ya se romperá con la algarabía y el bullicio de Siena!. Como hemos llegado con buena disposición de ánimo, a sabiendas de que deberemos soportar aglomeraciones, paseamos sin prisa entre las calles y nos sentamos en las escaleras que suben hasta el Duomo, para disfrutar del ir y venir de gente -a salvo del sol feroz que cae de plano sobre la Piazza- donde incluso nos llega una leve corriente de aire muy agradable.

En los aledaños de la Piazza del Campo se suceden los desfiles con los miembros de las Contradas: abanderados, caballeros medievales y las mujeres y niños ataviados con el pañuelo al cuello, que entonan una pegadiza melodía. Dan ganas de unirse al desfile, confundirse entre la muchedumbre, aunque no conozca la letra de esta canción…

Al igual que cuatro años atrás, decidimos repetir nuestra comida en I Terzi, donde hemos reservado previamente. El local apenas ha cambiado, aunque por la fecha señalada hay una carta diferente y ya no cuelga la pizarra con los tres o cuatro platos del día. El menú es un poco más sofisticado, pero siguen preparando unos deliciosos pici, y los precios han subido… claro que ha pasado ya un tiempo, aunque nos parezca mentira!. La verdad es que el servicio es lento y no demasiado amable, quiero pensar que por ser un día excepcional, pero hace pocas semanas unos amigos, siguiendo nuestra recomendación,  han estado por allí y les ha ocurrido lo mismo. Es una pena, pero no podemos evitar que algunas cosas cambien!. Lo que permanece invariable es la ciudad, tan bella como siempre: las mismas tiendas con excelentes productos toscanos, el mismo lugar para tomar un café, un rincón donde esconderse… es una sensación extraña cuando se viaja desde otros lugares en los que se abren y cierran negocios con una rapidez sorprendente, o donde los viejos edificios desaparecen de la noche a la mañana, dejando un vacío inmenso, un solar desangelado que, tal y como están las cosas, nadie sabe que destino tendrá.

Con el estómago agradecido, decidimos dar una vuelta “de reconocimiento” a la Piazza, para comprobar su nivel de ocupación. Cuando la sombra de los edificios comienza a cubrir alguno de los ángulos, puede ser un buen momento para ocupar una posición privilegiada, sentados en el suelo como tanta gente lo hace. A mi lado, una joven aprovecha las horas para dedicarse a la lectura, en un idioma, por cierto, totalmente ininteligible. Hasta aquí llegan los ecos de la música y el redoble de tambores de los cortejos, que no cesan en su recorrido por la ciudad. Las horas transcurren lentas y los puestos que venden botellas de agua, sombreros y souvenirs para la ocasión, que se han situado en medio de la plaza, se van retirando poco después de las cinco de la tarde. Para entonces, la afluencia de público es mayor y el ambiente se anima mientras todos observamos impacientes el reloj de la Torre del Mangia.

Si algo hay que destacar en este evento, el del Palio, es la excelente organización. Cuerpos de policía, brigadas de limpieza municipal, servicios de socorro…jamás me he sentido tan segura entre una multitud, convencida de que ante el más mínimo incidente todo estaría bajo control. Como en el “making off” de una película o de un videoclip, las gradas comienzan a ocuparse- sólo por algunos de entre los más afortunados, familias de renombre o miembros importantes de las Contradas- y la Piazza recibe la llegada de mucha más gente de la que parece admitir. Pero es una falsa percepción, os aseguro que poco después, en los minutos previos al inicio de la carrera, los jóvenes seneses, que han acompañado los desfiles hasta su llegada a la Piazza, continúan entrando por un único pasillo central habilitado junto al Ayuntamiento, y no tienen reparo en ocupar el centro, aprisionados, dispuestos a vibrar con la emoción de la carrera.

Mientras, abanderados y miembros del cortejo, recorren la Piazza, deslumbrando al público con sus proezas y lanzamientos, siempre el mismo ritual… la recogida de las banderas y el redoble de tambores que preceden al lanzamiento de las enseñas, que arrancan suspiros de admiración entre el público. Nos hemos situado junto a la curva del Casato, uno de los puntos más complicados de la carrera, tan sólo superado por la famosa curva de San Martino donde suceden la mayor parte de las caidas – si el caballo llega sin jinete a la meta resulta igualmente vencedor- y algún desafortunado accidente.

Los servicios de limpieza municipal recorren la pista con grandes escobas de paja, para que quede libre del más mínimo obstáculo, que pondría en grave peligro a los participantes. El olor a tierra impregna el ambiente, mientras se apisona durante estos mismos preparativos, y cuando un cuerpo de guardia, a caballo, recorre las tres vueltas para comprobar el terreno, estremece la velocidad que alcanzan sin escuchar, ni por un instante, el sonido de los cascos sobre el terreno.

A estas horas comienza a sentirse la tensión, la impaciencia, el esfuerzo por mantenerse firme en el espacio conquistado, y también se advierten las consecuencias de algunos excesos: demasiadas horas bajo el sol de la Piazza, apenas una porción de pizza o un snack para comer… demasiado sacrificio para ocupar los primeros puestos, y la decepción de tener que abandonar su lugar justo antes del gran momento, en una de las camillas del servicio de socorro. Los sanitarios actúan con una celeridad impresionante y acceden a cualquier punto de la plaza con enorme rapidez, aunque advierten a quienes se niegan a abandonar su puesto, a pesar de la sensación de mareo o malestar, que una vez cerrada definitivamente la Piazza no podrán acudir de ninguna manera.

No es extraño que la tensión entre los miembros de unas y otras Contradas provoque algún pequeño enfrentamiento o discusión. Pero las normas de esta carrera son muy estrictas y cualquier mínimo incidente puede conllevar una amonestación o incluso la descalificación  o la prohibición de participar en la prueba. En la web de la ciudad de Siena pueden incluso leerse estas amonestaciones y resoluciones referentes al Palio, del mismo modo que al llegar a la ciudad encontramos, en grandes paneles, un bando municipal en el que se publican las normas que rigen el mismo.

Probablemente este Palio de agosto de 2011 no será recordado, afortunadamente, por la anécdota que ahora circula por internet y que cual paparazzi inmortalizamos a pocos metros de donde nos encontrábamos: la actitud poco decorosa de una pareja, turistas por supuesto -y no me aventuro en la nacionalidad para no herir susceptibilidades- desde la ventana de uno de los hoteles que ofrecen habitaciones con magníficas vistas a la Piazza del Campo. El revuelo entre el público resultó ciertamente divertido, y la reacción de aquellos que se encontraban en los balcones de las casas cercanas ha provocado que incluso alguien, con poco tino musical pero mucho sentido del humor, haya “compuesto” una canción relatando lo sucedido.

