Perigord Negro: ruta en 5+1 imágenes

Recorrer el Perigord Negro es encontrar una sucesión infinita de pueblos preciosos, catalogados entre los más bellos de Francia, y rincones sorprendentes que te enamorarán. Desde su capital, Sarlat, es posible visitar, sin recorrer demasiados kilómetros, algunos de ellos. Es por eso un buen punto de partida y un lugar ideal para alojarte y desde el que iniciar tu ruta. Echa un vistazo a estas imágenes de postal en el Perigord Negro.

#1 Sarlat

perigord negro sarlat

Maison la Boétie

La capital del Perigord Negro posee un encanto ineludible y un buen número de edificios catalogados como monumentos históricos, no en vano ha sido escenario de muchos rodajes cinematográficos. Entre algunos de sus edificios más representativos está la Maison Boétie, construida entre 1520-1525 por Antonione de la Boétie. Su hijo, Etienne, humanista y escritor pasó a la posteridad por su «discurso sobre la servidumbre voluntaria»

El edificio, construido inicialmente en estilo renacentista italiano, fue declarado monumento histórico en 1889. Pudimos verlo, además, con la decoración navideña. Precioso ¿Verdad?

#2 La Roque Gageac

perigord negro la Roque Gageac

 

A poco más de 10 km de Sarlat en dirección sur, en la lista de pueblos más bonitos de Francia, La Roque Gageac es tan bello como misterioso. Si a ello le sumamos la niebla persistente, y las calles vacías en invierno, la imagen resulta hipnótica y hasta un poco inquietante ¿No creéis? Si bien las vistas desde alguno de sus miradores sobre el Dordoña son increíbles, no es menos subyugante la hilera de casas frente al río.

#3 Beynac et Cazenac

perigord negro beynac et cazenac

 

Siguiendo el curso del Dordoña, a tan solo 5 kilómetros del anterior, sumamos a la ruta por el Perigord Negro otro de los pueblos más bellos. Como una imagen vale más que mil palabras ¿No pensáis que esta foto es digna de la portada de un cuento? Entre las casas con tejados de pizarra es fácil imaginar historias de caballeros y princesas, recorriendo sus calles empedradas o visitando su castillo, uno de los mejor conservados, que te transportarán a la Edad Media.

#4 Saint Amand de Coly

perigord negro saint amand de coly

 

Aunque la imagen más recurrente de este pequeñísimo pueblo, poco más de 20 kilómetros al norte de Sarlat, es la de su majestuosa Abadía fortificada, una de las más hermosas del Perigord Negro, nosotros quedamos prendados de esta casa a la entrada del pueblo (por cierto cerrado al tráfico) Sus palomares o su antiguo hospital, cuya construcción se inició en 1381, para atender a los peregrinos, bien merecen una visita (puedes seguir el itinerario que encontrarás en un panel informativo)

Sin duda ¡Saint Amand tiene bien ganado su título de pueblo más bonito!

#5 Saint Léon sur Vézère

perigord negro saint leon sur vezere

 

Siguiendo el curso del Vézère, esta pequeña población, con un hermoso paseo junto al río, posee un rico patrimonio. La imagen más conocida es probablemente su iglesia románica, del S.XII, de arquitectura muy simple, con su campanario con tejado de pizarra. Su interior, desnudo, conserva algunos restos de frescos en el ábside. A la entrada del pueblo, el cementerio y la capilla expiatoria, del S. XVI, que contiene inscripciones de la leyenda de su construcción.

#+1 Carlux, un descubrimiento en el Perigord Negro

perigord negro carlux

 

Sin tener ni idea de su existencia, la población de Carlux, fue un descubrimiento en ruta del que no habíamos oido hablar. Su castillo del S.X,  en ruinas, o la Iglesia de Santa Catalina son parte de su patrimonio.

Pero nuestro mayor descubrimiento fue, por una parte, la Gare de Robert Doisneau  en lo que fue la antigua estación de ferrocarril de Carlux. El espacio expositivo dedicado a este gran fotógrafo francés bien vale una parada en el camino. Además en la planta baja se encuentra la oficina de turismo de » Pays de Fénelon», una comarca que agrupa 19 poblaciones, que se considera una de las puertas de entrada al Perigord Negro,  limítrofe con el Departamento de Lot.

Al aparcar el coche, frente a la Gare, nos tropezamos con esta otra imagen, que parecía sacada de otro tiempo o formar parte de un atrezzo dispuesto a propósito. Si sois aficionados a las antigüedades no podréis resistiros a visitar este anticuario, en la carretera D703, o al menos a fotografiarlo.

Y ahora decidme ¿no os han entrado unas ganas enormes de coger vuestra cámara y poneros en ruta?

 

Futuroscope: el futuro ya está aquí

De mi primera vez en Futuroscope hace ya veinticinco años. Ha transcurrido tiempo, si, tanto que ahora, desde el próximo 28 de marzo, podremos viajar a Marte. En Futuroscope, por supuesto.

Objetivo Marte es la nueva atracción del parque, una montaña rusa que, en algo menos de 3 minutos, y a una velocidad de 55Km/hr, no defraudará a los amigos de las emociones fuertes y cuyos efectos especiales os transportarán al futuro de los viajes intergalácticos.

Traspasar la entrada, y recibir el aroma fresco del césped, impoluto, perfecto; de las flores, de cuyo interior manaba la música, es una experiencia inolvidable. Divisar en este paraje idílico los edificios de arquitectura futurista, imposible, suspendidos sobre suaves laderas, en un aparente precario equilibrio, es lo primero que recuerdo de mi primera vez en Futuroscope. Eso permanece, en 60 hectáreas de parque que ofrece 25 atracciones y desde 2019 un espacio para los más pequeños, Futurópolis.

Futuroscope

Imagen de Franck Barske en Pixabay

Fue una auténtica «odisea» encontrar la forma de viajar hasta allí. Eran otros tiempos, no existía internet, y la única forma de viajar era acudir a una agencia, salvo que uno fuese un aventurero, y dispusiera de tiempo,  para echarse la mochila al hombro y «buscarse la vida». Tras una incesante búsqueda, en una pequeña oficina de la ya desaparecida Wagon lits encontramos un paquete de tren más hotel,  de la compañía francesa de ferrocarril. Hoy es sencillo hacer una reserva desde casa o en cualquier agencia: entradas, hoteles e incluso comidas en cualquiera de los 7 restaurantes del parque.

Aquella ocasión también fue nuestro primer viaje en el TGV, el tren de alta velocidad, desde Hendaya a Poitiers, un viaje casi de ciencia ficción, acostumbrados como estábamos a los trenes españoles de la época. Parece que hablamos de otro siglo, pero es que, literalmente, así es. Sigue siendo una buena forma de visitar Futuroscope, cómodamente y sin tener que conducir. Si por el contrario eres de los que viajan en su furgoneta o autocaravana, hay un parking en la entrada principal con servicios de agua y electricidad.

He regresado en dos ocasiones más, y en ambas he disfrutado como la primera.  Transcurridos los años quizá ya no nos sorprende tanto la proyección de películas en alta definición ni en pantallas gigantescas, o la diversión de los cines dinámicos. Sin embargo, en su empeño por seguir sorprendiéndonos, y clave de su éxito, el 50% de las atracciones se renuevan cada dos años.

Futuroscope, el primer parque europeo de la imagen, es mucho más que un espacio para el ocio o un parque temático. A su alrededor se ha creado una importante industria audiovisual, empeñada en la búsqueda de ir todavía más allá, de crear con el sonido y la imagen realidades virtuales que nos sorprendan, prestidigitadores del futuro.

En todos éstos años hay una atracción que no ha cambiado. Es la que se ofrece en el pabellón de la Vienne, el territorio, perteneciente a la región de Poitou-Charentes, en que se encuentra el parque. Parece increíble que tras visionar tantas veces la película que presenta, nos arranque siempre las mismas carcajadas, nos haga aferrarnos a nuestro asiento, mientras compartimos la aventura del chico que se duerme en el tren y llega tarde a su boda. Un extraño ser del bosque le llevará hasta su destino, de manera un tanto accidentada, y nos mostrará al mismo tiempo la belleza de paisajes y pueblos.

La visita a Futuroscope puede ser una buena ocasión para recorrer el Departamento de la Vienne, y disfrutar de algunos lugares, como Chauvigny, bellísimo pueblo fortificado, desde cuya parte más alta se divisa el vuelo majestuoso de las águilas, los halcones y otras aves que forman parte de la exhibición de cetrería que se ofrece en el Castillo Episcopal. Recorrer el antiguo trazado ferroviario sobre un vélo-rail, una plataforma sobre la que pedalear en familia o con amigos, permite conocer de cerca la belleza de los parajes de la zona.

 

Chauvigny

Photo by sybarite48 on Foter.com / CC BY

Montmorillon es otro de los lugares sorpendentes de esta región.  Conocida como la ciudad de la escritura y de las artes del libro, sus calles están repletas de librerías, artesanos del papel o calígrafos. En ellas podemos encontrar viejos volúmenes descatalogados, comprar papel fabricado de manera artesanal, material de escritorio, o hacer que escriban nuestro nombre en una postal o un cuadro, en bellos caracteres árabes o chinos. Conservo la tarjeta, caligrafiada por un artesano egipcio, con el nombre de Marina. Me dice que su nombre tiene origen árabe… poco más allá una tienda de artesanía ofrece té y pastas a sus clientes, haciendo gala de la amabilidad que siempre ha caracterizado a este pueblo. Nos sorprende la destreza en sus trazos, rápidos, exactos, con la pluma y la tinta, también de un calígrafo chino, cuyo trabajo enmarcado forma parte de nuestra casa y ha superado mudanzas.

En nuestro segundo viaje decidimos alojarnos en los hoteles que se encuentran junto al parque, pero en la primera ocasión pernoctamos en el centro de Poitiers. Esto nos permitió aprovechar las horas de nuestro último día de viaje, cortísimo viaje, para recorrer el centro histórico de esta bella ciudad. Deleitarnos con un agradable paseo entre los puestos de flores que cada día se encuentran alrededor de la Iglesia de Nuestra Señora, o admirar su Ayuntamiento.

Poitiers

Photo by ShortShot on Foter.com / CC BY-NC-SA

Posteriormente, en otras visitas, pues no hay dos sin tres, hemos seguido los itinerarios que, muy acertadamente, se habían trazado en el suelo de toda la ciudad, y que podían seguirse con un plano que proporcionaba la oficina de turismo. Pero esta forma de conocer la ciudad tiene los días contados. Visit Poitiers es la nueva aplicación gratuita, y en español,  para smartphones que te guiará de forma sencilla según el tiempo disponible y tus intereses personales…Inmejorable ¿No?

Recorrer el pasado y viajar al futuro, curiosa combinación con la que disfrutar si se viaja a Futuroscope y Poitiers. Muy cerca, también, existe un mundo de cuentos y princesas, del que no querrás regresar: los Castillos del Loira. Pero esa… es otra historia.

PD: este post fue publicado, en abril de 2010, en mi antiguo blog «De viajes y libros» (blogger) Ha sido imposible recuperar las fotos originales del post y es por ello que he utilizado imágenes libres de bancos. Sin embargo, y aunque con escasa calidad, os dejo un vídeo de nuestra experiencia en el año 2006 (Contiene imágenes inéditas de las autoras de este blog)

Una perriescapada al Perigord

¿Una escapada al Perigord? Reguauuuu.

