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De vuelta a casa

Regresar de un viaje, aunque no sea uno de esos larguísimos que nos lleven a recorrer medio mundo, puede provocar sentimientos de lo más contradictorios. Unas veces decimos eso de “hogar dulce hogar”, otras lamentamos la vuelta y desearíamos haber continuado y alargado el periplo de manera casi indefinida.

He recuperado este post de mi antiguo blog. Miro la fecha de publicación (agosto de 2013) y pienso que podría haberlo escrito ayer mismo. Regresar de un viaje que ha sido distinto a tantos anteriores te trastoca, todavía más, la rutina.

Fue el primero, de larga distancia,  con nuestro perrribloguero Toby. Viajar con tu mascota te obliga a replantearte muchas cosas a la hora de escoger destino y un largo etc. pero no por ello es menos gratificante.

Y tú ¿Cómo te sientes al regresar de un viaje?

Son ya tres noches que no duermo, o al menos no todo lo bien que desearía. Me despierto continuamente de un sueño no demasiado profundo y aprieto los párpados con fuerza, como si de ese modo fuese imposible desvelarse. También para resistirme a mirar el despertador, mejor no saber qué hora es, ahora que por fin me he dado cuenta de que es el mismo despertador de siempre, que sigue en el mismo lugar sobre la mesilla.

Alargo la mano para advertir la presencia cotidiana de quien comparte mi cama, porque si de algo estoy segura es de que ésta es mi cama. Las de los hoteles son a veces tan grandes que ni aun estirándome atravesada, tal y como me gusta hacer, llegan los cuerpos a tocarse, ni siquiera un roce con el dedo gordo del pie.

Al menos ahora soy consciente de que he regresado, ha desparecido la angustia inicial, el desconcierto de no saber donde me encuentro en mitad de la noche. Nos se si debo sentirme aliviada o por el contrario puede más la nostalgia de dormir en otro lugar, de ver otras calles y otras gentes, de huir de la rutina.

Me preocupa que en esta ocasión me cueste decir eso de “hogar, dulce hogar”. Debe ser porque el hogar no es para mí un lugar físico, cada vez siento menos apego a las cosas, sino que lo forman las personas y personitas a las que te sientes unida. Y en esta ocasión mi hogar ha viajado conmigo, ha sido casi todo mi equipaje

  Consejos (que te pedirán, si o si) al regresar de un viaje

Siempre, al regresar de un viaje,  mis amigos me preguntan, quieren que les cuente, que les hable de los lugares visitados. Conocedores de mi curiosidad infinita, de mi inquietud, de esa eterna manía de no parar, de planificar, de exprimir cada minuto y no saciarme, de mirar con los ojos muy abiertos lugares y gentes, de saborear e incluso de cerrar los ojos para percibir el olor de un aire distinto al que respiro cada día.

Yo me encojo de hombros y sonrío, asegurándoles que he visitado lugares hermosos, que he visto lagos, ríos y montañas, pueblos encantadores e incluso ciudades “desiertas”, como lo son tantas cuando llega el mes de agosto, pero que esta vez me cuesta recordar algunos nombres, que mis mapas no están llenos de anotaciones, al menos no tanto como otras veces, y en mi maleta ningún souvenir, con la excepción de un imán pequeño porque apenas queda espacio disponible en la puerta de la nevera.

Quisiera darles mil consejos, decirles qué pueblos y ciudades no deben perderse, recomendarles un restaurante… y seguramente lo haré, como desde hace algún tiempo lo hago desde aquí.

Sin embargo, al regresar de un viaje como este, lo primero que me viene a la cabeza son las risas, las anécdotas y situaciones compartidas, los miles de kilómetros en nuestro coche que, a pesar de los años y algunas abolladuras, se ha portado como un “campeón”.

De este viaje me queda la música en la radio…”RTL 102.5 è anche la mia estate”, los “cabreos” cada vez que llegábamos a un peaje en las autopistas francesas- ¡y menos mal que, por una vez, no hemos encontrado los tan habituales grandes atascos!- el ansia compartida de llegar al túnel de Grimaldi, por el que se accede desde Francia a Italia, como lo hicimos unos años atrás… Nosotros, los mismos, y nuestro coche, todos con algunos años más.

Al llegar a este punto no podemos evitarlo: nuestro ritual consiste en bajar las ventanillas, subir el volumen de la música y cantar a voz en grito algún éxito de la música italiana… este año toca “Antonino”!.

Esta vez llevamos un pasajero extra, que levanta levemente sus larguísimas orejas y nos mira con resignación, suspirando de una manera que todavía nos hace reir más… debe pensar que estamos completamente locos ¡Ay si pudiese hablar!, mientras aguanta estoicamente las largas jornadas en coche.

Dónde alojarte con tu mascota

Toby se mueve nervioso cuando llegamos a uno de esos hoteles de carretera, prácticos, sencillos y relativamente económicos, pero con habitaciones diminutas- al menos, aunque es casi lo normal en Francia, admiten perros- y no parece encontrar un rincón donde acomodarse. Cada vez que uno de nosotros hace ademán de salir de la habitación se pone en pie, temeroso de ser abandonado… otra vez.

Viajar con él ha supuesto un gran cambio a la hora de planificar estancias y rutas: marcar la casilla de “admiten mascotas” cada vez que buscamos un hotel o apartamento, consultar las condiciones de transporte de los medios públicos… afortunadamente tanto en Trenitalia como en los servicios de navegación de los Lagos (en este caso el de Iseo) pueden viajar sin ningún problema, incluso ha disfrutado del novísimo metro de la ciudad de Brescia, inaugurado apenas tres meses antes de nuestra visita, donde ha viajado fresquito, sin bozal y sin necesidad de sacar billete.

Toby en el metro de Brescia

Con él no se puede acceder a los museos o las Iglesias, pero hemos disfrutado de paseos junto al Lago , hermosas plazas e incluso fiestas populares, donde hemos compartido nuestra carne a la parrilla, pizzas e incluso helados, pues ¿Quién puede resistirse a esos ojos suplicantes y al modo de relamerse cada vez que nos sentábamos con un cono entre las manos?

Viajar con la familia “al completo” ha supuesto un ejercicio de generosidad por parte de todos, de saber adaptarse, de renunciar a algunas cosas o actividades, aunque no a todas.

También nos ha brindado una buena oportunidad para entablar conversación a la primera de cambio, pues pocos eran los que se resistían a hacerle una caricia, un comentario- che bello! el más repetido- y a preguntarnos el sexo, la edad y si era un setter… y una vez más repetir la historia de como entró en nuestras vidas, de que abandonado seguramente por unos cazadores acabó en la perrera.

Anécdotas viajeras con tu mascota

Por Toby escogimos aquel otro hotel, para el trayecto de vuelta, porque también admitían animales, y vivimos una de las situaciones más absurdas de nuestro viaje: ni una palabra de otro idioma diferente al francés por parte de las personas que lo regentaban- una pareja madurita de caballeros de aspecto un tanto cómico, alto y delgado uno, bajito y algo regordete el otro, que cubrieron de sábanas el suelo enmoquetado de la habitación.

Aquello debió parecerle tan extraño a nuestro perro, que buscó el único rincón sin cubrir para acomodarse hecho un ovillo. Esta anécdota nos otorgó el título de “una de las peores experiencias en hoteles” en este blog.

Juro que en la página de reservas, de cuyas opiniones suelo fiarme, decía: ” con una espléndida bienvenida, el hotel d’Angleterre hará que su estancia sea muy placentera…” y, en las fotos, las habitaciones no tenían el aspecto lóbrego y ajado de la nuestra, ni el desayuno era tan parco y poco apetecible.

Así que lo anoto en la, afortunadamente, breve lista de “lugares a los que no volver”. Debo decir no obstante que las sábanas y el baño estaban limpios. Así que nuestro paso por Salon de Provence, cuna del famoso Nostradamus, quedará para siempre en el apartado de anécdotas ya que la “cosa” no acabó aquí.

 

Photo by Shadowgate on Foter.com / CC BY

Intentando encontrar algún sitio para la cena, decidimos buscar una “Creperie”, para mí valor seguro en el país galo. La única que encontramos abierta- pues son muchos los establecimientos cerrados por vacaciones- tiene las mesas llenas pero su, no muy simpático, camarero no nos ofrece siquiera la posibilidad de esperar 15 ó 20 minutos a que se libere una.Bromeamos diciendo que esta misma situación en Nápoles se hubiese resuelto con un contundente “dieci minuti” (En Nápoles siempre te asegurarán que la espera para comer o cenar es de 10 minutos), que seguramente se hubiesen convertido en una hora, pero que hubiésemos recibido con mejor humor.

De modo que, al final y como casi siempre, optamos por arriesgarnos con un restaurante italiano donde la calzone no me sabe a pizza sino más bien a empanada de carne, y las raciones generosas de pasta no tienen el punto de cocción deseado, aunque son perfectamente digeribles. Además nos encontramos con un camarero simpatiquísimo con quien conversamos mitad en español, mitad en italiano.

Lejos de enfadarnos, decidimos asumir todas estas situaciones con humor, jurando que “no lo contaríamos” y aquí estoy yo sin poder evitar irme de la lengua. Dicen que los perros no tienen memoria, aunque yo no soy de la misma opinión. Ahora, de vuelta a casa,  miro las fotos de aquel primer viaje con nuestra mascota.