Per todo este revuelo se acaba cuando los caballos hacen su entrada en la Piazza. El público en las gradas comienza a pedir silencio, y la rivalidad entre las Contradas se advierte por los vítores y abucheos de unos y otros cada vez que las autoridades nombran a aquellas que participan en la prueba final. La tensión se contagia, atenaza los músculos, y parece que apenas se puede respirar entre la inmensa marea humana que ocupa el Campo. Tan sólo durante unos segundos se hace un silencio sepulcral, casi impensable entre 60.000 almas, y una explosión en el cielo- que provoca el vuelo de las numerosísimas palomas que habitualmente habitan la Piazza- precede a la explosión de júbilo y gritos de ánimo, cada cual hacia su favorito.

Sólo los seneses pueden comprender y vivir esta enorme rivalidad, el orgullo de pertenecer a cada una de las Contradas, con una intensidad casi inimaginable. Sin embargo, resulta muy fácil contagiarse de este ambiente e incluso tener un favorito. En nuestro caso, animamos al fantino de Leocorno (el Unicornio) que en las primeras dos vueltas se sitúa en los puestos de cabeza. Para nosotros tiene un significado especial: Leocorno fue el vencedor en el Palio de agosto de 2007, en cuya víspera prometimos que algún día regresaríamos a Siena para vivir la carrera.

La velocidad que alcanzan los hermosísimos ejemplares tan sólo permite apreciar una estela de formas y colores que pasa ante nuestros ojos, mientras a nuestros oidos llega el clamor ensordecedor del público. Tres estruendos en el aire dan por finalizada la prueba, que finalmente ha vencido la Jirafa. La alegría de unos se mezcla con el llanto y los lamentos de otros y la multitud se abalanza sobre el fantino ganador para llevarlo a hombros. Mucho antes de que las autoridades abran las vallas de acceso al centro de la Piazza, los jóvenes han comenzado a saltarlas para dirigirse a las calles y celebrar el triunfo. Finalmente, y viendo que nadie nos iba a sacar de allí, optamos por imitarles dando cuenta de una agilidad que creíamos perdida. Nos despedimos de una pareja americana, con quienes hemos compartido nuestras horas de espera y el espacio reducido cerca de la curva del Casato.

Una sensación de irrealidad me invade…habrá sido un sueño? Las horas de espera, la tensión y la emoción vividas, el sonido de tambores que aun resuenan en mi cabeza, los colores de los estandartes que ondean por toda la ciudad… de repente todo ha pasado, en apenas unos instantes. Comienzo a sentir cada músculo de mi cuerpo, el peso de mis piernas, de mis brazos, mientras nos abrimos paso entre las calles abarrotadas buscando una de las puertas de salida.

En Siena esta noche no termina. Volvemos la vista atrás con una nueva promesa: la próxima vez nos alojaremos en la ciudad, para disfrutar de esa noche mágica, de alegría desbordante, en la que no hay tiempo para el reposo.

Los pueblos más bellos de Italia ¿A qué esperas para conocerlos?

¿Cuáles son los pueblos más bellos de Italia?  Es posible que el título pueda sonar categórico, que dé lugar  a tribulaciones sobre si son los que están o están los que son pero, sin atreverme a suscribir la afirmación que contiene, puedo asegurar que los pueblos que aparecen en la guía de tan selecto club no están exentos de belleza, interés y encanto.


Allá por el año 2001, en un intento no sólo de promocionar turísticamente determinadas poblaciones que quedaban al margen de los circuitos ofrecidos por las agencias, sino de preservar y revalorizar su patrimonio cultural y artístico, nace este “club” de los pueblos más bellos de Italia, a semejanza de los que ya funcionaban en otros países – véase Francia con “les plus beaux villages”-. Aunque debo decir que este propósito queda ya superado pues algunos de los pueblos que forman parte de esta asociación, esos pequeños lugares en los mapas que siempre me han gustado, se incluyan en una lista o no, se han convertido también en algunos de los más visitados y turísticos.

La primera vez que encontré el distintivo de “I borghi piú belli” fue en mi visita a Poppi, inmerso en las montañas del Casentino, en una de las zonas menos visitadas de Toscana. Vaya por delante la observación  de que traducir Borghi como pueblos no es del todo correcto. En la pasada edición del World Travel Market de Londres tuve la oportunidad de asistir a una rueda de prensa de esta asociación. Insistieron en que no se tradujese como los pueblos más bellos de Italia ya que el Borgo (un término “inventado”) se caracteriza por tratarse de poblaciones amuralladas en las que se conservan edificios nobles, de gran valor artístico o histórico.

Scarperia, en el Valle de Mugello; Buonconvento, cerca de Siena; Sovana y Pitigliano en la provincia de Grosseto, son algunos de los nombres que figuran y que merecen sin duda alguna el distintivo de los pueblos más bellos de Italia, y una parada en nuestro viaje, aun cuando ello suponga sustituir algún destino en el itinerario previsto. Recorrer los nombres propios que figuran en esta guía- ya está disponible la última edición 2017 – puede ser una buena manera de conocer esa “otra Italia” y una excusa perfecta para regresar siempre que se pueda.

Sin haberlo previsto de ningún modo, únicamente fruto de la casualidad,  en el verano de 2011 tuve la oportunidad de visitar algunos de los considerados “i borghi più belli”. Unos al norte, en la región de Liguria, y otros en el centro del país, en la  de Umbría. Curiosamente tanto una como otra  no son regiones muy extensas, si no me equivoco Umbría es una de las más pequeñas de todo el país, y sin embargo en ellas se concentran un buen número de los pueblos más bellos de Italia.

Tellaro es apenas un punto diminuto en el mapa, asomado literalmente al mar, en el extremo oriental del Golfo de la Spezia. Apenas accesible con un reducido servicio de transporte marítimo, o tras un breve pero fatigoso recorrido en autobús desde Lerici,  ofrece una imagen inconfundible con sus fachadas en tonos ocre y la torre del campanario de San Giorgio.

