Il pirata delle Cinque Terre

Tal y como prometí en nuestro completísimo post con los mejores lugares para comer, sirva este breve relato para contar como conocí al «pirata delle Cinque Terre». Siento que no haya grandes dosis de aventura, peligros ni luchas cruentas al más puro estilo hollywoodiense, pero lo que si puedo asegurar es que al final hubo botín, suculento y dulce como pocos. Fue en mi primera visita a Vernazza…

Vernazza es uno de los pueblos de este bello paraje natural conocido como Cinque Terre. Es probablemente uno de los que mayor encanto posee y también uno de los que recibe mayor afluencia de visitantes. Como es tan frecuente en estas tierras, el Castillo Doria con su torre vigila desde hace siglos ante la amenaza y los ataques de piratas que surcaban el Mediterráneo. Ahora, los únicos barcos que se ven, acercándose desde el horizonte, son las lanchas privadas, los taxis acuáticos o el servicio regular del Consorzio Marittimo Turistico 5 Terre.

Acostumbrada al asedio de los visitantes, especialmente en la época veraniega, esta población encaramada a las rocas, con una larga calle que une la estación ferroviaria con el puerto y estrechísimos callejones de empinadas escaleras, recibe al visitante con sus fachadas de colores alegres, desconchados por el azote de los vientos, la humedad y el salitre que se saborea en al aire. Demorarse en esta plaza, de sencillos pero hermosos soportales, es un placer para los sentidos y a falta de largas playas de arena fina, sumergir los pies en el mar, sentados sobre una roca, proporciona instantes de felicidad absoluta, tanto que dan ganas de gritar o chapotear como haría un niño.

 

 

Los toldos y sombrillas en la plaza, en las terrazas de los restaurantes, son un verdadero reclamo para el visitante. Cestillos con ajos y limones dispuestos a posar ante las cámaras o la paleta de un pintor, casi de atrezzo si no fuera porque despiden un auténtico y profundo perfume. Pero, fiel a mi idea de que es mejor huir de los lugares con «mejores vistas» o de las zonas más concurridas en cualquier destino, salvo que a uno no le importe que las vistas vayan incluidas en la factura y a riesgo de que las mismas nos distraigan sobre la calidad de la comida (hay excepciones, claro, pero uno debe poder o querer darse el capricho) he decidido buscar uno de esos lugares donde el buen comer sea el «primer mandamiento».

 

Comer en Il pirata delle Cinque Terre

Esta fue nuestra primera experiencia en Il Pirata delle Cinque Terre. La reseña se publicó en mi antiguo blog «De viajes y libros» el 29 de agosto de 2011. Si leéis este post hasta el final, además de agradeceros la paciencia, entenderéis la importancia de la fecha.

Días antes de mi viaje, decidí indagar por internet… videos, opiniones, guías. En algunos casos uno solo logra obtener mayor confusión pues al adjetivo ¡excelente!, por parte de unos, sigue el de ¡nefasto! por parte de otros. Pero, por una vez, me alegro de haber insistido en buscar Il Pirata delle Cinque Terre, situado en Via Gavino – por cierto, preguntamos en varias tiendas por la dirección y no supieron indicarnos dónde estaba- que finalmente encontramos gracias a la chica de la farmacia, a quien preguntamos directamente por el restaurante…»Ah, lo conosco». Y así dimos al fin con el pirata más famoso y alegre de Cinque Terre, que conquistó este lugar con las mejores armas: ¡simpatía, estupenda comida y pastelería siciliana!

 

Cannoli sicilianos

 

Siguiendo la calle de la izquierda, si miramos de frente a la estación de tren, llegaréis al parking (aparcar en Cinque Terre resulta bastante complicado). Justo allí veréis un bar, el típico bar que podemos encontrar en cualquier pueblo, con algunas mesitas en la calle en las que los lugareños toman un vino. La primera reacción puede ser la sorpresa, como confieso que nos ocurrió, pero no lo penséis más, ocupad una de las mesas y dejaos aconsejar, o elegid al azar cualquiera de los suculentos platos de pasta que ofrecen y alguna ensalada – si vais al mediodía es lo que hay, los antipasti sólo los sirven en la cena-. Mi único consejo es que dejéis un hueco en vuestro estómago para el postre.

Probablemente parezca un sinsentido comer en un restaurante siciliano en Liguria, aunque entre los platos de su carta hay espacio para la cocina ligur, como los ñoquis al pesto, o la ensalada con frutti di mare (pulpitos, calamares, gambas…) y para otras recetas tradicionales en toda la cocina italiana, como una excelente lasagna de carne. Pero esta vez la excepción bien merece la pena.

