Excursiones desde Mykonos: isla de Tinos

Si estás buscando las mejores excursiones desde Mykonos vas a encontrar un montón de post recurrentes recomendando los mismos lugares. Como ya  te contamos en su momento, la más famosa de las islas Cícladas no es solo playa y fiesta, y ofrece algunas visitas culturales que no te debes perder.

Si viajas Mykonos en verano, no tendrás problema en encontrar conexiones diarias con otras islas y un montón de tours y excursiones organizadas para pasar la jornada. Incluso si, como nosotros, lo haces en el mes de septiembre (nosotros lo recomendamos siempre) encontrarás muchas opciones disponibles.

No es necesario que busques y reserves tus excursiones desde Mykonos con anterioridad ya que al llegar a la isla verás que  las alternativas son muchas y que, generalmente, en la mayoría de alojamientos tienen agencias concertadas.

La excursión más habitual es la visita a la Isla de Delos y era la que en principio teníamos en mente. Sin embargo no terminaba de convencernos ya que algunos conocidos nos habían comentado que las ruinas de Delos estaban bastante descuidadas. Cuando nosotros estuvimos (septiembre 2019) salía un barco por la mañana y otro por la tarde. La entrada a Delos no está incluida en el precio del tour.

Naxos era otro de los destinos que nos apetecía mucho y, no es que no sea posible encontrar excursiones desde Mykonos a esta preciosa isla, pero, teniendo en cuenta la duración del viaje y sobre todo los horarios de vuelta del barco, en la agencia de viajes nos advirtieron que quizá el precio del ferry era excesivo para pasar unas pocas horas en Naxos. Así que nos dejamos aconsejar tanto por la agencia como por la recepcionista de nuestro hotel, que nos recomendaron dos islas menos concurridas y más cercanas a Mykonos: Tinos y Andros.

Ambas están en el trayecto de Mykonos a Naxos pero Tinos está mucho más cerca.

Excursiones desde Mykonos: cómo llegar a la isla de Tinos

Son varias las compañías de Ferry que salen del puerto de Mykonos. Nosotros compramos los billetes en la agencia Sea & Sky (no, no tenemos comisión) Por la mañana, a las 11,  salimos en una embarcación de alta velocidad de la compañía Seajets. Nos sentamos en la cubierta de popa y nos mojamos un poco (nada de qué preocuparse). El trayecto hasta Tinos dura 25 minutos y cuesta poco más de 4€.

 

 

La vuelta, Tinos-Mykonos, la hicimos en un ferry de la compañía Golden Star, que son una auténtico lujazo: cómodos, silenciosos y con servicio de cafetería. No me hubiese importado hacer un largo trayecto con ellos. El último ferry era a las 19:00, aunque en su web aparece ahora uno a las 20:25. También hay dos categorías, uno más rápido (20 minutos de trayecto) y otro que tarda 35. Los precios, 12€ los primeros y 8€ los segundos.

 

Qué ver y hacer en Tinos en una excursión desde Mykonos

La verdad es que nuestra excursión por libre a las isla de Tinos fue un tanto improvisada. No encontramos demasiada información sobre lo que podíamos ver y hacer, excepto la recomendación de ver la Iglesia de La Virgen María de Tinos centro de peregrinación mariana que congrega a miles de devotos, especialmente en 4 fechas al año.

Nos sorprendió nada mas bajar del barco, encontrar una larguísima alfombra roja que llegaba, calle arriba, hasta la iglesia. Parece ser que los devotos hacen todo este camino de rodillas. Nosotros, la verdad, no somos mucho de turismo religioso. Aun así nos acercamos a visitarla.

 

 

Si os fijáis un poco en la foto, los pivotes a la izquierda delimitan la alfombra por la que suben los penitentes. Lo mejor son las vistas sobre el mar, lo peor el ambiente un tanto recargado del templo, repleto de exvotos de todo tipo. Como curiosidad, pudimos asistir a la celebración de un bautizo, por el rito ortodoxo.

 

 

Importante: en Tinos no hay (o al menos no había en 2019) oficina de turismo. De hecho preguntamos en una cafetería y la respuesta fue una sonora carcajada. A Tinos no llegan demasiados turistas extranjeros, tan solo turismo interno y en especial religioso. Por tanto, se respira un ambiente totalmente local y auténtico, nada que ver con la bulliciosa Mykonos.

Frente al puerto está la «estación» de autobuses, en la que encontramos un folleto de una agencia que ofrecía tours por la isla. Lo malo, que el horario no coincidía con las horas de nuestra estancia. El tour que ofertaban estaba realmente bien, ya que incluía localidades como Volax, famoso por su paisaje de  peculiares formaciones rocosas, o Pyrgos, conocido por sus artesanos y escultores del mármol.

Allí mismo sale el autobús que sube hasta el Monasterio de Agias Pelagias que también perdimos por los pelos  (solo había 2 diarios) ¡Es lo que tiene improvisar! En cualquier caso tampoco me entusiasmaba la idea de ver la cabeza de la monja Agia Pelagia, aunque me disgustó perderme las que dicen son las mejores vistas de la isla.

Visto lo visto, seguro que os estáis preguntando ¿Entonces, qué narices hicisteis en Tinos? Pues despreocuparnos y olvidar cualquier atisbo de malhumor por no haber planificado la visita. La capital, Chora, tiene suficiente encanto para pasar una jornada de relax y disfrutar, por ejemplo, de su gastronomía, del encanto de sus callejuelas, de sus tiendas y puestos de productos típicos (especialmente quesos y dulces) de un paseo junto al mar…

Lo mejor de Tinos (Chora) en un día

Por supuesto, nos referimos a la capital. Es cierto que otra opción hubiese sido la de alquilar un coche y recorrer la isla pero las cosas van como van y, al fin al cabo, son vacaciones ¿No?

1. Perderse en las callejuelas del casco antiguo

Poco hay que decir, porque cada rincón es una auténtica postal…

2. Disfrutar de su increíble gastronomía

Si, porque además de restaurantes de pescado fresquísimo, los quesos, las verduras o el cordero forman parte de platos increíbles. En nuestro caso optamos por una taberna que nos recomendó la dueña de una tienda de artículos de regalo. Por cierto, y qué rabia me da, no soy capaz de recordar el nombre de esta tienda. Nosotros compramos un imán en  madera pintado a mano, que es una preciosidad.

La taberna es Μαλαματένια (Malamatenia) y su cocina, auténtica y, sobre todo, no para turistas, nos conquistó. En mi caso, que soy una fan incondicional de las berenjenas, este plato «similar» a la parmigiana italiana me robó el corazón ,y el estómago, pero tengo que decir que el cordero en papillote a baja temperatura estaba de 10.

 

 

3. Tomar un café, o dos, o tres…

Encontrar un café librería como el «Antilalos» donde además el café estaba realmente bueno (importante, eh). Si el exterior es bonito, ni os podéis imaginar por dentro. El primer piso era como el saloncito de casa, con sus vitrinas llenas de libros, sillones y mesas bajas. También tiene una preciosa terraza.

 

4. Pasear por la playa de Kionia y visitar el Santuario de Poseidón

Apenas 3 km separan Chora y Kionia. Se podría hacer tranquilamente a pie pero nosotros tomamos el autobús de línea que salía regularmente (tampoco recuerdo la frecuencia pero había muy seguido) Lo mejor del trayecto es ir viendo la costa y descubrir un par de pequeñísimas iglesias que están, casi literalmente, sobre el mar. Creo que no conservo ninguna foto en mi teléfono pero las playas en Tinos son muy tranquilas y poco masificadas. Restaurantes, apartamentos y pequeños hoteles junto al mar a precios más que razonables, sobretodo si los comparamos con otras islas griegas.

 

 

Lamentablemente las ruinas de este santuario están en un estado, valga la redundancia, lamentable. La desidia y falta de inversiones para el mantenimiento del enorme patrimonio griego producen una enorme tristeza. Algunas piezas recuperadas pueden verse en el Museo arqueológico de Tinos.

 

 

Según la mitología, el nombre de Tinos significa isla de las serpientes y fue precisamente el dios Poseidón quien arrojó a las serpientes al mar, por lo que se erigió este santuario en su honor. De Tinos se dice también que fue la morada de Eolo, dios de los vientos.

5. Observar su arquitectura y especialmente los palomares

Aunque en otras zonas de la isla son más abundantes, en Chora también se encuentran algunas de estas típicas edificaciones, que se dedicaban a la cría de palomas, actividad introducida por los venecianos, quienes dominaron la isla de Tinos durante más de 500 años. La carne de paloma era muy apreciada y sus excrementos eran utilizados como fertilizantes.

 

 

En resumen, si estás pensando en hacer una o varias excursiones desde Mykonos, y conociendo nuestra experiencia, piensa que conocer Tinos es una buena idea. A nosotros nos gustó descubrir esa otra Grecia, alejada del turismo de masas y no descartamos, en un futuro,  visitarla con más tiempo o incluso pasar unos días en la isla.

Casa Maragata museo de Santa Colomba de Somoza

La Casa Maragata de Santa Colomba de Somoza, es un museo etnográfico en el que podréis conocer el origen, historia y forma de vida de una sociedad, la maragata, que se asentó en la Comarca de la Somoza, a pocos kilómetros de Astorga (León). Tal fue su importancia e influencia en este territorio que hoy se conoce a la zona como La Maragatería y a la ciudad de Astorga como la capital maragata.