Toby esta tumbado, tranquilo, sobre el empedrado de una hermosa plaza (Piazza del Mercato en Pisogne) y yo le digo:

-Toby, ¿sabes que en esta misma plaza, hace siglos, quemaron a un grupo de mujeres acusadas de brujería? Pero esa es otra historia y te la contaré en otra ocasión.

 

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Amberes, la joya de Flandes

Cuando conocí Amberes no pude evitar el hacer esta reflexión. Y es que hay ciudades que, en cierto modo, quedan eclipsadas por la fama o el renombre de otras vecinas, o que ponemos en un lugar más abajo de la lista cuando planeamos un viaje a un país o región determinadas. No sé por que extraño motivo “alguien” decide aquello que es imprescindible ver y que no. Y algo así ocurre cuando uno piensa en una escapada a la región de Flandes. La lista la encabeza Bruselas, quizá por ser la capital y por su famosísima Grand Place, publicitada como “la más bella del mundo”; inmediatamente aparece en la lista Brujas, con sus casitas encantadoras y sus canales; Gante… y por detrás, la segunda ciudad de Bélgica, Amberes, que fue sin duda la gran sorpresa de nuestro viaje y a la que, saltándome mis propias normas, voy a poner la etiqueta de imprescindible.

La primera sorpresa, el primer descubrimiento, lo recibimos nada más llegar. La estación central de Amberes es una de las más bellas del mundo. Uno puede deleitarse en su hall durante largos minutos… si no fuera por que son tantas cosas las que nos aguardan y tan escaso el tiempo, un día, para todo lo que esta ciudad ofrece.

Cuando caminas por la calle Meir, que une la estación con el centro histórico, es imposible dejar la vista quieta y los ojos van de un lado a otro de la calle disfrutando de la arquitectura de sus edificios. En la mayoría se han instalado grandes cadenas y tiendas de ropa, incluso alguna que otra de esas que apelan a la inteligencia con la intención de vendernos un ordenador, televisión de plasma, o cualquier otra cosa que no necesitemos… ¡Que lástima!, pienso, porque probablemente sean muy pocas las viviendas que queden en esta maravillosa calle y no puedo dejar de imaginarme como sería su interior, y que estupenda vista de las fachadas vecinas se obtendría a través de las ventanas.

La Grote Mark, la Plaza Mayor, está rebosante de actividad. En ella se encuentra el Ayuntamiento y este día se celebran varias bodas,  a cual de todas más curiosa. La primera pareja, que acaba de salir, ha alquilado un pequeño autobús antiguo y los invitados visten de gala. En la puerta, un montón de gente de todas las edades viste de manera informal y blanco riguroso, algunos invitados sacan sus instrumentos musicales para recibir a la segunda pareja a su salida del Ayuntamiento. Mientras tanto, un viejo Citroen “dos caballos” hace su aparición , y la novia viste falda corta y botas camperas… así que  desconozco si es lo habitual pero, desde luego, aquella soleada y suave mañana de Agosto el aspecto de la plaza resulta de lo más pintoresco

Amberes es conocida como la ciudad de los diamantes, pero la joya más bella es sin duda su Catedral. Aunque sea su torre de 123 metros, conocida como el dedo de Dios, lo que llena de orgullo a la ciudad, es sin duda su magnífico interior lo que más impresiona. En mi visita, además de las obras de Rubens, tengo la suerte de poder contemplar una muestra de pinturas que originalmente decoraban el altar. Me detengo durante largo tiempo, escuchando la audioguía, que me cuenta la historia de cada una de esas pinturas que en su tiempo fueron encargos de cada uno de los gremios de la ciudad. Cuanto mayor era la importancia económica del gremio, mejor posición ocupaban esos retablos en la Catedral.

A la salida, la música me recibe. Un cuarteto de cuerda hace disfrutar a los viandantes ante la puerta de la Catedral y nos detenemos. No hay duda de que Amberes es una ciudad llena de vida, con un turismo “moderado”, y sobre todo rebosante de cultura.
No alcanza el día para tantos museos como ofrece la ciudad. Para alguien, como yo, que ama los libros hay un lugar ineludible. Es el Museo Plantin Moretus, que contiene una de las mayores colecciones de libros antiguos y primeros ejemplares de maquinaria de imprenta. Esta familia inició su actividad impresora en el siglo XVI y hasta tres siglos más tarde,  en que el último de los Moretus vendió la imprenta y librería, que pasaron a manos del gobierno belga. La magnífica biblioteca, que atesora algunos de los volúmenes más valiosos, los retratos pintados por Rubens, gran amigo de la familia, uno de los primeros ejemplares de la Biblia impresos por la imprenta de Guttemberg… son tantas las maravillas que encontramos en este lugar. Pero quizá uno de mis rincones favoritos sea la antigua librería, con sus viejos mostradores de madera, que ha permanecido intacta desde entonces; el otro, el patio interior de esta preciosa residencia, de estilo renacentista, donde uno puede detenerse un rato a descansar durante la visita al museo, y que en otro tiempo debió de ser un lugar estupendo en el que deleitarse con un buen libro.

A la salida nos detenemos en una de las terrazas de la Vrijdagmarkt, la plaza del mercado de los viernes, un pequeño rincón en el que tomar una bebida fría o curiosear entre las tiendas de segunda mano. Recorremos, sin rumbo fijo, las callejuelas tranquilas del centro histórico. Busco un lugar curioso que he descubierto en un blog de viajes, se trata de una tienda de productos españoles, “el valenciano de Amberes”. Está cerrado y es una pena, pues he leido que el edificio en que se encuentra tiene un bellísimo patio. Mi sorpresa es mayúscula cuando junto a la tienda descubro la “horchatería Santa Catalina” ( Es una réplica, más pequeñita,  de la famosa horchatería valenciana) Me asomo a sus cristales y observo los azulejos de Manises y las mesas de forja y mármol, idénticas a la original en Valencia.

Terminamos la caminata junto al río. No podemos evitar tumbarnos en la hierba, ante la mirada curiosa de los grupos de turistas que bajan de sus respectivos autobuses. Recuperados, paseamos por la orilla hasta la fortaleza Steen, que alberga el Museo Naval. No hay tiempo para el barrio de la moda, ni para deleitarnos con la arquitectura Art Noveau de Zurenborg, no llegamos a tiempo para ver la casa de Pedro Pablo Rubens… los horarios de cierre en Bélgica, lo mismo para visitar sus museos que para ir de compras, son excesivamente  tempranos incluso para mí, que suelo presumir ante mis amigos de mis “horarios y costumbres europeos”. Tampoco hay tiempo para ver una demostración de talla de diamantes en Diamondland, pero no importa… para nosotros,  Amberes es la auténtica joya.

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Nos alojamos en… Riad Chams (Marrakech)

¡Muy buenas viajeros! Como cada vez que volvemos de un viaje, toca escribir una reseña sobre los alojamientos en los que hemos pernoctado, y por ello hoy toca analizar a fondo el Riad donde nos alojamos durante nuestra escapada a Marrakech, el Riad Chams. ¡Allá vamos!

El Riad Chams, es uno de esos alojamientos de ensueño tradicionales marroquíes, una gran casa construida entorno a un precioso patio central. Cuenta con tan solo 8 habitaciones, pero es este uno de los puntos fuertes del Riad, que ofrece una tranquilidad absoluta. Cada habitación lleva el nombre de una joya, siendo la Diamante la que nosotros escogimos para nuestra estancia.

El Riad se divide en 4 pisos: La planta baja donde se encuentra el patio (Y donde estaba nuestra habitación), la primera planta con un bonito balcón y la segunda y tercera planta con sus terrazas panorámicas.

 

TEST DE LA HABITACIÓN

Como mencioné anteriormente, escogimos la habitación diamante, una gran suite de 22 metros cuadrados con baño tradicional marroquí (Es la única habitación que lo tiene). La habitación está decorada con sencillez pero tiene todo lo necesario para hacer la estancia agradable. La cama es super amplia y confortable y hay unas estanterías para poner bolsas o maletas. Quizá eché en falta un armario, pero tampoco llevábamos cosas de colgar. El baño es sin duda lo mejor de todo: todo está construido en piedra con tonos turquesas y beiges, tiene una bañera gigantesca como las de los hammam, y grifos en acabados dorados.

 

EL DESAYUNO

El desayuno fue sin duda otro de los puntos fuertes del Riad. Para beber se podía escoger entre té y café (Ojo, no es café tipo espresso sino de tipo cafetera de goteo) Nosotros optamos por el té ya que en Marruecos lo preparan riquísimo. Además de lo anterior, también sirven zumo de naranja. Para comer, ambos días nos sirvieron pan reciente tostado con mantequilla y mermelada de naranja casera, un dulce tipo bizcocho y una especie de “tortitas/crepes”: El primer día fueron Msemen (o rghaif), y el segundo, Baghrirs.

Aunque no sea un formato de desayuno buffet, creedme que fue mas que suficiente para “cargar pilas” y aguantar hasta la hora de comer.

El desayuno se sirve en el patio central, pero si hace buen tiempo, podéis pedir que os lo suban a la terraza del piso superior.

 

COMIDA Y CENA TRADICIONAL MARROQUÍ

Aunque la comida y la cena no esten incluidas en el precio de la habitación, es posible comer en el Riad Chams avisando con 24h de antelación.

 

LAS TERRAZAS

El Riad Chams cuenta con dos terrazas, situadas en la segunda planta y la azotea respectivamente. Nosotros tuvimos mala suerte con el tiempo y no pudimos disfrutarlas demasiado pero, si el clima lo permite, en la azotea se suele montar un espacio de relax con sofás y mesas donde disfrutar de un te, a la sombra de una jaima.