El hallazgo, además, no es sólo gastronómico. Al placer de la comida se une el de la conversación, en perfecto castellano. Esto tiene una sencilla explicación, ya que «Il Pirata» y todas sus tentaciones corren a cargo de Massimo y Luca, dos gemelos sicilianos que se establecieron en este bellísimo pueblo de Cinque Terre. Massimo está casado con Noelia, una donostiarra de origen gallego, que además atiende el  negocio, osea que nos encontramos con un «rizar el rizo» de los movimientos migratorios, y el tema daría para una tesis doctoral. Como italianos y españoles compartimos una especie de deporte nacional, que no es otro que el de «pegar la hebra» (no se si el «Fare una chiacchieratta» serviría como sinónimo) la sobremesa puede alargarse con peligrosos resultados: ¡repetir postre y café!.

 

Con Gian Luca y Noelia

No es la primera vez que escribo sobre mi adicción y/o pasión por el café. Intento recordar, en cada lugar que visito, el mejor que he tomado y puedo asegurar, sin duda alguna, que fue el mejor de este viaje. Parece ser que hay un motivo para ello, según me contaba Noelia, Massimo es tremedamente exigente con el café y cambia el grosor en el molido dependiendo de las condiciones atmosféricas, mayor o menor humedad en el ambiente etc. Está bien descubrir que una no es tan neurótica con el asunto del café o que al menos hay quien comparte mi exigencia.

Luca, de cuya mano- o quizá posee una varita mágica?- surgen las más dulces tentaciones de la pasteleria siciliana, me «riñe» porque los cannoli, quizá el más conocido y popular de los dulces de esa región, son un postre para el invierno. Pero… yo no puedo viajar en invierno, y la bella Sicilia es todavía un destino escrito en el papel, en una larga lista de la que tan sólo he logrado tachar algunos nombres, de manera que creo que bien merezco la oportunidad de comer uno, al menos. Para no defraudarle, y siguiendo sus consejos, hacemos un pequeño «sacrificio» y también pedimos la panna cotta con frutos rojos.

Pero mi paso por «Il Pirata delle Cinque Terre» todavía me tenía reservada una última sorpresa: entre las decenas de fotos y postales en la pared, descubro ¡al mismísimo Rick Steves!. Ahora ya puedo decir aquello de «al fin soy como Rick Steves». Bromas aparte, y dejando bien claro que desconocía la recomendación en su guía, a pesar de que soy consciente que para los turistas norteamericanos es una especie de «biblia», voy a hacer un «poquito mío» el descubrimiento y la recomendación desde este pequeñísimo rincón de los viajes (cuando escribí esto me refería a mi modesto blog, que me dio tantas satisfacciones)

Supongo que a Massimo y Luca no les habrá importado el apelativo de «Cannoli brothers» por parte del señor Steves, ya que ellos mismos hacen gala de su alias, pero puedo asegurar que el humor siciliano es mucho más hilarante que el norteamericano. Sin que nadie se moleste- yo no lo hago- Massimo nos cuenta que la primera vez que visitó España y le sirvieron un café con leche preguntó a la camarera si no se había confundido, ¡No había pedido té!

Tan estupenda experiencia sólo tuvo un resultado: al día siguiente hicimos todo lo posible por volver, esta vez a la hora de la cena. Ahora, cumplimos penitencia por el pecado de la gula, recordando con nostalgia la textura crujiente del hojaldre de un millefoglie con crema.

Il pirata delle Cinque Terre navega de nuevo

Máquinas excavadoras, hierro y bloques de hormigón, barro y polvo…. el enorme socavón aún sin cubrir en lo que fue el antiguo parking de Vernazza, junto al río, que llegado el verano discurre tranquilo, con poca agua. El mismo río desbordado meses atrás por la furia de una lluvia incesante, como jamás recuerdan los mayores del pueblo, aquel fatídico 25 de octubre de 2011, que arrastraba muros y tejados, árboles y automóviles, lavadoras, neveras y otros enseres domésticos… y las vidas, se contaron hasta tres, de quienes obstinados o temerosos miraban al cielo sin ser capaces de abandonar el lugar que les vió nacer.

Regresamos en 2012, enamorados de esta tierra, para pasar unos días de verano en Riomaggiore.

