Puente Colgante Boutique Hotel

Ya lo dice una canción popular: «No hay en el mundo puente colgante más elegante que el de Bilbao». Y tener el privilegio de alojarte frente a una maravilla de la arquitectura y la ingeniería declarado patrimonio UNESCO en el 2006, como es el Puente de Vizcaya (más conocido como puente colgante de Portugalete) es solo uno de los motivos para escoger este recién renovado hotel boutique, en un edificio lleno de historia.

Si estás pensando en hacer una escapada a Bilbao, plantéate alargar tu estancia y no limitarte a conocer la capital vizcaína (vale, que está muy bien). Alojarte en una de las Nobles Villas, Portugalete, con excelentes comunicaciones  para llegar a Bilbao (metro, autobús, tren e incluso, en primavera y verano, en un barco turístico por la Ría del Nervión) te permitirá descubrir otras localidades cercanas y su historia, siempre ligada al mar y a un importantísimo desarrollo industrial de mediados del S.XX.

Puente Colgante Boutique Hotel: un poco de historia

 

El recién renovado hotel se ubica en la que que fue una impresionante  casa de indianos, construida por Manuel Calvo y Aguirre en 1871 como su residencia de verano. Este portugalujo emigró a Cuba con su familia cuando apenas contaba 14 años, y comenzó trabajando en una ferretería para acabar convirtiéndose no solo en dueño de esta sino también en  propietario de enormes extensiones dedicadas primero al cultivo del café y más tarde de la caña de azúcar. Tal era su amor por su villa natal que llamó a su plantación azucarera » El Portugalete».

A su regreso, en el ocaso del siglo XIX, viudo y sin descendencia, se trasladó a Cádiz por motivos de salud, donde falleció en 1904. En su legado, dejó escrito que su casa se convirtiese en café- hotel y que parte de los beneficios se dedicasen a la «olla de los pobres» que cada día daba de comer a los más desfavorecidos de la villa.

El Gran Hotel Puente Colgante acogió fiestas y actos culturales y entre sus huéspedes se contaba el mismísimo Alfonso XIII. Es fácil retrotraerse a un tiempo en que la música acompañaba en los salones, con influencias del swing o el jazz, incluso, si uno pone atención, quizá le llegue el eco de una habanera.

Bombardeado durante la Guerra Civil, reconstruido posteriormente, y pasto de las llamas en un incendio el año 1993 (dicen las malas lenguas que intencionado) tengo el recuerdo de su fachada ennegrecida por la humedad y la actividad industrial en la margen izquierda , con los Altos Hornos de Vizcaya muy cerca, que le confería un cierto aire vetusto y quizá un poco tenebroso.

En 2002 reabre sus puertas como Gran Hotel Puente Colgante, y es ahora, en 2019, cuando se redefine como Hotel Boutique, reivindicando su carácter y una historia que, bien pensado, podría ser el argumento de una buena novela.

 

Los renovados salones

Alojarse en el Puente Colgante Boutique Hotel

 

Sus habitaciones, todas exteriores, se han redecorado con mimo y atención a los detalles, en una mezcla de estilo contemporáneo y elementos tropicales que nos transportan a la isla caribeña.

Muchas de ellas tienen vistas al Puente Colgante (si quieres disfrutar de estas maravillosas vistas sobre el monumento y la Ría del Nervión puedes solicitarlo en tu reserva) y el resto al Casco histórico de Portugalete, declarado conjunto monumental, que ofrece una arquitectura de las más bonitas de la zona, como el bello quiosco de música de 1912, uno de los más antiguos que se conservan en la provincia de Vizcaya.

Y si estás pensando que disfrutar de esta maravilla de hotel es un lujo inalcanzable, nada más lejos de la realidad, ya que encontrarás habitaciones por menos de 80€ (lógicamente dependerá del tipo de habitación y sobre todo de las fechas elegidas).

 

Habitación estándar con vistas

Puente Colgante Boutique Hotel: su gastronomía

El desayuno

No se vosotros pero yo, cuando viajo, libre de obligaciones y horarios, una de las cosas que más disfruto es el desayuno del hotel. Y puedo aseguraros que en este hotel boutique el desayuno es «lo más». Bautizado como desayuno «healthy» (conste que lo de la terminología foodie no me va) yo prefiero destacar la enorme variedad de productos frescos, como frutas y vegetales. ¿Habéis probado el tamarillo o tomate de árbol? pues aquí lo encontraréis, junto a aguacates y frutas mas tradicionales. Yogures caseros, smoothies que os podéis preparar al momento, zumos, bebidas vegetales… hay variedad para todos los gustos y necesidades: veganos, o personas con intolerancias alimenticias (al gluten o la lactosa) cada vez más frecuentes.

 

Desayuno healthy

Pero si preferís un desayuno más goloso, no hay problema. Su repostería recién horneada hará las delicias de los más exigentes y el café es realmente bueno (ojo, que lo dice alguien muy exigente con el café, una auténtica «cofeelover»).

 

Desayuno goloso

El bar

Incluso si no te alojas en el hotel, pero has decidido acercarte hasta el Puente Colgante (una visita obligatoria en tu viaje a Bilbao) no pierdas la oportunidad de hacer una parada a la hora del aperitivo. Te recibirá una barra llena de exquisitos «pintxos» que puedes acompañar de una cerveza de su «Tap Station» (yo te aconsejo una Dorchester, pero cuidadín que tiene una alta graduación alcohólica).

 

Restaurante El Paladar de la Habana

¿Es la hora de comer? pues genial. Disfruta de una carta en la que el carácter vasco y los productos autóctonos se combinan con los foráneos en recetas más arriesgadas. Una carta vasco-cubana llena de buen humor.

 

Una carta con mucho humor

 

¿Un bacalao? ¿Prefieres la carne? Venga, lancémonos, vamos con un roastbeef de secreto ibérico. Pero antes un buen guacamole, una tempura de verduras y algas, un tartar de tomate… y si, para acabar, una «muerte por chocolate».

 

Roastbeef de secreto ibérico

 

Si aun tienes tiempo para una copa, o regresas al hotel después de un largo día de visitas o de trabajo, no pierdas la oportunidad de relajarte en el Cromwell Pub tomando un cócktel (el combinado de tequila y mango es espectacular).

Puente colgante: el patrimonio UNESCO

La historia del hotel ha estado unida inexorablemente a la del Puente de Vizcaya. Inaugurado en 1893, fue diseñado por Alberto de Palacio, quien participó también  en la construcción del Palacio de Cristal del Retiro en Madrid. El ingeniero francés Ferdinand Arnodin se hizo cargo de la obra. Es por ello que en muchas ocasiones se dice que el Puente Colgante fue obra de un discípulo de Gustave Eiffel.

Merece la pena tomar este transbordador, justo frente a la puerta del hotel, y cruzar al otro lado de la Ría para descubrir el busto de Alberto de Palacio.