Su orografía, especialmente su costa accidentada y rocosa, sirvió de refugio a los habitantes de las poblaciones vecinas ante los ataques de piratas sarracenos, aunque circule la leyenda de que fue el “pulpo campanero” el verdadero héroe de la historia. Comienza así…

Erase una vez, hace cientos y cientos de años, en un pequeño pueblo hecho de casitas de colores aferradas a una empinada colina sobre el mar…
El mar , en aquel tiempo, no era un lugar seguro. Estaban, de hecho, los terribles piratas sarracenos. Llegaban de noche, silenciosos como fantasmas, sobre sus velocísimas naves. Robaban todo aquello que se podía robar y destruían todo aquello que se podía destruir…
Por este motivo, en todos los pueblos de la costa por la noche había siempre un hombre de guardia sobre el campanario de la Iglesia, dispuesto a tocar la campana para dar la alarma apenas apareciese por el mar cualquier barco de vela sospechoso…

Tras esta breve traducción libre, si queréis saber como sigue la historia, tendréis que leer “El polpo Campanaro” de Beppe Mecconi, un delicioso cuento para niños que recoge la leyenda más famosa de Tellaro.

El asunto del pulpo ha dado origen también a otra delicia, como lo es el plato más típico del lugar, “polpo alla tellarese”: cocido con patatas y condimentado con aceite del lugar, aceitunas deshuesadas y un picadillo de ajo, perejil, sal, pimienta y zumo de limón. El segundo domingo de agosto se celebra la tradicional “sagra del polpo”(algo así como la feria del pulpo) en recuerdo de la victoria ante el ataque de los sarracenos, gracias a la alarma que dio el pulpo gigante.

Tellaro se recorre en un abrir y cerrar de ojos, paseando entre sus callejones silenciosos y empinados,respirando la calma en el embarcadero, tomando un café en la pequeña terraza de un bar, sin apenas visitantes… un lugar perfecto para perderse y “desconectar”, gastando el tiempo con el deleite que produce la contemplación de las aguas azules del Golfo. Quizá aquí se cumple la premisa de una total ausencia de turismo de masas, pero bien pensado… sería posible que cientos de visitantes pudiesen discurrir entre sus callejones estrechos?

 

 

 

 

Desconozco si los habitantes de Tellaro echan en falta un mayor número de turistas , yo desde luego no. Observo a un grupo de mujeres que conversan en la mesa de al lado, poniéndose al día sobre sus vidas, de regreso al lugar de su infancia.

No muy lejos de allí se encuentra otro de esos lugares de gran belleza y singularidad, que merece sin duda alguna su pertenencia a la lista de pueblos más bellos de Italia. Si les Cinque Terre se han convertido por mérito propio, y por su gran riqueza natural, en Patrimonio de la Humanidad, entre ellas destaca sin duda alguna la población de Vernazza.

Desgraciadamente, el  25 de Octubre de 2011 unas terribles inundaciones sepultaron tan hermoso lugar bajo el lodo, entre los restos de los muros derruidos de las casas y los árboles que la lluvia arrancó montaña arriba hasta llevarlos a desembocar en el mar. Las imágenes eran demoledoras y las lágrimas se me saltan recordando ese lugar en el que me senté, con los pies sumergidos en las aguas cálidas y limpias, el estanco en el que compramos una postal, en la que escribimos: aquí se encuentra el paraíso… un paraíso que la naturaleza furiosa destruyó, irreconocible en las fotos del “antes y el después”.

Poco a poco las poblaciones vecinas, mucho menos afectadas, se recuperaron: se abrió la línea ferroviaria, el Sendero del amor (que años más tarde ha vuelto a cerrar debido también a los desprendimientos causados por lluvias torrenciales) y los turistas volvieron.

En aquellos duros momentos, autoridades locales y gente de todo el mundo, entre ellos el periodista de viajes Rick Steves, no cesaron en sus llamamientos a la solidaridad, con distintas iniciativas. A través de una página web se podía consultar que negocios y establecimientos estaban abiertos o que iban a reanudar su actividad en breve.
Recuerdo consultarla y leer entre ellos el de “Il Pirata delle Cinque Terre” con un desesperanzador “uncertain”. De cualquier modo, la mejor contribución en aquel momento fue visitar las poblaciones de Cinque Terre, especialmente Vernazza, para que sus habitantes  recuperasen sus casas, sus negocios y sus vidas, para volver a mostrar al mundo porque es, sin duda alguna, uno de los pueblos más bellos de Italia.

,

La Costa Amalfitana: desde Sorrento a Positano y Amalfi, buscando a Marcello

Me he lanzado cuesta abajo nada mas apearme del autobús que, desde Sorrento y cargado de turistas, nos ha llevado a Positano, recorriendo las curvas vertiginosas de la Costa Amalfitana. He gritado: Marcello, Marcelloooo… entre risas, emulando a Diane Lane en “Bajo el sol de la Toscana”, esperando que el guapísimo italiano se asomase a un balcón que no consigo localizar. Así que decido bajar hasta la playa con la esperanza de encontrar aquel bar que regentaba su familia… pero solo encuentro restaurantes caros.
Antes, no obstante, no me he podido resistir a la foto junto a la baranda, la misma en la que Marcello decía aquello de…”Francesca, hay alguien para ti…” el vaporoso vestido blanco agitado por el viento, con el mar al fondo y la imagen de la cúpula de la Iglesia -la de la Assunta- con sus azulejos de color verde brillando bajo el sol.

Ahora repaso las fotos de nuestro viaje a la Costa Amalfitana y vuelvo a visionar el film. Como en un juego, intento buscar las diferencias: las mismas calles empinadas de Positano, flanqueadas por casitas pintadas de blanco, por cuyos balcones y terrazas asoman esplendorosas las buganvillas. Perfectas para recorrerlas sobre una vespa, sorteando a los curiosos que deambulan entre las tiendas para turistas, esas en las que venden cerámica pintada a mano, en tonos amarillos, como los motivos que la decoran, los limones, los famosos limones de Sorrento ¡Caramba!- exclamo desde el sofá de mi casa- ya se donde vive Marcello. Es lo que tiene observar un lugar a través de la cámara, como en el cine, uno nunca sabe si es real o simple atrezzo.