Ya era hora. Desde hace un año, con la excepción de una visita a Madrid, mi familia humana no me había llevado de viaje. Y tratándose de Francia ya tengo claro que la diversión está asegurada. Recorrer pueblitos, caminar junto a un río enoooorme (el Dordoña, o Dordogne como dicen por allí) y comer todos juntos en algún restaurante es un auténtico perriplanazo.

El Departamento del Perigord es parte de la región de Nueva Aquitania y, como seguro que habréis leído en un montón de blogs, se divide en 4: Perigord blanco, Perigord verde, Perigord púrpura y Perigord negro. Este último es el más visitado y es precisamente donde hemos estado nosotros. Así que no voy a contaros mucho más sobre este asunto y si sobre los sitios que hemos podido conocer (y sobre los que no, pero que tenemos anotados para otra ocasión)

Al ser temporada baja algunos lugares de interés están cerrados al público y hay actividades que no se pueden hacer (como los famosos paseos en gabarra por el río) pero la ventaja es que se puede aparcar sin problemas en todos los pueblos y dar grandes paseos sin apenas gente. Aún así, decidimos alojarnos en Sarlat, capital del Perigord negro, y disfrutar del ambiente navideño y su mercadillo que, al contrario de lo que sucede en el norte de Francia, permanece abierto hasta el 31 de diciembre.

De cualquier forma, aunque puedes entrar en un montón de castillos, museos y hasta cuevas con tus humanos, lo que más me ha gustado de este viaje ha sido visitar pueblos y dar grandes paseos. Ayyy ese río… ¡Si me llegan a soltar!

Sarlat: el corazón del Perigord negro

Aquí es donde nos hemos alojado en nuestra escapada de 4 días, en un pequeño apartamento en el que he estado como un rey (por algo soy el rey de la casa). Es uno de los lugares más turísticos de la zona, lleno de restaurantes y tiendas de souvenirs, pero aun así hay que reconocer que es una maravilla. De hecho tiene la mayor densidad de monumentos y edificios protegidos (65 en total) Así que sus calles, restauradas gracias a la llamada ley de Malraux de 1964, son un auténtico museo al aire libre y han sido escenario de rodajes cinematográficos como «Juana de Arco» de Luc Besson. Todo esto me lo han contado mis humanos, que además se han puesto morados a sacar fotos ¡ Yo creo que hasta he salido favorecido en Instagram!

 

Esa foto está hecha en el famoso monumento a las ocas. Si no lo sabéis, el foie es uno de los productos más famosos de la zona, donde hay muchísimas granjas de ocas. Que queréis que os diga… me parece un poco cruel matar a los animalitos y luego hacerles un monumento. Mis humanos dicen  que tengo razón, pero que es una exquisitez.

Esta ciudad es muy instagrameable, para que os voy a decir otra cosa. Y más en Navidad. Algunas de las «maisons» más bonitas de la ciudad, como La Boétie, que perteneció a una de las familias nobles de Sarlat y donde nació el poeta y escritor humanista Etienne de La Boétie, amigo y discípulo de Mointagne, tienen una decoración impresionante ¡Hasta osos de peluche en su fachada!

Perigord Sarlat

¿Os gusta la decoración navideña? Es reguau

Otra Maison, la de Gisson, es posible visitarla ¡también con perro! y en el antiguo obispado (Ancien évêché) o antiguo teatro, pues parece que entre los habitantes de Sarlat hubo cierta división para escoger el nombre del que es actualmente un centro cultural en la rue Tourny,  pudimos ver una original exposición de esculturas, fotografías y montajes audiovisuales ¡la verdad que yo no quería entrar, pues me asusté un poco! Hasta había un piano de cola en el escenario, y lo podía tocar cualquiera (que supiera, claro, jeje)

Perigord Sarlat

Exposición en Ancien Evêché

Si os interesa saber mucho más sobre Sarlat, sus monumentos, mercadillos y acontecimientos culturales,  lo mejor es que visitéis la web de turismo, seguro que encontráis grandes planes.

El valle del Dordoña

Bañados por este enorme río, el Dordoña, encontraréis no solo son los pueblos más bonitos del Perigord sino de los más bonitos de Francia, que se incluyen en la famosa denominación «les plus beaux villages de France». Algunos son tan pequeños que no superan los 400 habitantes, pero han sabido conservar su patrimonio y su esencia. En verano, muchos de ellos bullen de actividad, festivales y visitantes pero en invierno es posible que no os cruzéis con absolutamente nadie por sus calles. Por mi no hay problema, ¡eh!, así puedo olisquear a mis anchas.

Nos hubiese gustado visitar muchos más, pero al menos todos estos vamos a recomendaros.

La Roque Gageac

Este pueblo encaramado en una acantilado sobre el río es tan bonito como misterioso. Dicen que tan solo lo superan Le Mont saint Michel y Rocamadour ¡Y yo he estado también en esos dos sitios!

Había una niebla tan espesa que no se veía nada de nada. Los restaurantes frente al río cerrados y las calles desiertas, apenas un par de coches que llegaron al mismo tiempo que nosotros ¿Y este es uno de los lugares más visitados de Francia?  Aun así  dimos un paseo junto al río, el Dordoña como ya os había dicho,  subimos por las callejuelas empinadas y seguimos las indicaciones de la ruta panorámica. En días claros las vistas deben ser reguau.

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Hoy ha salido el sol pero este es el panorama que nos encontramos ayer visitando La Roque Gageac, uno de los pueblos más bonitos de Francia, y no sin motivo. Es el tercer lugar más visitado de Francia tras Mont Saint Michel y Rocamadour. De gran importancia durante la Edad Media, era una villa libre y próspera de 1500 habitantes con una gran actividad portuaria que propició el comercio del vino o la sal, entre otros. Impresiona la orografía y las casas literalmente incrustadas en la roca, y en días claros sus numerosos miradores sobre el Dordoña ofrecen unas vistas increíbles. En 1957 un desprendimiento arrasó parte del pueblo. Sin duda es uno de esos lugares que no debes perderte si viajas al Perigord. #laroquegageac #perigordnoir #perigordturisme #leplusbeauxvillagesdefrance #euskotb

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Por el camino nos encontramos un castillo maravilloso ¡Y se alquila! Ya me gustaría a mi, ya…

Aunque os parezca increíble, en la Edad Media esta localidad tenía muchísimos más habitantes que hoy en día, hasta 1500, que vivían de la actividad portuaria. Impresiona mirar hacia arriba desde la orilla del Dordoña y descubrir las antiguas fortificaciones pero es que, desde tiempos muuy antiguos, las invasiones y guerras (me dicen que una  duró más de 100 años) eran un «no parar». Ya imagino las embarcaciones vikingas navegando por el río… y si alguna vez vuelvo en verano (dice mi dueña que si) un paseo en gabarra no me lo quita nadie.

Castelnaud la Chapelle

Como os imaginaréis, otro castillo más. Aparcamos en la parte baja del pueblo (gratis), junto a una «boulangerie» que olía de maravilla. Antes de subir (mira que hemos subido cuestas en este viaje, eh) fuimos a tomar un café a un restaurante vasco, la Tournepique ¡Ay que calentito se estaba! con el frío y la niebla que no nos dejó ni un momento en todo el día. Los dueños eran de Ainhoa, un precioso pueblo del País Vasco francés ¡Que también conozco!

Para variar, casi todo estaba cerrado, excepto la tienda de souvenirs del castillo. Precisamente el Castillo de Castelnaud abre 365 días al año, es dogfriendly y ofrece muchas actividades, especialmente para los niños. Construido en el S.XII, contiene una importante colección de armaduras y armas. Fue escenario de batallas y asedios, primero en la Guerra de los Cien Años, que enfrentó a ingleses y franceses, y después en las Guerras de Religión. Permaneció abandonado durante mucho tiempo y en 1966 fue declarado Monumento Histórico. Las vistas desde allí deben ser de lo mejorcito pero, con la niebla espesísima que había, mejor lo dejamos para otra ocasión.

Perigord castelnaud la capelle

Se puede comprar una entrada conjunta para visitar los Jardines de Marqueyssac, que están en Vezac, muy cerquita de allí, pero imposible visitarlos con la niebla ¡Que mala suerte! ya que también somos bien recibidos (con correa, claro está) Dice mi dueña que no me preocupe, que ya volveremos.

Beynac et Cazenac

Este es, al igual que los anteriores, uno de los pueblos más bonitos del Perigord. Bueno, en realidad son 2, Beynac y Cazenac, unidos desde el año 1827. De verdad que este pueblo es precioso.

Perigord Beynac et Cazenac

Castillo de Beynac

Nos dimos un buen paseo hasta el castillo y la Iglesia. Tan emocionados estábamos que subimos por la Rue de la Balme, donde por cierto está la oficina de turismo, y al bajar cambiamos el recorrido y nos encontramos en la orilla del río totalmente desubicados ¡Vaya cabeza la nuestra! Lo que íbamos buscando era un restaurante por el que habíamos pasado, y que estaba entre las recomendaciones de nuestros caseros en Sarlat, «La Petit Tonelle».

Tenéis que llevar a vuestros humanos a comer a este restaurante, seguro que  también son bien recibidos, porque los peludos somos clientes VIP. En la mesa de al lado había una preciosa dálmata y el dueño del local me hizo mil carantoñas.

Perigord

La Petit Tonelle, un restaurante guau

 

Muy cerca de aquí hay infinidad de pueblos preciosos pero el invierno es lo que tiene, pocas horas de luz, aunque lo que más nos fastidió fue la niebla… grrrrrrr. Nos hubiese gustado visitar Saint Cyprien o Domme (con sus famosas grutas, en las que puedes acompañar a tus humanos) que quedaban muy cerca también. Y ¿sabéis lo peor? cuando regresamos a Sarlat a media tarde ¡lucía el sol!

El valle del Vézère

Al norte de Sarlat se encuentra este valle, famoso por sus yacimientos y cuevas, con un buen número de pueblos clasificados como los más bonitos de Francia. Muy diferentes a los del valle del Dordoña (aquí subimos menos cuestas jeje) ¡No os los perdáis!

Saint Amand de Coly

Wow- decían mis humanos- Reguau- pensé yo- nada más aparcar en el espacio habilitado junto a la carretera, ya que el acceso al pueblo está restringido a los coches. Desde allí el pueblo parece una auténtica postal.

La Abadía fortificada- dicen que la más importante del Perigord- es sencillamente impresionante. Pero, si queréis que os diga la verdad, lo que me gustó fueron las casitas preciosas, con enormes patios en los que correr y jugar, no me importaría nada vivir en una de ellas.

Perigord

La Abadía, por cierto, está en rehabilitación y no pudimos visitarla. Además, como nos ha ocurrido un sinfín de veces en este viaje, la oficina de turismo estaba cerrada y no había un alma en las calles. Aun así mereció la pena recorrer el pueblo, acercarse hasta el antiguo hospital, construido a partir de 1381 para atender a los peregrinos, o ver los palomares ¿Sabíais que los huevos de paloma eran muy apreciados y que la carne de estos animales era una de las pocas fuentes de proteínas para la población durante la Edad Media? Aunque estos edificios, construidos ex profeso, pertenecían a las clases altas. Dice mi dueña que la primera vez que vio estas construcciones fue en la isla griega de Tinos, y que sobre ello ya os hablará en otra ocasión.

Con todo cerrado, vuelta al coche y a seguir ruta.

Montignac

Todo el mundo visita Montignac para conocer las famosas cuevas de Lascaux (aunque en realidad se visita una réplica) En estas yo no puedo entrar, pero si sois peques y os pueden llevar en una mochilita no tendréis problema.