 

El año 2006 la UNESCO incluyó esta gran obra de la arquitectura y la ingeniería en su listado de Patrimonio de la Humanidad, por su perfecta combinación de estética y funcionalidad. Mucho antes de este nombramiento, de la expansión turística de Bilbao, y de que se instalara el  ascensor panorámico para subir a la pasarela peatonal (a 50 metros de altura)  el Puente Colgante era utilizado por una gran cantidad de ciudadanos para acudir a su lugar de trabajo o estudio de una margen a otra.

Aprovecha tu estancia en el Hotel para disfutar de la Noble Villa de Portugalete, de su casco histórico, la Basílica de Santa María o la Torre Salazar. No pierdas la oportunidad de hacer una visita guiada a cualquiera de estos lugares. Tuvimos la suerte de hacerla con Patricia, de Amabidea. 

Descubre también la población más marinera,  Santurce (o Santurtzi)… si, esa misma, la de la canción. Y súbete a la barquilla del Puente Colgante para llegar hasta el Paseo de las Grandes Villas de Getxo.

¿Qué os decía? ¿Es, o no, una buena idea escoger el Puente Colgante Boutique Hotel en vuestro próximo viaje a Bilbao?

 

Il pirata delle Cinque Terre

Tal y como prometí en nuestro completísimo post con los mejores lugares para comer, sirva este breve relato para contar como conocí al «pirata delle Cinque Terre». Siento que no haya grandes dosis de aventura, peligros ni luchas cruentas al más puro estilo hollywoodiense, pero lo que si puedo asegurar es que al final hubo botín, suculento y dulce como pocos. Fue en mi primera visita a Vernazza…

Vernazza es uno de los pueblos de este bello paraje natural conocido como Cinque Terre. Es probablemente uno de los que mayor encanto posee y también uno de los que recibe mayor afluencia de visitantes. Como es tan frecuente en estas tierras, el Castillo Doria con su torre vigila desde hace siglos ante la amenaza y los ataques de piratas que surcaban el Mediterráneo. Ahora, los únicos barcos que se ven, acercándose desde el horizonte, son las lanchas privadas, los taxis acuáticos o el servicio regular del Consorzio Marittimo Turistico 5 Terre.

Acostumbrada al asedio de los visitantes, especialmente en la época veraniega, esta población encaramada a las rocas, con una larga calle que une la estación ferroviaria con el puerto y estrechísimos callejones de empinadas escaleras, recibe al visitante con sus fachadas de colores alegres, desconchados por el azote de los vientos, la humedad y el salitre que se saborea en al aire. Demorarse en esta plaza, de sencillos pero hermosos soportales, es un placer para los sentidos y a falta de largas playas de arena fina, sumergir los pies en el mar, sentados sobre una roca, proporciona instantes de felicidad absoluta, tanto que dan ganas de gritar o chapotear como haría un niño.

 

 

Los toldos y sombrillas en la plaza, en las terrazas de los restaurantes, son un verdadero reclamo para el visitante. Cestillos con ajos y limones dispuestos a posar ante las cámaras o la paleta de un pintor, casi de atrezzo si no fuera porque despiden un auténtico y profundo perfume. Pero, fiel a mi idea de que es mejor huir de los lugares con «mejores vistas» o de las zonas más concurridas en cualquier destino, salvo que a uno no le importe que las vistas vayan incluidas en la factura y a riesgo de que las mismas nos distraigan sobre la calidad de la comida (hay excepciones, claro, pero uno debe poder o querer darse el capricho) he decidido buscar uno de esos lugares donde el buen comer sea el «primer mandamiento».

 

Comer en Il pirata delle Cinque Terre

Esta fue nuestra primera experiencia en Il Pirata delle Cinque Terre. La reseña se publicó en mi antiguo blog «De viajes y libros» el 29 de agosto de 2011. Si leéis este post hasta el final, además de agradeceros la paciencia, entenderéis la importancia de la fecha.

Días antes de mi viaje, decidí indagar por internet… videos, opiniones, guías. En algunos casos uno solo logra obtener mayor confusión pues al adjetivo ¡excelente!, por parte de unos, sigue el de ¡nefasto! por parte de otros. Pero, por una vez, me alegro de haber insistido en buscar Il Pirata delle Cinque Terre, situado en Via Gavino – por cierto, preguntamos en varias tiendas por la dirección y no supieron indicarnos dónde estaba- que finalmente encontramos gracias a la chica de la farmacia, a quien preguntamos directamente por el restaurante…»Ah, lo conosco». Y así dimos al fin con el pirata más famoso y alegre de Cinque Terre, que conquistó este lugar con las mejores armas: ¡simpatía, estupenda comida y pastelería siciliana!

 

Cannoli sicilianos

 

Siguiendo la calle de la izquierda, si miramos de frente a la estación de tren, llegaréis al parking (aparcar en Cinque Terre resulta bastante complicado). Justo allí veréis un bar, el típico bar que podemos encontrar en cualquier pueblo, con algunas mesitas en la calle en las que los lugareños toman un vino. La primera reacción puede ser la sorpresa, como confieso que nos ocurrió, pero no lo penséis más, ocupad una de las mesas y dejaos aconsejar, o elegid al azar cualquiera de los suculentos platos de pasta que ofrecen y alguna ensalada – si vais al mediodía es lo que hay, los antipasti sólo los sirven en la cena-. Mi único consejo es que dejéis un hueco en vuestro estómago para el postre.

Probablemente parezca un sinsentido comer en un restaurante siciliano en Liguria, aunque entre los platos de su carta hay espacio para la cocina ligur, como los ñoquis al pesto, o la ensalada con frutti di mare (pulpitos, calamares, gambas…) y para otras recetas tradicionales en toda la cocina italiana, como una excelente lasagna de carne. Pero esta vez la excepción bien merece la pena.

El hallazgo, además, no es sólo gastronómico. Al placer de la comida se une el de la conversación, en perfecto castellano. Esto tiene una sencilla explicación, ya que «Il Pirata» y todas sus tentaciones corren a cargo de Massimo y Luca, dos gemelos sicilianos que se establecieron en este bellísimo pueblo de Cinque Terre. Massimo está casado con Noelia, una donostiarra de origen gallego, que además atiende el  negocio, osea que nos encontramos con un «rizar el rizo» de los movimientos migratorios, y el tema daría para una tesis doctoral. Como italianos y españoles compartimos una especie de deporte nacional, que no es otro que el de «pegar la hebra» (no se si el «Fare una chiacchieratta» serviría como sinónimo) la sobremesa puede alargarse con peligrosos resultados: ¡repetir postre y café!.

 

Con Gian Luca y Noelia

No es la primera vez que escribo sobre mi adicción y/o pasión por el café. Intento recordar, en cada lugar que visito, el mejor que he tomado y puedo asegurar, sin duda alguna, que fue el mejor de este viaje. Parece ser que hay un motivo para ello, según me contaba Noelia, Massimo es tremedamente exigente con el café y cambia el grosor en el molido dependiendo de las condiciones atmosféricas, mayor o menor humedad en el ambiente etc. Está bien descubrir que una no es tan neurótica con el asunto del café o que al menos hay quien comparte mi exigencia.