Sobre la llegada de los maragatos, conocidos por su oficio como arrieros, llevando mercancías que llegaban por mar a Galicia hasta el interior de la Península Ibérica, su origen resulta incierto y sobre el mismo existen múltiples teorías. Se sabe que eran de tez morena y que no hablaban leonés. Podría ser que llegasen a la zona desde el sur de la península o el norte de África. Sus casas, a diferencia de aquellas en las que habitaban los somozanos, con cubiertas de teito (paja), se construyeron con piedra y pizarra.

El museo de la Casa Maragata es un fiel reflejo de su forma de vida, mucho más allá de su actividad arriera, que se mantuvo hasta el siglo XIX con la llegada del ferrocarril.

Museo casa maragata: datos prácticos

El museo se encuentra en la localidad de Santa Colomba de Somoza, en la calle La Unión, y es además la oficina de atención turística del municipio. La verdad es que no constan horarios pero podéis contactar previamente por teléfono (987 798 141). La implicación del técnico de turismo, Oscar Martínez, en el proyecto es enorme y pudimos disfrutar de una visita guiada para nosotros solos (además, es totalmente gratuita).

Y dato importante ¡Es una visita dogfriendly! Y esto es de agradecer ya que, quienes viajamos con nuestros compañeros de 4 patas  tenemos que organizarnos para poder hacer visitas culturales por turnos o directamente prescindir de ellas.

La Maragatería: sociedad y arquitectura

Si algo queda patente en el Museo Casa Maragata es que la arquitectura es el fiel reflejo de una sociedad y forma de vida que, en el caso de la maragatería, tiene unas particularidades que van no solo unidas a su actividad sino también a unas normas propias.

La casa maragata, debido a la actividad de la arriera de sus moradores, tiene un enorme portón de acceso para dar paso a los carros, y un patio empedrado.

 

 

La cocina en la planta baja, con una enorme chimenea, era el centro neurálgico de la vivienda y la vida familiar. Las habitaciones se disponían en el piso superior, en corredores que daban al patio.

 

 

Pero si algo llama la atención es el minúsculo tamaño de las ventanas de la casa, tanto de las que dan al exterior como las del interior de la vivienda, además de la presencia de rejas. Esto se debe, como es lógico, a una protección frente a las extremas temperaturas de la zona pero también a la protección de sus bienes, ya que los maragatos amasaron grandes fortunas con su actividad. Se encargaban del cobro de impuestos para la Corona y de trasladar el oro de las Indias, que llegaba a los puertos, hasta la Corte. Conocidos por su honradez y fidelidad, protegían los envíos con su propia vida. Es por ello que sus honorarios eran altísimos.

Pero además, este caracter «cerrado» de sus casas se extiende a su forma de vida: se trata de una sociedad endogámica, donde sus miembros se casan entre ellos y se «castiga» cualquier relación fuera del grupo.

 

 

Así, la casa maragata posee gran número de habitaciones, ya que en ella conviven varias generaciones. Algunos elementos, como los grandes arcones de madera labrados, eran signo de la riqueza familiar.

Casa Maragata museo: qué ver

En la planta baja, accediendo desde el patio, está la recepción al museo. Podréis disfrutar de una proyección audiovisual sobre  el municipio de Santa Colomba de Somoza. Auténtico corazón de La Maragatería, comprende 19 localidades, algunas de ellas abandonadas, ricas en cultura, historia, naturaleza, gastronomía y parte importantísima del camino de Santiago. No en vano, allí se encuentra uno de los lugares mágicos del Camino: la cruz de Fierro de Foncebadón o Rabanal del Camino, punto de encuentro de peregrinos.

 

 

Además de la cocina, con muchos utensilios propios de la misma, en esta planta se pueden ver elementos relacionados con la arriería y con una actividad que fue de gran importancia en la zona: la producción de chocolate. En los alrededores de Astorga hubo más de 30 pequeñas fábricas artesanales dedicadas al chocolate y aun hoy quedan algunas en las que adquirir tan dulce recuerdo.

 

 

En la planta superior hay un espacio expositivo con muestras temporales de diversos estilos y disciplinas, y también una recreación de la antigua escuela del pueblo.

 

Santa Colomba de Somoza: pasado, presente y futuro de la Maragatería

Aunque la Maragatería y la forma de vida de los maragatos parezcan cosa del pasado,  quedan muchos  vestigios y tradiciones heredadas, y no solo con la presencia de este museo en la casa maragata. Son muchas las manifestaciones culturales que dan fe de ell0.

MaragArte

Por iniciativa de un grupo de artesanos y artistas ligados a la localidad, cada año, a finales de agosto, se abren los patios de las casas maragatas que quedan en la Santa Colomba de Somoza en los que se celebra una feria de artesanía.

CAM: Centro Artesanal Maragato

Un centro de Formación Profesional en el que formarte en disciplinas como la cerámica, la marroquinería y guarnicionería (actividad indiscutiblemente ligada y heredada de la sociedad maragata)

Museo de la Era Pop

En un afán de recuperar la vida y actividad en la Comarca, y de frenar el avance de esa «España vaciada»,  este proyecto ,que tendrá como sede la antigua casa de las maestras de Santa Colomba, tiene previsto abrir sus puertas en verano de 2022.

Se trata del primer museo-archivo gráfico de la Era Pop. Es una iniciativa del músico Alex Cooper (que lideró una de las bandas más conocidas en León, Los Flechazos) El museo ofrecerá una programación continua de  conferencias , talleres y conciertos.

Cuenta con on la colaboración de RTVE, Radio 3 y la SGAE.

Además de la Casa Maragata…

No dejes de hacer cualquiera de las rutas propuestas por la Oficina de turismo,  como la ruta a la cascada de la Fervencia, el camino al Torreón de los Osorio (que puedes visitar previa reserva) o a las tumbas fenicias. Nosotros tenemos pendiente conocer a fondo la zona ya que merece mucho la pena.

Castrillo de los Polvazares

 

Puedo asegurarte que Santa Colomba de Somoza es el auténtico corazón de La Maragatería, aunque haya localidades con más «fama», como el caso de Castrillo de los Polvazares, considerado uno de los pueblos más bonitos de España. Y si, bonito es, pero está totalmente reconstruido y ha quedado como atracción turística para ir a comer el famoso cocido maragato (nosotros lo hicimos, toda la localidad se dedica a la restauración) Pero más allá de esto, es un pueblo sin vida.

 

Astorga

 

Por supuesto, tienes que visitar Astorga pero al menos dedícale un día. Su Catedral, el Palacio Episcopal de Gaudí, el encanto de su Plaza Mayor… Y hazte con un buen cargamento de souvenirs gastronómicos: cecina, mantecadas, hojaldres ¡Y, sobre todo, chocolate!

 

Los 10 mejores planes para disfutar Berlín

Ahora que ya sabes qué ver en Berlín en 3 o 4 días, te vamos a contar más. Aunque parezca mentira, además de visitar monumentos y lugares de interés, tuvimos tiempo para  todos estos planazos, de la mañana a la noche. Estos son los mejores planes en Berlín para disfrutar en tu escapada.

Nuestros mejores planes en Berlín

1# Un café en las terrazas de Nikolaiviertel

Una buena forma de comenzar el día, o de hacer una parada técnica mientras visitas el centro de la ciudad, es relajarte en los coquetos cafés del barrio de San Nicolás. En mi opinión, es de los más bonitos de Berlín; en realidad es como visitar una pequeña ciudad medieval dentro de la enorme urbe. Date una vuelta y descubre además de su iglesia (hoy convertida en museo) coquetas tiendas de souvenirs. Los ositos artesanales de Teddy Laden os enamorarán, aunque en mi caso se escapaban del presupuesto.

 

2# Hackescher Markt: una estación de tren y un mercado semanal

La estación de Hackescher Markt, en el barrio de Mitte, es una de las más bellas y mejor restauradas de finales del S XIX. Pero además se ha convertido en un centro de ocio en el que, dos veces a la semana (jueves y sábado), tiene lugar un mercado en el que adquirir excelentes productos, recuerdos y degustar especialidades gastronómicas de todo tipo y para todos los gustos. Nosotros comimos en un puesto de pasta fresca que estaba increíble y de postre ¡cannoli sicilianos!

 

3# Alexander Platz: el centro del mundo

No exageramos si decimos que esta céntrica plaza es el centro del mundo. En su famoso reloj mundial podrás consultar la franja horaria de 24 ciudades y se ha convertido en punto de encuentro tanto de berlineses como de turistas.

Presidida por la omnipresente torre de la televisión, la estructura más alta de toda Alemania con sus 368 metros, visible casi desde cualquier punto de la ciudad, es también un nudo importante del transporte público. A su alrededor encontraréis un importante centro comercial (Alexa) y, cuando lo visitamos nosotros, una gran cantidad de puestos de comida callejera.

Subir a la torre de la televisión no es precisamente barato (17,50€ actualmente) así que nosotros nos lo ahorramos, aunque reconozco que debe ser toda una experiencia comer en su restaurante giratorio, con vistas de 360º sobre Berlín.