Tuvimos suerte al aparcar cerca de la Plaza de la Iglesia porque era gratis durante unas horas. En verano, con tantos turistas, es mejor dejarlo en alguno de los parkings gratuitos aunque estén un poco más alejados del centro. Desde esa plaza podréis recorrer el casco antiguo, con calles muuuy estrechas dedicadas a los antiguos gremios.

Perigord

Al otro lado del río está la oficina de turismo y una iglesia que pueden visitar vuestros humanos, la de St George de Prieuré. A mi lo que me gusta es el río, ya lo sabéis.

Saint Léon Sur Vézerè

Este pueblo es pequeñísimo y una iglesia románica que aparece en todas las fotos pero además tiene un enorme parque junto al río, así que me dan mucha envidia los peludos de este pueblo porque ya quisiera yo tener uno así cerca de mi casa.

Por lo demás, en temporada baja, solo había un restaurante abierto ¡con el cartel de completo! Hora de comer y ni un triste bocado… San Google nos daba información cada vez más desalentadora sobre los pueblos de alrededor…300 habitantes, 400 habitantes y cero lugares para comer.

Opción B: dirigirnos a Les Ezyes, que era un lugar muy chulo por el que pasamos en nuestro viaje de casa a Sarlat. Si queréis saber mucho sobre la prehistoria tenéis que venir aquí. Las edificaciones trogloditas son una pasada, medio casas, medio cuevas. Y si de cuevas se trata, en la Grotte du Grand Roc podéis realizar la visita con toda la familia, humana y perruna.

En Saint Léon también se encuentra el pueblo troglodita de Le Conquil y muy cerca, en Peyzac Le Moustier, la fortaleza de La Roque Saint Cristophe donde también somos bien recibidos.

Por el camino descubrimos la Casa Fuerte de Reignac (La Maison Forte de Reignac) pero lo primero era llenar el estómago, y tampoco nos queda claro que la visita sea dogfriendly.

Por cierto, que sepáis que al llegar a Les Ezyes encontramos una cafetería abierta y llena de gente pero no nos quisieron dar de comer (cocina cerrada) ¿Ni un triste bocadillo? Grrrr. Nota de mi humana: acordarse de que en Francia se come pronto y que siempre hay que llevar la mochila de las provisiones en el coche ¡Que parecemos nuevos! Con hambre, ni fotos hicimos.

 

Photo by rowie k on Foter.com / CC BY-NC-SA

Iba a contaros lo que hicimos al día siguiente, en nuestro último día en el Perigord. Fue una excursión chulísima desde Sarlat, incluso con sorpresas por el camino, pero eso lo dejo para otro post. Ahora voy a echarme una siestecita ¡Lametones para todos!

 

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Puente Colgante Boutique Hotel

Ya lo dice una canción popular: «No hay en el mundo puente colgante más elegante que el de Bilbao». Y tener el privilegio de alojarte frente a una maravilla de la arquitectura y la ingeniería declarado patrimonio UNESCO en el 2006, como es el Puente de Vizcaya (más conocido como puente colgante de Portugalete) es solo uno de los motivos para escoger este recién renovado hotel boutique, en un edificio lleno de historia.

Si estás pensando en hacer una escapada a Bilbao, plantéate alargar tu estancia y no limitarte a conocer la capital vizcaína (vale, que está muy bien). Alojarte en una de las Nobles Villas, Portugalete, con excelentes comunicaciones  para llegar a Bilbao (metro, autobús, tren e incluso, en primavera y verano, en un barco turístico por la Ría del Nervión) te permitirá descubrir otras localidades cercanas y su historia, siempre ligada al mar y a un importantísimo desarrollo industrial de mediados del S.XX.

Puente Colgante Boutique Hotel: un poco de historia

 

El recién renovado hotel se ubica en la que que fue una impresionante  casa de indianos, construida por Manuel Calvo y Aguirre en 1871 como su residencia de verano. Este portugalujo emigró a Cuba con su familia cuando apenas contaba 14 años, y comenzó trabajando en una ferretería para acabar convirtiéndose no solo en dueño de esta sino también en  propietario de enormes extensiones dedicadas primero al cultivo del café y más tarde de la caña de azúcar. Tal era su amor por su villa natal que llamó a su plantación azucarera » El Portugalete».

A su regreso, en el ocaso del siglo XIX, viudo y sin descendencia, se trasladó a Cádiz por motivos de salud, donde falleció en 1904. En su legado, dejó escrito que su casa se convirtiese en café- hotel y que parte de los beneficios se dedicasen a la «olla de los pobres» que cada día daba de comer a los más desfavorecidos de la villa.

El Gran Hotel Puente Colgante acogió fiestas y actos culturales y entre sus huéspedes se contaba el mismísimo Alfonso XIII. Es fácil retrotraerse a un tiempo en que la música acompañaba en los salones, con influencias del swing o el jazz, incluso, si uno pone atención, quizá le llegue el eco de una habanera.

Bombardeado durante la Guerra Civil, reconstruido posteriormente, y pasto de las llamas en un incendio el año 1993 (dicen las malas lenguas que intencionado) tengo el recuerdo de su fachada ennegrecida por la humedad y la actividad industrial en la margen izquierda , con los Altos Hornos de Vizcaya muy cerca, que le confería un cierto aire vetusto y quizá un poco tenebroso.

En 2002 reabre sus puertas como Gran Hotel Puente Colgante, y es ahora, en 2019, cuando se redefine como Hotel Boutique, reivindicando su carácter y una historia que, bien pensado, podría ser el argumento de una buena novela.

 

puente colgante boutique hotel

Los renovados salones

Alojarse en el Puente Colgante Boutique Hotel

 

Sus habitaciones, todas exteriores, se han redecorado con mimo y atención a los detalles, en una mezcla de estilo contemporáneo y elementos tropicales que nos transportan a la isla caribeña.

Muchas de ellas tienen vistas al Puente Colgante (si quieres disfrutar de estas maravillosas vistas sobre el monumento y la Ría del Nervión puedes solicitarlo en tu reserva) y el resto al Casco histórico de Portugalete, declarado conjunto monumental, que ofrece una arquitectura de las más bonitas de la zona, como el bello quiosco de música de 1912, uno de los más antiguos que se conservan en la provincia de Vizcaya.

Y si estás pensando que disfrutar de esta maravilla de hotel es un lujo inalcanzable, nada más lejos de la realidad, ya que encontrarás habitaciones por menos de 80€ (lógicamente dependerá del tipo de habitación y sobre todo de las fechas elegidas).

 

puente colgante boutique hotel

Habitación estándar con vistas

Puente Colgante Boutique Hotel: su gastronomía

El desayuno

No se vosotros pero yo, cuando viajo, libre de obligaciones y horarios, una de las cosas que más disfruto es el desayuno del hotel. Y puedo aseguraros que en este hotel boutique el desayuno es «lo más». Bautizado como desayuno «healthy» (conste que lo de la terminología foodie no me va) yo prefiero destacar la enorme variedad de productos frescos, como frutas y vegetales. ¿Habéis probado el tamarillo o tomate de árbol? pues aquí lo encontraréis, junto a aguacates y frutas mas tradicionales. Yogures caseros, smoothies que os podéis preparar al momento, zumos, bebidas vegetales… hay variedad para todos los gustos y necesidades: veganos, o personas con intolerancias alimenticias (al gluten o la lactosa) cada vez más frecuentes.

 

puente colgante boutique hotel

Desayuno healthy

Pero si preferís un desayuno más goloso, no hay problema. Su repostería recién horneada hará las delicias de los más exigentes y el café es realmente bueno (ojo, que lo dice alguien muy exigente con el café, una auténtica «cofeelover»).

 

Desayuno goloso

El bar

Incluso si no te alojas en el hotel, pero has decidido acercarte hasta el Puente Colgante (una visita obligatoria en tu viaje a Bilbao) no pierdas la oportunidad de hacer una parada a la hora del aperitivo. Te recibirá una barra llena de exquisitos «pintxos» que puedes acompañar de una cerveza de su «Tap Station» (yo te aconsejo una Dorchester, pero cuidadín que tiene una alta graduación alcohólica).

 

Restaurante El Paladar de la Habana

¿Es la hora de comer? pues genial. Disfruta de una carta en la que el carácter vasco y los productos autóctonos se combinan con los foráneos en recetas más arriesgadas. Una carta vasco-cubana llena de buen humor.

 

Una carta con mucho humor

 

¿Un bacalao? ¿Prefieres la carne? Venga, lancémonos, vamos con un roastbeef de secreto ibérico. Pero antes un buen guacamole, una tempura de verduras y algas, un tartar de tomate… y si, para acabar, una «muerte por chocolate».

 

Roastbeef de secreto ibérico

 

Si aun tienes tiempo para una copa, o regresas al hotel después de un largo día de visitas o de trabajo, no pierdas la oportunidad de relajarte en el Cromwell Pub tomando un cócktel (el combinado de tequila y mango es espectacular).

Puente colgante: el patrimonio UNESCO

La historia del hotel ha estado unida inexorablemente a la del Puente de Vizcaya. Inaugurado en 1893, fue diseñado por Alberto de Palacio, quien participó también  en la construcción del Palacio de Cristal del Retiro en Madrid. El ingeniero francés Ferdinand Arnodin se hizo cargo de la obra. Es por ello que en muchas ocasiones se dice que el Puente Colgante fue obra de un discípulo de Gustave Eiffel.

Merece la pena tomar este transbordador, justo frente a la puerta del hotel, y cruzar al otro lado de la Ría para descubrir el busto de Alberto de Palacio.

puente colgante

 

El año 2006 la UNESCO incluyó esta gran obra de la arquitectura y la ingeniería en su listado de Patrimonio de la Humanidad, por su perfecta combinación de estética y funcionalidad. Mucho antes de este nombramiento, de la expansión turística de Bilbao, y de que se instalara el  ascensor panorámico para subir a la pasarela peatonal (a 50 metros de altura)  el Puente Colgante era utilizado por una gran cantidad de ciudadanos para acudir a su lugar de trabajo o estudio de una margen a otra.

Aprovecha tu estancia en el Hotel para disfutar de la Noble Villa de Portugalete, de su casco histórico, la Basílica de Santa María o la Torre Salazar. No pierdas la oportunidad de hacer una visita guiada a cualquiera de estos lugares. Tuvimos la suerte de hacerla con Patricia, de Amabidea. 

Descubre también la población más marinera,  Santurce (o Santurtzi)… si, esa misma, la de la canción. Y súbete a la barquilla del Puente Colgante para llegar hasta el Paseo de las Grandes Villas de Getxo.

¿Qué os decía? ¿Es, o no, una buena idea escoger el Puente Colgante Boutique Hotel en vuestro próximo viaje a Bilbao?

 

Consejos, información práctica y presupuesto para viajar a Turquía

Como ya es costumbre cada vez que volvemos de nuestro viaje de verano, venimos cargados de información fresca y consejos sobre Turquía, destino que elegimos para nuestras vacaciones este año. Anteriormente, en 2016, tuvimos la oportunidad de visitar Estambul, ciudad que hasta ahora encabeza la lista de nuestros lugares favoritos del mundo. En general nos ha parecido un país fácil de recorrer, incluso para viajeros no demasiado trotados. Si estás pensando en Viajar a Turquía, estás en el post correcto: ¡Vamos allá con nuestros consejos viajeros! Al final haremos un desglose de nuestro presupuesto para daros datos reales de lo que os puede costar un viaje así.

 

LLEGAR A TURQUÍA

La forma más lógica de llegar a Turquía es por vía aérea a los aeropuertos de ISL o Sabiha Gökçen. Desde España podéis encontrar vuelos directos regulares con las compañías Turkish Airlines y Pegasus, o vuelos con escala con varias compañías. Nosotros volamos con Ukraine International haciendo escala en Kiev.