Luca, de cuya mano- o quizá posee una varita mágica?- surgen las más dulces tentaciones de la pasteleria siciliana, me «riñe» porque los cannoli, quizá el más conocido y popular de los dulces de esa región, son un postre para el invierno. Pero… yo no puedo viajar en invierno, y la bella Sicilia es todavía un destino escrito en el papel, en una larga lista de la que tan sólo he logrado tachar algunos nombres, de manera que creo que bien merezco la oportunidad de comer uno, al menos. Para no defraudarle, y siguiendo sus consejos, hacemos un pequeño «sacrificio» y también pedimos la panna cotta con frutos rojos.

Pero mi paso por «Il Pirata delle Cinque Terre» todavía me tenía reservada una última sorpresa: entre las decenas de fotos y postales en la pared, descubro ¡al mismísimo Rick Steves!. Ahora ya puedo decir aquello de «al fin soy como Rick Steves». Bromas aparte, y dejando bien claro que desconocía la recomendación en su guía, a pesar de que soy consciente que para los turistas norteamericanos es una especie de «biblia», voy a hacer un «poquito mío» el descubrimiento y la recomendación desde este pequeñísimo rincón de los viajes (cuando escribí esto me refería a mi modesto blog, que me dio tantas satisfacciones)

Supongo que a Massimo y Luca no les habrá importado el apelativo de «Cannoli brothers» por parte del señor Steves, ya que ellos mismos hacen gala de su alias, pero puedo asegurar que el humor siciliano es mucho más hilarante que el norteamericano. Sin que nadie se moleste- yo no lo hago- Massimo nos cuenta que la primera vez que visitó España y le sirvieron un café con leche preguntó a la camarera si no se había confundido, ¡No había pedido té!

Tan estupenda experiencia sólo tuvo un resultado: al día siguiente hicimos todo lo posible por volver, esta vez a la hora de la cena. Ahora, cumplimos penitencia por el pecado de la gula, recordando con nostalgia la textura crujiente del hojaldre de un millefoglie con crema.

Il pirata delle Cinque Terre navega de nuevo

Máquinas excavadoras, hierro y bloques de hormigón, barro y polvo…. el enorme socavón aún sin cubrir en lo que fue el antiguo parking de Vernazza, junto al río, que llegado el verano discurre tranquilo, con poca agua. El mismo río desbordado meses atrás por la furia de una lluvia incesante, como jamás recuerdan los mayores del pueblo, aquel fatídico 25 de octubre de 2011, que arrastraba muros y tejados, árboles y automóviles, lavadoras, neveras y otros enseres domésticos… y las vidas, se contaron hasta tres, de quienes obstinados o temerosos miraban al cielo sin ser capaces de abandonar el lugar que les vió nacer.

Regresamos en 2012, enamorados de esta tierra, para pasar unos días de verano en Riomaggiore.

Ya me lo había advertido Noelia en su último correo: «tenemos polvo, barro… mucho polvo» pero nadie en el pueblo puede permitirse mantener su negocio cerrado durante un año, y al menos haría falta ese tiempo para que todo volviese a la normalidad. Así que «Il pirata delle Cinque Terre» abre, precisamente en la zona más devastada de Vernazza. La figura del corsario, sable en mano, sigue recibiendo a los visitantes en el mismo lugar de siempre, aunque me olvido de preguntar si es nueva o si acaso pudo ser rescatada de entre el fango y los escombros.

La estación del ferrocarril parece la misma, pero no lo es. Mirándola ahora, desde abajo, las imágenes que emitieron por televisión, las que circularon por internet, me parecen irreales, increíbles… si la estación queda a una buena altura sobre mi cabeza, ¿cómo es posible que los railes quedasen sepultados bajo el lodo?. Doy unos pasos… retrocedo, convencida de que algo falta en este escenario. Estaba a la izquierda, de eso estoy completamente segura, pero tan solo encuentro los muros blancos. En cuanto tengo ocasión repaso las fotos del verano anterior, y allí está: la imagen a tamaño real sobre la pared , bajo un arco, el camino de piedra y la mujer de espaldas que acarrea un cesto en su cabeza; y estoy yo, jugando a simular que voy por el mismo camino que ella.

 

 

Más arriba, en la «piazzetta dei Caduti», hay columpios nuevos para los niños. Como es pronto para comer, damos la vuelta, calle abajo, ansiosos por ver como se ha recuperado el lugar o si quedan todavía restos del naufragio. Y nos sorprende reencontrar la imagen alegre y apacible, de visitantes curioseando entre las tiendas de souvenirs, tomando un bocado rápido en la calle, como si no hubiese un antes y un después del desastre.

La pequeña capilla dedicada a Santa Marta de Betania se ha recuperado por completo y en su interior permanece la imagen venerada, patrona del hogar y la hospitalidad. Sobre ella, subiendo unas escaleritas, sigue la vineria del mismo nombre, Vineria Santa Marta. Nos alegra ver el negocio abierto de nuevo, con sus productos expuestos en la entrada, los parroquianos sentados alli mismo, junto a la puerta…. la última vez que supimos de la vinería fue a través de internet: de ella solo quedaba a la vista el rótulo de letras, color vino, descoloridas, sobre el toldo.

Angela, la propietaria, va y viene sirviendo el vino a los clientes de siempre- no es éste un negocio sólo para turistas- colocando con mimo y esmero  los productos que vende en su local. Se sorprende, con un ligero resquemor que desaparecerá enseguida, cuando le decimos que hemos traído un regalo para ella.

 

Vineria Santa Marta, antes de las inundaciones

 

El verano anterior, apenas dos meses antes de las devastadoras inundaciones, tomamos desde la calle una foto de su local; el mismo toldo ahora renovado, los lugareños tomando el vino, ella misma exponiendo con sumo cuidado sus mercancías, y en los bancos más abajo, a ras de calle, las señoras que charlan entre ellas mientras reposan en el suelo las bolsas de la compra… una escena cotidiana, casi imposible de lograr si hubiésemos pretendido, a propósito y de forma premeditada, crear la escenografía de la vida diaria en Vernazza.

Por cierto, los bancos de la calle ya no están- desconozco si a fecha de hoy los habrán repuesto-. El estanco, en el que compramos una preciosa postal, y cuya propietaria nos contó orgullosa que una de sus hijas estudiaba español en el colegio, está remodelado por completo, mucho más bonito que antes. Recuerdo a la niña explicándonos, en perfecto castellano, dónde se encontraba el buzón para mandar desde allí nuestro recuerdo.