Ya me lo había advertido Noelia en su último correo: «tenemos polvo, barro… mucho polvo» pero nadie en el pueblo puede permitirse mantener su negocio cerrado durante un año, y al menos haría falta ese tiempo para que todo volviese a la normalidad. Así que «Il pirata delle Cinque Terre» abre, precisamente en la zona más devastada de Vernazza. La figura del corsario, sable en mano, sigue recibiendo a los visitantes en el mismo lugar de siempre, aunque me olvido de preguntar si es nueva o si acaso pudo ser rescatada de entre el fango y los escombros.

La estación del ferrocarril parece la misma, pero no lo es. Mirándola ahora, desde abajo, las imágenes que emitieron por televisión, las que circularon por internet, me parecen irreales, increíbles… si la estación queda a una buena altura sobre mi cabeza, ¿cómo es posible que los railes quedasen sepultados bajo el lodo?. Doy unos pasos… retrocedo, convencida de que algo falta en este escenario. Estaba a la izquierda, de eso estoy completamente segura, pero tan solo encuentro los muros blancos. En cuanto tengo ocasión repaso las fotos del verano anterior, y allí está: la imagen a tamaño real sobre la pared , bajo un arco, el camino de piedra y la mujer de espaldas que acarrea un cesto en su cabeza; y estoy yo, jugando a simular que voy por el mismo camino que ella.

 

 

Más arriba, en la «piazzetta dei Caduti», hay columpios nuevos para los niños. Como es pronto para comer, damos la vuelta, calle abajo, ansiosos por ver como se ha recuperado el lugar o si quedan todavía restos del naufragio. Y nos sorprende reencontrar la imagen alegre y apacible, de visitantes curioseando entre las tiendas de souvenirs, tomando un bocado rápido en la calle, como si no hubiese un antes y un después del desastre.

La pequeña capilla dedicada a Santa Marta de Betania se ha recuperado por completo y en su interior permanece la imagen venerada, patrona del hogar y la hospitalidad. Sobre ella, subiendo unas escaleritas, sigue la vineria del mismo nombre, Vineria Santa Marta. Nos alegra ver el negocio abierto de nuevo, con sus productos expuestos en la entrada, los parroquianos sentados alli mismo, junto a la puerta…. la última vez que supimos de la vinería fue a través de internet: de ella solo quedaba a la vista el rótulo de letras, color vino, descoloridas, sobre el toldo.

Angela, la propietaria, va y viene sirviendo el vino a los clientes de siempre- no es éste un negocio sólo para turistas- colocando con mimo y esmero  los productos que vende en su local. Se sorprende, con un ligero resquemor que desaparecerá enseguida, cuando le decimos que hemos traído un regalo para ella.

 

Vineria Santa Marta, antes de las inundaciones

 

El verano anterior, apenas dos meses antes de las devastadoras inundaciones, tomamos desde la calle una foto de su local; el mismo toldo ahora renovado, los lugareños tomando el vino, ella misma exponiendo con sumo cuidado sus mercancías, y en los bancos más abajo, a ras de calle, las señoras que charlan entre ellas mientras reposan en el suelo las bolsas de la compra… una escena cotidiana, casi imposible de lograr si hubiésemos pretendido, a propósito y de forma premeditada, crear la escenografía de la vida diaria en Vernazza.

Por cierto, los bancos de la calle ya no están- desconozco si a fecha de hoy los habrán repuesto-. El estanco, en el que compramos una preciosa postal, y cuya propietaria nos contó orgullosa que una de sus hijas estudiaba español en el colegio, está remodelado por completo, mucho más bonito que antes. Recuerdo a la niña explicándonos, en perfecto castellano, dónde se encontraba el buzón para mandar desde allí nuestro recuerdo.

En la Plaza, bajo los soportales, allí se encontraba el buzón. Y allí siguen las fachadas de colores vivos, la Iglesia de Santa Margarita de Antioquia, que sirvió de refugio y almacén, de improvisada farmacia, a cuantos voluntarios trabajaron para auxiliar al pueblo de Vernazza; en cuyos bancos encontraron reposo los cuerpos extenuados por jornadas interminables de lucha contra el lodo y los escombros. Lo veo en las fotos del libro que compramos, para colaborar en la reconstrucción, obra de Andrea Erdna. Entre las páginas llenas de devastación y deseperanza, de miradas llenas de dolor, me emocionan las sonrisas de gratitud, de solidaridad, las muestras de afecto que trasmiten el trabajo codo a codo, mano a mano, de jóvenes y mayores, de propios y extraños.