Sin embargo hay otra forma de llegar a Estambul que además os permitirá conocer otra ciudad más: Se trata de los trenes nocturnos que parten de Sofía y Bucharest (Bosphorus Express) y llegan a la estación de Halkali (Anteriormente llegaban a Sirkeçi, pero actualmente la estación está en reformas y por ello al llegar a Halkali un autobús os estará esperando para llevaros al centro). Esta puede ser una buena opción si encontráis un chollo con alguna compañía lowcost. Los billetes cuestan sobre los 15€ por persona en cabina doble (También hay opciones en cabina individual o compartida de 4 o 6 camas) y el viaje dura unas 11 horas aproximadamente. Merece la pena añadir un día extra a vuestro viaje si la suma de ambos trayectos es inferior a la de un vuelo directo. Los billetes no se pueden reservar por internet y hay que adquirirlos directamente en las estaciones (Es raro que el tren se llene).

Si tenéis intención de empezar vuestro viaje en otro lugar de Turquía, también hay vuelos con escala a Antalya (Sur), Kayseri/Nevsehir (Capadoccia) o Ankara.

 

MEJOR ÉPOCA PARA VIAJAR A TURQUÍA

Turquía es un país muy extenso y con climas muy distintos según la zona. Aún así, y como en la mayoría de países, lo mejor es evitar el invierno (días muy fríos con mucha probabilidad de lluvia) y el verano (días bastante calurosos y con mucha más humedad), siendo primavera y otoño las épocas más agradables. Sin embargo, nosotros hemos viajado en Diciembre y Agosto, y hemos sido capaces de sobrellevarlo sin problema. En diciembre hacía mucho frío e incluso uno de los días nevó.

Como el año pasado, cuando nos tildaron de locos por ir a Jordania en pleno agosto, esta vez no iba a ser menos y nos advirtieron que podíamos encontrarnos con temperaturas de hasta ¡50 grados! Pero nada más lejos de la realidad.

En agosto las temperaturas han sido agradables, más bajas que en Madrid, y con brisa fresca. Incluso en Estambul por la noche es recomendable llevar algo de manga larga ya que suele haber bastante aire, y en Capadoccia nos tuvimos que tapar con mantas. El clima de Capadoccia nos recordó al clima desértico, así que id preparados… el último día estuvo nublado por la mañana y casi nos helamos.

Tened en cuenta que Agosto se considera temporada alta en Turquía, el mismo hotel en el que me alojé en 2016 costaba el doble en esta ocasión.

 

VESTIMENTA PARA VIAJAR A TURQUÍA

A pesar de ser un país mayoritariamente musulmán, en Turquía son más laxos respecto a las normas de vestimenta que en otros países vecinos. No obstante, no está de más recordar que para visitar las mezquitas es imprescindible tener los hombros tapados (Y si es manga francesa, mejor) y que no se puede acceder con falda o pantalones cortos. No obstante, están preparados y en la entrada os darán telas para taparos si no vais ataviados (Yo, para ahorrar tiempo el día que visitamos Sultanahmet, guardé en la mochila una camisa fina de manga larga y un foulard).  Si visitáis alguna zona más conservadora, también es conveniente ir algo más tapados, pero fuera de esas áreas y sobre todo en las poblaciones costeras, no es raro ver a las chicas en pantalón corto y tops. Incluso en la zona asiática de Estambul la tónica general era de ropa fresca, vestidos…

Os cuento lo que yo llevé en la mochila:

  • 1 pantalon largo fino y flojo
  • 1 par de bermudas cortas
  • 1  par de leggins para ponerme con la camisa floja, únicamente lo usé el día del viaje (Porque las prendas largas abultan más en mochila) y cuando fuimos a visitar las mezquitas.
  • 1 camisa de manga larga floja
  • 3 camisetas básicas de tirantes
  • Pantalones cortos deportivos: Para llevar a la playa junto al bañador
  • Deportivas para trekking
  • Sandalias para ponerme por la noche y refrescar los pies

 

MOVERSE POR TURQUÍA

Turquía es un país que cuenta con un sistema de transporte público envidiable compuesto por trenes, autobuses, ferrys y dolmus. No obstante, nosotros optamos por alquilar un coche para aprovechar al máximo el tiempo e incluir paradas en los desplazamientos. A continuación os explicaré los pros y contras de cada medio de transporte:

Coche de alquiler

El coche es sin duda alguna el aliado número 1 para recorrer el país a tu aire y a tu ritmo. Nosotros alquilamos un coche durante 6 días para recorrer parte del interior y la costa, lo recogimos en Esmirna y lo dejamos en el aeropuerto de Antalya. El precio fue de 360€ con seguro a todo riesgo, lo cual es un precio algo elevado, sobre todo si lo comparamos con el año pasado en Jordania, donde tuvimos un coche durante 9 días por 300€. Si viajáis solos, probablemente os salga más rentable moveros en trasporte público.

Las carreteras están en un estado bastante bueno, en las autopistas el precio de los peajes es irrisoria y merece la pena cogerlas para ahorrar tiempo. Nuestro coche tenía un sistema automático de peajes (HGS) en el que no tuvimos que pagar nada ya que nos lo cargaron automáticamente en la cuenta.

El único problema es que de unos sitios a otros, aunque no haya muchos kilómetros, hay que ir por carreteras secundarias o carreteras de montaña, lo que alarga bastante el tiempo de desplazamiento.

El precio de la gasolina (Diesel) en Agosto de 2019 era de entre 5,40TL y 6,20TL por litro. Solo tuvimos que repostar una vez.

Conducir por Turquía puede ser toda una aventura, donde tú ves dos carriles los turcos ven 4, los adelantamientos simultáneos por ambos lados son bastante frecuentes, tampoco se respetan los límites de velocidad y el claxon es una forma de comunicación totalmente normalizada. Os recomendamos que conduzcáis con cautela y siempre atentos.

 

Trenes: Alta velocidad y nocturnos

Los trenes en Turquía son una excelente manera de recorrer el país. Son rápidos y muy baratos. Además, tienen descuentos y tarifas especiales si sois jóvenes (Hasta 26 años). El único inconveniente es que no cubren todo el territorio. Nosotros tomamos dos trenes durante nuestra estancia en Turquía:

  • Tren de alta velocidad Estambul (Söğütlüçeşme, estación ubicada en Kadikoy) – Eskişehir: Los billetes se pueden adquirir online 15 días antes de la salida en esta página. Este trayecto lo hicimos para coger el tren cama que nos llevaría a Esmirna. El precio fue de 10€ por persona, y en nuestro billete estaba incluida la cena (Una sopa fría de yogurt, un plato de carne con arroz, pan, flan de chocolate y coco y bebida). Para tener la cena tenéis que reservar los billetes en el vagón Yemeklì, pero atentos que vuelan.
  • Tren cama Eskişehir – Esmirna: Los billetes se pueden adquirir 30 días antes de la fecha de salida. El precio fue algo menor de 15€ por persona en cabina doble. Incluye minibar con snacks y bebidas gratis.

Otras rutas de interés turístico:

  • Estambul – Eskişehir – Denizli (Pamukkale): Antiguamente, el Pamukkale express era un tren cama que circulaba de noche, sin embargo ahora es un tren de alta velocidad que sale a las 10:25 desde Eskişehir.
  • Izmir – Aydin – Bodrum/Marmaris: Para llegar a las localidades costeras de Bodrum o Marmaris hay que coger un tren desde Izmir hasta Aydin y una vez allí, coger un autobús.
  • Izmir – Selçuk (Éfeso): Hay trenes regionales que salen desde Izmir hasta Selçuk, no es necesario reservar los billetes con anticipación.
  • Ankara – Kayseri (Capadoccia): Hay varios trenes que salen De Ankara y que pasan por Kayseri, entre ellos: Dogu Ekspresi, Güney Express y Van Gölu Express. Desde Kayseri hasta Göreme hay que coger un shuttle compartido o un taxi (Podéis pedir a vuestro hotel de Göreme que os lo gestione).

Autobuses

Algunas de las compañías más famosas son: Metro, Pamukkale, Kamil koç… los autobuses suelen ser muy baratos, pero con el inconveniente de la falta de confort, a pesar de que los asientos suelen ser amplios y reclinables. Nosotros, personalmente, intentamos usar el autobús lo menos posible.

  • Pamukkale – Fethiye: Autobús de día que cuesta unas 25TL, tarda unas 3h 45m
  • Antalya – Göreme: Este autobús viaja de día, pero tarda 9 horas y os puede hacer perder mucho tiempo.
  • Estambul – Göreme: 12 horas de trayecto separan la capital de Capadoccia. Si queréis viajar barato y ahorraros una noche de hotel, este es vuestro autobús.
  • Pamukkale – Göreme: Otro autobús nocturno, tenéis que hacer escala en la estación de Nevşehir.
  • Ankara – Göreme: El trayecto es de unas 4h aproximadamente.
  • Estambul – Antalya: Un viaje de 11h que cuesta unas 100TL.

Estas son solo algunas de las rutas más populares, pero hay muchísimas más (Selçuk, Izmir, Alanya…)

 

Vuelos internos

Los vuelos regionales operados por Anadolu Jet (Turkish Airlines) y Pegasus, son para nosotros la mejor opción por la rapidez y sus precios económicos. Durante nuestra estancia cogimos dos vuelos:

  • Antalya – Kayseri (Vía Estambul): 35€
  • Kayseri – Estambul: 25€

Ambos trayectos duraron poco más de 1h. Nosotros volamos con Anadolu Jet y nos ofrecieron desayuno gratis en todos los trayectos. Los aeropuertos domésticos en Turquía son muy cómodos ya que son pequeños y no hay que pasar tediosos controles. Hay vuelos casi cada hora, así que podéis aprovechar muy bien el tiempo. Nosotros salimos de Antalya a las 6.00h y antes de las 10.00h estábamos en Kayseri. Para la vuelta, nuestro vuelo salió hacia Estambul a las 10.30h.

Compramos los vuelos internos con unos dos meses de anticipación.

 

Dolmus

Los dolmus son minibuses compartidos que suelen cubrir rutas locales de corta distancia. Los billetes suelen ser muy económicos, cuestan unas 3-5TL y se pagan directamente en efectivo al conductor. Algunos salen cuando se llenan. La zona entre Fethiye (Olüdeniz) y Faralya está conectada por dolmus. También los podéis encontrar en Estambul (Nosotros utilizamos uno para ir de Uskudar a Kadikoy).

 

MONEDA: CAMBIAR DINERO EN TURQUÍA

Viajar a Turquía: La lira turca

La moneda oficial de Turquía es la Lira Turca (TL). En nuestro último viaje (2019), el cambio estaba a 1€ = 6,20 TL. Esto pone a los europeos en una situación muy aventajada. El mejor cambio siempre lo encontraréis en el Gran Bazar.

Tienen billetes de 200, 100, 50, 20, 10 y 5 TL, y varias monedas. Os recomendamos que intentéis cambiar billete pequeño. En muchos hoteles aceptan euros, dólares y libras. Esto puede ser una ventaja puesto que os ahorráis comisiones. En algunos establecimientos no aceptan tarjetas de crédito.

 

SEGURIDAD EN TURQUÍA

A pesar de que hace algunos años se sucedieron una serie de atentados, actualmente Turquía es un país totalmente seguro. Hay bastantes controles de seguridad para acceder a centros comerciales, algunos hoteles… y patrullas por las calles. No tenemos constancia de que haya demasiados carteristas, basta con tomar las mismas precauciones que tomarías saliendo por tu ciudad.