En la Plaza, bajo los soportales, allí se encontraba el buzón. Y allí siguen las fachadas de colores vivos, la Iglesia de Santa Margarita de Antioquia, que sirvió de refugio y almacén, de improvisada farmacia, a cuantos voluntarios trabajaron para auxiliar al pueblo de Vernazza; en cuyos bancos encontraron reposo los cuerpos extenuados por jornadas interminables de lucha contra el lodo y los escombros. Lo veo en las fotos del libro que compramos, para colaborar en la reconstrucción, obra de Andrea Erdna. Entre las páginas llenas de devastación y deseperanza, de miradas llenas de dolor, me emocionan las sonrisas de gratitud, de solidaridad, las muestras de afecto que trasmiten el trabajo codo a codo, mano a mano, de jóvenes y mayores, de propios y extraños.

Desde esta misma Iglesia veo como arriban los barcos turísticos, cual piratas al abordaje. Algunos atrevidos se bañan en las aguas del puerto, que todavía se ven algo turbias. Me advierte Noelia que ella no ha dejado que su niño se bañe en ese mar, a pesar de que durante un mes han estado dragando el fondo, no vaya a lastimarse con algún resto de metal retorcido, con cualquier objeto- las cámaras frigoríficas de los restaurantes, los electrodomésticos caseros, cualquier pieza perteneciente a los automóviles- pues no termina de creerse que todo lo que sus ojos vieron junto a la orilla haya desparecido para siempre.

No me canso de subir y bajar, de atravesar los callejones ocultos, desbordantes de encanto, de Vernazza. En ellos se puede olvidar el trasiego del puerto, el ir y venir de turistas en la calle principal, se puede olvidar incluso la tragedia. Pero hablar exhorciza los demonios, los miedos; limpia los rastros de la tristeza, como el agua y las palas limpiaron las calles. Aquí nadie evita hablar de lo ocurrido. Aquí nadie busca la compasión. Saben que este es un lugar especial, que deben preservar, y han luchado con todas sus fuerzas para recuperarlo.

Otra cosa son las vidas, los cuerpos arrastrados, que meses más tarde aparecieron en las costas de Niza, porque según dicen aquellos que conocen bien el mar: el mar devuelve a la tierra todo lo que de ella le llega.
La señora Pina, que a sus ochenta años limpiaba afanosamente el balcón de su casa, un segundo piso en la zona alta de Vernazza, justo enfrente de «Il Pirata», desoyendo los gritos y ruegos de los vecinos que le pedían que subiera al piso más alto del edificio.
Sauro, el hombre todavía joven que atenazado por el miedo, incrédulo ante lo que sucedía, no fue capaz de asir la cuerda que le lanzaban y decidió quedarse sentado en su negocio, un bazar en la calle principal, y dejó que la fuerza del agua lo llevase junto con el esfuerzo y el trabajo de toda su vida. Circulan videos por internet en los que se ve al hombre y se escuchan los gritos de aquellos que le piden que agarre la cuerda. No he querido verlos, no he querido poner rostro a la tragedia, bastante duro fue escuchar el relato de Noelia, la voz quebrada al hablar de otro amigo perdido: Pino, toda una vida endulzando los días desde su heladería, que esa mañana, al igual que todas, se despedía de ella al llegar a Vernazza en el tren que ambos tomaban desde la Spezia:
-Que pases un buen día!- «españolita» la llamaba.

Estoy releyendo el texto y no puedo evitar un escalofrío, un velo de tristeza que me empaña la mirada. Pero no este el objetivo de mi relato.
En apenas unos meses todo el pueblo de Vernazza había sumado esfuerzos para recibir a todos aquellos que decidieron visitar uno de los lugares con mayor encanto de Le Cinque Terre. Además, me reconforté con una buena comida en «Il Pirata», mucho más agradable desde que lo reformaron- a pesar de las circunstancias de tal «reforma»-  y endulcé cualquier resto de tristeza o melancolía gracias a Gian Luca y sus pasteles sicilianos. La chiacchierata, aunque fuese en español, corrió a cargo de Noelia. Hablamos de su añorada Galicia, de su familia tan lejos, de la temida crisis… pero nos dió una enorme lección: de nada sirve lamentarse y sólo queda -en un dicho tan español- «tirar palante».

Con la llegada del invierno Vernazza cuelga el cartel de «cerrado por vacaciones». La primavera es una época excepcional para visitar este paraje natural privilegiado. Cada año, a partir de Semana Santa, como es habitual, » Il Pirata delle Cinque Terre» navega de nuevo por las aguas del mar de Liguria.

 

Nos alojamos en… Riad Chams (Marrakech)

¡Muy buenas viajeros! Como cada vez que volvemos de un viaje, toca escribir una reseña sobre los alojamientos en los que hemos pernoctado, y por ello hoy toca analizar a fondo el Riad donde nos alojamos durante nuestra escapada a Marrakech, el Riad Chams. ¡Allá vamos!

El Riad Chams, es uno de esos alojamientos de ensueño tradicionales marroquíes, una gran casa construida entorno a un precioso patio central. Cuenta con tan solo 8 habitaciones, pero es este uno de los puntos fuertes del Riad, que ofrece una tranquilidad absoluta. Cada habitación lleva el nombre de una joya, siendo la Diamante la que nosotros escogimos para nuestra estancia.

El Riad se divide en 4 pisos: La planta baja donde se encuentra el patio (Y donde estaba nuestra habitación), la primera planta con un bonito balcón y la segunda y tercera planta con sus terrazas panorámicas.

 

TEST DE LA HABITACIÓN

Como mencioné anteriormente, escogimos la habitación diamante, una gran suite de 22 metros cuadrados con baño tradicional marroquí (Es la única habitación que lo tiene). La habitación está decorada con sencillez pero tiene todo lo necesario para hacer la estancia agradable. La cama es super amplia y confortable y hay unas estanterías para poner bolsas o maletas. Quizá eché en falta un armario, pero tampoco llevábamos cosas de colgar. El baño es sin duda lo mejor de todo: todo está construido en piedra con tonos turquesas y beiges, tiene una bañera gigantesca como las de los hammam, y grifos en acabados dorados.

 

EL DESAYUNO

El desayuno fue sin duda otro de los puntos fuertes del Riad. Para beber se podía escoger entre té y café (Ojo, no es café tipo espresso sino de tipo cafetera de goteo) Nosotros optamos por el té ya que en Marruecos lo preparan riquísimo. Además de lo anterior, también sirven zumo de naranja. Para comer, ambos días nos sirvieron pan reciente tostado con mantequilla y mermelada de naranja casera, un dulce tipo bizcocho y una especie de «tortitas/crepes»: El primer día fueron Msemen (o rghaif), y el segundo, Baghrirs.

Aunque no sea un formato de desayuno buffet, creedme que fue mas que suficiente para «cargar pilas» y aguantar hasta la hora de comer.

El desayuno se sirve en el patio central, pero si hace buen tiempo, podéis pedir que os lo suban a la terraza del piso superior.