Desde esta misma Iglesia veo como arriban los barcos turísticos, cual piratas al abordaje. Algunos atrevidos se bañan en las aguas del puerto, que todavía se ven algo turbias. Me advierte Noelia que ella no ha dejado que su niño se bañe en ese mar, a pesar de que durante un mes han estado dragando el fondo, no vaya a lastimarse con algún resto de metal retorcido, con cualquier objeto- las cámaras frigoríficas de los restaurantes, los electrodomésticos caseros, cualquier pieza perteneciente a los automóviles- pues no termina de creerse que todo lo que sus ojos vieron junto a la orilla haya desparecido para siempre.

No me canso de subir y bajar, de atravesar los callejones ocultos, desbordantes de encanto, de Vernazza. En ellos se puede olvidar el trasiego del puerto, el ir y venir de turistas en la calle principal, se puede olvidar incluso la tragedia. Pero hablar exhorciza los demonios, los miedos; limpia los rastros de la tristeza, como el agua y las palas limpiaron las calles. Aquí nadie evita hablar de lo ocurrido. Aquí nadie busca la compasión. Saben que este es un lugar especial, que deben preservar, y han luchado con todas sus fuerzas para recuperarlo.

Otra cosa son las vidas, los cuerpos arrastrados, que meses más tarde aparecieron en las costas de Niza, porque según dicen aquellos que conocen bien el mar: el mar devuelve a la tierra todo lo que de ella le llega.
La señora Pina, que a sus ochenta años limpiaba afanosamente el balcón de su casa, un segundo piso en la zona alta de Vernazza, justo enfrente de «Il Pirata», desoyendo los gritos y ruegos de los vecinos que le pedían que subiera al piso más alto del edificio.
Sauro, el hombre todavía joven que atenazado por el miedo, incrédulo ante lo que sucedía, no fue capaz de asir la cuerda que le lanzaban y decidió quedarse sentado en su negocio, un bazar en la calle principal, y dejó que la fuerza del agua lo llevase junto con el esfuerzo y el trabajo de toda su vida. Circulan videos por internet en los que se ve al hombre y se escuchan los gritos de aquellos que le piden que agarre la cuerda. No he querido verlos, no he querido poner rostro a la tragedia, bastante duro fue escuchar el relato de Noelia, la voz quebrada al hablar de otro amigo perdido: Pino, toda una vida endulzando los días desde su heladería, que esa mañana, al igual que todas, se despedía de ella al llegar a Vernazza en el tren que ambos tomaban desde la Spezia:
-Que pases un buen día!- «españolita» la llamaba.

Estoy releyendo el texto y no puedo evitar un escalofrío, un velo de tristeza que me empaña la mirada. Pero no este el objetivo de mi relato.
En apenas unos meses todo el pueblo de Vernazza había sumado esfuerzos para recibir a todos aquellos que decidieron visitar uno de los lugares con mayor encanto de Le Cinque Terre. Además, me reconforté con una buena comida en «Il Pirata», mucho más agradable desde que lo reformaron- a pesar de las circunstancias de tal «reforma»-  y endulcé cualquier resto de tristeza o melancolía gracias a Gian Luca y sus pasteles sicilianos. La chiacchierata, aunque fuese en español, corrió a cargo de Noelia. Hablamos de su añorada Galicia, de su familia tan lejos, de la temida crisis… pero nos dió una enorme lección: de nada sirve lamentarse y sólo queda -en un dicho tan español- «tirar palante».

Con la llegada del invierno Vernazza cuelga el cartel de «cerrado por vacaciones». La primavera es una época excepcional para visitar este paraje natural privilegiado. Cada año, a partir de Semana Santa, como es habitual, » Il Pirata delle Cinque Terre» navega de nuevo por las aguas del mar de Liguria.

 

Comiendo en… La Trattoria Napoletana (Bilbao)

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Comiendo en… La Trattoria Napoletana (Bilbao)

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La Trattoria Napoletana de Bilbao es uno de nuestros restaurantes favoritos y ya os lo contamos en este post que, además,  fue de los primeros que publicamos. Hacía ya un tiempo que no íbamos por allí así que nos hemos encontrado con algunas novedades. Por eso hemos decidido actualizarlo, para que no os perdáis nada de nada. Ya os aseguramos que ésta era  auténtica Trattoria Napoletana en el centro de Bilbao. Nosotros aprovechamos que se celebraba la Semana Grande (Aste Nagusia) para regalarnos con una cenita.