 

EXCURSIONES

Si viajáis a Marrakech con tiempo, no como nosotros que apenas estuvimos un par de dias, el Riad Chams organiza excursiones a algunos lugares como los montes del Atlas o el desierto de Merzouga.

 

En resumen: este es uno de esos establecimientos que podríamos catalogar con las tres B (bueno, bonito, barato) La relación calidad precio, que es realmente buena (pagamos 60€ por noche en habitación doble) y una excelente ubicación, a tan solo 10 minutos andando de la plaza de Jamaa el Fna, hacen de el Riad Chams una opción perfecta ¿Lo volveríamos a elegir? ¡Sin duda! Así que tomad nota.

Y vosotros ¿os habéis alojado en algún Riad? ¿Cómo fue vuestra experiencia?

¡Hasta la próxima, viajeros!

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Consejos para viajar a Marrakech

¡Hola, viajeros! Tras nuestra última escapada y primera incursión en el continente africano, os traemos un post con consejos para viajar a Marrakech. Aquí van algunas de nuestras recomendaciones para que vuestra estancia en “La ciudad roja” sea inolvidable y sin sobresaltos:

 

VOLAR A MARRAKECH

Actualmente hay varias compañías que vuelan desde España a Marrakech, las más conocidas son RyanAir por sus precios low cost e Iberia, pero también hay otras compañías como Air Europa y Vueling. Si llegáis a Marrakech en avión lo más probable es que aterricéis en el aeropuerto de Menara, que es el más cercano. Os recomendamos que os arméis de paciencia porque los controles son bastante largos y tediosos. Os dejo un link a un post en el que explico detalladamente todos los trámites y controles que tendréis que pasar en el aeropuerto. Para trasladaros del aeropuerto a la medina lo más fácil es que contratéis un transfer (Casi todos los Riads ofrecen este servicio), ya que si cogéis un taxi normal, además de tener que regatear y acordar un precio, solo os podrá llevar hasta el acceso peatonal más cercano. Nosotros llegábamos de noche y no nos apetecía andar callejeando por las laberínticas calles de la medina por lo que recurrimos al transfer que nos ofrecía nuestro riad, pero si decidís tomar un taxi debéis saber que un precio razonable son sobre 70 Dirhams y no deberíais pagar más.

 

ALOJAMIENTO EN MARRAKECH

Si viajáis a Marrakech, no podéis perder la oportunidad de alojaros en un Riad, antiguas casas familiares construidas alrededor de un patio central y rehabilitadas, decoradas con elementos tradicionales marroquíes y con mucha más personalidad que los hoteles de grandes cadenas. Se calcula que dentro de la medina hay cientos si no miles de riads, algunos aún cerrados al público.

Nosotros nos alojamos en el Riad Chams y escogimos la habitación Diamante, la única con baño tradicional marroquí. Nos salió genial de precio (30€ por noche) y además el desayuno estaba incluido. Otra cosa genial de este Riad es que aunque esté dentro de la medina, hay un acceso a la carretera muy cerca, por lo que el camino incluso de noche era muy sencillo y nunca nos perdimos para volver.

 

TRANSPORTE Y CIRCULACIÓN EN MARRAKECH

La manera más eficiente de moverse por Marrakech es sin duda el taxi, previo regateo ya que los taxistas se negarán a poner el taxímetro. Nunca subáis a un taxi sin acordar previamente el precio porque podéis llevaros una desagradable sorpresa a la hora de pagar. Desaconsejamos vivamente alquilar un coche ya que allí las normas de seguridad vial brillan por su ausencia, la conducción temeraria está a la orden del día y parece que los marroquíes tengan algún gen especial en el cuerpo que les hace evitar accidentes de tráfico.

Dentro de la Medina no pueden entrar los coches ya que las calles son estrechisimas, pero no os creáis que estaréis a salvo de atropellos, concretamente los de las motos, bicis e incluso burros!! Cruzar las calles es deporte de riesgo en Marrakech 🙂

SEGURO DE VIAJE

Aunque Marrakech se encuentre a tan sólo un par de horas de nuestro país, no debéis olvidar que ya no es Europa por lo que la TSE no es válida si necesitáis recibir atención médica. Necesitáis un seguro de viaje, en nuestro caso lo contratamos con IATI seguros y, si vosotros también lo necesitáis, tenéis un 5% de descuento por ser lectores del blog.

 

DINERO, TARJETAS DE CRÉDITO Y CASAS DE CAMBIO

La moneda oficial de Marruecos es el Dirham. 1€ equivale a 11,3 Dirhams.
Os recomendamos encarecidamente que llevéis bastante dinero en efectivo, ya que en la mayoría de sitios no aceptan tarjetas de crédito. Nosotros nos encontramos con la sorpresa de que en el Riad sólo admitían dirhams y nos las vimos y deseamos para sacar dinero del cajero. Probamos en 4 bancos distintos y no hubo manera, el único que nos funcionó fue el de la oficina de correos de la plaza de Jamaa el Fna (el que está bajo unos arcos).

El cambio en el aeropuerto era malucho, estaba a 10,8 y cambiamos justo 10€ para ir tirando. En la plaza de Jamaa el Fna hay varias casas de cambio, pero nosotros cambiamos en una calle que iba desde nuestro riad al centro, que parecía un pequeño zoco, encontramos el cambio a 11,05.

 

SEGURIDAD EN MARRAKECH

En general la ciudad nos pareció bastante segura, mucho más que algunas grandes urbes como Madrid y Barcelona. Hay mucha policía vigilando. Incluso caminando de noche por las calles de la Medina íbamos tranquilos en todo momento. Nuestro host nos dijo que la zona del riad era bastante segura. Hay que tener cuidado en la plaza de Jamaa el Fna porque está lleno de carteristas a la caza del turista descuidado (como en cualquier sitio con aglomeraciones, aquí y en la Patagonia) pero, teniendo en cuenta eso, no deberíais tener problemas. Aún así nosotros intentamos evitar pasar por la Plaza porque nos agobiaba mucho. Si hay alguna persona o vendedor pesado que no os deja en paz, amenazad con llamar a la policía y veréis que rápido se olvidan de vosotros.

 

COMPRAS EN EL ZOCO

Los amantes de las compras y los mercados os encontraréis en vuestra salsa en Marrakech. Nosotros dedicamos toda la tarde del Martes a realizar nuestras compras (especias, te, babuchas, ropa…). El regateo está a la orden del día pero son muy amables (solo nos encontramos con un vendedor bastante borde) y en nuestro caso creo que conseguimos precios bastante buenos. Os dejamos una lista orientativa:

* Dos pares de Babuchas de piel: 220 DH / 19€ (precio inicial 350dh). Aunque 220 sigue pareciendo ‘caro’, las babuchas son de muy buena calidad (entramos en otros puestos donde estaban mal cosidas, pegadas, la textura no nos gustaba… aunque todas parezcan iguales, no lo son) Las compramos en un puesto bastante apartado, en una de las últimas calles del zoco ya casi llegando a nuestro riad. En pleno corazón del zoco nos han llegado a pedir 35€ por cada par de babuchas… de locos 😅

* Pantalones flojos tipo Aladdin: 90dh / 7,90€ (Precio inicial 185dh) Estos también los encontramos en una tienda un poco apartada. Siempre vais a obtener mejores precios en zonas que no estén tan concurridas.

* Cuadro pintado al óleo de 1×0,70: 250dh / 22€ (Precio inicial 650dh)

* Foulards: 70dh / 6€ (Precio inicial 150dh) estos me salieron más baratos en Turquía, pero me encapriché de un modelo en concreto que no vi en muchos puestos.

* Imanes, llaveros y pequeños souvenirs: 5-10dh (0,40-0,80€) estos objetos tienen precio fijo y no se suele regatear. Nosotros compramos un tajin pequeño decorativo, un par de imanes, en las Tumbas Saadíes un hombre estaba tallando azulejos con formas y compramos uno…

* Especias y té: compramos 200gr de especias para cuscus (Res el Hanout) y unos 250gr de té a la menta y nos salió por unos 100dh (8,80€). Aquí tampoco regateamos porque íbamos a esa tienda en concreto por recomendación de otros viajeros y nos habían comentado que tenían precios para marroquíes.

Nos quedamos con ganas de comprar una tetera y alguna cosa más, pero viajando con una mochila pequeña era imposible que nos entrara todo.

Como ya mencioné antes encontré a estos vendedores más dispuestos a regatear que los que había en los bazares de Estambul. Nosotros elaboramos una técnica que nos ahorró bastantes dirhams.

Primero pensábamos cuanto estábamos dispuestos a pagar maximo en € por el objeto que nos interesaba en cuestión. Después lo convertíamos a Dirhams y entonces nos íbamos guardando bloques de billetes en distintos bolsillos, en el bolso, la chaqueta… de modo que cuando íbamos a comprar sabíamos de donde coger el dinero.

Empezamos el tira y afloja con el vendedor, normalmente siempre te dirán que estás como una regadera ofreciendo precios tan bajos, nosotros no teníamos mucho tiempo y directamente les decíamos  que no queríamos perder tiempo y que nos diera su mejor precio, a lo que el nos preguntaba cuál era nuestra última oferta. Si le decíamos 50 DH el nos decía 70dh y no se bajaba de la burra, a lo que al final acabábamos ‘resignándonos’ (haciendo buen teatrillo eso si) y diciéndole que aceptábamos su oferta.