 

COMIDA Y CENA TRADICIONAL MARROQUÍ

Aunque la comida y la cena no esten incluidas en el precio de la habitación, es posible comer en el Riad Chams avisando con 24h de antelación.

 

LAS TERRAZAS

El Riad Chams cuenta con dos terrazas, situadas en la segunda planta y la azotea respectivamente. Nosotros tuvimos mala suerte con el tiempo y no pudimos disfrutarlas demasiado pero, si el clima lo permite, en la azotea se suele montar un espacio de relax con sofás y mesas donde disfrutar de un te, a la sombra de una jaima.

 

EXCURSIONES

Si viajáis a Marrakech con tiempo, no como nosotros que apenas estuvimos un par de dias, el Riad Chams organiza excursiones a algunos lugares como los montes del Atlas o el desierto de Merzouga.

 

En resumen: este es uno de esos establecimientos que podríamos catalogar con las tres B (bueno, bonito, barato) La relación calidad precio, que es realmente buena (pagamos 60€ por noche en habitación doble) y una excelente ubicación, a tan solo 10 minutos andando de la plaza de Jamaa el Fna, hacen de el Riad Chams una opción perfecta ¿Lo volveríamos a elegir? ¡Sin duda! Así que tomad nota.

Y vosotros ¿os habéis alojado en algún Riad? ¿Cómo fue vuestra experiencia?

¡Hasta la próxima, viajeros!

Comiendo en… La Trattoria Napoletana (Bilbao)

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Comiendo en… La Trattoria Napoletana (Bilbao)

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La Trattoria Napoletana de Bilbao es uno de nuestros restaurantes favoritos y ya os lo contamos en este post que, además,  fue de los primeros que publicamos. Hacía ya un tiempo que no íbamos por allí así que nos hemos encontrado con algunas novedades. Por eso hemos decidido actualizarlo, para que no os perdáis nada de nada. Ya os aseguramos que ésta era  auténtica Trattoria Napoletana en el centro de Bilbao. Nosotros aprovechamos que se celebraba la Semana Grande (Aste Nagusia) para regalarnos con una cenita.

Seguro que te ha sucedido alguna vez:  hace poco, o mucho tiempo que regresaste de tu último viaje a Italia, estás recordando todos esos lugares maravillosos que visitaste, sobre todo en el sur. Quizá revises cientos de fotografías tomadas y muy probablemente aparezcan algunas de los suculentos platos que probaste en tu viaje. Si eres de esos, de los que fotografían todo lo que comen, pero incluso si no lo haces, de lo que estoy segura es de que te entrará una nostalgia tremenda y unas ganas locas de volver a reencontrar esos sabores auténticos, las raciones inmensas y la conversación amena con la familia que regentaba aquella pequeña trattoria  encantadora con sus mesas de manteles a cuadros rojos y blancos.

Siempre has sido fan de la cocina italiana, y seguramente los restaurantes de tu ciudad- italianos o pseudoitalianos- te parecían estupendos y auténticos. Pero esa percepción cambia una vez visitas el país de la bota. A tu regreso la pasta te resulta insípida y sin gracia, la pizza se te indigesta debido a las fermentaciones rápidas de la masa y «nada vuelve a ser igual».

Si vives en Bilbao o alrededores, o estás de visita en la ciudad, estás de suerte. En Campo Volantín 14, muy cerca del Ayuntamiento, encontrarás «La Trattoria Napoletana», un pedacito de Sorrento en el corazón de la ciudad. Gestionada por tres jóvenes: Mario, Maria y Salvatore (Toti para sus clientes y amigos) ofrece una cocina sencilla y sin pretensiones, hecha con cariño y manteniendo el espíritu de su añorada tierra.

En la carta, recién renovada, algunos antipasti clásicos como los embutidos acompañados de focaccia, verduras a la plancha y una enorme y cremosa bola de mozarella de búfala. Pero mi debilidad es, sin duda alguna, la Parmigiana (otro día os damos la receta). Para continuar con una selección de platos de pasta, a destacar «le lasagne»- que es en realidad el nombre de lo que todos llamamos lasaña- y otra lista de pizzas, Aquí no esperéis encontrar cosas raras con salsa carbonara o piña, sólo masa de larga fermentación, gruesa en el borde y fina en el centro, con un par de ingredientes, tal y como se come en Nápoles, donde la pizza es motivo de debate y disputa pues cualquier local del casco antiguo os  asegurará que la suya es la auténtica y original, así como la mejor de la ciudad.

La novedad es que ahora, en lugar de carta, la Trattoria propone menús para dos, aunque dadas las cantidades podría comer todo un regimiento (vale, igual exagero). Nosotros como éramos tres compartimos un menú y casi no pudimos con todo.

Los consejos que os dimos entonces, sobre la carta que ofrecían, iba a decir que no sirven pero son aplicables a su nuevo formato de menús:

«Pero lo que os recomiendo de verdad si estáis indecisos con la carta en la mano son dos cosas: la primera que pidáis siempre para compartir ya que las raciones de pasta de la Trattoria equivalen a dos platos de los que yo pongo en casa- y os aseguro que somos de buen comer. La segunda, que optéis por los platos que están fuera de la carta- generalmente una pasta y una especialidad de pizza- que cambian y que os entregarán escritos a boli en una hoja de papel. El motivo es muy sencillo: suelen ser platos que van acorde a la estación- por ejemplo en otoño incluyen ingredientes como la calabaza o las castañas- y muy distintos a lo que podáis encontrar habitualmente en otros restaurantes»

Todos los menús incluyen un entrante a compartir y de segundo dos pizzas, o bien una pizza y un plato de pasta, más el postre y la bebida. Los precios 36€ para el menú con pizza y 50€ para el que incluye pasta (para dos personas) ¡No me negaréis que éste es uno de esos sitios con las tres B!

Capítulo aparte merecen los postres de la Trattoria Napoletana, que ni siquiera figuran en la carta. Simplemente, Toti abrirá la nevera, sacará las bandejas con lo que haya ese día – generalmente nunca faltan los canoli sicilianos ni el tiramisú- y entonces estaréis en un grave aprieto. Personalmente adoro la torta de pera y ricotta pero sea cual sea la elección no hay posibilidad de errar. Un buen café, bien cargadito como gusta en Nápoles, y os sentiréis las personas más afortunadas del mundo.

La bodega, por otra parte, no es muy amplia pero además de una birra Moretti podéis degustar un vino blanco de Puglia muy rico y algún tinto siciliano que no está nada mal.

Tan gran festín, junto con las fotos de Nápoles y Sorrento colgadas en el pequeñísimo local, os hará sentir como si estuvieséis de nuevo en vuestro viaje.

Se me olvidaba algo muy importante: si queréis comer o cenar en La Trattoria Napoletana no se puede reservar. Esto también ha cambiado, por desgracia, ante la cantidad de reservas fallidas (osea que no se presentaban) El local es pequeño y está siempre lleno, pero no tendréis problema si llegáis prontito, a pesar de que en España nos gusta demasiado cenar tarde.