 

A Positano le ocurre lo que a muchas personas, que sin ser extremadamente bellas, resultan enormemente fotogénicas. Unos ojos azules, como el mar de Positano; un defecto apenas imperceptible que se pasa por alto en el conjunto armonioso del rostro; una luz especial; un perfume, otra vez el del mar que nos acompaña desde que hemos llegado, o el de las glicinas que cuelgan graciosas sobre un porche… Y así no se advierten algunos rasgos que la afean, como los techados de uralita junto a algunas casas, y las tupidas redes que cubren los huertos de limoneros- luego he sabido que para protegerlos del  sol- que ofrecen una imagen poco atractiva, sobre todo vistos desde lo alto, mientras nuestro autobús gira, vertiginosamente, en las últimas curvas justo antes de detenerse.

A ras de suelo todo resulta distinto. Siguiendo el larguísimo y serpenteante Viale Pasitea se alcanzan las callejuelas del pueblo, donde el aroma a limón es inconfundible: caramelos de limón, velas perfumadas, la apetitosa “delizia” que se vende en todas las pastelerías y, como no, el famosísimo limoncello, realmente bueno, distinto a cualquiera que se haya probado antes. Y un cierto bullicio, no demasiado agobiante- ¡No quiero pensar como será en verano!- de visitantes, que se confunden con la gente del pueblo que, en Viernes Santo, acompaña una procesión.

Abajo, sobre la arena de la playa, se trabaja para preparar la temporada: casetas donde alquilar embarcaciones, tumbonas o sombrillas… sin embargo la mejor vista de este mar se obtiene desde cualquiera de las terrazas de los hoteles que hay en Positano. Son pequeños establecimientos de aspecto sencillo, aunque la inmensa mayoría lucen 4 estrellas, las que otorgan una comodidad oculta a los ojos de extraños y el privilegio de ver el azul -cielo azul, mar azul- cada día al levantarse.

Guiados por el sentido común, nos alejamos de la playa y sus restaurantes pegados al mar para buscar alguna pequeña trattoria en la parte alta. No llegamos a contar las escaleras, pero creo que son alrededor de 400, por entre las que se abren ventanas al mar, pequeños callejones que dejan entrever retazos de horizonte.

Nos resulta complicadísimo encontrar uno de esos locales de comida a buen precio, ya que en Positano abundan los “Ristorantes”. Al menos la comida es buena- la fritura de calamares y gambas es excelente, al igual que la pasta con marisco- pero, a pesar de que hay muchas mesas vacías, veo demasiados turistas extranjeros y creo que ningún italiano entre los comensales. Seguramente lo mejor ha sido comer en la calle, bajo un entoldado, y disfrutar del limoncello al acabar.

El camino en dirección a la parada del autobús resulta duro después de la comida, pero nos permite encontrar la pequeña Iglesia dedicada a Santa Caterina, reconstruida por última vez en los años treinta y cuyo altar es lo único que queda de la estructura original, del S. XVIII.

El trayecto entre Positano y Amalfi no es apto para todos los estómagos y tan sólo la visión del panorama desde el autobús, que no circula a más de veinte kilómetros por hora, nos distrae durante el serpenteante recorrido. Durante el viaje -casi 50 minutos para completar 17 kilómetros- no nos abandona una continua sensación de vértigo, situados al borde del abismo, tan cerca del precipicio. La Costa Amalfitana es abrupta. Desde la ventanilla, vemos las rocas afiladas sobre las que tememos caer, tanto que cerramos los ojos de vez en cuando, como en una de esas atracciones de feria.

Intento no perder detalle, aprovechando las paradas que tiene que hacer el autobús para dejar paso a los que realizan el trayecto en sentido contrario o para sortear los vehículos aparcados en tantos miradores, puntos estratégicos desde los que obtener las mejores fotografías de la Costa Amalfitana. Así que resulta imposible que pase desapercibido un pequeñísimo pueblo, con sus casas enclavadas dentro de la roca, como uno de esos “pesepres” napolitanos. Un lugar curioso y lleno de encanto, merecedor sin duda del distintivo de “I borghi piú belli d’Italia” que descubro rápidamente… Furore – anoto en mi teléfono móvil , el método infalible contra la mala memoria-. Y del otro lado, el mar.
Busco rápidamente en la maraña de internet y me sorprende de nuevo. En la web del municipio leo:
” Furore, il paese che non c’è…”(el pueblo que no existe).
Merece la pena detenerse a leer con detenimiento, y anoto este lugar en esa lista donde etiqueto “lugares donde perderse”, aunque me asalta la duda : ¿Será posible disfrutar de la calma en medio de una de las rutas más turísticas de Italia?.
Al llegar a Amalfi tengo una extraña sensación, algo así como dicen los franceses un “dejà vu”. Y es que, una vez abandonamos la explanada junto al mar, donde paran todos los autobuses y se encuentra el parking, y nos dirigimos hacia el centro, me parece atravesar otra puerta, la de Monterosso al Mare en Liguria – que tan sólo unos meses antes habíamos visitado. Pero la sensación se desvanece en cuanto llegamos a la Piazza, en la que la impresionante fachada del Duomo, con su larguísima escalinata (hay quien afirma haber contado uno a uno hasta 99 escalones), nos hace elevar la vista y contemplar atónitos los reflejos, sobre los mosaicos dorados de su cielo, con la luz de la tarde.

La Catedral de Amalfi es un fiel reflejo de su historia; construida en el siglo IX, sufrió numerosas transformaciones, fue destruida y reconstruida, y aglutina por ello una variedad de estilos, como el árabe o el normando – por quienes fue conquistada la que fue la primera República Marinera de Italia- y posee un campanario de estilo románico. Pero, cuestiones arquitectónicas aparte, subyuga y sorprende encontrarla en medio del entramado de callejuelas que conforman el lugar. Como un testimonio de gloriosos tiempos pasados, el conjunto monumental de la Catedral- consagrada a San Andrés- incluye además el bellísimo Claustro del Paraíso, la Basílica del Crucifijo y la Cripta, en la que reposan la cabeza y los huesos del Santo.

Pero es el Claustro el lugar que mayor emoción me transmite, quizá por el silencio, quizá por la luz que a estas horas de la tarde se filtra entre los bellísimos arcos entrelazados, que descansan sobre 120 finas columnas dobles, herencia de la cultura oriental, por el color blanco, simple y puro, que permite reposar a nuestros ojos y seguramente a nuestras almas. No en vano, el llamado Claustro del Paraíso es el antiguo cementerio de los nobles de Amalfi, y en él se conservan algunos sarcófagos bellamente tallados.

Una vez reconfortado el espíritu, lo mejor es disponerse a recorrer sus calles, entre tiendas de souvenirs y productos típicos, donde se puede descubrir el secreto del presunto ardor amoroso de los amantes italianos: “la viagra natural”. Se ofrece en numerosos puestos y no es otra que la guindilla – el peperoncino- presente en tantas recetas tradicionales.