En Alexander Platz hay gente a todas horas, de día o de noche. Precisamente a última hora del día es un buen momento para tomar unas cervezas o comer algo por allí.

 

4# Visitar los Höfe (patios) en el barrio de los graneros

Una cena o una copa por la noche (ojo, que los cafés y restaurantes aquí no son muy baratos) o simplemente una visita a cualquier hora del día para visitar el conjunto de patios interiores interconectados entre sí , en lo que fue el antiguo barrio de los graneros. El nombre del barrio procede de cuando, en el siglo XVII, se ordenó almacenar las cosechas en graneros fuera de la ciudad. Más tarde, el Rey Federico Guillermo I dispuso que todos los judíos sin propiedades que se trasladasen a la zona de los graneros.

El más conocido y visitado de los patios, el Hackesche Höfe, además de restaurantes y tiendas cuquis, tiene unas fachadas revestidas en azulejos vidriados, de estilo modernista, que os enamorarán.

 

Hackesche Höfe

5# Arte urbano y espacios alternativos

Seguramente no vamos a descubrirte nada nuevo al afirmar que uno de los mejores planes en Berlín es disfrutar del arte urbano. Además de la galería, en lo que resta del muro de Berlín, que contiene auténticas obras de arte, encontrarás expresiones de arte urbano casi en cualquier sitio de la ciudad. En el barrio judío descubrirás algunos patios que poco tienen que ver con el anterior.

La pena es que no pudimos visitar el famoso edificio Tacheles, símbolo de la okupación de edificios tras la caída del Muro, que se convirtió en el centro cultural alternativo más importante de Berlín, porque ya lo habían cerrado. Parece que en su lugar van a construir un hotel.

 

6# Música callejera

La cantidad, y calidad, de músicos que veréis en los parques y lugares céntricos (junto a la Catedral o la Isla de los Museos, por ejemplo) harán que estos conciertos improvisados y «Gratis» (Pero no olvidéis dejar una buena propina o comprar su disco si lo tienen) sean otros de los mejores planes en Berlín.

Solemos volver de nuestros viajes con alguno de estos CD como souvenir. En Berlín precisamente descubrimos a Adam Barnes, un artistazo nacido en Oxford, del que nos hemos hecho fans.

 

Adam Barnes

7# Una cerveza junto al río

Si el tiempo lo permite, y todavía a finales de septiembre tuvimos buenos ratos de sol, relájate tomando una cerveza a orillas del Spree. A falta de playa, estos espacios junto al río, con sus hamacas de lona y mesas improvisadas sobre cajones de cerveza, son perfectos para descansar después de tanta visita a museos y demás, y lugar de encuentro de los jóvenes berlineses.

 

8# Gastronomía: hay vida más allá del currywurst

Evidentemente, la gastronomía es una parte importantísima en nuestros viajes. No voy a declararme fan de la cocina alemana; me gusta un buen codillo con chucrut, unas albóndigas  o las salchichas, pero cuando llevo 2 días seguidos comiendo cualquiera de ellos acabo bastante «hartita». Disfrutamos de una buena comida tradicional en el restaurante Maximilians (muy cerca de la estación de metro Stadmitte)

En cuanto al famoso currywurst, que también probamos, voy a decir que no me gustó nada, así que no entiendo tanto post recomendando esta especialidad berlinesa.

Por suerte, no todo está perdido y Berlín es una ciudad en la que puedes encontrar comida de cualquier lugar del mundo y una buen número de restaurantes vegetarianos, de productos bio/orgánicos, o de nuevas tendencias más ligeras que la cocina tradicional alemana.

Ahora os cuento lo mejor: ya sabéis que somos incondicionales de la cocina italiana (pero la auténtica, ojo, nada de franquicias y similares) y siempre que viajamos nos llevamos «por si acaso» un buen listado de restaurantes. Lo que no esperábamos encontrar fue tal cantidad y calidad de italianos y un festival gastronómico, que agrupaba a 50 restaurantes de la ciudad, durante 3 días. Este año  (este post lo escribí en 2020, en tiempos prepandémicos) son (o más bien eran) ya casi 60 los inscritos.

 

La famosa currywurst. Photo on Foter.com

 

9# Iluminación nocturna en Postdamer Platz

Si hay un lugar en Berlín para visitar de noche es sin duda Postdamer Platz. La iluminación de los edificios, como la Bahn Tower, sede de la empresa de transportes alemana Deutcher Bahn, es sencillamente espectacular.

En la misma zona encontraréis edificios de Renzo Piano, Rafael Moneo, o Izozaki, entre otros grandes arquitectos, que contribuyeron a la gran renovación urbana tras el final de la segunda Guerra Mundial. Precisamente Postdamer Platz, que ya era una de las zonas más bulliciosas antes de la guerra, quedó arrasada tras ella y además separada por el Muro.

 

 

El Sony Center, obra de Helmut Jahn finalizada en el año 2000, es probablemente el emblema del Berlín moderno. Una enorme cúpula de cristal y acero en movimiento ofrece cada noche un espectáculo de luces y sonido y, sí, este es uno de los mejores planes en Berlín para acabar el día.

En los alrededores de Postdamer Platz hay algunos restaurantes para sibaritas pero si vuestro presupuesto es más modesto siempre podéis cenar algo en los de comida rápida del centro comercial.

Por cierto, a pocos metros de allí, en el Berlinale Palast, se celebra el festival de cine de Berlín.

 

Sony Center

 

10# Hazte amigo de un oso

El oso de oro y los de plata de la Berlinale, el del escudo de la ciudad… se dice que el origen y significado del oso de Berlín es un homenaje al Duque Alberto I de Brandenburgo, cuyo apodo era precisamente «el oso».

Pero además, esta figura animal, decorada de una y mil formas, forma parte de la ciudad desde 2001 cuando dos empresarios alemanes y un escultor austríaco crearon la figura del oso Buddy (precisamente oso «amigo» o «compañero») En 2002 se inauguró una exposición en Pariser Platz, que más tarde daría la vuelta al mundo con la colaboración de artistas de cada país que reflejaron, en cada unos de los osos, su propia identidad.

Los «Buddy bears » son un símbolo de la tolerancia, comprensión y paz entre todas las naciones del mundo» y una forma divertida de recorrer el mundo sin salir de Berlín. Así que, si visitas la ciudad,  hazte amigo de un oso.

 

 

Ruta del Kadagua, de Güeñes a Sodupe

La ruta del Kadagua que parte de la estación ferroviaria de Güeñes, en la comarca de las Encartaciones (Vizcaya) es uno de los tramos de la Vía Verde que transcurre por el antiguo trazado del tren de la Robla. Por cierto, que el trazado era el más largo en vía estrecha de toda Europa Occidental, 335km en total desde Bilbao a La Robla (León).

Si hace unos meses nos animamos a recorrer el tramo de Arbuio a Sodupe, esta vez hemos decidido completar este otro que, a decir verdad, y aunque está a muy pocos kilómetros del anterior, nos gustó muchísimo más ya que está rodeado de un paisaje encantador.

Como contrapartida a tanta belleza, tengo que decir que está algo más concurrido (poco, eh, no vayáis a pensar) sobretodo por ciclistas y en algún tramo incluso circulan coches.

Ruta del Kadagua: Güeñes, punto de partida

Ya os he adelantado que esta parte de la ruta comienza en la estación de Güeñes. Podéis llegar en tren (Renfe Cercanías) o en vuestro coche y aparcar delante de la misma, ya que suele haber sitio.  Pocos metros más adelante encontraréis el indicador de la ruta, hay que cruzar las vías para coger el camino.

Si disponéis de tiempo, bien a la ida o a la vuelta, no perdáis la oportunidad de visitar esta localidad encartada, ya que posee atractivos suficientes como la Villa Urrutia, hoy sede de su Ayuntamiento, o la preciosa Iglesia de Santa María.

Casi al inicio del recorrido hay un área de esparcimiento con mesas y bancos, ideal para un picnic, o si vais con niños.

 

Barrio de Santxosolo: caseríos y una Ermita

 

 

Uno de los puntos más bonitos de esta ruta del Kadagua es el barrio de Santxosolo. La Ermita de San Martín de Iturriaga, cuyos orígenes se remontan al S.XV, aunque su aspecto actual corresponde al S. XVIII, es una auténtica sorpresa en el camino, que por cierto es también parte del Camino de Santiago.

 

 

Aquí encontraréis numerosos caseríos, algunos en proceso de rehabilitación, y en alguno podéis comprar verduras de temporada o huevos caseros ¡Un lujazo de productos de km 0!

 

Ruta del Kadagua: pros y contras

Lo mejor de este recorrido junto al Kadagua es que puede prolongarse cuanto se quiera, ya que el antiguo recorrido del tren de la Robla puede iniciarse desde la Estación de la Concordia en Bilbao (por cierto, una auténtica joya de estilo modernista) y llegar a la hermosa Villa de Balmaseda, patrimonio histórico y cultural del País Vasco. Si en algún momento estáis cansados queda la opción de tomar el tren de Renfe Cercanías para regresar al punto de partida ¡También con vuestra mascota! (sin límite de tamaño pero obligatorio uso del bozal)

La única pega que podemos ponerle a este tramo, como ya he citado al principio del post,  es que en algunas ocasiones se comparte no solo con ciclistas (y en esta zona hay muchos), como es habitual en las Vías Verdes, sino también con coches, lo que resulta un poco incómodo en nuestro caso y por lo que nuestro Toby fue casi todo el camino atado.