Alguna vez le he comentado a Toti que deberían trasladarse a un local más grande pero me dice, y con razón, que no sería lo mismo, que no podría saludar personalmente a sus clientes ni charlar con ellos. Y yo, que queréis que os diga, encuentro pocos lugares donde el placer de la comida se una al de la compañía y donde la cocinera- la dulce María- te despida con un par de besos.

Gracias a la Trattoria Napoletana por cedernos las fotos para el artículo.
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Comiendo en… Miss Can (Lisboa) ¿Quién dijo que no se puede comer bien «de lata»?

 

Aquí estamos de nuevo, viajeros, y lo hacemos con una review de Miss Can, uno de los sitios que más gratamente me ha sorprendido de todos los viajes que he hecho. La escapada a Lisboa fue tan express e improvisada, que por primera vez no me dio tiempo siquiera a echar un vistazo a sitios donde poder llenar el estómago.

Llegamos el viernes a primera hora y el hambre empezaba a apretar, mientras caminábamos por el pintoresco barrio del castillo de San Jorge. cuando dimos con este lugar: ya que iba sin referencias no me apetecía meterme en algún sitio demasiado concurrido (¿Trampas para turistas? No, gracias) y Miss Can parecía ser la opción perfecta: Apenas un par de mesas diminutas en la acera, una carta reducida (Hay quien dice que menos es más) y buen precio… What else?

 

¿Qué puedo comer en Miss Can?

«No he venido hasta Lisboa para comer atún en lata» es lo que pensaría cualquier persona normal, pero, ¿Y si te digo que Miss Can elabora sus propias conservas? Tienes para elegir entre Atún, Caballa, Sardinas y el producto nacional portugués por excelencia: el bacalao, en aceite de oliva o picante. Además, puedes acompañarlas de otros entrantes y tapas como aceitunas, ensaladas y por supuesto una buena copa de vino.

Nosotros pedimos una ensalada de tomate, una conserva de atún en aceite picante, una conserva de sardinas en aceite de oliva, aceitunas y pan hecho en casa.

Todo esto junto a un par de copitas de vino no nos costó más de 15€.

El sitio está bien si queréis comer en plan de tapeo, sin parar demasiado tiempo, aunque la verdad que en la terraza se estaba que daba gusto con el sol.

La atención del personal fue correctísima y no faltaron las típicas bromas de Real Madrid vs. Barça cuando les dijimos que éramos Españoles.

Si queréis probar las conservas de Miss Can pero no podéis desplazaros a Lisboa, estáis de suerte: Cuentan con tienda online donde podéis realizar vuestro pedido para que os llegue cómodamente a casa. Podéis echar un vistazo aquí.

 

Miss Can está en: Largo do Contador Mor 17, 1100-160 Lisboa, Portugal

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Nos alojamos en… Savoia Palace Hotel (Madonna di Campiglio)

Este post forma parte de la serie del blogtrip de 4 días en Madonna di Campiglio al que nos invitó ActivityBreaks. Durante nuestro viaje a Madonna di Campiglio (TN), tuvimos la suerte de estar alojados en este hotelazo de la cadena Antonioli, el Savoia Palace. Este hotel de 4 estrellas tiene una posición inmejorable, en la calle principal del pueblo y a tan sólo unos minutos andando de las pistas de esquí.

 

LAS HABITACIONES

Pasamos 3 noches en una Junior Suite con balcón y unas vistas impresionantes a la calle principal y a las pistas de esquí. Las habitaciones cuentan con cama doble king-size, un armario bastante amplio, una especie de escritorio enorme donde poder trabajar comodamente y baño con ducha y bañera.

Las vistas desde la habitación, de lo mejorcito

La decoración es clásica alpina, con suelo de madera y toques rústicos, característica de gran parte de la zona del Trentino. Las cama era comodísima, cosa que se agradece después de un día intenso esquiando o haciendo trekking. Me gustó bastante que en el baño, además de dejar los típicos geles y champús, también dejaban artículos de belleza como algodones desmaquillantes o limas para las uñas.

 

LA SALA DE DESAYUNO Y EL BAR

Sin duda, el desayuno es uno de los puntos fuertes de este hotel, perfecto para cargar las pilas en vista de una jornada de esquí o caminatas. El Savoia Palace ofrece un desayuno buffet dulce y salado, destacando por su mantequilla y mermeladas biológicas (A mi fue lo que más me gustó), sus tartas y bizcochos hechos en casa o crepes y pancakes hechas al momento. También ofrecen desayuno inglés, embutidos, fruta fresca, cereales…

Pancakes recién hechas con mermeladas caseras… ¿Se puede pedir más?
Mermeladas caseras: Arándano, mora, arándano rojo, frambuesa… también había miel
Dulces hechos en casa

El bar en cambio, es el lugar perfecto donde relajarse tomando un aperitivo antes de la cena, o un café y un amaro después de ésta. Si además tenéis la suerte de sentaros junto al fuego podréis disfrutar de una experiencia completa al 100%.

 

EL RESTAURANTE

Otra de las cosas que me sorprendió gratamente fue el restaurante del hotel. Para ser sincera raramente me quedo a cenar en los hoteles, pensando que la cocina sería mediocre, pero el Savoia Palace me ha hecho cambiar de opinión. La cena consta de un buffet de ensaladas, 2 entrantes, 4 platos principales, 4 segundos platos (De los cuales hay que elegir uno) y un buffet de postres. La gastronomía es una maravilla, está basada en recetas italianas con algunos toques internacionales: hay desde pasta, risotto o cremas hasta carnes, pescado, quesos… todo elegantemente presentado.

Algunos de los platos que más nos gustaron fueron las conchas al nero di seppia con crema de salmón y huevas y el risotto de remolacha con fonduta de taleggio. Todo estaba espectacular, pero estos dos platos nos gustaron especialmente.

Pasta al nero di seppia con crema de salmón y huevas… dulce manjar de los dioses.

 

 

EL SPA

¿Qué mejor forma de relajarse tras un duro día si no en el Spa? Es gratuito para los clientes del Savoia Palace y Caterina estará encantada de recibiros. Consta de una sauna, un baño turco, una bañera de hidromasaje y de varias duchas que alternan ciclos de agua caliente y fría con aromaterapia. También hay tratamientos de belleza y masajes a un coste bastante interesante. Además tendréis siempre a disposición agua, té e infusiones para rehidrataros.


Además tendréis a disposición toallas para no tener que mojar los albornoces y que podáis volver secos sequitos a la habitación.

 

Como dato informativo, el Savoia Palace admite perros solo de talla pequeña, pero en su vecino el hotel Miramonti, no tendréis ningún problema en llevaros a vuestro amigo peludo. Además seguro que se lo pasan genial con Bernie, el «pequeñajo» de la casa 😉

 

Recordad que si queréis alojaros en el Savoia Palace,  ActivityBreaks elabora paquetes de hotel+ varias actividades que son mucho más económicos que reservar el hotel por tu cuenta. Como habréis podido comprobar la palabra «Palace» define perfectamente este coqueto hotel de lujo de Madonna di Campiglio. Nosotros ya estamos deseando volver.