Seguro que te ha sucedido alguna vez:  hace poco, o mucho tiempo que regresaste de tu último viaje a Italia, estás recordando todos esos lugares maravillosos que visitaste, sobre todo en el sur. Quizá revises cientos de fotografías tomadas y muy probablemente aparezcan algunas de los suculentos platos que probaste en tu viaje. Si eres de esos, de los que fotografían todo lo que comen, pero incluso si no lo haces, de lo que estoy segura es de que te entrará una nostalgia tremenda y unas ganas locas de volver a reencontrar esos sabores auténticos, las raciones inmensas y la conversación amena con la familia que regentaba aquella pequeña trattoria  encantadora con sus mesas de manteles a cuadros rojos y blancos.

Siempre has sido fan de la cocina italiana, y seguramente los restaurantes de tu ciudad- italianos o pseudoitalianos- te parecían estupendos y auténticos. Pero esa percepción cambia una vez visitas el país de la bota. A tu regreso la pasta te resulta insípida y sin gracia, la pizza se te indigesta debido a las fermentaciones rápidas de la masa y «nada vuelve a ser igual».

Si vives en Bilbao o alrededores, o estás de visita en la ciudad, estás de suerte. En Campo Volantín 14, muy cerca del Ayuntamiento, encontrarás «La Trattoria Napoletana», un pedacito de Sorrento en el corazón de la ciudad. Gestionada por tres jóvenes: Mario, Maria y Salvatore (Toti para sus clientes y amigos) ofrece una cocina sencilla y sin pretensiones, hecha con cariño y manteniendo el espíritu de su añorada tierra.

En la carta, recién renovada, algunos antipasti clásicos como los embutidos acompañados de focaccia, verduras a la plancha y una enorme y cremosa bola de mozarella de búfala. Pero mi debilidad es, sin duda alguna, la Parmigiana (otro día os damos la receta). Para continuar con una selección de platos de pasta, a destacar «le lasagne»- que es en realidad el nombre de lo que todos llamamos lasaña- y otra lista de pizzas, Aquí no esperéis encontrar cosas raras con salsa carbonara o piña, sólo masa de larga fermentación, gruesa en el borde y fina en el centro, con un par de ingredientes, tal y como se come en Nápoles, donde la pizza es motivo de debate y disputa pues cualquier local del casco antiguo os  asegurará que la suya es la auténtica y original, así como la mejor de la ciudad.

La novedad es que ahora, en lugar de carta, la Trattoria propone menús para dos, aunque dadas las cantidades podría comer todo un regimiento (vale, igual exagero). Nosotros como éramos tres compartimos un menú y casi no pudimos con todo.

Los consejos que os dimos entonces, sobre la carta que ofrecían, iba a decir que no sirven pero son aplicables a su nuevo formato de menús:

«Pero lo que os recomiendo de verdad si estáis indecisos con la carta en la mano son dos cosas: la primera que pidáis siempre para compartir ya que las raciones de pasta de la Trattoria equivalen a dos platos de los que yo pongo en casa- y os aseguro que somos de buen comer. La segunda, que optéis por los platos que están fuera de la carta- generalmente una pasta y una especialidad de pizza- que cambian y que os entregarán escritos a boli en una hoja de papel. El motivo es muy sencillo: suelen ser platos que van acorde a la estación- por ejemplo en otoño incluyen ingredientes como la calabaza o las castañas- y muy distintos a lo que podáis encontrar habitualmente en otros restaurantes»

Todos los menús incluyen un entrante a compartir y de segundo dos pizzas, o bien una pizza y un plato de pasta, más el postre y la bebida. Los precios 36€ para el menú con pizza y 50€ para el que incluye pasta (para dos personas) ¡No me negaréis que éste es uno de esos sitios con las tres B!

Capítulo aparte merecen los postres de la Trattoria Napoletana, que ni siquiera figuran en la carta. Simplemente, Toti abrirá la nevera, sacará las bandejas con lo que haya ese día – generalmente nunca faltan los canoli sicilianos ni el tiramisú- y entonces estaréis en un grave aprieto. Personalmente adoro la torta de pera y ricotta pero sea cual sea la elección no hay posibilidad de errar. Un buen café, bien cargadito como gusta en Nápoles, y os sentiréis las personas más afortunadas del mundo.

La bodega, por otra parte, no es muy amplia pero además de una birra Moretti podéis degustar un vino blanco de Puglia muy rico y algún tinto siciliano que no está nada mal.

Tan gran festín, junto con las fotos de Nápoles y Sorrento colgadas en el pequeñísimo local, os hará sentir como si estuvieséis de nuevo en vuestro viaje.