 

 

Por lo demás, una ruta sencilla y corta , apenas unos 6km (y otros tantos vuelta), que os recomendamos sin duda alguna ¿Os animáis a hacerla?

 

 

Berlín en 3 días

¿Qué puedo ver en Berlín si dispongo de poco tiempo?

-¡No visites Berlín en 3 o 4 días!- Esto es lo que me advirtieron quienes habían conocido antes que yo a la capital alemana. Los motivos, casi siempre los mismos: hay mucho que ver y en tan poco tiempo no vas a «conectar» con la ciudad.

En lo primero tenían razón: hay muchísimo que ver en Berlín. En lo segundo no estoy de acuerdo; conecté con la ciudad desde el minuto uno y me sentí y moví cómodamente «pateando» sus calles o cogiendo el metro y el tranvía, seguramente incluso mejor que en otras capitales europeas en las que he estado varias veces.

Probablemente la imagen más famosa de la ciudad sea la Puerta de Brandenburgo, antigua puerta de entrada a Berlín. Está situada en el centro, por lo que puede ser un buen punto de partida para recorrerla. Además, se accede también al Tiergarten, un inmenso parque, equiparable a Central Park en Nueva York o Hyde Park en Londres, que fue utilizado como coto de caza. No es que sea una visita imprescindible pero si sois amantes de la naturaleza os encantará.

Casualmente, durante nuestro viaje la Puerta de Brandenburgo estaba cubierta de andamios y lonas, así que no hicimos la foto más instagrameable de Berlín. Tampoco es que fuésemos muy ordenados en nuestras rutas por la ciudad, ni seguimos un plan preconcebido, a excepción de alguna visita con reserva obligatoria como la del Parlamento. Aun así disfrutamos de museos y monumentos, pero también de mercadillos de comida callejera en los alrededores de Alexander Platz o de las tumbonas en los bares junto al río, tomando un café o una cerveza (a finales de septiembre, cuando estuvimos, el tiempo todavía lo permite) Así que nuestro post no pretende ser un recorrido pormenorizado para seguir al pie de la letra, no os vamos a decir qué ver en Berlín  en 3 o 4 días pero si algunas de las visitas que hicimos y cuales nos gustaron más.

Qué ver en Berlín (a vuestro aire)

 

Os advertimos que en Berlín vais a encontrar muchísimos free tour por todos lados. La verdad es que nunca hemos hecho uno, pero si sois de los que sopesáis esa opción, no tendréis problema. Nosotros cada vez somos más anárquicos en nuestros viajes y nos dejamos llevar por lo que nos apetezca en cada momento. Quizá por ello nos perdamos algunas visitas pero os aseguro que ganamos en otras experiencias. Si algo nos quedó claro es que Berlín merece la pena verla, pero sobretodo vivirla.

El Parlamento (Reichstag) y su cúpula

 

 

El Parlamento de Berlín es uno de los edificios más impresionantes de la ciudad, tanto como el de Londres o el de Budapest, y combina elementos de la arquitectura clásica y moderna. La entrada es gratis pero hay que reservar por internet, sin reserva no se entra. En vuestra solicitud tendréis que elegir 1 día de visita preferente y otros 2 opcionales, ya que en ocasiones las solicitudes son muchísimas. Es por ello que esta fue la primera visita que planificamos antes del viaje. También os avisamos que acudáis con tiempo ya que hay al menos dos controles de seguridad antes de acceder al interior. Os dejamos el enlace para la reserva.

El edificio, construido entre 1884 y 1894, ha sufrido los avatares de la historia y ha sido testigo de grandes acontecimientos , pero es desde el año 1999 una de las grandes atracciones que ver en Berlin, tras la restauración y diseño de la impresionante cúpula de cristal a cargo  del arquitecto Norman Foster. Os proporcionarán una audioguía que se activa al comenzar a subir hacia la cúpula. Es realmente interesante escuchar su contenido ya que, además de su historia, diseño y dimensiones impresionantes, conoceréis otros datos ¿Sabéis que el diseño de la cúpula del Reichstag lo hace energéticamente eficiente?.

East side Gallery

 

 

Esta parte del antiguo muro de Berlín- el llamado «muro de la vergüenza»- que durante 28 años dividió a las dos Alemanias, se ha convertido en un museo a cielo abierto. Los alemanes, y los berlineses en particular, no han querido olvidar el periodo más triste de su historia. Durante la caída del muro, el  10 de noviembre de 1989, el artista alemán Bodo Sperling sugirió salvar un trozo de muro para crear una galería de arte al aire libre. Más de 100 artistas de todo el mundo fueron llamados para plasmar sus obras, y fue así como se creó la ‘East side gallery’. En el museo de la Topografía del Terror, se puede contemplar aún un trozo de muro en su estado original.

Nosotros aprovechamos nuestra primera tarde en la ciudad para acercarnos hasta allí y contemplar algunos de los graffitis más famosos, como el del trabant (el coche más popular en la Alemania comunista) atravesando el muro, que por cierto adquirimos en un imán para la nevera. En cuanto a los supuestos fragmentos del muro que se venden como souvenir, voy a dudar de su autenticidad ¡No hay muro «pa tanto»!

Puente Oberbaum

 

 

Precisamente desde la East side gallery cruzamos hasta el popular barrio de Kreuzberg (el barrio turco de Berlín) por el puente Oberbaum, que une ambas orillas del Spree y también lo que en su día fueron las dos Alemanias. Especialmente hermoso al atardecer, tiene además una curiosidad: zapatos y zapatillas colgando de cables. Indagando sobre si esta práctica tenía algún significado, he descubierto que es similar al de los grafitis, de hecho a esta práctica se la conoce como «shoefiti», aunque su origen, el shoe tossing, es bastante más sórdido (delimitar territorios de bandas en barrios marginales de EEUU, indicar donde se vendía droga, una casa ocupada etc)

Checkpoint Charlie

Si habéis visto la película ‘El puente de los espías’, muy probablemente os sonará la siguiente imagen.

 

 

Estamos hablando de ‘Checkpoint Charlie’, el puesto fronterizo interno más famoso de la ciudad, donde eran registrados los miembros del ejército americano, inglés y francés que tenían intención de viajar a Berlín este. Actualmente una construcción del artista Frank Thiel y una placa conmemoran la antigua frontera.

Si queréis que os diga la verdad, esta no es una visita imprescindible, mas que nada porque se ha convertido en un decorado de cartón piedra en la que «falsos soldados americanos» posan, previo pago, con cuanto turista quiere hacerse la foto de rigor. Pero seguro que pasáis por allí cuando os dirijáis a uno de los lugares que si hay que ver en Berlín: La Topografía del Terror.

La Topografía del Terror

Esta escalofriante exposición, en el lugar donde se ubicaban los cuarteles de las SS, es imprescindible para comprender el origen de uno de los periodos de la historia más oscuros y vergonzantes. Mediante fotografías e inmumerables documentos gráficos, la exposición relata  la llegada al poder del nacionalsocialismo, la creación de las llamadas Instituciones del terror (las SS y la Policía), la persecución y exterminio durante el Reich, las SS y la Oficina Central de Seguridad del Reich en los territorios ocupados y el final de la guerra. Es una visita que os dejará el corazón encogido pero que os hará entender no solo la historia pasada sino también la presente, e incluso la razón del resurgimiento de movimientos y partidos de extrema derecha en Europa.

Monumento memorial a los judíos asesinados en Europa

 

 

Otro de los lugares imprescindibles que ver en Berlín es el memorial, compuesto por 2.711 bloques de hormigón de diferentes alturas. Lugar sobrecogedor, algo claustrofóbico, en el que reflexionar una vez más sobre la historia.

Si disponéis de tiempo, y ánimo, podéis visitar el Centro de información (Nosotros no lo hicimos por falta de ambos) En tres zonas expositivas se muestran:

La política nacionalsocialista de exterminio, entre 1933 y 1945, y los testimonios de algunas personas y familias antes, durante y después de la persecución. La última sala presenta sus paredes cubiertas con los nombres y años de nacimiento y muerte de las víctimas del holocausto.

Gendarmenmarkt

 

 

La Gendarmenmarkt (La plaza del mercado de los gendarmes) es una de las más bonitas de Berlín e incluso de Europa. Alberga dos catedrales, una francesa y otra alemana, y un hermoso auditorio, el Konzerthaus.

 

Si tenéis ocasión haced una visita guiada (gratuita) al auditorio. No es necesaria la reserva, basta con presentaros en el hall. Suele haber a las 13:00 y 15:00 horas y dura unos 30 minutos. Aunque la visita es en alemán os darán un folleto informativo en inglés.

Esta es una de las actividades que no teníamos programadas y que descubrimos de casualidad. El edificio fue construido entre 1818 y 1821. Fue gravemente dañado durante la segunda guerra mundial y se reconstruyó en los años 80-90 del siglo XX, respetando al máximo su aspecto original.

 

 

Durante la visita conocimos una de las actividades que más nos llamó la atención: los Espresso Concerts ¿Qué os parecería tomaros el café después de comer (eso si, a hora alemana, las 14:00) disfrutando de un concierto de 45 minutos antes de volver al trabajo? Pues esa es la idea, y por tan solo 8€ café incluido.