Después de callejear, una buena opción es pasear sin rumbo a lo largo del “lungomare” y esperar la puesta de sol. Impaciente, mientras tanto, yo sigo buscando:
– Marcello, Marcellooooooo…

,

La Capilla di Vitaleta, la foto más famosa de la Toscana

Ilustra la portada de guías de viaje, aparece en primer plano en las búsquedas de imágenes de Google, la encontraréis en cualquier libro sobre la Toscana y en muchas películas  rodadas en estas tierras…os hablo de la Capilla de Vitaleta.

Existen otras pequeñas Capillas como ésta, y las podréis ver recorriendo las serpenteantes carreteras rodeadas de colinas, pero Vitaleta se ha convertido sin duda en un icono de la Toscana. La Capilla entre cipreses, inmutables con el cambio de estación.

Ha sido inmortalizada por grandes fotógrafos, Andrea Rontini, Stefano Caporali… (por cierto, de nuestro curioso encuentro con el primero en su galería de Castellina in Chianti os hablaré en otra ocasión) y por miles de personas que han quedado cautivadas por este lugar único.

Me resulta muy difícil transmitir  todo lo que la visión de este lugar nos produjo, y es que en este caso aquello de que “una imagen vale más que mil palabras” no es del todo cierto. Por muchas fotos que veamos no es posible hacerse una idea, hay que estar allí para abarcar con la mirada ese amplio paraje casi desierto, donde las colinas se suavizan todavía más si cabe, y que mantiene la misma calma desde hace siglos.

La primera vez que divisamos la Capilla de Vitaleta hacíamos la ruta que va desde Montalcino hasta Montepulciano, dejábamos atrás San Quirico d’Orcia para dirigirnos a Pienza y nos dimos de bruces con esa imagen que tanto habíamos visto mientras preparábamos nuestro viaje. Es complicado encontrar un lugar donde parar el coche cuando transitas por las estrechas carreteras de la Toscana, pero lo hicimos…era el mes de agosto y el paisaje nos resultó impactante. El color de las colinas en verano las convierte en una serie de ondulantes dunas, resulta árido, duro, como si de un desierto se tratase… sólo la presencia de los cipreses te reconcilia con la naturaleza.

La segunda vez que visitamos este paraje era a finales de marzo. La visión que nos ofrecía era radicalmente distinta y las colinas eran de un verde imposible. Las nubes proyectaban su sombra sobre los campos de grano y los hacían “bailar” ante nuestros ojos. Esta vez no nos conformamos con tomar unas fotos desde la carretera, y a pesar del cartel de “propiedad privada” decidimos bajar por aquel camino. Nos cruzamos con un coche y preguntamos si se podía acceder hasta la Capilla por allí. Resultó ser el propietario de un agroturismo, cuya propiedad estábamos “invadiendo”, quien nos indicó que hasta la misma Capilla no… ¡sólo faltaba! pensé. Aparcamos delante de su casa, y nos adentramos en el camino ligeramente embarrado (en esos días había llovido, incluso nevado en otras zonas no muy lejos de allí). El viento era fresco, pues ese año (2008)  la primavera había hecho caso omiso del calendario y decidió que no era el momento de regalarnos temperaturas más suaves, así que se limitó aobsequiarnos con las lluvias frecuentes en la Toscana durante esa estación.

Pensé que el relato de lo que vivimos ese día iba a resultar más sencillo, pero se me está haciendo muy difícil. Caminar entre la hierba que me llegaba hasta más arriba de las rodillas, respirar aquella paz profunda y llegar hasta la Capilla de Vitaleta para tocar sus muros… no es una cuestión de creencias religiosas, aunque en esta capilla apareció una imagen de la Virgen atribuída a Adrea della Robbia que actualmente se encuentra en la Iglesia de la Madonna di Vitaleta  en San Quirico d’Orcia. Se cree que la imagen se compró en Florencia en el S. XVI y que formaba parte de una Anunciación. La Capilla, como todo el Valle d’Orcia, está declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, aunque me apena enormemente su deterioro.

Como decía, no se trata de creencias o no… en este lugar, simple y llanamente, uno se reconcilia con la vida o consigo mismo. Uno puede cerrar los ojos y escuchar el silencio infinito que todo lo envuelve, y aun así, privado de la visión, la imagen permanece.

Hace ya un tiempo, compré un libro cuyo título sería muy adecuado para este artículo, o quizá el autor hubiese debido incluir en el mismo este lugar de la Toscana. Se trata de “Lugares donde se calma el dolor”, de César Antonio Molina, y en su contraportada se puede leer:

” ¿Existen lugares donde estamos libres del dolor, donde no nos puede alcanzar la muerte? Acercarnos a ellos es entrar en contacto con espacios donde el tiempo se detiene a la manera de una especie de limbo a salvo de todo”…

Eso es exactamente de lo que estoy hablando… en este lugar en el que,  aunque os pueda sorprender, hay quien me ha pedido reposar para siempre.

 

,

Nos alojamos en… Savoia Palace Hotel (Madonna di Campiglio)

Este post forma parte de la serie del blogtrip de 4 días en Madonna di Campiglio al que nos invitó ActivityBreaks. Durante nuestro viaje a Madonna di Campiglio (TN), tuvimos la suerte de estar alojados en este hotelazo de la cadena Antonioli, el Savoia Palace. Este hotel de 4 estrellas tiene una posición inmejorable, en la calle principal del pueblo y a tan sólo unos minutos andando de las pistas de esquí.

 

LAS HABITACIONES

Pasamos 3 noches en una Junior Suite con balcón y unas vistas impresionantes a la calle principal y a las pistas de esquí. Las habitaciones cuentan con cama doble king-size, un armario bastante amplio, una especie de escritorio enorme donde poder trabajar comodamente y baño con ducha y bañera.

Las vistas desde la habitación, de lo mejorcito

La decoración es clásica alpina, con suelo de madera y toques rústicos, característica de gran parte de la zona del Trentino. Las cama era comodísima, cosa que se agradece después de un día intenso esquiando o haciendo trekking. Me gustó bastante que en el baño, además de dejar los típicos geles y champús, también dejaban artículos de belleza como algodones desmaquillantes o limas para las uñas.