Se me olvidaba algo muy importante: si queréis comer o cenar en La Trattoria Napoletana no se puede reservar. Esto también ha cambiado, por desgracia, ante la cantidad de reservas fallidas (osea que no se presentaban) El local es pequeño y está siempre lleno, pero no tendréis problema si llegáis prontito, a pesar de que en España nos gusta demasiado cenar tarde.

Alguna vez le he comentado a Toti que deberían trasladarse a un local más grande pero me dice, y con razón, que no sería lo mismo, que no podría saludar personalmente a sus clientes ni charlar con ellos. Y yo, que queréis que os diga, encuentro pocos lugares donde el placer de la comida se una al de la compañía y donde la cocinera- la dulce María- te despida con un par de besos.

Gracias a la Trattoria Napoletana por cedernos las fotos para el artículo.
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Comiendo en… Miss Can (Lisboa) ¿Quién dijo que no se puede comer bien «de lata»?

 

Aquí estamos de nuevo, viajeros, y lo hacemos con una review de Miss Can, uno de los sitios que más gratamente me ha sorprendido de todos los viajes que he hecho. La escapada a Lisboa fue tan express e improvisada, que por primera vez no me dio tiempo siquiera a echar un vistazo a sitios donde poder llenar el estómago.

Llegamos el viernes a primera hora y el hambre empezaba a apretar, mientras caminábamos por el pintoresco barrio del castillo de San Jorge. cuando dimos con este lugar: ya que iba sin referencias no me apetecía meterme en algún sitio demasiado concurrido (¿Trampas para turistas? No, gracias) y Miss Can parecía ser la opción perfecta: Apenas un par de mesas diminutas en la acera, una carta reducida (Hay quien dice que menos es más) y buen precio… What else?

 

¿Qué puedo comer en Miss Can?

«No he venido hasta Lisboa para comer atún en lata» es lo que pensaría cualquier persona normal, pero, ¿Y si te digo que Miss Can elabora sus propias conservas? Tienes para elegir entre Atún, Caballa, Sardinas y el producto nacional portugués por excelencia: el bacalao, en aceite de oliva o picante. Además, puedes acompañarlas de otros entrantes y tapas como aceitunas, ensaladas y por supuesto una buena copa de vino.

Nosotros pedimos una ensalada de tomate, una conserva de atún en aceite picante, una conserva de sardinas en aceite de oliva, aceitunas y pan hecho en casa.

Todo esto junto a un par de copitas de vino no nos costó más de 15€.

El sitio está bien si queréis comer en plan de tapeo, sin parar demasiado tiempo, aunque la verdad que en la terraza se estaba que daba gusto con el sol.

La atención del personal fue correctísima y no faltaron las típicas bromas de Real Madrid vs. Barça cuando les dijimos que éramos Españoles.

Si queréis probar las conservas de Miss Can pero no podéis desplazaros a Lisboa, estáis de suerte: Cuentan con tienda online donde podéis realizar vuestro pedido para que os llegue cómodamente a casa. Podéis echar un vistazo aquí.

 

Miss Can está en: Largo do Contador Mor 17, 1100-160 Lisboa, Portugal

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5 locales con las 3 B (Bueno, bonito, barato) para comer en Mykonos

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Bueno, bonito, barato. La regla de oro de las tres «B», el triángulo perfecto para decidir dónde ir a comer en un sitio tan relativamente (Digo relativamente porque soy de la opinión que no hay destinos baratos ni caros, todo depende de como te lo montes) caro como lo es Mykonos (Y no, no solo de bocadillos sobrevive el viajero). Atentos a estos 5 locales donde comer bien y hasta la saciedad por poco dinero en la Ibiza griega:

1.LEONIDAS

EL MEJOR GYROS DE MYKONOS

Empezamos con nuestros amigos (Porque si, tras dos años seguidos yendo a comer a este local, ya los consideramos amigos), los reyes del Gyros. Tras haber probado en varios sitios, debo decretar ganador absoluto a Leonidas. ¿Por qué? Porque ofrecen Gyros de cerdo, pollo, souvlaki (Trozos de brocheta de carne), ternera… para los que no sean amantes de este clásico griego hay varias alternativas: Hamburguesas, Hot dogs, bocadillos con salchicha fresca de Mykonos, sandwiches variados…

Cada pedido es personalizable y puedes añadir cualquier ingrediente que tengan en la nevera. A destacar: La salsa picante, estelar, la mejor que haya probado nunca (No es la típica salsa de Kebab), hecha a base de paprika.