En la Gendarmenmarkt se celebran infinidad de manifestaciones culturales y el maravilloso mercado Navideño. Precisamente visitar los mercados, no os podéis hacer una  idea de cuantos se celebran, es una de esas cosas que ver en Berlín. Personalmente me encantan ya que son una excelente opción para llevarnos un recuerdo distinto al de un souvenir tradicional.

Otra de las cosas que más me gustan de esta ciudad es como han sabido aprovechar y reconvertir cualquier rincón para darle un uso cultural o lúdico. Berlineses y turistas disfrutan por igual de sus bares, restaurantes o tiendas, y la noche berlinesa es todo un «referente».

Pero si sois de hábitos más tranquilos y lo vuestro es «ir de museos», no os preocupéis y seguid leyendo.

Isla de los Museos

 

Puerta de Ishtar, antigua Babilonia

 

La Isla de los Museos, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, contiene nada menos que 5: el Museo de Pérgamo, el Bode, el Museo Nuevo y el Antiguo así como la Antigua Galería Nacional. Y si con esto no tenéis suficiente, en  Berlín hay más de 450 Galerías de Arte y un montón de museos curiosos sin contar otros espacios alternativos.

Como tendréis que priorizar qué ver en Berlín si, como nosotros,  vais a estar 3 ó 4 días, os recomendamos la visita al Museo de Pérgamo. Aunque su obra más emblemática, el altar de Pérgamo, se encontraba en restauración pudimos disfrutar de  la colección de antigüedades clásicas, el Museo de Oriente Medio y el Museo de Arte Islámico ¿Sabíais que aquí se encuentra una cúpula que perteneció a la Alhambra de Granada? La historia de cómo llegó hasta allí tiene su «aquel».

Catedral de Berlín (Berliner Dom)

 

 

Construida durante el reinado del emperador Guillermo II, entre 1894y 1905,  en estilo renacentista italiano y en el emplazamiento de una pequeña catedral barroca anterior, la Catedral de Berlín es cuanto menos suntuosa. No voy a decir que sea de las más bonitas que hemos visitado pero su Cúpula, el Palco Imperial (reservado al monarca y su séquito) o el órgano, considerado el mayor y más importante del romanticismo tardío alemán en el mundo, bien merecen una visita. Los sarcófagos y ataúdes chapados en oro y la cripta de los Hohenzollern (la antigua familia imperial alemana) con 94 tumbas del los siglos XVI al XX, son una gran muestra de la cultura funeraria de Bradenburgo y Prusia. Si debo ser sincera, esta parte de la visita no me resulto nada atractiva y no por el asunto del arte funerario en si (recuerdo, por ejemplo, el cenotafio de Maximiliano I en Innsbruck, Austria, como un lugar de inmensa belleza)

De cualquier modo, lo mejor de la Catedral de Berlín no está en su interior sino en la terraza de su cúpula. Bien merece la pena el esfuerzo de subir 270 escalones para disfrutar de unas vistas increíbles.

Qué ver en Berlín: descubrir alguno de sus barrios

 

Como en 3 o 4 días no vas a tener demasiado tiempo, conoce al menos alguno de los barrios más interesantes, como el de Kreuzberg (el barrio turco) Si has visitado la East Side Gallery puedes cruzar por el  Puente Oberbaum para llegar hasta allí. Es lo que hicimos nosotros. Pasarás de lo más alternativo a encontrarte en el «centro de Estambul».

 

Kreuzberg, un barrio muy «alternativo»

 

Aunque no pudimos dedicar mucho tiempo a visitarlo, dió la casualidad de que algunos tramos de metro estaban en obras, así que cuando fuimos a la estación de Kottbuser Tor tuvimos que coger el bus que habían puesto para sustituir la línea de metro, y de esa forma hicimos  un tour improvisado por Kreuzberg.

Dos recomendaciones: las hamburguesas de Burgermeister, en lo que eran unos antiguos baños y el que dicen es el mejor kebab de Berlín, el de Mustafa’s Gemüse, que no nos dió tiempo a probar.

 

La famosa hamburguesería Burgermeister

 

Aunque se dice que en en Berlín no hay un Barrio judío como tal, lo cierto es que en los alrededores de Rosenthaler Platz y a lo largo de Rosenthaler Strasse, zona en la que además nos alojábamos, vas a encontrar un montón de lugares y de historias de la comunidad judía que habitó aquí. Desde los famososos patios, los Hackesche Höfe, reconvertidos en zonas de ocio con restaurantes y tiendas, a museos dedicados a la memoria de los judíos víctimas del Holocausto. Junto a ellos, en un callejón lleno de graffitis, se pueden visitar en Museo de Ana Frank y el de Otto Weidt. Nosotros visitamos este último (entrada gratuita) aprovechando nuestra última mañana en Berlín.

 

39 de Rosenthaler Strasse

 

Os recomendamos esta visita que, seguramente, no figura en las listas de «imprescindibles» que hayáis consultado, pero que de verdad merece la pena.  Otto Weidt fue un empresario que empleó a judíos ciegos y sordos en su pequeño taller, en el que se fabricaban cepillos y escobas, durante la segunda guerra mundial. Proporcionó documentos falsos para evitar la deportación de muchos de ellos y escondió a varias familias, aunque finalmente en una redada de la Gestapo fueron descubiertos y deportados a Auschwitz.

 

Museo Otto Weidt

 

Pero además, cuando recorráis la Rosenthaler Strasse, y tantas otras, mirad al suelo. Delante de muchas casas veréis estas placas conmemorativas (stolpersteine) con los nombres, fecha de nacimiento y fecha de la deportación de muchos de sus antiguos vecinos.

 

 

Otras visitas en la zona son la Nueva Sinagoga de Berlín o la calle Rosentrasse, en donde se ubicaba la antigua Sinagoga, y donde se erige el monumento a las mujeres que protagonizaron las protestas de 1943. Estas mujeres alemanas se reunieron para pedir la liberación de sus maridos judíos, que al ser parte de matrimonios mixtos fueron los últimos en ser detenidos. Merece la pena conocer la historia.

 

Monumento a las mujeres de Rosenstrasse

 

El barrio de San Nicolás (Nikolaiviertel) es el más antiguo de Berlín. Durante la Edad Media la zona formaba parte de una ruta comercial y en el año 1200 la construcción de la Iglesia de San Nicolás dió lugar a un asentamiento en el que empezaron a establecerse artesanos, comerciantes y después artistas. Durante la segunda guerra mundial fue arrasado por las bombas pero durante la década de los 80, en el pasado S.XX, se reconstruyó con tanto detalle que uno juraría que ha permanecido así desde siempre.

En este barrio se encuentran algunas de las  residencias de la alta burguesía de los S XVII y XVIII, como la de los Knoblauch (fabricantes de seda) o la mansión que se edificó para Veitel Heine Ephrain (banquero de la corte del rey Federico II) Pero además, tabernas y cervecerías, como la Georgbräu, en las que degustar una buena cerveza artesana.

Entre tiendas de souvenirs y coquetos cafés con terraza este es solo uno de los lugares que ver en Berlín sino también uno de esos para disfrutar de la ciudad. Hay otros, que también pudimos descubrir, pero lo dejamos para nuestro próximo post.

Vía Verde de Kadagua: de Arbuio a Sodupe

La Vía Verde de Kadagua, que transcurre junto al cauce del Río con el mismo nombre, es un estupendo paseo que comienza a tan solo 8 kilómetros de Bilbao. El itinerario sigue el antiguo trazado del tren de la Robla, entre el barrio de Irauregi (Alonsotegi), en el Bilbao metropolitano, y Balmaseda, en el corazón de Las Encartaciones.

El recorrido completo puede hacerse muy bien en bici, pero a pie, y para senderistas poco experimentados como nosotros, quizá resulte excesivo. Por esto escogimos unos de los tramos, el que va de Arbuio hasta Sodupe, 5,6 kilómetros ida y otros tantos de vuelta.

 

Fue este verano pasado cuando descubrimos alguna de las Vías Verdes de Euskadi, la de Arrazola concretamente, también de recorrido asumible, perfecta para hacerla con nuestro Toby, que ya tiene cierta edad.

 

 

La Vía Verde de Kadagua no es, seguramente, tan espectacular como otras en las que se pasea junto al mar o rodeados de altas montañas, pero tiene la enorme ventaja de que está mucho menos concurrida. Y esto, en los tiempos de pandemia que corren, es todo un lujo. Eso no quita que encontremos, en este tramo, rincones llenos de encanto.

 

Vía Verde de Kadagua: datos prácticos

Para llegar al barrio de Arbuio debéis tomar la salida 10 del corredor del Kadagua. Podéis aparcar en el polígono industrial que encontraréis junto a la rotonda y frente a la Ermita de Nuestra Señora de la Guía, que es precisamente donde se inicia el camino hacia la Vía Verde.

Otras opciones son llegar en tren desde Bilbao, a  la estación de La Quadra, pequeñísima localidad que atravesaréis en el recorrido, o a Sodupe. También es posible hacerlo en autobús (3 líneas de Bizkaibus).