Y aquí va la jugada maestra: empezábamos a sacar billetes y a ponérselos en la mano: 20, 40… rebuscábamos en las monedas, rescatábamos 10dh… “Uy cariño, no tienes mas? Espera que miro yo” a lo que yo abría mi cartera y evidentemente estaba vacía. Y le decimos al vendedor: lo sentimos, hemos debido calcular mal… pero claro, una vez que te han puesto el dinero en la mano, pica un poco devolverlo, verdad? 😂 por lo que siempre acabábamos saliéndonos con la nuestra!! Repetimos esta técnica en varios puestos y siempre se lo sacamos por última oferta. Tomad nota 👌🏼

 

COMER EN MARRAKECH: SITIOS Y PRECIOS

La gastronomía marroquí es una verdadera joya, nosotros nos hinchamos a comer y aún así nos quedaron varios platos por probar ¡Ya tenemos excusa para volver!

Bien es sabido que al caer la tarde, la plaza de Jamaa el Fna se llena de puestos de comida. Pero nosotros no comimos allí ya que nos parecía caro para las raciones que ponían, y demasiado turístico… probamos un zumo de uno de los puestos y tampoco estaba muy bueno, nos gustó mucho más los que tomamos en los restaurantes.

La primera noche comimos en un pequeño restaurante cerca del Riad porque era tarde y ya apenas había sitios abiertos cerca. Se llama Riad Laarouss café-snack y la verdad es que para picar algo fue más que suficiente. Pedimos un plato de Chawarma que llevaba carne verduras ensalada, patatas, un zumo de aguacate (delicioso, el mejor descubrimiento en Marrakech) y una botella de agua de 1,5L. Todo ellos nos salió por unos 80dh (7€).

Al día siguiente, y tras la visita al Palacio Bahía y las Tumbas Saadíes, comimos en la calle Rue Bab Agnaou. Es una peatonal muy famosa que va a dar a la plaza de Jamaa el Fna y que ya había marcado en mi mapa, ya que es donde se encuentra la famosa Patisserie des Princes, el sitio en el que teníamos pensado merendar. Elegimos un pequeño puesto donde vimos a bastantes locales comiendo, evitando los restaurantes más turísticos.

Pedimos chawarma de cordero, falafel, cus cus con verduras y un zumo de plátano (de nuevo delicioso, los zumos y batidos naturales son de lo más recomendables en Marrakech) y todo nos salió por 110 DH (9,70€) lo cual está genial de precio. Mucho mejor que el sitio de la primera noche.

El postre lo tomamos en la Patisserie des Princes, uno se los mejores lugares, para tomar té y pasteles árabes, de todo Marrakech. Pedimos té a la menta (2 teteras que dan para unos 3 vasitos cada una) y un plato con surtido de 8 pastelitos. La cuenta ascendió a 62dh (5,50€).

Después y por si fuera poco, en plena incursión al Zoco, nos topamos con un puestito que hacía Msemen, una especie de ‘crepes’ que ya habíamos probado en el desayuno de nuestro Riad y que queríamos volver a degustar. Pedimos una con ‘Nolena’, la Nutella marroquí 😂 nos costó 7 DH (0,60€).

Por la noche y para cenar, nos decidimos por el Atay café, un sitio precioso con terraza en la azotea. Pedimos Pastilla, brochetas de kefta (una especie de albóndigas), té a la canela y agua con gas. Nos salió por 165dh (14,50€), es ‘caro’ para ser Marrakech pero el sitio lo merecía sin dudarlo.

 

Esperamos que estos consejos os hayan servido para planificar vuestro viaje a la ciudad de Marrakech. ¡Que disfrutéis mucho de vuestra estancia!

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Volar a y desde el aeropuerto de de Menara (Marrakech)

Recién llegados de nuestra última escapada a Marrakech, reconozco que este es el post que me hubiera gustado leer cuando estaba planificando mi viaje a la ciudad roja. Los vuelos fuera de Europa siempre son más “complicados” por todos los trámites que hay que realizar antes de embarcar. Pero cualquier cosa que os imaginéis sobre el aeropuerto de Menara es pura fantasía y os parecerá un camino de rosas en comparación con lo que estoy a punto de contaros. A continuación paso a explicaros con detalle cómo es el proceso de volar desde y al aeropuerto Menara de la ciudad de Marrakech.

 

 

LLEGAR A MENARA

Empezamos por la parte fácil. Cuando desembarquéis del avión, pasaréis inmediatamente a la sala de control de pasaportes. Esto es una lotería porque os puede pasar como a nosotros, que solo estábamos los de nuestro vuelo, o por el contrario podéis coincidir con otros vuelos que hayan llegado más o menos al mismo tiempo y entonces solo faltará que Satanas personificado baje a la tierra.

Aviso que, aunque solo esté vuestro vuelo, son terriblemente lentos.

Nada más llegar a la sala tenéis que coger unos formularios blancos y rellenarlos con vuestros datos personales, los datos de vuestro vuelo, dónde os alojáis durante vuestra estancia en Marruecos… mi consejo es que corráis a coger el formulario porque luego en la cola tendréis tiempo de sobra para rellenarlo. Si nosotros estuvimos 30 minutos largos para pasar el control, no quiero imaginar a los que se lo tomaban con calma y rellenaban los formularios en las mesas de antes de la cola.

Cuando lleguéis al puesto de control (que por cierto de los 6 o 7 que hay, raramente están todos abiertos) os recogerán el formulario y os sellarán el pasaporte.

A continuación tenéis que pasar un control de seguridad en el que tenéis que pasar las maletas por la cinta de RX.

Después de eso podéis salir tranquilamente pasando una última inspección en la que un policía comprobará que os hayan puesto el sello, y después ya seréis libres.

Parece fácil, ¿Verdad? Nosotros, entre el retraso del vuelo, que salió tarde de Barajas, y la cola del control de pasaportes, tuvimos al pobre taxista esperándonos un rato largo.

Vamos con el proceso inverso.

 

VOLAR DESDE MENARA

Os recomendamos acudir al aeropuerto con al menos 2 horas y media de antelación, porque los controles son un auténtico infierno.

Primero tendréis que pasar un arco de seguridad para entrar a la terminal,  pasar las maletas por la cinta de RX y vosotros tendréis que pasar por el detector de metales. Os pedirán el pasaporte y la tarjeta de embarque. Esto no me sorprendió demasiado ya que cuando fui a Turquía había un control igual.

Cuando paséis este primer control y entréis a la terminal, toca ir al mostrador de facturación de vuestra compañía a que os sellen la tarjeta de embarque. Esto es obligatorio para TODOS los vuelos internacionales independientemente de si sois ciudadanos marroquíes o no.

En la cola para hacer el check-in también tenéis que coger otro formulario blanco, igual al que completasteis a vuestra llegada. Aseguraos de que la información que ponéis en ambos coincide. Más adelante tendréis que entregarlo en el puesto de control de pasaportes.

Nosotros estuvimos prácticamente una hora en la cola del check-in, son MUY lentos. Y esto no es cosa de RyanAir, todas las compañías estaban saturadísimas. Os mirarán el pasaporte y la tarjeta de embarque, verificarán con la lista de pasajeros, sellito y a correr.

Después pasaréis el arco de seguridad, con RX, detectores de metales y sobeteo gratuito. Este control también fue lentito y nos quejamos de lo típico de ‘la otra fila siempre va más rápido’.

Pasado este control, llega el infierno: el control de pasaportes. Fue algo que no olvidaremos en la vida, cuando entramos en la sala (4 veces más grande que la de llegadas) casi me desmayo de la cola que había. La preocupación de los pasajeros era evidente, ya que había muchísima gente, y los que embarcábamos hacia Madrid íbamos con el tiempo “pegado al culo”. Nosotros nos colamos descaradamente (ganándonos algunos insultos pero… aquí “el que no corre no vuela”) y aún así tuvimos que esperar muchísimo. Cuando ya, por fin, nos tocaba los policías desaparecieron del puesto y no volvieron hasta un rato después…

Entregamos el formulario de embarque, nos sellan el pasaporte y ya podemos seguir. Antes de acceder a las puertas de embarque hay otro trabajador controlando que nos hayan puesto el sello y mirando las tarjetas de embarque.

Por fin y después de echarnos una buena carrera llegamos a la cola del embarque de nuestro vuelo. Eso si, la próxima vez, media horita más de antelación para poder comer algo antes de volar… 🙂

 

Espero que esta información os haya servido para vuestro viaje a Marrakech. Armaos de paciencia y recordad llegar al aeropuerto al menos 2 horas y media antes de la hora de salida (por mucho que vuestra compañía os diga que con 2h es suficiente, no le hagáis caso). Además así tenéis algo de tiempo para dar una vuelta por el aeropuerto de Menara, que es muy bonito.

¡Feliz vuelo!

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Nápoles: una mirada más allá…

Alguien me dijo en una ocasión que en Nápoles “hay que mirar más allá de la basura” para alcanzar a comprender la complejidad de un mundo propio, la idiosincrasia de una ciudad diferente a otras que hayamos visitado en Italia, la ciudad de las mil ciudades: la que se ve en la superficie; la que yace en el subsuelo; la que crea un mundo propio mirando desde lo alto, sobre las colinas; la que se asoma al mar; la que nació de la leyenda- la de Parténope, la sirena bajo cuyo canto e influjo no sucubió el héroe Ulises lo que la llevó a la muerte y sobre cuya tumba nació la ciudad de Parténope, más tarde Neápolis.