 

LA SALA DE DESAYUNO Y EL BAR

Sin duda, el desayuno es uno de los puntos fuertes de este hotel, perfecto para cargar las pilas en vista de una jornada de esquí o caminatas. El Savoia Palace ofrece un desayuno buffet dulce y salado, destacando por su mantequilla y mermeladas biológicas (A mi fue lo que más me gustó), sus tartas y bizcochos hechos en casa o crepes y pancakes hechas al momento. También ofrecen desayuno inglés, embutidos, fruta fresca, cereales…

Pancakes recién hechas con mermeladas caseras… ¿Se puede pedir más?

Mermeladas caseras: Arándano, mora, arándano rojo, frambuesa… también había miel

Dulces hechos en casa

El bar en cambio, es el lugar perfecto donde relajarse tomando un aperitivo antes de la cena, o un café y un amaro después de ésta. Si además tenéis la suerte de sentaros junto al fuego podréis disfrutar de una experiencia completa al 100%.

 

EL RESTAURANTE

Otra de las cosas que me sorprendió gratamente fue el restaurante del hotel. Para ser sincera raramente me quedo a cenar en los hoteles, pensando que la cocina sería mediocre, pero el Savoia Palace me ha hecho cambiar de opinión. La cena consta de un buffet de ensaladas, 2 entrantes, 4 platos principales, 4 segundos platos (De los cuales hay que elegir uno) y un buffet de postres. La gastronomía es una maravilla, está basada en recetas italianas con algunos toques internacionales: hay desde pasta, risotto o cremas hasta carnes, pescado, quesos… todo elegantemente presentado.

Algunos de los platos que más nos gustaron fueron las conchas al nero di seppia con crema de salmón y huevas y el risotto de remolacha con fonduta de taleggio. Todo estaba espectacular, pero estos dos platos nos gustaron especialmente.

Pasta al nero di seppia con crema de salmón y huevas… dulce manjar de los dioses.

 

 

EL SPA

¿Qué mejor forma de relajarse tras un duro día si no en el Spa? Es gratuito para los clientes del Savoia Palace y Caterina estará encantada de recibiros. Consta de una sauna, un baño turco, una bañera de hidromasaje y de varias duchas que alternan ciclos de agua caliente y fría con aromaterapia. También hay tratamientos de belleza y masajes a un coste bastante interesante. Además tendréis siempre a disposición agua, té e infusiones para rehidrataros.


Además tendréis a disposición toallas para no tener que mojar los albornoces y que podáis volver secos sequitos a la habitación.

 

Como dato informativo, el Savoia Palace admite perros solo de talla pequeña, pero en su vecino el hotel Miramonti, no tendréis ningún problema en llevaros a vuestro amigo peludo. Además seguro que se lo pasan genial con Bernie, el “pequeñajo” de la casa 😉

 

Recordad que si queréis alojaros en el Savoia Palace,  ActivityBreaks elabora paquetes de hotel+ varias actividades que son mucho más económicos que reservar el hotel por tu cuenta. Como habréis podido comprobar la palabra “Palace” define perfectamente este coqueto hotel de lujo de Madonna di Campiglio. Nosotros ya estamos deseando volver.

Toby en Asolo (y otros pueblos bonitos de Italia)

Asolo es uno de los pueblos más bonitos de Italia – y mira que he estado en unos cuantos- Lo visité no hace mucho, con mi familia, cuando estábamos de vacaciones en el Véneto. Por cierto, que la región del Véneto es mucho más grande y diversa de cuanto os podáis imaginar: desde el Mar o las Islas de Venecia hasta los Dolomitas, en la provincia de Belluno.  Hasta ahora no lo había pensado, pero en un solo día visité las provincias de Treviso, Padova (Padua) y Vicenza.

Al llegar a Asolo – provincia de Treviso- tuvimos que subir unas calles algo empinadas hasta el centro (Estad atentos porque según que días y horas sólo pueden entrar los coches de los residentes, aunque hay parking en las inmediaciones)  Los niños que volvían del colegio en bicicleta se ve que ya están acostumbrados y pedaleaban cuesta arriba como si nada. Como no era fin de semana estaba bastante tranquilo y pudimos pasear tan a gusto por sus calles. La verdad es que subiendo se veían unas villas estupendas y no digo yo que no hubiese disfrutado en el jardín de alguna…

En la Plaza principal (Piazza Garibaldi) hay una fuente muy antigua (del S. XVI) – la Fontana Maggiore- con el león alado de San Marcos (¡Ufff pero cuántas veces he visto ese león por todas partes!). Además de ser muy bonita también es útil ya que durante muchos años fue la forma de aprovisionamiento de agua para los habitantes de Asolo. Justo enfrente, la Catedral (no os perdáis el vídeo en el enlace, es casi como si hubieseis estado) y el Museo Cívico. Conmigo no lo pueden visitar, claro, pero mirad que guapo salgo en la foto.

Bajando por las escaleras junto a la Catedral hay unas vistas preciosas… Ah y la guardería del pueblo, y eso me encanta porque todos los peques me saludan al salir: “Il cane, mamma, il cane” La verdad es que Asolo es muy bonito por dentro pero seguramente impresiona más desde abajo, con el castillo y la fortaleza que asoman entre el verde, en lo alto de la colina. Aquí vivieron algunos personajes famosos, como la actriz Eleonora Duse, y pasaron tiempo escritores como Henry James o Hemingway, así que igual “me inspiro” yo también para seguir contándoos mis aventuras.

Lo que más me gusta de Italia es lo bien recibido que soy- creo que ya os lo he dicho otras veces- así que en Asolo no iba a ser diferente. Nosotros no paramos a comer pero que sepáis que si viajáis juntos humanos y peludos no vais a tener ningún problema para encontrar un restaurante. Fijaos en esto (la foto no es muy buena pero ¡¿cómo no íbamos a hacerla?!) Aunque está escrito en italiano creo que se entiende bien y si no, me decís que ya os lo traduzco (Es que los perros tenemos mucha facilidad con los idiomas)

Si queréis tomar algo- esto solo para los humanos ¡eh!- o comprar un recuerdo de Asolo, el prosecco (vino blanco espumoso) tiene aquí su propia denominación de origen DGC (Denominazione Geografica Controllata).

Como veis es un sitio estupendo para pasar el día, comer de maravilla, visitar los alrededores o, como hicimos nosotros, dar un paseíto agradable. Asolo es realmente bonito, y no solo porque los digan los señores de la famosa guía.