En La Quadra encontraréis un área de recreo en la que sentaros a comer y columpios para los niños. Por lo demás, en el trayecto de la Vía Verde de Arbuio a Sodupe no encontramos más fuentes. Por tanto, aseguraos de llevar agua en vuestra mochila. Lo que si hay, en el camino, son algunos bancos en los que descansar si fuese necesario.

El  terreno apenas tiene desnivel, excepto en el inicio del recorrido, que además no se hace por la Vía Verde en sí, sino por un arcén habilitado como peatonal en la antigua carretera BI-636. Apenas hay tráfico, de hecho tan solo nos cruzamos con un vehículo.

 Arbuio – Sodupe:

del Gran Bilbao a Las Encartaciones

La población de Alonsotegi estuvo unida al Municipio de Barakaldo hasta el año 1990, cuando se segregó. Forma parte por tanto de lo que se conoce como Gran Bilbao. Es en el barrio de Arbuio donde iniciamos esta ruta de la Vía Verde que se interna en la Comarca de Las Encartaciones recorriendo pocos kilómetros.

La primera población encartada que atravesamos es La Quadra, una de las 4 localidades que conforman el Municipio de Güeñes. De apenas 400 habitantes, quedan algunos vestigios de su importancia histórica, como el papel defensivo del Valle del Cadagua durante las llamadas Guerras Banderizas. Estos violentos enfrentamientos tuvieron lugar a finales de S. XIII (y continuaron en el siglo siguiente) entre los linajes de los Ochoa de Butrón y los Sánchez de Zamudio.

La Casa Torre de La Quadra todavía conserva ambos escudos. Junto con la Iglesia De San Pedro, vinculada a la Torre, es parte del patrimonio que permanecen  la localidad. El antiguo Camino Real discurría por aquí, sin olvidar que en el trayecto recorremos también parte del Camino De Santiago, que veréis debidamente señalizado.

 

 

Es una pena que no se conserven más edificaciones típicas  y caseríos, y en las Encartaciones abunden ahora las nuevas construcciones muy alejadas de la estética tradicional.

Vía Verde: por la ribera del Kadagua

Lo mejor de esta ruta es el tramo que acompaña el curso del Río, entre arbolado, y los saltos de agua en la presa que son un auténtico espectáculo. Juzgad vosotros mismos.

 

 

El final de nuestra etapa es la localidad de Sodupe, a la que se accede por el barrio de Iartu, y atravesando el puente sobre el río Herrerías se llega a la Iglesia de San Vicente Mártir, cuya torre se divisa a bastantes metros de distancia.

 

 

Caseríos, huertas y rebaños de ovejas que se recogían al paso de Toby. (Quién sabe a que labores se había dedicado antes de llegar a nuestra familia. De hecho fue encontrado y recogido en esta zona).

En Sodupe podéis hacer una parada técnica para reponer fuerzas. Nosotros optamos por una de las terrazas en la plaza frente a la iglesia antes de iniciar el camino de regreso.

 

 

Le estamos cogiendo el gusto a esto de recorrer las Vías Verdes y aún nos quedan muchas por descubrir en Euskadi. Si queréis saber más sobre esta iniciativa de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, echad un ojo a su web. ¿Os animáis a pasear por alguna?.

 

 

Ur Mara Museo

Ur Mara Museo, en la localidad guipuzcoana de Alkiza, es un espacio único, multidisciplinar, donde el arte se funde con la naturaleza sin invadirla. Llamar museo a Ur Mara es, desde luego, quedarse cortos, así que voy a intentar explicaros de qué va todo esto. Os aseguro que la visita me sorprendió y que no fue, para nada, aquello que esperaba encontrar.

 

Ur Mara: un proyecto de Koldobika Jauregi

Este artista polifacético, como el mismo se define, cuyas obras se han expuesto en museos como el Guggenheim o el Würth, proyectó Ur Mara a partir de su experiencia en el museo alemán Insel Hombroich donde participó, junto con su mujer Elena Cajaraville, durante varios años, en el proyecto «Arte paralelo a la naturaleza».

 

Koldobika Jauregi. Fotografía de Alberto Loyo

 

En 1990 recibe la beca Zabalaga, instaurada por Eduardo Chillida. Sin embargo, Jauregi no se considera un discípulo del gran escultor vasco, y desarrolla su obra al margen de cualquier corriente, bebiendo de aquí y de allá, desde la imaginería religiosa tradicional y el arte figurativo a los oficios tradicionales del ambiente rural vasco.

Actualmente, el museo lo gestiona la Asociación Cultural Ur Mara, que organiza un sinfín de actividades en este espacio único: conciertos, exposiciones, talleres o encuentros literarios que muchas veces acaban en comidas de hermandad. ¡Estad atentos a su agenda!

El bosque: un espacio privado de uso público

Así lo define el propio Jauregi. Cualquiera puede disfrutar de este enorme bosque, rodeado de hayas, robles, castaños o fresnos, que sirven de sala expositiva a las esculturas de gran formato, talladas sobre bloques de mármol.

 

Fotografía de Alberto Loyo

 

La única premisa: el respeto. Esto, que resultaría tan obvio, por desgracia no siempre se cumple y en ocasiones sufren actos de vandalismo o hay quien decide dejar su basura en el bosque de Ur Mara.

No esperéis encontrar jardines ni parterres. Aquí la naturaleza se abre paso y la única cuadrilla de jardinería son unos simpáticos burros que se ocupan de tener los caminos despejados. Esta es una idea y una experiencia importada de Normandía. Pero, además de su «trabajo» como jardineros, estos inteligentes animalitos colaboran en otra de las actividades que se organizan en Ur Mara: la fabricación de papel artesanal.

 

Un miembro de la «cuadrilla de jardinería» de Ur Mara

 

Os lo explico (a mi también me sorprendió, no vayáis a creer). Los burros no digieren la celulosa de las plantas, así que la expulsan en sus excrementos, y a partir de estos se puede elaborar papel. Además, se cultivan distintas plantas paperíferas, como la del papel arroz.

Este bosque inmenso esconde rincones insospechados y sorprendentes que merece la pena descubrir: auditorios, espacios expositivos, una mina de cal, y algo más, como…

El espacio Thoreau

¿Te imaginas vivir la experiencia de Henry David Thoreau en el bosque de Walden? No hace falta que construyas tu propia cabaña de madera, tal como hizo el autor estadounidense en 1845. En su obra «Walden, la vida en los bosques» relata su experiencia viviendo durante dos años, dos meses y dos días, en la cabaña que él mismo construyó junto al Lago Walden (Concord, Massachusetts)

Inspirados por la obra de Thoreau, Koldobika y su mujer construyeron su propia cabaña, en este «Espacio Thoreau» en la que vivieron durante un tiempo. Ni que decir tiene que no hay agua corriente ni electricidad. Si, aunque no sea durante 2 años, quieres vivir la experiencia de pernoctar aquí no tienes mas que solicitarlo.

 

 

El invernadero

Entre las plantas que cuelgan alegres y caprichosas (tal como crecieron, nadie las puso allí) este espacio contiene obras de lo más diversas, que van cambiando de manera temporal: pinturas, esculturas o ilustraciones. Aunque este año, con la pandemia – ¿Sois conscientes de lo que pensaremos dentro de un tiempo cuando leamos este post?- no ha habido demasiados cambios expositivos. Además dispone de  un pequeño escenario para conciertos de formato reducido.

 

El auditorio

Junto a una antigua mina de cal, en un espacio circular y mágico, se celebran la mayoría de los conciertos al aire libre en Ur Mara, en el mejor «patio de butacas» y, si me apuras, hasta palco. ¡No olvides hacer tu reserva!

Ur Mara: un ejemplo de sostenibilidad

Quizá debí escribir Sostenibilidad, en mayúsculas. Nada que ver con propuestas y hastags convertidos en trending topic por arte de birli birloque, o más bien por el patrocinio de grandes corporaciones.

Ya os he hablado de como la naturaleza se abre paso en Ur Mara, y de su particular cuadrilla de jardineros (bueno, en realidad creo que son jardineras), de sus talleres sobre fabricación de papel y otras actividades en las que se procura usar utillaje reutilizable. También os cuento que cuando se necesitan objetos de un solo uso estos siempre son compostables, por ejemplo el menaje y cubiertos en sus eventos y comidas.

Y no puedo olvidarme de que esta visita es totalmente dogfriendly (apuntada queda para regresar con Toby). De hecho, tuvimos un guía de excepción, Elorri.

 

Con mis compañeros de Eusko Travel Bloggers, Koldobika Jauregi y Elorri. Foto de Alberto Loyo

 

Visitar Ur Mara: datos prácticos

Si quieres hacer una visita guiada a este particular museo, contacta por teléfono (+34 609 46 59 42) o email (mail@urmara.com)

Hay que decir que el acceso es gratuito y tan solo se paga por la visita guiada.

Para llegar hasta aquí puedes hacerlo en coche. El desvío a Ur Mara está señalizado en la carretera que va de Asteasu a Alkiza, en el corazón de la comarca de Tolosaldea, en Guipuzcoa.