Seguro de viaje

Es importantísimo viajar a Turquía con un buen seguro de viaje que os cubra en caso de cualquier inconveniente. Ya no solo por si os ponéis enfermos o tenéis cualquier accidente, sino porque el seguro de viaje también os cubre las espaldas ante imprevistos como robo o daños al equipaje (Y esto es importantísimo ya que los bloggers solemos viajar con bastante material de cámaras, ordenadores…), retrasos en los vuelos…

Una vez más hemos confiado en IATI Seguros, la aseguradora de bloggers y grandes viajeros. Y lo mejor de todo es que os traemos un descuentillo por ser lectores de Dreaming Holidays.

 

TABLA ORIENTATIVA DE PRECIOS

  • Botella de agua: 1,5 TL
  • Zumos naturales: Desde 3 TL
  • Comida para dos (Sandwich, Doner…) con agua: 20-30 TL
  • Comida para dos en restaurante (2 platos y bebida): 60 TL
  • Gasolina: 5,40 – 6,20 TL/L
  • Souvenirs y compras: Imanes por 3 TL, pañuelos por 10 – 20 TL, bolsos de imitación los podéis conseguir a partir de 60 TL dependiendo de como se os de regatear, zapatillas unas 100 TL…
  • Dulces típicos: 1kg por 70 TL
  • Cama en hostel: 10-12€
  • Habitación doble en hostel/pensión: 20/30€

 

PRESUPUESTO PARA VIAJAR A TURQUÍA

Por último os dejamos con el presupuesto de nuestro viaje (para dos personas):

Como veis, uno de los mayores gastos fue el coche de alquiler, que tuvimos durante solo 6 días. También pagamos bastantes entradas a museos y atracciones. Existe la posibilidad de adquirir una MuseumPass válida para toda Turquía excepto Capadoccia (Capadoccia tiene su propia tarjeta independiente) durante 15 días por un precio de 375 TL. Podéis encontrar más información aquí.

 

Esperamos haber dado información de utilidad para preparar vuestro viaje. Tened en cuenta que el turismo en Turquía está volviendo a crecer considerablemente y ello se ha visto reflejado en los precios. Recomendamos reservar los hoteles con mucha antelación e intentar viajar en temporada baja. Aún así creemos que sigue siendo un destino bastante económico, que tiene muchísimas cosas que ofrecer y accesible para todos, Turquía nos ha parecido un país fácil y amigable para recorrer por tu cuenta. Y si tenéis cualquier duda o pregunta, ¡Estaremos encantadas de ayudaros!

Cómo ir desde el aeropuerto de Estambul al centro [Actualizado 2019]

¡Hola a todos! Actualizamos este post con información nueva sobre como llegar al centro de Estambul desde sus dos aeropuertos: Istanbul Airport (Parte Europea) y Sabiha Gökçen (Parte asiática). Desde el 7 de Abril de 2019, el aeropuerto de Estambul Atatürk ya no opera vuelos turísticos, desviando todos los vuelos al Istanbul Airport (ISL).

 

VOLAR CON PEGASUS AIRLINES A SABIHA GÖKÇEN

Se podría decir que Pegasus es la RyanAir turca. En mi viaje en 2016 decidí volar con ellos porque encontré billetes de oferta a muy buen precio (30€ con equipaje facturado). Aunque antes era un inconveniente por la distancia, actualmente, volar a Sabiha Gökçen puede ser ventajoso: Las opciones de transporte hacia le centro son más económicas que desde el ISL. La tarifa que yo compré fue la «Essentials», que incluye el billete y una maleta facturada de 20 kilos. Hay otras tarifas más caras que además permiten la selección de asientos, la elección de la comida para el vuelo o la posibilidad de cambiar los billetes.

Si haces el check-in online encontrarás unos mostradores donde dejar tu equipaje para facturarlo, sin tener que esperar. Además de una maleta, Pegasus permite también llevar un bolso de mujer, una bolsa de cámara de fotos o una bolsa de ordenador portátil y una bolsa de compras del Duty Free.

 

VISADO Y CONTROL DE PASAPORTES

Tanto cuando llegas a ISL como a Sabiha Göçken hay que pasar un control de pasaportes en el que te pedirán el Visado (Que hay que sacar previamente por internet y cuesta 20$. También se puede hacer la Visa On Arrival, sin embargo es más caro y te llevará mucho más tiempo).

Hay unas colas para turistas y otras para ciudadanos turcos. En Sabiha Gökçen, hay unas cabinas solo para aquellos que tienen el E-Visa o Visado electrónico.

En ISL han empezado con los controles automatizados para pasaportes turcos. Hay muchísimas más cabinas de control que en Sabiha Gökçen y por ello el trámite es más ágil.

 

CAMBIO DE MONEDA

A pesar de que nunca es recomendable cambiar dinero en el aeropuerto, cuando yo fui el cambio era prácticamente igual que en el centro de la ciudad (En el año 2016 la lira estaba a 3.60, en 2019 a 6.20). Tanto en Sabiha Gökçen como en ISL, encontraréis casas de cambio y oficinas de bancos para retirar o cambiar dinero. Os recomiendo cambiar lo justo para recargar la Istanbulkart y el resto cambiarlo en el centro de la ciudad (El mejor cambio se encuentra dentro del Gran Bazar, superando incluso el cambio oficial).

 

COMO IR DESDE SABIHA GÖKÇEN AL CENTRO DE ESTAMBUL

Hay varias opciones para ir del aeropuerto de Sabiha Gökçen al centro de la ciudad, dependiendo de si os alojáis en la parte europea o asiática. Yo voy a enumerar las 3 que me parecen más interesantes y económicas:

Transfer privado: Son minibuses o furgonetas que recogen a un grupo de viajeros y te llevan hasta la puerta de tu hotel. Cuesta 15€ y es una buena opción si llegáis tarde. El único inconveniente es que depende de la hora podéis pillar bastante tráfico en la zona asiática para cruzar a la europea, por lo que el trayecto se puede alargar bastante.

Autobús regular de línea: Los números E-10 y E-11 os llevarán hasta la terminal de ferrys de Kadıköy. Con la Istanbulkart, que podéis sacar al salir del aeropuerto en unas máquinas, el viaje cuesta 5,60 TL.

Autobús Havataş: Salen cada media hora y el billete cuesta entre 10 y 15 TL. Os llevará hasta la terminal de ferrys de Kadıköy o hasta la plaza Taksim.

Si vuestro hotel está en la zona de Sultanahmet, la mejor opción para cruzar el bósforo una vez lleguéis a Kadıköy es coger un ferry hasta Eminönü (Puente de Galata). El trayecto dura 30 minutos. Después podéis caminar o coger el tranvía.

Si llegáis a Taksim con el autobús Havatas: La opción más rápida es coger el funicular para bajar a Kabatas y ahí coger el tranvía que os dejará en Sultanahmet (O en la parada que más cerca quede de vuestro hotel) Tened en cuenta que en algunos casos igual tenéis que hacer transbordo en Sirkeci o Topkapi (ojo que aunque el nombre sea ese no tiene nada que ver con el palacio, la parada del palacio de Topkapi se llama Gülhane).

 

COMO IR DESDE ISL AL CENTRO DE ESTAMBUL

El nuevo aeropuerto de Estambul, situado en la parte europea, cuenta con una mastodóntica terminal de autobuses en la planta subterránea que cuenta con decenas de rutas para llegar a prácticamente cualquier rincón de la provincia. Nosotros vamos a enumerar las rutas más utilizadas por los turistas:

IST-1 Yenikapi: Útil si os alojáis en la zona sur Sultanahmet. El billete cuesta 18TL.

IST-7 Kadiköy: Os lleva hasta la terminal de ferrys de Kadiköy. El billete cuesta 25 TL.

IST-19 Taksim: Ideal si vuestro hotel está cerca de la plaza de Taksim o en el distrito de Galata. El billete cuesta 18 TL.

IST-20 Sultanahmet: Os deja en el centro de Sultanahmet. El billete cuesta 18TL.

Todos estos autobuses se pueden pagar con la Istanbulkart, en la terminal hay máquinas para recargar o adquirir la tarjeta. Salen cada 30 minutos.

 

También tenéis la opción de contratar un transfer. En esta página hemos encontrado los más económicos por 15€.

 

Espero que os haya servido esta información, y si tenéis cualquier pregunta no dudéis en consultarnos en los comentarios.

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Il pirata delle Cinque Terre

Tal y como prometí en nuestro completísimo post con los mejores lugares para comer, sirva este breve relato para contar como conocí al «pirata delle Cinque Terre». Siento que no haya grandes dosis de aventura, peligros ni luchas cruentas al más puro estilo hollywoodiense, pero lo que si puedo asegurar es que al final hubo botín, suculento y dulce como pocos. Fue en mi primera visita a Vernazza…

Vernazza es uno de los pueblos de este bello paraje natural conocido como Cinque Terre. Es probablemente uno de los que mayor encanto posee y también uno de los que recibe mayor afluencia de visitantes. Como es tan frecuente en estas tierras, el Castillo Doria con su torre vigila desde hace siglos ante la amenaza y los ataques de piratas que surcaban el Mediterráneo. Ahora, los únicos barcos que se ven, acercándose desde el horizonte, son las lanchas privadas, los taxis acuáticos o el servicio regular del Consorzio Marittimo Turistico 5 Terre.

Acostumbrada al asedio de los visitantes, especialmente en la época veraniega, esta población encaramada a las rocas, con una larga calle que une la estación ferroviaria con el puerto y estrechísimos callejones de empinadas escaleras, recibe al visitante con sus fachadas de colores alegres, desconchados por el azote de los vientos, la humedad y el salitre que se saborea en al aire. Demorarse en esta plaza, de sencillos pero hermosos soportales, es un placer para los sentidos y a falta de largas playas de arena fina, sumergir los pies en el mar, sentados sobre una roca, proporciona instantes de felicidad absoluta, tanto que dan ganas de gritar o chapotear como haría un niño.

 

Il pirata delle Cinque terre Vernazza

 

Los toldos y sombrillas en la plaza, en las terrazas de los restaurantes, son un verdadero reclamo para el visitante. Cestillos con ajos y limones dispuestos a posar ante las cámaras o la paleta de un pintor, casi de atrezzo si no fuera porque despiden un auténtico y profundo perfume. Pero, fiel a mi idea de que es mejor huir de los lugares con «mejores vistas» o de las zonas más concurridas en cualquier destino, salvo que a uno no le importe que las vistas vayan incluidas en la factura y a riesgo de que las mismas nos distraigan sobre la calidad de la comida (hay excepciones, claro, pero uno debe poder o querer darse el capricho) he decidido buscar uno de esos lugares donde el buen comer sea el «primer mandamiento».

 

Comer en Il pirata delle Cinque Terre

Esta fue nuestra primera experiencia en Il Pirata delle Cinque Terre. La reseña se publicó en mi antiguo blog «De viajes y libros» el 29 de agosto de 2011. Si leéis este post hasta el final, además de agradeceros la paciencia, entenderéis la importancia de la fecha.

Días antes de mi viaje, decidí indagar por internet… videos, opiniones, guías. En algunos casos uno solo logra obtener mayor confusión pues al adjetivo ¡excelente!, por parte de unos, sigue el de ¡nefasto! por parte de otros. Pero, por una vez, me alegro de haber insistido en buscar Il Pirata delle Cinque Terre, situado en Via Gavino – por cierto, preguntamos en varias tiendas por la dirección y no supieron indicarnos dónde estaba- que finalmente encontramos gracias a la chica de la farmacia, a quien preguntamos directamente por el restaurante…»Ah, lo conosco». Y así dimos al fin con el pirata más famoso y alegre de Cinque Terre, que conquistó este lugar con las mejores armas: ¡simpatía, estupenda comida y pastelería siciliana!