Hay que elevar la mirada sobre los montones de bolsas, los restos y la inmundicia, sortear las presencias casi fantasmagóricas de los desheredados de la fortuna y la razón que vagan, en una nube de alcohol barato, por las calles de este Nápoles roto- Spaccanapoli- en el que otros hacemos cola ante las puertas de las trattorías tradicionales, esas en las que “si mangia bene e si spende poco”(se come bien y se gasta poco) y las pizzerías más populares de la ciudad.

 

 

Uno trata de entender ese sentido fatalista de la vida tan propio de los napolitanos- ¿para que hacer nada, preocuparse, si el mundo o la ciudad se caen a pedazos?-.Debe ser por esto, que en Nápoles, entre la herrumbre y las ruinas, no sólo las metafóricas, hay una imagen de la Virgen, un Santo o un Cristo doliente custodiando cada esquina, para proteger a los vivos y recordar a los muertos. Mucho me temo que la primera tarea es mucho más ardua y necesaria, pues quizá tan protegidos se sienten que es habitual que circulen entre las calles estrechas, sin distinguir derecha o izquierda, una legión de motos con tres pasajeros a bordo y por supuesto prescindiendo del casco. Tampoco es extraño observar a los bebés sentados en brazos de sus madres, ocupando el asiento del copiloto y sin usar el cinturón, mientras el conductor puede, tranquilamente, hablar por su teléfono móvil mientras gesticula enérgicamente con sus manos.

 

En medio del caos, uno puede encontrar algún remanso de paz, como la Piazza Bellini, desde cuyas terrazas y cafés – uno de los más famosos cafés literarios de Nápoles se encuentra aquí, el Intra Moenius- se pueden ver los puestos y librerías antiguas que desde Santa Maria de Constantinopoli y especialmente en Via Port’Alba se suceden unas tras otras. Muy cerca de allí abundan también los negocios de anticuariado y los de instrumentos musicales ya que el Conservatorio de música se encuentra a pocos pasos. En medio de la plaza se pueden ver los restos de la muralla grecorromana del siglo IV a.C., una pequeña muestra de esa ciudad subterránea, superpuesta con el paso de los siglos, y que cada cierto tiempo saca a la luz nuevos secretos.

 

Existe una ciudad bajo la ciudad, la Napoli Sotterranea, que se puede recorrer en visita guiada- es necesaria la reserva- desde la Piazza de San Gaetano, y poco a poco son más los recorridos a través de túneles- los últimos abiertos al público son los túneles borbónicos- que muestran una parte importante de la historia de la ciudad. Como siempre, la falta de tiempo deja esta visita en la lista de “pendientes”, ocupados en observar la superficie.

En este Nápoles viejo y cansado resulta bastante fácil orientarse- yo que con tanta facilidad me pierdo en los laberínticos callejones de cualquier casco antiguo- quizá debido a su peculiar ordenación urbana, los llamados “Decumani”, tres grandes arterias que vertebran el centro de la ciudad . El Decumano superior, hoy conocido como Via dei Tribunali, una de las más concurridas, en la que durante el día es fácil encontrar puestos que venden fruta o pescado en plena calle y que durante la noche congregan a cientos de jóvenes o turistas que esperan para cenar la famosísima pizza- en todos los locales dicen que la suya es la única y original-.

 

A ambos lados de la calle, tan estrecha que hay que llevar cuidado con los coches que circulan, y menos mal que es una zona de tráfico limitado, no pierdo ocasión de admirar tantas Iglesias, algunas ni siquiera vienen detalladas en los mapas turísticos, con las fachadas desvaídas pero en cuyo interior atesoran las más increíbles obras de arte. Resulta imposible pasar indiferente ante la Chiesa del Purgatorio ad Arco, con el tema de la muerte, tan recurrente en la tradición napolitana, en los símbolos del exterior. Dicen que existe la costumbre, entre los muchachos, de introducir los dedos en las cuencas vacías de la calavera que hay en la entrada, en busca de protección y buena fortuna.

Su presencia no inquieta en absoluto a un grupo de ancianos, sentados al sol en las primeras horas de la mañana, apoyados sobre sus bastones. Y es que la muerte y el más allá forman parte de la cultura y las creencias en Nápoles- la smorfia, o cábala, tiene su origen precisamente en la comunicación con los difuntos- A pie de la escalera por la que se accede a la Iglesia siempre hay flores frescas y velas por las almas que vagan en busca del perdón.

Apenas hay que desviarse un poco, en el cruce con Via Duomo, para tropezarse con la fachada límpia y luminosa de la Catedral que sorprende cuando hemos dejado atrás el color incierto de las paredes, las pintadas y reivindicaciones escritas con spray, la decadencia y desidia en las ventanas entreabiertas, la ropa colgada con desgana, hambrienta de sol.

 

 

Es imposible olvidarse de la presencia de algún mendigo en la entrada de la Catedral, cuando contemplamos el altar repujado en plata en la Capilla de San Genaro, el patrón de la ciudad, venerado por salvar a sus habitantes de la Peste. El tesoro de San Genaro es una de las principales joyas del barroco, y un derroche de oro, plata y piedras preciosas.

Pero unos de los lugares más especiales a los que se accede, desde su interior, son la Basílica Paleocristiana de Santa Restituta y el Baptisterio de San Giovanni in Fonte, considerado el más antiguo de occidente, y anterior al de San Giovanni in Laterano en Roma. La pila, en el suelo y pensada para sumergir hasta las rodillas al catecúmano adulto, resulta de lo más austera pero a elevar la mirada, en la cúpula, se descubren los restos de los hermosísimos mosaicos que relataban diversas escenas de la vida de Jesús. Aseguran que estos mosaicos superan en belleza a los de Ravenna, pero como no conozco estos últimos guardo mi opinión hasta el momento en que pueda visitarlos.

El Decumano inferior transcurre entre la Via de San Benedetto Croce, San Biagio dei Librai y la conocidísima San Gregorio Armeno, esa calle en la que todo el año es Navidad. Allí se concentran la mayor parte de los artesanos de los famosísimos “Pesepres” napolitanos… delicadas figuras que parecen cobrar vida y que recrean con todo lujo de detalles el nacimiento de Jesús. Un regreso a la infancia, como si el tiempo se hubiese detenido y no existiesen las burdas figuritas de plástico ni los horribles y estridentes adornos asiáticos que llenan los comercios de cualquier ciudad, algo, afortunadamente, impensable en Nápoles. Las imágenes de la Virgen, San José, el Niño o los Reyes Magos comparten espacio en esta calle con máscaras y figuras de Pulcinella, el personaje de la Comedia del arte que encarna como nadie el espíritu burlesco, el embaucador por excelencia, y que se ha convertido en símbolo de la ciudad.

 

Protegido, casi oculto, entre estas calles se encuentra uno de los lugares por los que habrá merecido la pena un viaje hasta Nápoles: la Capilla de San Severo. Concebida como mausoleo por Raimondo di Sangro, séptimo príncipe de San Severo- mecenas, escritor, inventor, alquimista y Gran Maestro de la Masonería- contiene algunas de las más maravillosas esculturas del Barroco. Entre todas, a cual más bella, destaca el famosísimo “Cristo velato” de Giuseppe Sanmartino a quien las fotos e imágenes que habíamos visto hasta entonces no hacen justicia. La decoración de la Capilla, en la que no hay descanso para nuestros ojos, es capaz de envolvernos, de transmitirnos una inmensa paz y una profunda emoción, ajenos a la algarabía de la calle. Porque no muy lejos de allí, en la Piazza de San Domenico, los ecos de algún músico callejero y el ambiente animado nos invitan a detenernos y a aprovechar la ocasión para tomar una sfogliatella, de pasta riccia, recién hecha en una de las pastelerías con más tradición en la ciudad, “Scaturchio”.

 

El Decumano superior transcurre muy cercano a nuestro hotel, y es precisamente alli, en la larguísima y estrecha Via Sapienza, a donde acudimos apenas hemos aterrizado. Buscamos una de esas pequeñas osterías frecuentadas por los vecinos del barrio, médicos del cercano Policlínico y también algunos turistas ya que “con esto de internet” resulta casi imposible que el viajero curioso no descubra el lugar, que afortunadamente permanece fiel a su filosofía de cocina sencilla y precios ajustados. Si se tiene ocasión hay que aprovechar para comer una excelente parmigiana, en un ambiente familiar, con el abuelo sentado junto a la caja registradora, o cualquier otro plato servido siempre con una sonrisa.

 

 

En Nápoles hay que mirar más allá de la basura, sobre todo en este Nápoles caótico y sin remedio. No muy lejos existe otra ciudad, el conocido como Nápoles limpio, de amplias plazas- como la del Plebiscito- Castillos y Palacios. Muy cerca se extiende el Puerto, en el que atracan continuamente los grandes cruceros, y que fue sede en el 2012 de una de las competiciones más elitistas del deporte mundial, la America’s Cup (la Copa América de vela). Ante el espectáculo de luces y sonido de la ceremonia inaugural, al que tuvimos ocasión de asistir, se olvida fácilmente que, a pocas calles, se extienden los Quartieri Spagnoli, uno de los barrios más pobres y controvertidos de la ciudad.