Qué ver en Alkiza

Puedes aprovechar el día de la visita al museo para conocer la pequeña localidad de Alkiza, a los pies del monte Hernio. En su plaza se encuentra la Iglesia de san Martín, la casa Rural y la casa Mendietxea. También puedes visitar el centro de interpretación de la naturaleza Fagus Alkiza (importante llamar previamente) y tomar algo en el bar-restaurante «Ostatu Jatetxea» en los soportales del Ayuntamiento.

Comer cerca de Ur Mara

Una buena opción, en realidad una excelente opción, es disfrutar de la experiencia de comer un menú de sidrería en Aburuza Sagardotegia, en la cercana localidad de Aduna. Nosotros tuvimos la oportunidad de conocer de primera mano todo el proceso de elaboración de la sidra, visitando sus instalaciones y haciendo una cata.

Conocer Ur Mara museo y la comarca de Tolosaldea ha sido todo un descubrimiento. Este corazón verde, en la Gipuzkoa más desconocida, ofrece naturaleza, arte, planes en familia y una gastronomía que mima el producto local y a sus productores ¡merece la pena conocerlos!

 

París más allá de frases y tópicos.

La frases y tópicos sobre París son tantas que me pregunto si existe ciudad sobre la cual se haya enumerado tanto de lo uno y de lo otro, sobre la que se hayan generado tal cantidad de iconos ¿O quizá si?.  De manera que me dispongo a recorrerla tratando de huir de la mayoría de éstos y también intentando comprobar si son ciertos o no.
Como un encantamiento o una maldición, del mismo modo que algunas almas están condenadas a vagar por éste u otros mundos, parece que estoy destinada a conocer la Ciudad de la luz– he aquí el primer ejemplo de frases y tópicos sobre París- en pequeñas dosis, en escapadas breves y fugaces, en cortísimos viajes que me dejan un regusto a nostalgia y unas ganas de más.

Más frases y tópicos sobre París: la ciudad del amor, del cancán y la bohemia, de los poetas y pensadores, de los pintores en Montmartre, la que bien vale una misa – que se lo pregunten a Enrique IV- y la que siempre nos quedará… tal como aseguraba Rick -Humphrey Bogart- en la inolvidable Casablanca.

París era una fiesta (frases y tópicos sobre París) Fotografía de Raquel Caparrós

Pasear por una u otra orilla del Sena puede resultar muy romántico, disfrutando de los bellos «Hôtels» que encontramos durante el recorrido, pero también conlleva cierto riesgo, que no es otro que el de no calcular ni medir las distancias y llegar con los pies destrozados a la hora de la cena. Así que mejor será tomar alguna de las numerosísimas líneas de metro que tejen esta enorme red, para recorrer las entrañas de la ciudad.

Acceder al metro de París, uno de los más antiguos de Europa- primero se inauguraron los de Londres y Budapest- puede resultar en ocasiones tan agotador como caminar por la superficie, especialmente en algunas estaciones como la de Chatelet-Les Halles, con sus larguísimos corredores que parecen no tener fin, viejos y destartalados laberintos, andenes y vagones atestados… que acaban de un plumazo con cualquier idea romántica y nos empujan nuevamente a la superficie, buscando la luz tibia y un poco de aire, todo lo puro que se pueda esperar.

Es domingo por la mañana. París se despereza con calma, sin agobios ni claxons, con periódico y croissants. Tan sólo algunos turistas madrugadores ya visitan el Phanteon, el primer edificio neoclásico de la ciudad, en cuya cripta reposan grandes hombres de la Historia. A pesar de su grandiosidad, de su decoración pictórica, a través de la que podemos conocer la vida y milagros de Santa Genoveva, patrona de París, a quien Luis XV dedicó el edificio en cumplimiento de una promesa por la curación de una grave enfermedad, no logra conmoverme como lo hizo otro, el de Agripa en Roma, en cuyo interior las emociones se me agolpaban y las lágrimas quedaban contenidas por la voluntad y el decoro. Ni tampoco la cripta, fría y desnuda, me hace sentir cercana al espíritu de los grandes pensadores (Voltaire, Rousseau…) ni de los inolvidables literatos (Dumas, Victor Hugo…) cuyos cuerpos reposan allí pero cuyas almas parecen haber abandonado el lugar y seguramente vuelan libres. Probablemente lo más interesante del Pantheon, y lo que capta mi atención, es el péndulo de Foucault, cuyo movimiento oscilante me hipnotiza, subyugada por los principios de la física que desde pequeña tanto me costaron entender.

Photo by zRapha on Foter.com / CC BY-SA . Péndulo de Focault

El enorme espacio verde de los Jardines de Luxemburgo, a pocos pasos del Pantheon, ha sido tomado por los parisinos. Pienso :»hay que ver como se cuidan», sorprendida por la cantidad de gente de todas las edades que salen a correr o juegan al tenis en las canchas del parque, mientras otros, marineros tierra adentro, compiten en disputadísimas regatas con sus veleros en el estanque central. El sol de la mañana nos invita a sentarnos y contemplar estos hermosos jardines, con sus fuentes de inspiración italiana, sus estátuas y sus enormes castaños, alfombrados en estos primeros días del otoño que lentamente cambia la decoración del lugar.

Zanganeo, animada por la temperatura suave y una brisa imperceptible, buscando un rincón donde pararme y contemplar el quehacer de unos y otros: la lectura, los juegos o, simplemente, no hacer nada… inmerso cada cual en su mundo, enredando en los pensamientos. Saboreo la mañana, y no tengo prisa alguna, ni miro el reloj para ver si se cumple el horario previsto en ningún circuíto, sintiendo un poco de lástima por los grupos con guía que recorren el parque con paso marcial.

Antes de llegar a los amplios, y casi infinitos,  boulevares de Saint Michel y Saint Germain hemos dejado atrás la Sorbona, heredera de la antiquísima Universidad de París (siglo XII), y el Collège de France, enorme concentración del saber por metro cuadrado, en este barrio conocido como «latino»(debido a que el latín era el idioma utilizado en la Universidad, cuyos estudiantes eran los principales habitantes de este «quartier»). También los restos de las Termas galo-romanas y el Hôtel de Cluny, lugar en que se emplaza el Museo de la Edad Media. Pero, como siempre, hay tanto por ver y ¡Tan poco tiempo!. De manera que lo anoto en mi agenda de «pendientes», con el deseo sincero de regresar, y continúo casi sin rumbo buscando la orilla del río, único punto de referencia para poder controlar mi escaso sentido de la orientación.

En mi camino puedo comprobar que es cierto aquello de que París es ciudad de artistas, pues en los alrededores de Saint Germain des Pres, recorriendo la Rue de Seine o la de Beaux Arts, las galerías se suceden mostrando la obra de tantos pintores, escultores o fotógrafos, noveles o reconocidos, algunos de estilo indescifrable. Me pregunto cuántos de ellos serán recordados en el futuro, admirados o incluso idolatrados, como los grandes maestros cuyas obras cuelgan en las paredes de las pinacotecas más importantes, herederos y moradores del Museo d’Orsay, del Pompidou, del magnífico Louvre…

Louvre. Fotografía de Raquel Caparrós

Las barcazas turísticas recorren el cauce del Sena, otra manera de ver la ciudad, pero en esta ocasión huyo de todo aquello que se supone hay que hacer en París, para buscar refugio en las calles y plazas menos transitadas. Dejo atrás las larguísimas colas ante la entrada de los museos, aunque mi esperanza de disfrutar un rato de tranquilidad sentada en los Campos de Marte se ve defraudada por el gentío que los abarrota, contemplando el más famoso de los iconos parisinos, la Torre Eiffel, gigante de hierro a cuyos pies no cabe un alma, y donde uno no sabe si mirar al cielo o al suelo, pues se corre el riesgo de pisar alguna torre de plástico, o al perrito que da vueltas hasta agotar sus pilas, burdos souvenirs que se han multiplicado desde mi última visita.

 

Batobus en el Sena. Fotografía de Raquel Caparrós

 

Aturdida por el murmullo ensordecedor, caigo en la cuenta de que  todavía tengo un asunto «doméstico» que resolver. Curioso, porque una vez más el tópico, con frases o sin ellas, resulta cierto y una huelga general, que afecta principalmente a los transportes, me ha dejado sin tren de vuelta. París ha sido, y es, escenario de profundos cambios que a lo largo de la historia han sacudido a la nación francesa y han modificado su curso. El recuerdo y homenaje a los héroes y libertadores del pueblo es patente en plazas y monumentos, y en la estación de metro de Bastilla los mosaicos decorados cuentan con todo lujo de detalles lo acontecido. En la plaza del mismo nombre apenas quedan símbolos, y los edificios, incluyendo una nueva Ópera, nada tienen que ver con el aspecto que presentaba en el siglo XVIII. La zona se ha convertido en una de las más animadas de París y, desde allí hasta la plaza de la República, restaurantes, bares o clubs de jazz se convierten en lugar de encuentro para quienes viven mientras la ciudad duerme.

 

Montmartre. Fotografía de Raquel Caparrós

 

Por si no eran suficientes frases y tópicos sobre Paris : «Arde París» – leo en los titulares de prensa unos días más tarde, en referencia a las jornadas de huelga y manifestaciones. Pero también era, en esos días, una auténtica fiesta (no me podía olvidar del gran Hemingway) como la que se vivía en la feria del vino de Montmarte, más animado el barrio que de costumbre si cabe. Una copa para olvidar las preocupaciones, la pequeña decepción de acortar nuestra breve estancia, con el ánimo alegre, con una promesa y un brindis por un próximo regreso.