 

il pirata delle Cinque Terre

Cannoli sicilianos

 

Siguiendo la calle de la izquierda, si miramos de frente a la estación de tren, llegaréis al parking (aparcar en Cinque Terre resulta bastante complicado). Justo allí veréis un bar, el típico bar que podemos encontrar en cualquier pueblo, con algunas mesitas en la calle en las que los lugareños toman un vino. La primera reacción puede ser la sorpresa, como confieso que nos ocurrió, pero no lo penséis más, ocupad una de las mesas y dejaos aconsejar, o elegid al azar cualquiera de los suculentos platos de pasta que ofrecen y alguna ensalada – si vais al mediodía es lo que hay, los antipasti sólo los sirven en la cena-. Mi único consejo es que dejéis un hueco en vuestro estómago para el postre.

Probablemente parezca un sinsentido comer en un restaurante siciliano en Liguria, aunque entre los platos de su carta hay espacio para la cocina ligur, como los ñoquis al pesto, o la ensalada con frutti di mare (pulpitos, calamares, gambas…) y para otras recetas tradicionales en toda la cocina italiana, como una excelente lasagna de carne. Pero esta vez la excepción bien merece la pena.

El hallazgo, además, no es sólo gastronómico. Al placer de la comida se une el de la conversación, en perfecto castellano. Esto tiene una sencilla explicación, ya que «Il Pirata» y todas sus tentaciones corren a cargo de Massimo y Luca, dos gemelos sicilianos que se establecieron en este bellísimo pueblo de Cinque Terre. Massimo está casado con Noelia, una donostiarra de origen gallego, que además atiende el  negocio, osea que nos encontramos con un «rizar el rizo» de los movimientos migratorios, y el tema daría para una tesis doctoral. Como italianos y españoles compartimos una especie de deporte nacional, que no es otro que el de «pegar la hebra» (no se si el «Fare una chiacchieratta» serviría como sinónimo) la sobremesa puede alargarse con peligrosos resultados: ¡repetir postre y café!.

 

il pirata delle Cinque terre Vernazza

Con Gian Luca y Noelia

No es la primera vez que escribo sobre mi adicción y/o pasión por el café. Intento recordar, en cada lugar que visito, el mejor que he tomado y puedo asegurar, sin duda alguna, que fue el mejor de este viaje. Parece ser que hay un motivo para ello, según me contaba Noelia, Massimo es tremedamente exigente con el café y cambia el grosor en el molido dependiendo de las condiciones atmosféricas, mayor o menor humedad en el ambiente etc. Está bien descubrir que una no es tan neurótica con el asunto del café o que al menos hay quien comparte mi exigencia.

Luca, de cuya mano- o quizá posee una varita mágica?- surgen las más dulces tentaciones de la pasteleria siciliana, me «riñe» porque los cannoli, quizá el más conocido y popular de los dulces de esa región, son un postre para el invierno. Pero… yo no puedo viajar en invierno, y la bella Sicilia es todavía un destino escrito en el papel, en una larga lista de la que tan sólo he logrado tachar algunos nombres, de manera que creo que bien merezco la oportunidad de comer uno, al menos. Para no defraudarle, y siguiendo sus consejos, hacemos un pequeño «sacrificio» y también pedimos la panna cotta con frutos rojos.

Pero mi paso por «Il Pirata delle Cinque Terre» todavía me tenía reservada una última sorpresa: entre las decenas de fotos y postales en la pared, descubro ¡al mismísimo Rick Steves!. Ahora ya puedo decir aquello de «al fin soy como Rick Steves». Bromas aparte, y dejando bien claro que desconocía la recomendación en su guía, a pesar de que soy consciente que para los turistas norteamericanos es una especie de «biblia», voy a hacer un «poquito mío» el descubrimiento y la recomendación desde este pequeñísimo rincón de los viajes (cuando escribí esto me refería a mi modesto blog, que me dio tantas satisfacciones)

Supongo que a Massimo y Luca no les habrá importado el apelativo de «Cannoli brothers» por parte del señor Steves, ya que ellos mismos hacen gala de su alias, pero puedo asegurar que el humor siciliano es mucho más hilarante que el norteamericano. Sin que nadie se moleste- yo no lo hago- Massimo nos cuenta que la primera vez que visitó España y le sirvieron un café con leche preguntó a la camarera si no se había confundido, ¡No había pedido té!

Tan estupenda experiencia sólo tuvo un resultado: al día siguiente hicimos todo lo posible por volver, esta vez a la hora de la cena. Ahora, cumplimos penitencia por el pecado de la gula, recordando con nostalgia la textura crujiente del hojaldre de un millefoglie con crema.

Il pirata delle Cinque Terre navega de nuevo

Máquinas excavadoras, hierro y bloques de hormigón, barro y polvo…. el enorme socavón aún sin cubrir en lo que fue el antiguo parking de Vernazza, junto al río, que llegado el verano discurre tranquilo, con poca agua. El mismo río desbordado meses atrás por la furia de una lluvia incesante, como jamás recuerdan los mayores del pueblo, aquel fatídico 25 de octubre de 2011, que arrastraba muros y tejados, árboles y automóviles, lavadoras, neveras y otros enseres domésticos… y las vidas, se contaron hasta tres, de quienes obstinados o temerosos miraban al cielo sin ser capaces de abandonar el lugar que les vió nacer.

Regresamos en 2012, enamorados de esta tierra, para pasar unos días de verano en Riomaggiore.

Ya me lo había advertido Noelia en su último correo: «tenemos polvo, barro… mucho polvo» pero nadie en el pueblo puede permitirse mantener su negocio cerrado durante un año, y al menos haría falta ese tiempo para que todo volviese a la normalidad. Así que «Il pirata delle Cinque Terre» abre, precisamente en la zona más devastada de Vernazza. La figura del corsario, sable en mano, sigue recibiendo a los visitantes en el mismo lugar de siempre, aunque me olvido de preguntar si es nueva o si acaso pudo ser rescatada de entre el fango y los escombros.

La estación del ferrocarril parece la misma, pero no lo es. Mirándola ahora, desde abajo, las imágenes que emitieron por televisión, las que circularon por internet, me parecen irreales, increíbles… si la estación queda a una buena altura sobre mi cabeza, ¿cómo es posible que los railes quedasen sepultados bajo el lodo?. Doy unos pasos… retrocedo, convencida de que algo falta en este escenario. Estaba a la izquierda, de eso estoy completamente segura, pero tan solo encuentro los muros blancos. En cuanto tengo ocasión repaso las fotos del verano anterior, y allí está: la imagen a tamaño real sobre la pared , bajo un arco, el camino de piedra y la mujer de espaldas que acarrea un cesto en su cabeza; y estoy yo, jugando a simular que voy por el mismo camino que ella.

 

Il Pirata delle Cinque Terre Vernazza

 

Más arriba, en la «piazzetta dei Caduti», hay columpios nuevos para los niños. Como es pronto para comer, damos la vuelta, calle abajo, ansiosos por ver como se ha recuperado el lugar o si quedan todavía restos del naufragio. Y nos sorprende reencontrar la imagen alegre y apacible, de visitantes curioseando entre las tiendas de souvenirs, tomando un bocado rápido en la calle, como si no hubiese un antes y un después del desastre.

La pequeña capilla dedicada a Santa Marta de Betania se ha recuperado por completo y en su interior permanece la imagen venerada, patrona del hogar y la hospitalidad. Sobre ella, subiendo unas escaleritas, sigue la vineria del mismo nombre, Vineria Santa Marta. Nos alegra ver el negocio abierto de nuevo, con sus productos expuestos en la entrada, los parroquianos sentados alli mismo, junto a la puerta…. la última vez que supimos de la vinería fue a través de internet: de ella solo quedaba a la vista el rótulo de letras, color vino, descoloridas, sobre el toldo.

Angela, la propietaria, va y viene sirviendo el vino a los clientes de siempre- no es éste un negocio sólo para turistas- colocando con mimo y esmero  los productos que vende en su local. Se sorprende, con un ligero resquemor que desaparecerá enseguida, cuando le decimos que hemos traído un regalo para ella.

 

Il pirata delle Cinque terre Vernazza

Vineria Santa Marta, antes de las inundaciones

 

El verano anterior, apenas dos meses antes de las devastadoras inundaciones, tomamos desde la calle una foto de su local; el mismo toldo ahora renovado, los lugareños tomando el vino, ella misma exponiendo con sumo cuidado sus mercancías, y en los bancos más abajo, a ras de calle, las señoras que charlan entre ellas mientras reposan en el suelo las bolsas de la compra… una escena cotidiana, casi imposible de lograr si hubiésemos pretendido, a propósito y de forma premeditada, crear la escenografía de la vida diaria en Vernazza.

Por cierto, los bancos de la calle ya no están- desconozco si a fecha de hoy los habrán repuesto-. El estanco, en el que compramos una preciosa postal, y cuya propietaria nos contó orgullosa que una de sus hijas estudiaba español en el colegio, está remodelado por completo, mucho más bonito que antes. Recuerdo a la niña explicándonos, en perfecto castellano, dónde se encontraba el buzón para mandar desde allí nuestro recuerdo.

En la Plaza, bajo los soportales, allí se encontraba el buzón. Y allí siguen las fachadas de colores vivos, la Iglesia de Santa Margarita de Antioquia, que sirvió de refugio y almacén, de improvisada farmacia, a cuantos voluntarios trabajaron para auxiliar al pueblo de Vernazza; en cuyos bancos encontraron reposo los cuerpos extenuados por jornadas interminables de lucha contra el lodo y los escombros. Lo veo en las fotos del libro que compramos, para colaborar en la reconstrucción, obra de Andrea Erdna. Entre las páginas llenas de devastación y deseperanza, de miradas llenas de dolor, me emocionan las sonrisas de gratitud, de solidaridad, las muestras de afecto que trasmiten el trabajo codo a codo, mano a mano, de jóvenes y mayores, de propios y extraños.

Desde esta misma Iglesia veo como arriban los barcos turísticos, cual piratas al abordaje. Algunos atrevidos se bañan en las aguas del puerto, que todavía se ven algo turbias. Me advierte Noelia que ella no ha dejado que su niño se bañe en ese mar, a pesar de que durante un mes han estado dragando el fondo, no vaya a lastimarse con algún resto de metal retorcido, con cualquier objeto- las cámaras frigoríficas de los restaurantes, los electrodomésticos caseros, cualquier pieza perteneciente a los automóviles- pues no termina de creerse que todo lo que sus ojos vieron junto a la orilla haya desparecido para siempre.

No me canso de subir y bajar, de atravesar los callejones ocultos, desbordantes de encanto, de Vernazza. En ellos se puede olvidar el trasiego del puerto, el ir y venir de turistas en la calle principal, se puede olvidar incluso la tragedia. Pero hablar exhorciza los demonios, los miedos; limpia los rastros de la tristeza, como el agua y las palas limpiaron las calles. Aquí nadie evita hablar de lo ocurrido. Aquí nadie busca la compasión. Saben que este es un lugar especial, que deben preservar, y han luchado con todas sus fuerzas para recuperarlo.