A tan solo 30 Km de Asolo, pero ya en la provincia de Padua, está Cittadella. Es una pequeña ciudad amurallada, con restos de frescos en sus  cuatro puertas de entrada, preciosa. Tiene siempre buen ambiente y un parque alrededor de la muralla estupendo, en la Rivera del río, pero ¡ojo! porque los perros no podemos entrar en él. Donde me recibieron de maravilla fue en la Birreria Torre – con un enorme cuenco de agua- y mi familia disfrutó de lo lindo comiendo algo rápido y tomando una cerveza, que para eso es la especialidad del local. La encontraréis en Via Garibaldi, nada más atravesar la “Porta Padova” – que era la puerta principal de acceso para el pueblo- Ellos ya habían estado por allí, incluso recorrido la muralla, y vale la pena (si queréis, también hay visitas guiadas, preguntad en la oficina de turismo)

En el extremo opuesto se encuentra la “Porta Bassano”, y es precisamente Bassano del Grappa la tercera ciudad que visitamos, a tan sólo 16 Km de Cittadella y muy poco más de Asolo, pero ya en la provincia de Vicenza.

Bassano del Grappa es más que bonito. Tiene un puente de madera sobre el Rio Brenta, el “Ponte Vecchio o degli Alpini” (Puente de los Alpinos, que hace referencia a un Cuerpo del ejército italiano) que se construyó en el S. XII aunque ha sido reconstruido en multitud de ocasiones ya que ha sido incendiado y bombardeado a lo largo de su historia, desde los franceses en siglo XVI  hasta la Segunda Guerra Mundial, además de sufrir los efectos de una riada en 1966. Aun asi es una estampa preciosa, la del puente sobre el Brenta, con la cima del  Grappa de fondo.

Pero ,además del famoso puente, del licor aún más famoso (la grappa)  y la destileria más antigua de Italia, Bassano tiene unos edificios y plazas increíbles, como el Ayuntamiento con su reloj, que empezó a funcionar el 2 de febrero de 1430.  Museos y Edificios (Palazzi) donde se exponen colecciones de pintura, arqueología o cerámica, y el curioso museo degli Alpini (en el interior de un bar) junto al puente, donde podréis conocer mucho más sobre su historia y ver de cerca los uniformes y objetos e instrumentos militares.

Pero yo prefiero hablaros de los sitios que me gustan. La terraza del Caffè Danieli tiene mucho “glamour” y como soy un perro muy elegante me parece perfecto que paremos a tomar el aperitivo -siempre puede caer una patata frita- aunque casi prefiero la de “Al Porton” porque alli preparan una bruschetta ¡de chuparse los bigotes!

A mi dueña le encantan las librerías, asi que me aburro un poco mientras ella elige, en Palazzo Roberti  y no para de hablar con Vittorio (especialista en narrativa) sobre este o aquel libro. En Bassano, además, hay un montón de tiendas asi que damos un paseo mirando escaparates- algo es algo, al menos nos movemos- que dice mi dueña que “vaya nivel, Maribel”.

No está nada mal para un día- pienso yo-  Aunque prefiero estar en la montaña Vicentina, corriendo por los bosques, hay que dar un respiro a mi familia humana. Bastante contento estoy por viajar con ellos a todos los lados, así que si venís con la vuestra no os perdáis Asolo, Cittadella y Bassano del Grappa ¡Os encantará!

 

Todas las fotos son propiedad de Dreaming Holidays (Aún no teniendo marca de agua) y queda prohibida su total o parcial reproducción o uso sin nuestro permiso.

 

,

Le 5 Terre: cómo, dónde y cuándo visitarlas y repetir

Le 5 Terre- Riomaggiore, Manarola, Vernazza, Corniglia y Monterosso al Mare- son otro de mis destinos reincidentes y, por sí mismas, 5 motivos para una escapada, visita o vacaciones de relax.

Situadas en la Costa de Liguria, entre el Golfo de la Spezia y el de los Poetas, estos 5 pueblos poseen una situación y encanto únicos que atraen cada año a miles de turistas. Es frecuente que quienes hacen un viaje a Toscana, especialmente al Norte para visitar Florencia o Pisa, se acerquen aunque sea una sola jornada para conocer estas 5 localidades costeras, accesibles tanto por tierra como por mar. Os aseguro que, tal como me sucedió, la visita os sabrá a poco y os marcharéis pensando en organizar unas auténticas vacaciones en Le 5 Terre.

El territorio posee la certificación de Parque Nacional, la de Area marina protegida, y ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. A pesar de toda la información que circula por internet, todavía es frecuente encontrar algunos datos o noticias erróneas, sobre todo respecto a los senderos que permanecen abiertos, o no, al público en el Parque Nacional delle Cinque Terre, por lo que mi recomendación es que, si tenéis intención de visitarlo, consultéis directamente la web del Parque justo antes de viajar. Debido a las catástrofes naturales que en los últimos años han afectado a la zona -inundaciones, desprendimientos- ante cualquier alerta meteorológica se pueden suspender las visitas e incluso la circulación de los trenes.

¿Cómo organizo mi visita a 5 Terre?

Si os estáis preguntando cuál es el mejor modo de visitar Le 5 Terre si solo disponéis de un día, he aquí mis recomendaciones en forma de Faqs.

  • ¿Cuál es el mejor modo de llegar a Le 5 Terre? Probablemente habrá quien os diga que en tren y quien afirme que en barco sin dudarlo. En mi humilde opinión, el único modo de visitar las 5 localidades en un solo día es en tren. El barco tiene horarios mucho más restringidos y es matemáticamente imposible hacer escala en cada parada y regresar en el día (además hay que contar con que el tiempo y el mar lo permitan) Una buena opción es combinar ambos: ida en barco, vuelta en tren (por ejemplo) y aun así andaréis un poco justos de tiempo.
  • ¿Qué me pierdo si viajo en barco a 5 Terre? Pues, por ejemplo, llegar a Corniglia que es el único pueblo que no tiene puerto ya que se encuentra en lo alto de la montaña. Me lo perdí en mi primer viaje y cuando tuve oportunidad de conocerlo descubrí que la visita realmente vale la pena.
  • ¿Qué me pierdo si recorro Le 5 Terre en tren? La visión maravillosa de la costa, y lo más característico de la zona: sus casas colgadas literalmente de la montaña y los acantilados, las imágenes que siempre veréis en las fotografías y postales.
  • ¿Puedo visitarlas con mi coche? Mejor no. Es algo totalmente desaconsejable por varios motivos: carreteras tortuosas y, si esto no os disuade, poquísimas y carísimas plazas de Parking. Lo mejor, si viajáis en coche es que aparquéis en La Spezia (al Sur de 5 Terre) o en Levanto (al Norte) para iniciar vuestro itinerario.