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Pienza: la Via dell’ Amore, el pecorino y mi amigo Lapo

Ni las calles de París, ni un paseo en góndola en la idolatrada Venecia… ¿Existe algo más romántico que pasear por la Via dell’ Amore en Pienza? Eso es lo que os encontraréis en la que es, sin duda, una de las ciudades más bellas de la Toscana. Junto a la calle del Amor, la Via della Fortuna y al otro lado la Via del Bacio (la calle del beso). El paseo más romántico es el que recorre la Via delle Mura, la antigua muralla que protege la ciudad, desde dónde se divisa una de las mas hermosas vistas de la Val d’Orcia.

Pienza esta considerada la “ciudad ideal”, según los cánones renacentistas. El Papa Pio II, durante el siglo XV,  encargó al arquitecto Bernardo Rossellino la construcción de varios edificios en su ciudad natal, entre ellos el Duomo, el Palacio Papal y el Ayuntamiento. No dejéis de visitar la oficina de turismo, emplazada en el bellísimo Palazzo Pubblico. En su patio interior hay un pozo y una luz especial que todo lo envuelve.
A pesar de que Pienza es una ciudad pequeña, por muchas veces que la recorras, nunca deja de sorprenderte la belleza del trazado de sus calles, los rincones que descubres… La calle principal es el Corso il Rossellino, llena de tiendas y con un inconfundible aroma a algo muy típico de Pienza, el pecorino. Seguramente la mayoría pensará que una calle que huele a queso no tiene nada de romántico, pero para los gourmets ¡es todo un placer! Este queso, elaborado con leche de oveja, lo encontraréis en muchos lugares de la Toscana, pero ninguno goza de la merecidísima fama como aquel que se elabora en Pienza. Es cierto que la mayoría de los establecimientos que os ofrecen éste y otros productos típicos de la zona, como las excelentes mermeladas (No sólo para el desayuno, probad las de cebolla o berenjena con manzana para acompañar el queso) la pasta (especialmente pici, la más toscana), las hierbas aromáticas o las salsas a base de trufa blanca o negra, no son precisamente baratos, pero os diré un pequeño truco: cuanto más os alejéis de la entrada a la ciudad por el Corso, los  precios de estos productos disminuyen, quizá no sustancial, pero si sensiblemente.
 
En mi segunda visita a Pienza disfruté si cabe más de la ciudad. Creo que ésto es algo normal, pues uno ya no llega con la urgencia del que todo lo quiere ver, una vez se conocen ya su Catedral, sus Palazzos y Museos, y se limita a disfrutar del paseo, el ambiente y sus tiendas de productos artesanales. También era una temporada no tan “alta” para el turismo y, de hecho, la mayoría de visitantes eran italianos. Recorríamos, una vez más, el Corso il Rossellino para comprar alguna de las delicias que allí se ofrecen, y era un verdadero placer hacerlo sin aglomeraciones. Allí descubrimos a Lapo. No tenía mas de 6 ó 7 años y en una mesa fabricada con cartón ofrecía su mercancía. Me pregunté si era mera diversión, un entretenimiento para el niño mientras su madre trabajaba, o quizá precisamente ella (dueña de la carnicería junto a la que estaba sentado) con una mayor visión de “negocio” le habría dado la idea.
Lapo pintaba sobre trozos de cartón de embalar, con su cajita de acuarelas y trazo infantil, imágenes de los paisajes típicos toscanos, a semejanza de los souvenirs y postales. “Ogni quadro 1 euro” rezaba en el cartel. La verdad es que nos resultó tan gracioso que no nos resistimos a pararnos y observar. Lapo, con sus mejillas regordetas y sonrosadas, daba buena cuenta de un bocadillo de salami, que solo dejaba a un lado para usar el pincel. Pedimos permiso a su madre para sacarle una foto ¡Previo pago de otro euro! y, por supuesto, compramos un cuadro que aún conservo. Si caímos en la “trampa para turistas” o no, prefiero no saberlo.
 
Calculo que Lapo transita en este momento por esa edad incierta de la adolescencia. Quizá recorre la Via dell’Amore o besa a su primer amor en la Via del Bacio. También me pregunto que habrá sido de su afición a la pintura, si va camino de convertirse en un famosísimo artista y yo soy la afortunada dueña de una de sus primeras obras.
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Comiendo en… Livin’Japan (Madrid)

¡Volvemos a la carga con una nueva reseña! Desde que me he mudado a Madrid, no paro de descubrir sitios nuevos cada semana, pero si hay uno que me ha sorprendido gratamente (Hasta el punto de repetir varias veces) ese es Livin’Japan.

Livin’Japan es una cafetería-restaurante de temática japonesa situada entre Antón Martín y Lavapiés, concretamente en la calle Torrecilla del Leal, 20.

Lo que más me llamó la atención del local fue que aquí no solo puedes venir a comer, sino que hay opciones para merendar, tomarte un café, picotear algo antes de cenar… en un ambiente tranquilo y relajado.

Además, tienen una extensa biblioteca de mangas a disposición de los clientes y organizan talleres (De cosplay, origami…), actividades (Concursos, proyecciones…) y fiestas temáticas asiduamente.

El local es bastante pequeñito, pero muy acogedor y con una decoración preciosa. Mención especial a la planta de abajo donde están situados los baños y el “hall de la fama japonés”, un pasillo repleto de cuadros con retratos de personajes ilustres provenientes del país del sol naciente.

Pero vamos a lo que nos interesa: ¡La comida!

He probado muchos (Y recalco MUCHOS) restaurantes japoneses, tanto en España como en el extranjero. Me he encontrado con sitios de todo tipo: falsos japoneses o de cocina fusion asiática, chinos etc, pero pocos realmente auténticos.

En Livin’Japan han escogido tener una carta más reducida, pero de comida totalmente casera. Además tienen varios postres artesanales fuera de carta.

La sección de entrantes es bastante amplia, y podemos encontrar cosas típicas como las gyozas o la ensalada de wakame y otras más difíciles de encontrar como los takoyakis (Buñuelos de pulpo), onigiris caseros (Van cambiando los rellenos), o la raíz de loto frita.

Como platos fuertes tienen ramen, curry, yakisoba y algunas combinaciones tipo bento. Además, en el menú del día van variando los platos e introduciendo algunos nuevos como los donburis.

Para la gente que aún no es experta en materia o se están introduciendo en la gastronomía japonesa, también hay hamburguesas con sabores e ingredientes como el aroma de wasabi o el pollo karaage.

Pasando a los postres, en la carta encontramos algunos típicos como los mochis y los dorayakis, pero sin duda alguna el punto fuerte es la repostería artesanal: Tiramisú de matcha, tarta de queso de matcha, brownie vegano, tarta de chocolate… las opciones son infinitas y cambian cada semana.

De las cosas que más me han gustado en Livin’Japan (Y de lo que más he repetido) son los batidos y zumos naturales (Mis preferidos, el batido de Matcha y el de Sandía), fresquitos y riquísimos. También tienen cervezas y refrescos de importación como las típicas Asahi, Kirin, Sapporo o el ramune y los tés fríos. La selección de tés calientes tampoco se queda corta, pasando por los clásicos como el Matcha ceremonial, el sencha, genmaicha u otras infusiones que mezclan varios tipos de té y frutas.

Como ya he dicho, he repetido varias veces en este restaurante, ya que además de que la comida está riquísima, el precio es muchísimo más económico que en cualquier otro restaurante del centro de Madrid. Nunca me he gastado más de 15€ por cabeza, comiendo entrante, plato, postre y café. También tienen un par de opciones de menú del día a unos 12€ aproximadamente.

A continuación os dejo unas cuantas fotos de las distintas ocasiones en las que he venido:

Arroz con Curry

También tienen algunos productos de importación en venta:

Algas en tempura, kit kat de matcha y pocky de fresa

Actualización Febrero 2018:

Desde hace un par de meses, en Livin’Japan han ideado un nuevo menú de proyección que consiste en comer o cenar mientras se ve una película. Las que más éxito tienen son los clásicos de Studio Ghibli pero también proyectan otras menos conocidas e incluso algún live action. El precio del menú es de 11,50 e incluye entrante, plato, bebida y postre. Una propuesta diferente y original desde luego 🙂

Sin duda alguna, este sitio se ha convertido en uno de mis favoritos de la capital. El local lleva abierto poco tiempo, pero estoy segura de que en breves se convetirá en todo un referente para fans de la cultura y gastronomía japonesa.

Livin’Japan está en:
C/ Torrecilla del Leal, 20 (Metro Antón Martin o Lavapiés)

Y os dejo sus redes sociales: Facebook · Twitter · Instagram

¡Itadakimasu!

Italianos por el mundo (Restaurantes)

Italianos, los encontraréis allá donde vayáis. Nos referimos a restaurantes, naturalmente.

Seamos sinceros. Todos viajamos con la intención de conocer las costumbres de países diversos y esto incluye, por supuesto, la gastronomía, pero ¿Cuantos de vosotros no os habéis cansado de repetir una y otra vez los mismos platos o de tener que pagar una fortuna para comer mínimamente bien? Que levante la mano el que nunca haya dicho durante un viaje “Me muero por una pizza o un plato de pasta. Me muero por ir a un italiano”. Además es apuesta segura si viajáis con niños.

Seguramente la cocina italiana sea una de las más “globalizadas” y por tanto encontrar restaurantes italianos en casi cualquier lugar del mundo es tarea fácil. Esto se explica por el fenómeno migratorio que en el siglo pasado – y de nuevo en estos últimos años de crisis económica-  llevó a miles de italianos hasta América y por supuesto al resto de Europa.