Precios:

  • Gyros: 2,80€ (cualquier tipo de carne)
  • Plato de patatas fritas: 3€
  • Cerveza de 0,5l: 3€
  • Botella de agua de 0,5l: 0,60€

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2.TO APOMERO

EL DIAMANTE EN BRUTO DE ORNOS

Primer descubrimiento inesperado del viaje. Nuestro penúltimo día habíamos terminado los víveres con que preparar nuestros bocadillos para la playa, por lo que decidimos comer fuera. Ese día tocaba relax en la playa de Ornos, una pequeña localidad de pescadores, tranquila y ajetreada a la vez, debido a que es el punto de partida de muchos barcos. El caso es que buscando por TripAdvisor veía que todo el mundo recomendaba los restaurantes de la playa, pero sinceramente no quería gastarme un dineral. Hasta que di con este sitio puntuado «discretamente». Leí unos cuantos comentarios y decidimos ir allí, ya que además nos pillaba de paso para ir a nuestro siguiente destino, Agios Ioannis.

Ni que decir que superó ampliamente nuestras expectativas. Comida muy rica, cocinada con mucho mimo, casera y a un precio de risa. Sinceramente me pregunto por qué había tan poca gente comiendo allí, el sitio está en una calle perpendicular a la carretera principal, por lo que a simple vista no se ve. Quizá sea por eso. El restaurante está especializado en comida griega y pescado.

Precios:

  • Moussaka: 8€
  • Mejillones Saganaki: 12€
  • Aperitivo de Tarama (Una crema-salsa hecha a base de huevas de pescado curadas, tenía un sabor similar al caviar): 4€
  • Cerveza de 0,5l: 4€
  • Agua: 1€

Total: 29€

Las porciones son inmensas. Yo soy muy fan de la moussaka, pero tengo que admitir que este asalto lo ganaron los mejillones.


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3.NOODLES BAR

JAPONEANDO EN MYKONOS

¿Queréis tomar algo de comida asiática sin tener que vender un riñón? Porque si, hay buenos restaurantes de cocina oriental en la isla, pero el precio… telita. Pues os sugiero que os paséis por este pequeño corner-bar que os sorprenderá a buen seguro. La fórmula es sencilla: Escoges la materia prima – Noodles de huevo, noodles de arroz o arroz. Precio fijo 6,50€ -, de base todos llevan verduras (Col china, zanahoria y más cosas). Después se pasa a una lista de ingredientes principales donde podemos elegir entre pollo, pato, ternera, cerdo, gambas, huevo, piña… cada ingrediente tiene un precio y se pueden añadir tantos como queráis. El tercer escalón consiste en elegir la salsa, que es gratis. Para los que se queden con ganas aún se pueden añadir varios toppings – cacahuetes y sésamo entre otros -. Como veis las combinaciones son infinitas.

Nosotros vinimos dos días seguidos por aquí y compartíamos una tarrina (Las raciones son enormes, pero más que nada lo hacíamos porque queríamos probar más sitios y no nos íbamos a pasar todo el viaje comiendo xD). Los noodles están perfectamente cocinados y condimentados proporcionadamente.

Noodles de arroz con pollo, verduras y salsa picante sichuan

El local cuenta con una diminuta barra para comer rápidamente y una mesita en el exterior donde sentarse, aunque el sitio está más pensado como take-away, pero tranquilos, en Mykonos no tendréis problemas para encontrar una esquina o unas escaleras donde sentaros a degustar esta delicia.
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4.PREMIER CREPES

PARA LOS MÁS GOLOSOS

Del nombre se deduce la especialidad de este sitio: Crepes (Dulces y saladas) y no sólo: Gofres, helados, zumos de fruta naturales, smoothies (Mis preferidos y de los que nunca me cansé de repetir) bocadillos, baigels…

Fueron numerosas las veces que nos paramos a tomar algo aquí. Probamos varios tipos de smoothies y el zumo de naranja (Atención, cantidades industriales, los vasos son realmente grandes). La última noche nos acercamos a comer unas crepes (de chocolate y chocolate blanco con galletas desmigadas) y son una maravilla.

Smoothies de mango & naranja y coco & piña

El local cuenta con bastante espacio dentro, pero lo mejor es sentarse en las mesitas que están puestas a lo largo de la calle.

Las crepes parten de los 4,50€ aproximadamente, y por cada ingrediente extra o topping que añadamos, sube el precio. Los smoothies parten de los 4€ y tienen una lista de sugerencias con precio fijo de 4,20€. El café griego 2€.