Nos alojamos en… Apostolis Windmill Rooms & Studios (Mykonos)

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¡Muy buenas viajeros! ¿Listos para una nueva review? Os dijimos que volveríamos cargaditos de información de Mykonos, así que lo prometido es deuda. ¿Estáis pensando en viajar a la reina de las Cicladas pero aún tenéis dudas sobre el alojamiento? Pues atentos a nuestra recomendación: Os presentamos el complejo Apostolis Windmill.

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Apostolis Windmill Rooms & Studios es un complejo de apartamentos y habitaciones de estilo tipico cicladico situado en la carretera que va desde Chora hacia las playas de Platy Gialos y Psarou, en una calle perpendicular a principal. La ubicación es perfecta si queréis alejaros del bullicio del pueblo pero al mismo tiempo estar bien comunicados.

El apartamento donde nos alojamos (Studio #1) cuenta con todas las comodidades necesarias para vuestra estancia en Mykonos, ademas de objetos de primera necesidad como jabón para platos y algunos artículos para el baño. Es muy luminoso y  hay servicio de limpieza y cambio de toallas y sábanas cada día. Lo mejor sin duda es la terraza, porque al estar más alto respecto al resto de apartamentos, ofrece una vista espectacular. El Wi-Fi es potente y rápido (Importante ¿Verdad?).

Akis y Anna, los dueños de Apostolis Windmill, son unas personas encantadoras que en todo momento estarán dispuestas a ayudaros y daros indicaciones. Además, no dudarán en ir a recogeros al aeropuerto y a acompañaros cuando os marchéis. El complejo no tiene su propio servicio de alquiler de motos, pero tienen un acuerdo con una empresa de Ornos para ofrecer un 10% de descuento a los clientes. Nosotros lo aprovechamos y nos fue muy bien.

El complejo está a tan solo 3km del centro de Mykonos Town, y cerca de diversos servicios:

  • Supermercados: DiELLAS (900 metros) y Carrefour (1,4 km). Nosotros recomendamos DiELLAS porque los precios son bastante inferiores a los del resto. A lo largo de la carretera principal también hay otros mini-markets.
  • Farmacias: En la carretera que va hacia Chora encontrareis muchisimas farmacias.
  • Playas: Platy Gialos (2,6km), Ornos (1,9km) y Psarou (1,7 km).
  • Alquiler de motos: Moto Wind rent a bike, en Ornos (2,2 km).
  • Hospital: el hospital publico se encuentra en una de las rotondas principales, donde se cruzan las carreteras que van en dirección a Tourlos y Ano Mera (3,5 km).

Si estáis interesados en alojaros en el complejo de Apostolis Windmill, podéis consultar su web, o reservar a través de booking o AirBnb (Como hicimos nosotros).

Definitivamente, estos apartamentos son la opción ideal si no queréis gastar demasiado (El precio de los hoteles es muy superior) y estar cerca de todo. No tendréis problemas para aparcar (Cosa que si os alojáis en el centro del pueblo es más probable) y el descanso está asegurado en este pequeño oasis de tranquilidad. Akis y Anna os recibirán con los brazos abiertos.
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5 locales con las 3 B (Bueno, bonito, barato) para comer en Mykonos

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Bueno, bonito, barato. La regla de oro de las tres «B», el triángulo perfecto para decidir dónde ir a comer en un sitio tan relativamente (Digo relativamente porque soy de la opinión que no hay destinos baratos ni caros, todo depende de como te lo montes) caro como lo es Mykonos (Y no, no solo de bocadillos sobrevive el viajero). Atentos a estos 5 locales donde comer bien y hasta la saciedad por poco dinero en la Ibiza griega:

1.LEONIDAS

EL MEJOR GYROS DE MYKONOS

Empezamos con nuestros amigos (Porque si, tras dos años seguidos yendo a comer a este local, ya los consideramos amigos), los reyes del Gyros. Tras haber probado en varios sitios, debo decretar ganador absoluto a Leonidas. ¿Por qué? Porque ofrecen Gyros de cerdo, pollo, souvlaki (Trozos de brocheta de carne), ternera… para los que no sean amantes de este clásico griego hay varias alternativas: Hamburguesas, Hot dogs, bocadillos con salchicha fresca de Mykonos, sandwiches variados…

Cada pedido es personalizable y puedes añadir cualquier ingrediente que tengan en la nevera. A destacar: La salsa picante, estelar, la mejor que haya probado nunca (No es la típica salsa de Kebab), hecha a base de paprika.

Precios:

  • Gyros: 2,80€ (cualquier tipo de carne)
  • Plato de patatas fritas: 3€
  • Cerveza de 0,5l: 3€
  • Botella de agua de 0,5l: 0,60€

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2.TO APOMERO

EL DIAMANTE EN BRUTO DE ORNOS

Primer descubrimiento inesperado del viaje. Nuestro penúltimo día habíamos terminado los víveres con que preparar nuestros bocadillos para la playa, por lo que decidimos comer fuera. Ese día tocaba relax en la playa de Ornos, una pequeña localidad de pescadores, tranquila y ajetreada a la vez, debido a que es el punto de partida de muchos barcos. El caso es que buscando por TripAdvisor veía que todo el mundo recomendaba los restaurantes de la playa, pero sinceramente no quería gastarme un dineral. Hasta que di con este sitio puntuado «discretamente». Leí unos cuantos comentarios y decidimos ir allí, ya que además nos pillaba de paso para ir a nuestro siguiente destino, Agios Ioannis.

Ni que decir que superó ampliamente nuestras expectativas. Comida muy rica, cocinada con mucho mimo, casera y a un precio de risa. Sinceramente me pregunto por qué había tan poca gente comiendo allí, el sitio está en una calle perpendicular a la carretera principal, por lo que a simple vista no se ve. Quizá sea por eso. El restaurante está especializado en comida griega y pescado.

Precios:

  • Moussaka: 8€
  • Mejillones Saganaki: 12€
  • Aperitivo de Tarama (Una crema-salsa hecha a base de huevas de pescado curadas, tenía un sabor similar al caviar): 4€
  • Cerveza de 0,5l: 4€
  • Agua: 1€

Total: 29€

Las porciones son inmensas. Yo soy muy fan de la moussaka, pero tengo que admitir que este asalto lo ganaron los mejillones.