PD: mi agradecimiento a Raquel Caparrós por sus maravillosas fotografías ya que no dispongo de las originales de mi viaje. Os recomiendo seguir su cuenta de instagram @raquel_caparros.

Ponferrada en un día

¿Qué ver en Ponferrada en un día? Necesitarás al menos una jornada completa para conocer la capital del Bierzo y quizá incluso te quedes corto. Estos son los lugares de interés que pudimos visitar en nuestra escapada a esta comarca leonesa: Desde el Castillo templario, emblema de la ciudad, hasta algunos de los museos más interesantes, como el del ferrocarril o el de la radio. Pero además vale la pena recorrer su casco antiguo y tapear como un auténtico ponferradino.

 El Castillo Templario, emblema de la ciudad

Tu día en Ponferrada puede comenzar por aquí. Dedica un buen rato a conocer la historia del Castillo de los Templarios, desde sus inicios en el S. XII hasta las posteriores ampliaciones en los S. XIV al XVI.

La Orden del Temple llegó al castillo en 1178 para proteger el Camino de Santiago a su paso por el puente de hierro, esto es Pons Ferrata. Refuerzan el muro exterior de la fortaleza y construyen un convento, pallozas, bodegas y huertos.

En el S. XIV bajo el reinado de Fernando IV , la propiedad del castillo pasa a manos de la Corona. La Orden del Temple se convierte en una amenaza para la nobleza por su enorme poder y propiedades por toda Europa. El Papa (Clemente V, 1305-1314) ordena apresar a los Templarios y confiscar sus bienes. Tras la muerte de Fernando IV , envuelta en cierto misterio y leyenda, su hijo Alfonso XI cede el señorío de Ponferrada a Pedro Fernández de Castro quien construirá el castillo viejo con su Torre del Homenaje Viejo.

Son precisamente las Torres del Castillo las que nos relatan su historia: la Torre del Duque de Arjona, que sucedió a Fernandez de Castro, y especialmente la etapa que corresponde al mandato del primer Conde de Lemos, Pedro Álvarez Osorio, que acometió la mayoría de las ampliaciones en la fortaleza. Las cinco torres actuales (Moclín, Caracoles, Cabrera, Malvecino y Malpica), la entrada principal y su sistema defensivo, la Torre del Homenaje del castillo Viejo, la construcción del Palacio Nuevo…

Los Siglos XIV al XVI fueron malos tiempos para el Camino: las guerras, la peste y el hambre en Europa harán descender considerablemente el número de peregrinos a Santiago.

Las disputas por la herencia del Conde de Lemos provocan la intervención de la Corona y los Reyes Católicos requisan todos los bienes. Los Reyes crean el título de Marqueses de Villafranca que se concede a la hija del Conde de Lemos y su marido. A partir de este momento el declive de la fortaleza es progresivo, especialmente en los S. XIX y XX . En 1924, casi en ruinas, es declarado Monumento Nacional. En 1994 tuvo que cerrarse al público por peligro de hundimiento.

Afortunadamente con las labores de restauración acometidas, el Castillo de los Templarios ha recuperado su protagonismo e importancia, debido también al resurgimiento del Camino de Santiago.

En el año 2010 con la restauración de las salas del palacio Nuevo, se inaugura la exposición «Templum Libri», una muestra permanente de códices y manuscritos de contenido religioso, así como ejemplares sobre Humanidades y Ciencias. Junto con la Biblioteca Templaria es, en mi opinión, y si sois algo bibliófilos, una de las partes más interesantes de la visita.

Para conocer la importancia de la Orden del Temple os recomiendo una ruta por los Castillos del Bierzo.

 

Vistas desde el Castillo de los Templarios

 

En los alrededores del Castillo encontrarás un montón de bares y cafés en los que hacer una «parada técnica» antes de continuar descubriendo todo lo que Ponferrada te ofrece en un día. Siéntate en una terraza de la plaza Virgen de la Encina, junto a la Basílica del mismo nombre. Dedícate a a callejear por la famosísima Calle del Reloj y alrededores. La Torre del Reloj se ubica sobre una de las puertas de la muralla medieval, que además es la única que se conserva. Construida en el S.XVI es, junto con el Castillo de los Templarios, uno de los emblemas de la ciudad, y lugar de encuentro de ponferradinos y visitantes.

Ponferrada en un día: sus museos

Antes que nada un apunte: podéis adquirir una entrada conjunta que os permite visitar el castillo de los Templarios y los tres museos de titularidad municipal de Ponferrada. El museo del Bierzo, el del ferrocarril y el museo de la radio Luis del Olmo son tres visitas más que recomendables.

Museo de la radio Luis del Olmo

El periodista Luis del Olmo es probablemente el mejor «embajador de Ponferrada». Su colección de receptores de radio de todas las épocas, micrófonos etc relatan de manera detallada y amena la historia de la radio en España. Material gráfico y sonoro, con grabaciones de los programas y profesionales más influyentes de la radio en nuestro país, harán las delicias de los nostálgicos y de los amantes del medio. Para los más jóvenes o los niños será, probablemente, todo un descubrimiento.

 

Echando de menos mi etapa como periodista radiofónica

 

Además el museo de la radio tiene como sede la Casa de los escudos, una casona solariega del S.XVIII perteneciente a la familia García de las Llanas (Francisco García de las Llanas fue Regidor Perpetuo de Ponferrada, Caballero de la Orden de Álcantara y Capitán del Regimiento de León).

 

Museo del Ferrocarril

Ubicado en la antigua estación de ferrocarril de vía estrecha Ponferrada-Villablino, este museo relata la historia de la empresa minero Siderúrgica de Ponferrada.

La línea férrea, construida a partir de 1918, para transportar el carbón de las cuencas mineras del Sil, se convirtió en el eje fundamental de la industria en toda la zona. Además, el servicio de transportes de pasajeros se mantuvo activo hasta el año 1980 y fue el último de España en utilizar locomotoras de vapor.

 

Ponferrada en un día: imprescindible visitar el Museo del Ferrocarril

 

El museo contiene locomotoras históricas, como la «Sestao», una de las primeras máquinas de vapor de tres ejes que circulaba en la línea férrea de Triano, en Bizkaia . Esta locomotora transportaba el mineral desde los montes hasta la Ría del Nervión, fue construida en 1896 y es la más antigua de las allí expuestas. Tuvo que ser restaurada, pues llegó en muy mal estado de su antigua ubicación (el museo de la Fundación Camilo José Cela, en Padrón).

Se puede visitar no solo la colección de locomotoras, perfectamente restauradas, sino también la antigua estación que mantiene las taquillas, sala de espera y demás elementos de la época, cuando viajar en tren era algo distinto. Recomendado para nostálgicos, amantes de los trenes y toda la familia.

 

Museo del Bierzo

Casi por casualidad, apurando el horario de admisión, y con ganas de tapear por la calle del Reloj, en donde se localiza este museo, tengo que admitir que el Museo del Bierzo fue una grata sorpresa.

Emplazado en el antiguo Palacio Consistorial y Real Cárcel. El edificio fue construido por orden de Felipe II  (cuyo escudo se mantiene en la fachada) entre 1565 y 1771, reformado en siglos posteriores, albergó la prisión de la ciudad hasta 1968.

Dos patios, uno interior con hermosas columnas del S. XVI y otro exterior con un pozo y una antiquísima higuera, conforman este espacio expositivo. La muestra ofrece un recorrido por la historia de Ponferrada y del Bierzo, desde la Prehistoria hasta el S.XX :  Objetos del paleolítico, el oro de las Médulas y las monedas del Imperio Romano, la vida monástica e el Valle del Silencio, piezas de joyería gótica y barroca, indumentaria tradicional y una colección de armas.

Otro museo interesante es la Fábrica de la luz (Museo de la energía) ubicado en la antigua central térmica de la minero Siderúrgica de Ponferrada. Galardonado con el premio Europa Nostra en el 2012 por la cuidada rehabilitación del edificio y mejor museo europeo del año en 2015, permite conocer como se producía la energía a partir del carbón a principios del S. XX.

 

Ponferrada en un día: tapear como un ponferradino

o triunfar en instagram

No todo va a ser visitar museos. El tapeo y los vinos son obligatorios en Ponferrada. En las callejuelas de su casco antiguo, en la Plaza de la Encina y en la del Ayuntamiento encontrarás muchísimos bares y restaurantes. Locales de gran tradición como «el Bodegón» y sus famosas patatas bravas (ya os lo contamos en nuestro post) y otros de nueva apertura y propuestas más imaginativas. Tenemos pendiente visitar el «Lúa by O pulpeiro» (si hemos probado «O pulpeiro», en Bembibre, su «hermano mayor»).

Frente al Castillo de los Templarios encontraréis el restaurante más instagrameable de Ponferrada. Se llama «La bodega de Godivah». Su fachada, y su famosa frase en la esquina, son inconfundibles.

 

 

Plazoletas llenas de encanto, edificios históricos o las vistas sobre el Sil desde lo alto del Castillo te harán triunfar en la famosa red social. Por cierto ¿Aún no nos sigues? ¡Somos @dreamingholidaystravel!