Si bien la cocina italiana es admirada y conocida en todo el mundo también ha sido maltratada por las franquicias y los locales pseudo-italianos de comida rápida. Distinguir un italiano auténtico de otro que no lo es es sencillo si habéis viajado mucho a Italia. De lo contrario siempre os podrán dar “gato por liebre”.

Sin ánimo de ofender a nadie, no soy capaz de pasar una semana seguida comiendo filete empanado- por muy Schnitzel que lo llamen- y salchichas en Austria (que me gustan, conste, especialmente en los puestos callejeros). En Francia hay opciones pero ¿A qué precios? Adoro las Crêpes y en París es posible encontrar muy buenos restaurantes de cualquier nacionalidad ¡También italianos!

Incluso aquí, cerca de casa, cuando salgo a cenar voy a mi italiano preferido, La Trattoria Napoletana. Al final , he acumulado un montón de tarjetas de restaurantes italianos en otros países europeos. Os recomiendo algunos que me han gustado especialmente.

 

RESTAURANTES ITALIANOS EN FRANCIA

La Dolce Vita (París)

En la Rue Michel Chasles, a un paso de la Gare de Lyon (Ojo, porque si buscáis La Dolce Vita París os aparecerán unos cuantos y no guardan relación con este) Es de los primeros que visité allá por el año 2002 y regresé en el 2010, ya que en ambas ocasiones escogí el mismo hotel, junto a la estación.

Italiano auténtico a pesar de que los camareros os hablen en francés. La familia propietaria procede del sur de Italia. La primera vez que estuvimos transmitían un partido de fútbol en televisión (jugaba un equipo italiano, por supuesto) y en algún momento temimos por los platos cada vez que había una jugada “peligrosa”. Raciones abundantes de pasta y buenas pizzas. Es cierto que la primera vez nos gustó más que la segunda, pero es que en el 2010 ya habíamos viajado a Italia en más de una ocasión y “las comparaciones son odiosas”.

 

Marco Polo (Saint Martin de Ré- Ille de Ré)

Vale, no recuerdo si eran italianos auténticos y leyendo las últimas opiniones sobre este lugar me estoy quedando atónita. Nosotros comimos estupendamente y me acuerdo de que el personal fue amabilísimo (su propietario nos explicó como debíamos pedir un café cortado en Francia, y por cierto el café era bueno) Excelente Lasagna y Tiramisú.

El local está situado en el puerto de la localidad de Saint Martin de Ré, una de las más visitadas de la isla. Es un pueblo encantador lleno de tiendas glamurosas y de ambiente marinero. Por supuesto que encontraréis restaurantes de pescado y marisco pero seguramente no aptos para todos los bolsillos. En aquel viaje, además, había “gente menuda” a bordo, así que un italiano nos pareció la mejor opción.

 

RESTAURANTES ITALIANOS EN AUSTRIA

Al Borgo (Viena)

Creo que podría afirmar, casi sin dudarlo, que este es el mejor de todos los restaurantes italianos que he probado hasta ahora, mejor incluso que los que he frecuentado en la mismísima Italia. Aúna la mejor materia prima con una cuidada elaboración en los platos y el ambiente elegante de la capital austriaca.

No en vano su propietario, Carlo, es originario de la Emilia Romagna, seguramente la región italiana en la que mejor se come.

Leyendo algunas opiniones acerca del local, y teniendo en cuenta que estaba cerca de nuestro hotel, en el distrito 1, dudaba entre ir o no (ya sabemos que sobre gustos no hay nada escrito y yo siempre leo las opiniones escritas en italiano en primer lugar) Me alegro de haber ido finalmente, ya que la experiencia fue tan buena que decidimos repetir.

Se puede tomar un Spritz (aperitivo italiano) mientras esperas la cena. Para los amantes del vino la bodega es variada y buenísima (y no más cara que en Italia) y si habéis pedido una bebida no tendrán reparo en serviros agua del grifo, sin cargo claro.

La cuenta, de lo más ajustada en cuanto a relación calidad/precio. Teniendo en cuenta además la ubicación céntrica y el hecho de que el restaurante sea frecuentado por celebridades, italianas y no, que visitan la ciudad (Encontraréis fotos enmarcadas de muchos famosos comiendo allí) Pero ¿Cuánto? -os estaréis preguntando- En su web podéis ver los precios e incluso hay un menú del día (solo a mediodía) por menos de 12€ .

Sobre lo bonito que es el local podría hablaros largo y tendido pero mi recomendación es que lo visitéis en vuestro próximo viaje a Viena.

Solo dos apuntes: es más que recomendable reservar y no olvidéis incluir la propina (alrededor de un 10 %) a la hora de pagar tanto si lo hacéis en efectivo como si usáis vuestra tarjeta de crédito. Esa es la costumbre en Viena.

An der Hüben 1, 1010 Wien

 

Pasta e Vino (Salzburgo)

Mezcla de charcutería y taberna donde las opciones, tal como su nombre indica, se reducen a escoger entre una fuente de “antipasti” (embutidos, quesos y encurtidos) o un plato de pasta preparada de 2 formas distintas, acompañados del vino de la casa (Advierto, raciones enormes)

El local, diminuto, vende además los productos de charcutería, pasta fresca o postres para llevar (excelente Tiramisú) de modo que es frecuente que los clientes se acerquen al mostrador a comprar mientras otros ocupan las mesas a la hora del almuerzo.

Regentado por tres jóvenes napolitanos, propietarios además de otro restaurante (La Bruschetta) que no visitamos, ya que “Pasta e Vino” quedaba muy cerca de nuestro hotel.

Wolf-Dietrich-Straße 31, 5020 Salzburg

 

La Cantina-intermezzo italiano (Innsbruck)

Acudimos en busca de un auténtico café italiano (el que servían en nuestro hotel no era muy bueno) y descubrimos que además ofrecían el “Plato del día”. Por su ubicación , en el centro de Innsbruck, es frecuentado por quienes trabajan en oficinas cercanas, a la hora de la comida.

Otra vez tenemos que advertiros del tamaño de las raciones. Nosotros habíamos pedido un entrante para compartir y dos platos, pero cuando vimos las raciones servidas en fuentes, en las mesas vecinas, rectificamos nuestra comanda ¡Menos mal!

Todo buenísimo y los dulces de escándalo, así como el café. Además el local ofrece ( los jueves, a partir de las 18:30) el típico aperitivo italiano: una bebida acompañada de un variado buffet libre. El personal, joven y amabilísimo, italiano ¡Claro!

Sparkassenplatz 2, 6020 Innsbruck

 

Die Pizzerei (Innsbruck)

Aquí va uno fifty-fifty. Lo había buscado por internet antes de mi viaje y acudimos en nuestra primera noche en la ciudad. En su web se definen como restaurante original italiano y parte del personal lo es.

El local es muy agradable y bien decorado, y la verdad es que tanto la pasta como las pizzas están buenas. Como curiosidad aquí vi por primera vez  como ponían “para llevar” la pizza que los comensales no eran capaces de terminarse (después observé esto en otros restaurantes y pizzerias de Austria) y pensé que en España estaría “mal visto” o que alguien podría tildarlo de “cutrez”. Sinceramente me pareció una actitud más racional, la de no desperdiciar y tirar a la basura comida en perfecto estado. Creo que ahora esta costumbre se ha extendido también a nuestro país, al menos a algunos locales, de la misma manera que ya no nos da “corte” llevarnos la botella de vino que no hemos acabado.

Bozner Platz 6, 6020 Innsbruck

 

RESTAURANTES ITALIANOS EN ESPAÑA

La Piccola Trattoria (Madrid)

Literalmente Piccola, esta pequeñísima Trattoria en la zona de Anton Martin ha sido una de las mejores experiencias gastronómicas en una escapada reciente a la capital. Teníamos reserva previa ya que, con tan pocas mesas, es casi imposible encontrar una libre sin reservar ¡Y por nada del mundo queríamos perdérnoslo!

Directamente del sur de Italia, desde la bella región de Puglia, Giuseppe nos hizo disfrutar de la comida y de la charla. Es complicado decidirse carta en mano, pero no hay posibilidad de errar y además siempre hay algún plato fuera de la misma, como los “involtini” o “boconccini”, pequeños bocados de berenjena, queso y algún ingrediente secreto 😉 por los que nos dejamos seducir.

La burrata es excelente y la pasta sublime. Para probar la pizza (que nos han asegurado las “buenas lenguas” que es de lo mejorcito) ya no quedaba sitio en el estómago. Siendo sinceras, si, un pequeño hueco si quedaba, pero estaba reservado para el postre.

Una botellita de Primitivo del Salento para acompañar, siguiendo el consejo de Estela (el otro 50% de la Piccola Trattoria) y solo cuando estábamos acabando el postre nos dimos cuenta de que no habíamos sacado ni una foto para el blog. Tiramisú, Cannoli sicilianos y una tentación de chocolate de cuyo nombre ni me acuerdo.

La Piccola Trattoria está en la Calle Torrecilla del Leal, 15 (Metro Anton Martin)

 

Pizza Mascalzone (Madrid)

Vale, es Italo-argentino, pero las pizzas están buenísimas. En el Madrid de los Austrias (Calle Cervantes, 1) una de las zonas más bonitas de la ciudad, podréis degustar sus pizzas, ensaladas y algunos platos como la Parmigiana, de la que nos declaramos muy fans.