Otra cosa son las vidas, los cuerpos arrastrados, que meses más tarde aparecieron en las costas de Niza, porque según dicen aquellos que conocen bien el mar: el mar devuelve a la tierra todo lo que de ella le llega.
La señora Pina, que a sus ochenta años limpiaba afanosamente el balcón de su casa, un segundo piso en la zona alta de Vernazza, justo enfrente de «Il Pirata», desoyendo los gritos y ruegos de los vecinos que le pedían que subiera al piso más alto del edificio.
Sauro, el hombre todavía joven que atenazado por el miedo, incrédulo ante lo que sucedía, no fue capaz de asir la cuerda que le lanzaban y decidió quedarse sentado en su negocio, un bazar en la calle principal, y dejó que la fuerza del agua lo llevase junto con el esfuerzo y el trabajo de toda su vida. Circulan videos por internet en los que se ve al hombre y se escuchan los gritos de aquellos que le piden que agarre la cuerda. No he querido verlos, no he querido poner rostro a la tragedia, bastante duro fue escuchar el relato de Noelia, la voz quebrada al hablar de otro amigo perdido: Pino, toda una vida endulzando los días desde su heladería, que esa mañana, al igual que todas, se despedía de ella al llegar a Vernazza en el tren que ambos tomaban desde la Spezia:
-Que pases un buen día!- «españolita» la llamaba.

Estoy releyendo el texto y no puedo evitar un escalofrío, un velo de tristeza que me empaña la mirada. Pero no este el objetivo de mi relato.
En apenas unos meses todo el pueblo de Vernazza había sumado esfuerzos para recibir a todos aquellos que decidieron visitar uno de los lugares con mayor encanto de Le Cinque Terre. Además, me reconforté con una buena comida en «Il Pirata», mucho más agradable desde que lo reformaron- a pesar de las circunstancias de tal «reforma»-  y endulcé cualquier resto de tristeza o melancolía gracias a Gian Luca y sus pasteles sicilianos. La chiacchierata, aunque fuese en español, corrió a cargo de Noelia. Hablamos de su añorada Galicia, de su familia tan lejos, de la temida crisis… pero nos dió una enorme lección: de nada sirve lamentarse y sólo queda -en un dicho tan español- «tirar palante».

Con la llegada del invierno Vernazza cuelga el cartel de «cerrado por vacaciones». La primavera es una época excepcional para visitar este paraje natural privilegiado. Cada año, a partir de Semana Santa, como es habitual, » Il Pirata delle Cinque Terre» navega de nuevo por las aguas del mar de Liguria.

 

Escala en Portofino

Una escala en Portofino… Podría parecer, pero nada más lejos de mi intención, que intento dar publicidad a una conocida fragancia, de una de esas marcas que son sinónimo del lujo absoluto. Gesticulo ante el teclado intentando pronunciar con un afectadísimo acento y termino desmadejada por la risa. Aunque debo decir que el perfume al que me refiero posee un innegable frescor cítrico, que me recuerda a los limones de aroma profundo que se cultivan en la costa ligur, tan pegados al mar que su olor se confunde con el de la sal, que va y viene a merced de la brisa o de los cambios de dirección del viento.

 

«Escala en Portofino» no es el primer título que se me había ocurrido para esta entrada, pero es que el otro, algo así como «¿dónde quedó el glamour?», me pareció sarcástico en exceso. Porque en realidad lo mío fue una escala en Portofino, aunque no descendiese de un crucero de lujo ni de un yate privado sino de un simple barco de recorrido turístico . El que, sólo en temporada estival, los lunes, miércoles y viernes, hacía el trayecto desde Cinque Terre hasta el promontorio de Portofino, recorriendo la hermosa Riviera de Levante. Actualizamos: en 2018 el servicio se limitaba a los lunes y viernes.

 

Portofino

Photo by gminguzzi on Foter.com / CC BY-SA

 

Los toldos y hamacas de rayas azules y blancas, las casetas de playa, de madera o lona, a nuestro paso por las localidades balnearias de Bonassola o Deiva Marina, conforman una imagen idílica desde el agua, con cierto encanto decadente, a bordo del barco que se mueve más de lo deseable.

Intento concentrarme en el dibujo de la costa, en el mapa que sigo mentalmente, y de vez en cuando sobre el papel, en las torres y campanarios que asoman, entre el azul y el verde, cuando estamos frente a  Moneglia -ese pueblecito con enorme encanto y sus dos iglesias, que desde siglos atrás provocan un enfrentamiento dialéctico, una auténtica competitividad, entre sus habitantes: ¿cual de las dos es más bella, la de San Giorgio o la de la Santa Croce?…la verdad, no sabría por cual decantarme.

A pesar de ello no puedo olvidarme de un leve malestar en mi estómago, acrecentado seguramente por la visión de un pasajero pálido que soporta el viaje, apenas iniciado, tendido sobre el suelo de madera del barco, atendido por su esposa, con un paño húmedo en la frente. Ella le jura que regresarán en tren mientras pregunta, suplicante, a la tripulación si no hay ninguna otra parada, desde la última que hicimos, hasta Portofino.

El viento en la cara, mi afán en sujetar el sombrero de paja, tan coqueto, adornado con una cinta de gasa, que amenaza con salir despedido hacia arriba como un globo de helio, las gotitas saladas que saboreo en mis labios, me mantienen entretenida durante el trayecto. También la incertidumbre, la duda, una cierta actitud ansiosa por descubrir si el viaje valdrá la pena.

Portofino ocupaba un lugar secundario en mis preferencias cuando organicé nuestro itinerario. Alguien me dijo que no era mucho más bello que cualquier otro pueblo de la costa, solo que en lugar de puestos de souvenirs encontraría tiendas de lujo. Y yo, prejuiciosa, tal y como me reconozco, siempre afirmo que no me interesan los lugares que solo ofrecen la ostentación, el lujo y los caprichos de los ricos y poderosos. Aun así, decidí que lo mejor era comprobarlo personalmente, intentar averiguar porque este lugar, durante tanto tiempo, arrancó suspiros entre quienes pronunciaban su nombre… Portofino.

La última vez, y no hace tanto, que leí algo sobre Portofino fue en el suplemento dominical de un periódico: reportaje en blanco y negro, con fotos sugerentes que transportaban a otra época. Y es que, aunque siga siendo refugio de ricos y famosos, de grandes estrellas del cine, fueron los 50 y los 60 los años dorados de este antiguo pueblecito de pescadores.

 

Portofino

Photo by Dr Korom on Foter.com / CC BY-SA

 

Como he mantenido en mi cabeza esa imagen en blanco y negro, lo que más me sorprende arribando al pequeño puerto es el colorido que lo inunda todo; los ocres, anaranjados, de las fachadas cuidadísimas que refulgen con la luz del mediodía, los colores brillantes de los toldos que parecen recién repuestos, como si el sol y el viento, el salitre tan cercano, no les afectase en absoluto. Pero, sobre todo, el verde que todo lo rodea, allá donde desviemos nuestros ojos, que parece dar sombra y cobijo al visitante. No en vano estamos ante uno de los parques naturales más hermosos y ricos en especies. Las altas, y anchas, copas de los pinos mediterráneos me trasladan a la infancia, aunque son lo único que me la recuerdan.

El folleto turístico decía: «giro panoramico a San Fruttuoso». La antigua abadía, entre  Camogli y Portofino, es un auténtico oasis de paz, tan solo accesible desde el mar o a pie. Nos acercamos lo suficiente como para hacer algunas fotos, aunque me hubiese gustado sentarme en la orilla con los pies sumergidos en las aguas limpísimas de esta área marina protegida. Y, una vez más, como en tantas otras ocasiones, me digo aquello de «otra vez será…»

 

Photo by Ciccio Pizzettaro on Foter.com / CC BY-NC-SA

 

Desciendo, contenta de comprobar que el sombrero sigue sobre mi cabeza, sin peligro porque calzo unas alpargatas planas, mientras echo un vistazo a mi alrededor, aunque he tenido tiempo suficiente durante la travesía de examinar a mis compañeros de viaje: minúsculos biquinis, chancletas o camisetas anchas y descuidadas. No es que yo me haya ataviado como para acudir a una fiesta, pero basta un vestido de algodón fresco y mi sombrero de paja para destilar mucho más «glamour» que chanclas, camisetas o mini-shorts.

Estoy encantada de sentir el suelo firme bajo mis pies, y aunque es cierto que me reciben, desde los toldos, los rótulos y logotipos de las más lujosas marcas de moda, y que los tendeteres aquí ofrecen cachemir y maravillosas camisas de lino natural- a más de trescientos euros la pieza- tengo que reconocer que el pequeño puerto me parece hermoso, mucho más de lo que probablemente esperaba.

Aventurarse a comer en cualquiera de los restaurantes del puerto puede tener resultados nefastos para el bolsillo, salvo que el presupuesto no sea un problema, de modo que optamos por sentarnos en la terraza de un bar, el de aspecto más sencillo y normal posible. Aun así, un refresco no baja de siete euros… eso sí ¡Nos obsequian con un pequeño cuenco de patatas fritas!. Pero la parada merece la pena, y no sólo para refrescarnos, sino porque ofrece un lugar perfecto desde el que observar todo lo que sucede en la calle.

A nuestra derecha un matrimonio de jubilados ingleses, yo creo que procedentes de algún crucero o excursión, a tenor de la pegatina circular de color rosa que lucen en su camiseta- después observo que otros viandantes la llevan azul, verde…- toman una cerveza que han enfriado con cubitos de hielo. Me ofrecen la cubitera por si quiero enfriar la mía, a lo que respondo con una amplia sonrisa y un «no, thanks».

Una familia italiana- padres, abuelos y niños- ocupa otra contigua y cuando abren el folleto que hace de carta y leen los precios de los bocadillos se levantan rápidamente de las sillas, entre exclamaciones de incredulidad y ofensa. Yo reprimo la risa, aunque ya había mirado los precios sin inmutarme, y decidido que comería algo en el local de enfrente, un horno en el que no dan abasto a servir excelentes porciones de focaccia genovesa recién hecha.

Me recuesto en la silla, parapetada tras mis gafas de sol, e inicio esa especie de juego solitario de observar e imaginar las vidas ajenas. Gucci, Pucci, Dior… sin embargo la mayoría de las tiendas están vacías, si acaso con algunos turistas que curiosean. Y pienso, qué enorme contradicción, que la elegancia que exhiben los escaparates está muy lejos del aspecto de los viandantes: bermudas imposibles, sandalias con calcetines, cuerpos que se exhiben con exceso- con exceso de todo- y no dejo de preguntarme dónde están las mujeres hermosas, de estilizada figura y caminar sereno, las que emanan seducción y misterio, como en las fotos de aquel reportaje en blanco y negro.

Y surge, inevitable, la pregunta: Portofino… ¿dónde quedó el «glamour»?.

 

Portofino

Photo by Fabio – Miami on Foter.com / CC BY-NC-SA

 

Quedó en el aspecto cuidado de las calles, los barcos espectaculares que siguen atracando, la belleza de las casas – ay, quién pudiera…!- la belleza serena de una joven, al menos una, que camina erguida sobre sus tacones; la elegancia del nonno que peina hacia atrás sus cabellos canos acompañado de sus nietos, un niño de cabello rubio que camina junto a él con el cuello de su polo camisero levantado- he ahí un futuro modelo, pienso- y una niña delicada y delgadísima, como lo son la mayoría de las italianas -quizá algún día descubra el secreto-.

Quedó, y no podemos menos que bromear sobre el asunto, en los pequeños detalles de los callejones que nos guarecen del sol y el calor, en la ropa tendida en una ventana y
que, curiosamente, es del mismo color que la fachada, como si se hubiese mimetizado, o estuviese hecho a propósito, como si fuese de atrezzo o quisiera de algún modo demostrar que existe una vida normal y cotidiana en las casas que, a buen seguro, han dejado de ser modestas viviendas de pescadores.