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3.NOODLES BAR

JAPONEANDO EN MYKONOS

¿Queréis tomar algo de comida asiática sin tener que vender un riñón? Porque si, hay buenos restaurantes de cocina oriental en la isla, pero el precio… telita. Pues os sugiero que os paséis por este pequeño corner-bar que os sorprenderá a buen seguro. La fórmula es sencilla: Escoges la materia prima – Noodles de huevo, noodles de arroz o arroz. Precio fijo 6,50€ -, de base todos llevan verduras (Col china, zanahoria y más cosas). Después se pasa a una lista de ingredientes principales donde podemos elegir entre pollo, pato, ternera, cerdo, gambas, huevo, piña… cada ingrediente tiene un precio y se pueden añadir tantos como queráis. El tercer escalón consiste en elegir la salsa, que es gratis. Para los que se queden con ganas aún se pueden añadir varios toppings – cacahuetes y sésamo entre otros -. Como veis las combinaciones son infinitas.

Nosotros vinimos dos días seguidos por aquí y compartíamos una tarrina (Las raciones son enormes, pero más que nada lo hacíamos porque queríamos probar más sitios y no nos íbamos a pasar todo el viaje comiendo xD). Los noodles están perfectamente cocinados y condimentados proporcionadamente.

Noodles de arroz con pollo, verduras y salsa picante sichuan

El local cuenta con una diminuta barra para comer rápidamente y una mesita en el exterior donde sentarse, aunque el sitio está más pensado como take-away, pero tranquilos, en Mykonos no tendréis problemas para encontrar una esquina o unas escaleras donde sentaros a degustar esta delicia.
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4.PREMIER CREPES

PARA LOS MÁS GOLOSOS

Del nombre se deduce la especialidad de este sitio: Crepes (Dulces y saladas) y no sólo: Gofres, helados, zumos de fruta naturales, smoothies (Mis preferidos y de los que nunca me cansé de repetir) bocadillos, baigels…

Fueron numerosas las veces que nos paramos a tomar algo aquí. Probamos varios tipos de smoothies y el zumo de naranja (Atención, cantidades industriales, los vasos son realmente grandes). La última noche nos acercamos a comer unas crepes (de chocolate y chocolate blanco con galletas desmigadas) y son una maravilla.

Smoothies de mango & naranja y coco & piña

El local cuenta con bastante espacio dentro, pero lo mejor es sentarse en las mesitas que están puestas a lo largo de la calle.

Las crepes parten de los 4,50€ aproximadamente, y por cada ingrediente extra o topping que añadamos, sube el precio. Los smoothies parten de los 4€ y tienen una lista de sugerencias con precio fijo de 4,20€. El café griego 2€.

Pd. De las crepes no hay foto porque tenía tanta hambre que se me pasó por completo retratarlas XD
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5.PEPPER

SOUVLAKI CON CLASE

Souvlaki de cerdo y de pollo

Si Leonidas estuviera cerrado y tuviéramos que buscar un segundo local para comer gyros o souvlaki, éste sería Pepper. Aunque lo que más me gusta de este local no es el gyros en si, sino los otros platos que ofrecen: La salsa de feta picante es perfecta acompañar las patatas BBQ, patatas con piel pasadas por la plancha y fritas, de aspecto rústico.

Los precios son ligeramente superiores a Leónidas (Un gyros 3,50€, una porción/pincho de souvlaki 2€) pero también hay que decir que la presentación de los platos es muy buena. El local es pequeño y muy bonito por dentro.

Salsa de feta picante acompañada de pan de pita. Aquí lo hacen de maíz.

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¿Aún tenéis excusa para no viajar a Mykonos? Espero que el comer no sea una de ellas 😉 Recordad, ¡Bueno, bonito, barato!
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Comiendo en… Joanna’s Niko’s Place (Mykonos)

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Cuando pienso en la taberna de Joanna, me vienen muchas cosas a la cabeza. Su ambiente tranquilo, su exquisita comida, su staff amable y siempre disponible… y me pregunto, ¿Cómo puede ser que no haya conocido este sitio antes?

JOANNA’S NIKO’S PLACE

La taberna de Joanna se encuentra a dos pasos del centro de Mykonos, en la playa de Megali Ammos. Cuenta con una sala interior y una terraza con unas magníficas vistas de los famosos molinos.

Os aconsejamos reservar ya que al no ser muy grande, se llena muy rápido. Nosotros tuvimos la suerte de compartir mesa con otra pareja, si no, no hubiéramos podido cenar.

La particularidad de este local es que está gestionado únicamente por mujeres (y será por eso que funciona tan bien 😉 ). Fuera de la sala principal, en plena playa, se encuentra la cocina donde preparan pescado, carne ,verduras… a la plancha. Los ingredientes son de primera calidad, se limpian y preparan en la cocina interna y después se llevan a la plancha para ser cocinados.

Como en muchos de los restaurantes de Mykonos, una de las especialidades es el pescado y el marisco. Tengo que decir que me sorprendió muchísimo más de lo que esperaba: No sólo todo lo que comimos estaba delicioso, sino que además, los precios son mucho más bajos en comparación con la media de la isla. Hemos comido pescado en otros restaurantes, pero las recetas de Joanna son insuperables. Como alternativa, encontraréis recetas tradicionales griegas y muchísimos platos para picotear.

Otra de las cosas que me gustó del local, es que las tumbonas de la playa son de uso exclusivo para los clientes, no se alquilan.

Pero vamos al grano: ¿Qué comimos en Joanna’s Niko’s place?

  • Tzatziki con pan de pita como aperitivo
  • Croquetas de marisco y verduras
  • Calamares rellenos de crema de feta, paprika y verduras

  • Fritura mixta de calamares, gambas y sardinitas o anchoas
  • Baklava
  • Tarta de chocolate caliente y galletas

Nosotros siempre recomendamos pedir cosas distintas o varios platos de picoteo para compartir, así se puede probar de todo. Si tengo que decidirme por algo, serían los calamares rellenos, simplemente deliciosos, tiernos, el relleno estaba exquisito. La fritura también me encantó ya que estaba bien crujiente. Las porciones de los postres monumentales, con uno para compartir hubiese sido suficiente.

Y tranquilos, si no os aclaráis con el inglés, la carta también está escrita en perfecto español.

Bien, antes dije que en Joanna’s Niko’s Place los precios estaban por debajo de la media de Mykonos. Esta fue nuestra cuenta:

En mi opinión es una relación calidad-precio excelente, teniendo en cuenta que estábamos en plena playa (Probad a ver cuánto cuesta comer en algunos beach bars, ni con la Visa platino), no es más de lo que se paga en cualquier restaurante de pescado mínimamente decente. Con la cuenta os ofrecerán licor típico griego.

Además, si queréis disfrutar de un aperitivo a buen precio, os recomendamos que vengáis entre las 16.30 y las 18.00 y probéis los deliciosos Cocktails con fruta fresca a sólo 6€ (¡Encontrad otro sitio en la isla con cocktails tan baratos!). Nosotros volvimos dos días después y decidimos acompañarlos de una deliciosa bruschetta griega con salsa de yogurt y tomate.

Gracias a Joanna y a todo el personal por hacernos disfrutar de una cena fantástica. ¡Volveremos a visitaros el año que viene!

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