Un placer auténtico, comer la pizza con Speck (una especie de jamón ahumado) del que tanto hemos disfrutado en nuestros viajes por el Norte de Italia, especialmente en la región del Trentino. Además, justo enfrente, encontraréis Pastamascalzone, donde comprar pasta fresca y una enorme variedad de embutidos y otros productos italianos.

 

Esperamos que tengáis ocasión de ir probando nuestras sugerencias. Ya veis que el post sigue creciendo, así que lo actualizaremos cada vez que descubramos algún local nuevo que nos haya gustado especialmente

Y vosotros ¿Cuántos italianos por el mundo conocéis? ¡Seguimos esperando vuestras recomendaciones y experiencias!

 

 

 

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Los pueblos más bonitos de Italia

Por si os quedastéis con ganas de más, los pueblos más bonitos de Italia son la segunda entrega de aquel “los pueblos más bellos de Italia”. De repente caigo en la cuenta de este post cuyo título escribí hace mucho tiempo y que ha quedado en el olvido, no intencionado, claro. Aunque hay quien puede pensar que es una buena forma de enmascarar la desidia o la pereza, y tampoco puedo quitarle la razón.

 

Uno de esos pueblos más bonitos de Italia, Corciano, en Umbria, celebraba el día que lo visitamos su famoso “Agosto Corcianese”: exposiciones, conciertos, proyecciones cinemátográficas, representaciones teatrales… que culminn el 15 de agosto con el famoso Corteo del Gonfalone, un desfile en el que participa todo el pueblo, en el que se rememoran hechos acontecidos en el siglo XV, y que toma su nombre del estandarte que portaban los militares en la batalla y que era llevado en procesión para ahuyentar las epidemias, como la peste, o la pobreza.

Precisamente es el Gonfalone de Benedetto Bonfigli el que protege a la población, y se puede ver en la iglesia de Santa Maria Assunta. A ella acudimos para contemplar el magnífico retablo de la Asunción, obra de “Il Perugino”, que impresiona más si cabe entre las paredes blancas del Templo. Apenas si puedo acercarme pues se celebra la misa a esas horas y es por ello que las calles estaban vacías, tan sólo algunos jóvenes artistas que trabajan y exponen sus obras en los lugares habilitados por el Ayuntamiento, hermosos talleres entre las paredes de piedra de las casas que rodean la piazza Coragino, centro neurálgico de la ciudad que debe su nombre al que se dice fue su fundador, compañero del héroe griego Ulises por más señas.

 

 

No me extraña en absoluto que Corciano sea merecedor del distintivo de “I Borghi più belli”, pues puedo afirmar que es merecedor de estar en esa lista de los pueblos más bonitos de Italia. Enclavado en una colina, rodeado de frondosos árboles, la piedra impoluta y limpia de sus edificios, a pesar de los siglos, se torna dorada bajo el sol del mediodía.
Umbria- la sombría, pero tan sólo por la cantidad de bosques que la cubren- el corazón verde de Italia, como también se la conoce, está repleta de pueblos de los más bonitos de Italia.

Tiene Corciano, además, y toda la región, otro aliciente nada despreciable: una magnífica cocina y unos excelentes vinos, que nada tienen que envidiar a los de Toscana. En estos días de agosto se puede disfrutar en cualquiera de los restaurantes- yo llevaba anotado uno en especial “La locanda di San Michele”- de menús basados en las recetas de la cocina medieval, aunque finalmente decidimos seguir ruta y dejar la comida para una próxima ocasión.

No fue intencionado, puedo jurarlo, sino fruto de la casualidad que, en pocos días y pocos kilómetros, visitásemos un gran número de pueblos pertenecientes al selecto Club de los pueblos más bonitos de Italia, en nuestro recorrido por la región de Umbria.
Spello supera en belleza al anterior y es uno de los lugares más bonitos y con mayor encanto de cuantos he conocido.

 

Photo credit: Pilù.2008 via Foter.com / CC BY-NC-ND

 

Después de atravesar su muralla os encontraréis una sucesión de calles cuesta arriba hasta llegar a la Piazza Matteotti. Es un buen punto para reponer fuerzas, sentados en la terraza de alguna enoteca, probad los quesos… pecorinos, con trufa. De camino, no he podido evitar la visita a un par de Iglesias y oratorios. Si proponérmelo, me he tropezado con bellísimas obras de Pinturicchio y como la memoria me juega malas pasadas- ha transcurrido un año- busco en internet y concluyo que he visitado las de la Maddalena y Sant’Andrea. Y es que si algo tiene Umbria, como toda Italia, es una concentración impresionante de arte por metro cuadrado.

Pero si las obras del Perugino o de Pinturicchio no os subyugan, el recorrido por sus calles ofrece otro tipo de arte nada despreciable: la decoración floral. A pesar de que la ornametación de calles y balcones se hace desde el mes de mayo hasta primeros de julio, en agosto todavía permanece, ofreciendo una imagen de postal. Cada año, a finales del mes de junio y coincidiendo con la celebración del Corpus, las calles de Spello se cubren de pétalos de flores con los que se crean tapices que representan motivos y figuras ornamentales y litúrgicas. Los habitantes de la localidad, tras la preparación durante los días previos, cubren en una noche- la llamada noche de las flores- los 2 kilómetros que ocupará el tapiz, para que por la mañana puedan contemplarlo los miles de visitantes que se desplazan hasta allí con motivo de la celebración.

 

 

Spello será, en mi memoria y para siempre, no sólo uno de los pueblos más bonitos de Italia, sino, y sobretodo, la ciudad de las flores, en clara competencia con el distintivo de “ciudad del arte” que también posee. La rememoro cada vez que veo,  pegado en mi nevera, un bonito imán pintado a mano sobre madera, que compré a una artista local.

Bevagna posee el encanto de esos pueblos cuya vida se desarrolla entorno a las Plazas, con gente sentada a la puerta de su casa o en las mesas de cualquier bar, las vecinas que conversan frente a la carnicería, todavía con las bolsas en la mano… y cuyos veranos bullen de actividad: fiestas, conciertos en la Plaza- están montando un pequeño escenario a nuestro paso- que invitan a quedarse un rato más. Esto es así hasta tal punto que acabo de descubrir una asociación que se llama precisamente ” la Piazza”, lo que corrobora que esa primera impresión que uno se lleva al visitar Bevagna es del todo cierta.

 

Photo credit: artnbarb via Foter.com / CC BY-NC-SA

Aprovechamos para callejear, sin rumbo ni prisa, para comprar salsa tartufata y otras especialidades con trufa- he descubierto una a base de tomate, albahaca y trufa con la que acompañar la pasta… simplemente impresionante-. En mi recorrido descubro uno de esos establecimientos de toda la vida, que además presume de su antiguedad en la fachada, tanto años vendiendo carne, embutidos o pasta. Para celebrar su aniversario, expone una receta tradicional, que me resulta muy apetitosa. Os la dejo aquí, traducida, por si os animáis a hacerla y ya me contaréis:

 

 

PICCHIERILLI ALLA BEANATA

Los picchierilli son un tipo de pasta fresca de origen campesino. Están hechos con ingredientes simples como la patata y el aceite de oliva virgen. Esta receta se ha transmitido de generación en generación a través de la tradición oral, como un patrimonio a salvaguardar. En España no se conoce esta pasta, así que se puede optar por unos ñoquis (también son de patata) u otra pasta fresca gruesa.

Para 4/5 personas: 800 grs de picchierilli, 100grs de panceta o tocino de papada, 1 cebolla, aceite de oliva, 2 vasitos de vino tinto, queso parmesano o pecorino (podéis utilizar un queso de oveja curado), rúcula (a voluntad)

En una sartén, pochar la cebolla junto con la panceta o tocino, añadir un poco de agua y el vino y dejar reducir (que quede un poco de líquido)

Cocer la pasta (muy poco tiempo, cuando suba a la superficie es suficiente) y añadirla a la sartén para terminar la cocción. Añadir abundante queso y la rúcula finamente picada.

 

Si hay algo que me gusta en mis viajes es descubrir pequeños rincones curiosos, de esos cuyo nombre a menudo olvidamos- y cada vez más- pero que se fijan en la retina y se quedan en un pequeño escondite de la memoria. Seamos serios, lo que de verdad sucede es que repasando cientos de fotos almacenadas, de repente nos topamos con la imagen y ecco!. Paseando por Bevagna encontramos un antiguo Claustro, ahora convertido en Hotel, en el que obtuvimos una instantánea curiosa. Realmente, el lugar invitaba a quedarse… o al menos a esperar un rato.

En mi recorrido por los pueblos más bonitos de Italia, y más bellos de Umbria, no me puedo olvidar de uno que, curiosamente, nunca he visto con la luz del día. Castiglione del Lago se erige tras los muros de una fortaleza, emplazado sobre una colina desde la que se divisan las aguas del Lago Trasimeno.

 

Photo credit: just_jeanette via Foter.com / CC BY-NC-SA

Era allí donde acudíamos a cenar casi todas las noches, atraídos por su ambiente festivo, las terrazas de los restaurantes repletas, los comercios abiertos hasta muy tarde compartiendo espacio con los tenderetes callejeros… pero sobre todo por las excelentes pizzas cocidas en horno de leña de “La Cantina”, que todavía ocupan el número uno en nuestro particular ranking de “pizzas en Italia”. Puedo asegurar que también bajo la luz de la luna, y alumbrado por farolas, es uno de los pueblos más bonitos de Italia de cuantos podáis visitar.