Photo by TwnPines2 on Foter.com / CC BY-SA

 

A través de los callejones llegamos hasta la escalinata que sube a la Iglesia de Divo Martino, consagrada a San Martín de Tours. El adoquinado de la explanada sobre la que se yergue dibuja un bello mosaico. Nos acoge con el frescor que ofrecen siempre los templos. Recientemente se han realizado diversos trabajos de restauración ( no recuerdo la cantidad del proyecto) para lo que, en un cartel, se solicitan aportaciones. Y pienso, que contradicción, que el valor de cualquiera de los «barquitos» atracados en el puerto bastaría para cubrir el importe, o unos cuantos vestidos de alta costura, un bolsito de aquí, unos zapatos de allá, un poco de cachemir y lino…

 

Photo by Dr Korom on Foter.com / CC BY-SA

Es una pena que mi barco tenga hora de partida, apenas unas pocas para disfrutar del lugar, porque me quedo intrigada, deseosa, de averiguar que ocurre en Portofino cuando la luz del sol se esconde, las farolas se encienden y las velas en las mesas de los restaurantes invitan a sentarse. ¿Aparecerán entre las sombras las mujeres bellas y los hombres elegantes?.

Apenas unos minutos para partir, y doy una última vuelta por el muelle.De repente, no puedo resistirme: ¡rebajas! al 50%…no es Gucci, ni Pucci, ni Chanel, pero siempre podré presumir de unos bonitos foulards de algodón y una estupenda bolsa de playa, de una marca francesa, comprados en Portofino.

Rimazùu: alojarse en Riomaggiore como un local

Alojarse en Riomaggiore es una buena opción si estás planeando unas vacaciones en Le Cinque Terre. Esta hermosa localidad tiene un marcado carácter, e incluso un dialecto único y propio. Alojarse en Riomaggiore  permite al viajero disfrutar de la cotidianidad de los días, de las costumbres y celebraciones.

Cada mañana , al despertar, miro al horizonte con los ojos entrecerrados, abrumada por el sol que me acaricia suavemente la piel, igual que acaricia este mar azul sobre el que se posan. Lo observo. Parece tranquilo, casi inalterable, aunque sé que en ocasiones se vuelve bravucón, amenazante, poderoso como sólo la naturaleza lo puede ser.

Me apoyo sobre la baranda de la terraza, y me sacudo los restos del sueño- aún están tibias las sábanas- cuando en Rimazùu, que es como todavía llaman a Riomaggiore algunos lugareños en el antiquísimo dialecto ligur, comienza un nuevo día. Alojarse en Riomaggiore, como un local, permite observar como el pueblo se despabila cada mañana con el tañido de las campanas de su Iglesia principal- la de San Giovanni Battista- que poco después de las siete llama a los vecinos para la celebración de la misa, cuando las calles están casi en silencio y las contraventanas de color verde permanecen aun cerradas, dormidas las almas tras ellas. De vez en cuando canta un gallo, o se escucha el motor antes de que aparezca, repentinamente, tras el verde por una curva vertiginosa, el pequeño autobús con el que los habitantes del municipio van o vienen desde las aldeas de Groppo o Volastra.

Miro el blanco campanario de la Iglesia y le pregunto:
-¿Ahora callas?.Y poco después me responde, con el inconfundible toque en el momento de la consagración durante la Eucaristía.

Alojarse en Riomaggiore, en una de esas casas aferradas a las rocas tan características de Le Cinque Terre, y de Liguria, asomadas al mar, desde las que divisar y advertir de un posible ataque pirata, permite observar sin ser visto, ser testigo de las costumbres, de lo cotidiano y de las celebraciones.

alojarse en Riomaggiore

Photo on Foter.com

Si levanto un poco la vista puedo consultar en cualquier momento la hora exacta, en el reloj del Castillo, que parece estar a mi entera disposición. En su día fue un punto estratégico, en su papel de fortaleza, y hoy es un lugar mágico cuando en las horas de la tarde se comparte un banco, en la plazoleta anexa, con los mayores del pueblo. Gentes que charlan entre sí de las cosas del pasado ajenos,  seguramente por la costumbre, a la imagen que se avista desde lo alto, al color que toman el cielo y el mar -rojo, fuego u oro- también sobre las rocas a las que se aferran las casas y la vida en Rimazùu.

En el pequeño Oratorio de San Rocco, frente al Castillo y justo a nuestras espaldas, unas mujeres se afanan en cubrir al Santo de flores blancas… En pocas horas saldrá en procesión, acompañado de cientos de velas que alumbran el camino desde su emplazamiento hasta el centro histórico. Al bajar, llegando a la Piazza della Compagnia, donde se encuentra el Oratorio de Santa Maria Assunta, tropezamos con una curiosa estampa: desde la pequeña Iglesia el monaguillo, con la casulla demasiado corta por la que asoman unas bermudas, y un crucifijo a hombros, lleva el Cristo cuesta arriba para que salga en procesión. Es uno de esos momentos en los que desearía tener la cámara presta y la vergüenza a buen recaudo.

 

alojarse en Riomaggiore

Photo by emilie-r on Foter.com / CC BY-NC-ND

Pienso por un momento, mirando desde la terraza, cuan protegidos estamos o al menos cuan encomendados a la Virgen y los Santos. Desde allí es posible «asistir» a la misa en el pequeño oratorio de la Assunta. Tan pequeño, de hecho, que llenan la piazzeta de sillas plegables y utilizan megafonía en el exterior. También desde aquí la vista tiene su «aquel», pues la ropa tendida en las casas anexas parece que lo está en la mismísima cornisa de la Iglesia. Serán precisamente cosas como ésta las que hacen que se mezclen lo humano y lo divino?.

Cuatro misas  y una procesión, todo ello cuando llevamos dos días de estancia en Riomaggiore… ¿casualidad o fervor extremo?. Bien es cierto que las fechas son señaladas: Ferragosto, 15 de agosto día de la Asunción, y San Roque. Mientras desayunamos en el Bar Centrale llega el cura del pueblo, un joven con sotana larga, el pelo alborotado y las mejillas coloradas, acalorado por la caminata y la indumentaria. Resulta inevitable que esta imagen, en mi memoria, se torne en blanco y negro, asociada a tiempos pasados.

 

alojarse en Riomaggiore

Photo by Mal B on Foter.com / CC BY-ND

 

A pesar de ser día festivo, están abiertos todos los negocios de Via Colombo, algo así como la calle Mayor, la que lleva a todos los lugares: al túnel que une el pueblo con la estación ferroviaria, a las escaleras por las que se accede al pequeño puerto, a sus restaurantes, al lugar donde atracan los barcos turísticos y desde donde se toma el camino a la playa- véase que el concepto de playa aquí nada tiene que ver con el que podamos tener en mente, pues se trata de una zona de gruesas piedras en las que resulta complicado tumbarse al sol-.

Me he dado cuenta de que en Riomaggiore es raro encontrar personas con sobrepeso, a pesar de las docenas y docenas de focaccias que se despachan en la panadería, de la pasta suculenta que se come o se cena en las casas, por cuyas ventanas escapan los  efluvios delicados de tomate y albahaca, de las salsas que se guisan a fuego lento acompañadas de la música de los fogones – la que orquestan las cucharas, sartenes, ollas y tapas- e incluso de alguna cancioncilla que se tararea alegre en la cocina. Claro que ésto tiene una sencila explicación: todo el pueblo es una larga y constante subida, tanto si se sigue Via Colombo como si no. Resulta en vano buscar algún camino más liso y llano, pues si uno se aventura por los callejones laterales lo más fácil es que se encuentre con tramos interminables de escaleras. Creo que este año puedo saltarme el propósito que cada septiembre se hacen cientos, miles, de personas y ahorrarme unas cuantas sesiones de gimnasio o spinning. ¿Véis? Otra ventaja de alojarse en Riomaggiore.

 

Photo by canoe too on Foter.com / CC BY-NC-ND

 

Aun así no dejo de asombrarme cada vez que veo a la gente del lugar saltando entre las rocas para darse un baño en el mar. Yo, que además sufro de vértigo, siento que se me encoge el estómago mientras intento llegar hasta donde se encuentran. Cuando lo consigo, palidezco de envidia al descubrir a personas que pasan de los 70 y que se mueven, nunca mejor dicho, como pez en el agua.

Como Riomaggiore es el primero de los cinco pueblos, si se viene de la Spezia, que conforman el parque nacional de Cinque Terre, es también el primero en recibir a los numerosísimos turistas que llegan por tierra o mar. Me cruzo con ellos mientras bajo lentamente por Via Colombo para comprar pan, fruta y pecorino, o algunos tomates de aspecto retorcido pero sabor intenso- aunque presupongo que no tan exquisitos como los del huerto de mi «vecino», que cada día los riega concienzudo, taciturno, sin levantar la cabeza en ningún momento, mucho menos para saludar.-Por cierto, aquí cualquier pequeño espacio entre dos casas es un lugar idóneo para sembrar un huerto: pimientos, tomates, calabazas, judías verdes, y limoneros cargados de frutos de piel gruesa y aroma profundo.

 

alojarse en Riomaggiore

Un poco más arriba de este pequeño hotel estaba nuestra casa en Riomaggiore

Prefiero, después de haber comprado en todos, el «alimentari Franca», el que está en la parte más baja de la calle, o si se prefiere el primero que se encuentra nada más salir del túnel que une la estación con el centro del pueblo. Tiene excelentes productos, está limpísimo y además es un negocio familiar en el que jóvenes y no tan jóvenes atienden con amabilidad, algo que no es excesivamente usual en estas tierras ya que los italianos de Liguria, y concretamente de la Spezia, tienen fama de poseer un carácter «cerrado» y de ser un poco desconfiados. Puedo asegurar, no obstante, que ésto puede resultar un tópico…aunque, si debo ser sincera, echo de menos la «chiaccherata» con la tendera en cualquier pueblo de la Toscana, o el saludo de los vecinos aunque les resultemos unos completos extraños.

Estoy pensando en como cambia nuestra percepción de los lugares o de las personas cuando no estamos sólo de paso, cuando permanecemos durante unos días- claro que unos días tampoco son suficientes- en los mismos. Hace un año visitamos Riomaggiore, como tantos lo visitan hoy, cámara en mano, asombrados por el encanto de las casas aferradas a la roca, fotografiando los murales del artista Silvio Benedetto, o dispuestos a iniciar el recorrido por la famosa Via dell’amore.

Nunca es suficiente, salvo que tuviésemos la fortuna de ser uno de tantos que regresan cada verano al lugar de su infancia, al calor de unos brazos maternos, al recuerdo de las risas, los juegos entre los callejones, al escondite, como siguen haciendo los niños por aquí…

Curiosamente este mismo verano he descubierto un blog que se publica en un diario nacional. Habla precisamente de eso… y quien lo escribe lo hace, precisamente, desde un lugar que descubrí, tan sólo por unas horas, el verano pasado. Se trata de Tellaro. Me provoca una  sonrisa comprobar que mis apreciaciones eran ciertas cuando escribí:

«Observo a un grupo de mujeres en la mesa de al lado, poniéndose al día sobre sus vidas, de regreso al lugar de su infancia»

PD: Este y otros post sobre Cinque Terre fueron publicados originalmente entre los años 2011-2013 en el blog «De viajes y libros» (blogspot) No ha sido posible utilizar las fotos publicadas entonces y las originales, por alguna misteriosa razón, han desaparecido.