 

¿Cuándo puedo viajar a 5 Terre?

Seguramente también os preguntaréis cuándo es el mejor momento para visitar Le 5 Terre y si es posible hacerlo fuera de la estación estiva. Así que os damos algunas pistas de lo que os encontraréis dependiendo del momento del año:

  • Como cualquier otro destino de Costa, primavera y verano son las estaciones ideales. En julio y Agosto encontraréis muchísima gente, sobre todo turismo de paso. Aunque os parezca mentira Septiembre es el mes de mayor afluencia sobre todo en lo que se refiere a estancias más largas (turistas americanos, especialmente) e incluso Octubre, aunque ya más tranquilo. Fuera de temporada hay muchos negocios, restaurantes y hoteles cerrados al público y la frecuencia de los trenes es menor, además de que no circulan los barcos turísticos.
  • ¿Que clima voy a encontrar? Por mi experiencia, el verano, aun siendo caluroso, en raras ocasiones resulta sofocante, ya que la ubicación de los pueblos, literalmente asomados al mar, hace que siempre sople una suave brisa. Otra cosa bien distinta es caminar por los senderos, o pretender subir los 300 escalones de la “Lardarina” cuando se llega a la estación de Corniglia a pleno sol. En cualquier caso es aconsejable llevar agua a mano, pues ya nos tocó ver los efectos de algún golpe de calor.

¿Dónde me alojo?

En cuanto al alojamiento ¿dónde puedo quedarme? ¿Hay muchos hoteles? ¿Son caros? Todo dependerá de la duración de vuestra estancia pero aquí van algunas claves:

  • Si estáis de paso, en una visita rápida, La Spezia es una ciudad no demasiado bonita pero bien situada para visitar tanto Le 5 Terre como otras localidades de la Costa de Liguria (Como Portovenere, Lerici o Tellaro) Encontraréis alojamiento a mejores precios y además tened en cuenta que pasaréis todo el día fuera, así que un Bed and Breakfast u hotel sencillo será suficiente (Esa fue nuestra opción la primera vez que visitamos la zona) En el puerto se puede coger el barco o en la Estación Central comprar la “5 Terre treno Card”. También tenéis autobuses a Portovenere y funcionan hasta bastante tarde.
  • Si habéis decidido pasar unas vacaciones de relax en tan privilegiada zona mi recomendación es que escojáis cualquiera de las 5 localidades, busquéis un pequeño hotel o como en nuestro caso un apartamento (ya que nuestra estancia se prolongó durante una semana) Escogimos Riomaggiore , aunque aquí no hay opción errónea ya que es difícil decidir cual de las 5 localidades es más bonita. Ojo, eso sí, a la ubicación porque algunos alojamientos quedan fuera de los núcleos urbanos y resulta complicado llegar hasta ellos (aunque hay pequeños autobuses eléctricos que comunican las diferentes aldeas del Término Municipal)
  • En cuanto a los precios, no es más caro que cualquier otra zona turística o de costa en Italia. Como siempre, hay opciones para casi todos los bolsillos y en cuanto a  “dónde comer” encontraréis desde restaurantes caros a tiendas de alimentación o puestos de comida para llevar (pasta preparada al momento,  fritura de pescado o pizzas) Y no os olvidéis de las panaderías, un trozo de Focaccia recién horneada puede satisfacer al paladar más exigente.

 

5 TERRE: 5 RAZONES

Ahora que ya tengo respuesta a casi todas mis preguntas llega el momento de decidirme- estaréis pensando- ¿Un par de días o una estancia más larga? Si no tengo tiempo para todo ¿Qué veo, qué dejo? Difícil elección. Por si os sirve de ayuda, aquí va una breve descripción de cada uno de los pueblos y que es lo que hace especial a cada uno de ellos

RIOMAGGIORE

Muy concurrido a primera hora de la mañana, debido a que es la primera parada de quienes deciden pasar el día visitando 5 Terre partiendo de La Spezia ¡Sus calles empinadas os pondrán en forma seguro! Uno de sus mayores encantos reside en que allí comienza la famosísima Via dell’amore, el sendero que llega hasta Manarola, pero ¡Atención! porque actualmente está abierto únicamente un tramo. Aunque no hay playa existen accesos desde las rocas para bajar al agua y darse un agradable baño en sus aguas limpísimas.

MANAROLA

Este pequeñísimo pueblo ofrece una estampa singular, con las barcas de los pescadores “aparcadas” a ambos lados en sus estrechas y empinadas calles. Menos transitada posee la peculiaridad de tener una auténtica piscina natural entre las rocas, junto al puerto. Y aunque pueda resultar algo extraño, esta localidad es famosa por su Belén (considerado uno de los más grandes del mundo) realizado con materiales reciclados.

CORNIGLIA

Seguramente “relegado” a un segundo plano debido a que es el único pueblo que no tiene salida al mar. Conserva un cierto aire de autenticidad, con sus habitantes sentados a la puerta de casa mientras conversan con sus vecinos y los gatos panza arriba sobre el empedrado de las calles. Para subir desde la estación hay un autobús -opción recomendable- o una escalera de más de 300 peldaños. Corniglia ofrece unas vistas espectaculares de la Costa y recomendamos encarecidamente la bajada por la citada escalera ( La Lardarina)

VERNAZZA

 Uno de los más visitados y uno de los puertos más encantadores que podáis encontrar. Allí mismo podéis sentaros sobre las rocas con los pies metidos en el agua. En su calle principal abundan tiendas de souvenirs, pero no olvidéis perderos entre los callejones adyacentes ni visitar la preciosa Iglesia de Santa Margarita de Antioquia o subir hasta el castillo Doria. Más turístico y por tanto algo más caro.

MONTEROSSO AL MARE

 

El pueblo más grande de los 5. Con muchísimo ambiente en sus calles, no tan empinadas, y el único con playa, aunque no sea de arena fina. Tiendas, restaurantes, hoteles… y mucha animación en sus calles, un auténtico lugar “de veraneo”.

 

¿Aún sin decidiros? No importa. Sea cual sea vuestra elección encontraréis más de 5 razones para regresar a 5 Terre.