Pd. De las crepes no hay foto porque tenía tanta hambre que se me pasó por completo retratarlas XD
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5.PEPPER

SOUVLAKI CON CLASE

Souvlaki de cerdo y de pollo

Si Leonidas estuviera cerrado y tuviéramos que buscar un segundo local para comer gyros o souvlaki, éste sería Pepper. Aunque lo que más me gusta de este local no es el gyros en si, sino los otros platos que ofrecen: La salsa de feta picante es perfecta acompañar las patatas BBQ, patatas con piel pasadas por la plancha y fritas, de aspecto rústico.

Los precios son ligeramente superiores a Leónidas (Un gyros 3,50€, una porción/pincho de souvlaki 2€) pero también hay que decir que la presentación de los platos es muy buena. El local es pequeño y muy bonito por dentro.

Salsa de feta picante acompañada de pan de pita. Aquí lo hacen de maíz.

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¿Aún tenéis excusa para no viajar a Mykonos? Espero que el comer no sea una de ellas 😉 Recordad, ¡Bueno, bonito, barato!
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Comiendo en… Joanna’s Niko’s Place (Mykonos)

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Cuando pienso en la taberna de Joanna, me vienen muchas cosas a la cabeza. Su ambiente tranquilo, su exquisita comida, su staff amable y siempre disponible… y me pregunto, ¿Cómo puede ser que no haya conocido este sitio antes?

JOANNA’S NIKO’S PLACE

La taberna de Joanna se encuentra a dos pasos del centro de Mykonos, en la playa de Megali Ammos. Cuenta con una sala interior y una terraza con unas magníficas vistas de los famosos molinos.

Os aconsejamos reservar ya que al no ser muy grande, se llena muy rápido. Nosotros tuvimos la suerte de compartir mesa con otra pareja, si no, no hubiéramos podido cenar.

La particularidad de este local es que está gestionado únicamente por mujeres (y será por eso que funciona tan bien 😉 ). Fuera de la sala principal, en plena playa, se encuentra la cocina donde preparan pescado, carne ,verduras… a la plancha. Los ingredientes son de primera calidad, se limpian y preparan en la cocina interna y después se llevan a la plancha para ser cocinados.

Como en muchos de los restaurantes de Mykonos, una de las especialidades es el pescado y el marisco. Tengo que decir que me sorprendió muchísimo más de lo que esperaba: No sólo todo lo que comimos estaba delicioso, sino que además, los precios son mucho más bajos en comparación con la media de la isla. Hemos comido pescado en otros restaurantes, pero las recetas de Joanna son insuperables. Como alternativa, encontraréis recetas tradicionales griegas y muchísimos platos para picotear.

Otra de las cosas que me gustó del local, es que las tumbonas de la playa son de uso exclusivo para los clientes, no se alquilan.

Pero vamos al grano: ¿Qué comimos en Joanna’s Niko’s place?

  • Tzatziki con pan de pita como aperitivo
  • Croquetas de marisco y verduras
  • Calamares rellenos de crema de feta, paprika y verduras

  • Fritura mixta de calamares, gambas y sardinitas o anchoas
  • Baklava
  • Tarta de chocolate caliente y galletas

Nosotros siempre recomendamos pedir cosas distintas o varios platos de picoteo para compartir, así se puede probar de todo. Si tengo que decidirme por algo, serían los calamares rellenos, simplemente deliciosos, tiernos, el relleno estaba exquisito. La fritura también me encantó ya que estaba bien crujiente. Las porciones de los postres monumentales, con uno para compartir hubiese sido suficiente.

Y tranquilos, si no os aclaráis con el inglés, la carta también está escrita en perfecto español.

Bien, antes dije que en Joanna’s Niko’s Place los precios estaban por debajo de la media de Mykonos. Esta fue nuestra cuenta:

En mi opinión es una relación calidad-precio excelente, teniendo en cuenta que estábamos en plena playa (Probad a ver cuánto cuesta comer en algunos beach bars, ni con la Visa platino), no es más de lo que se paga en cualquier restaurante de pescado mínimamente decente. Con la cuenta os ofrecerán licor típico griego.

Además, si queréis disfrutar de un aperitivo a buen precio, os recomendamos que vengáis entre las 16.30 y las 18.00 y probéis los deliciosos Cocktails con fruta fresca a sólo 6€ (¡Encontrad otro sitio en la isla con cocktails tan baratos!). Nosotros volvimos dos días después y decidimos acompañarlos de una deliciosa bruschetta griega con salsa de yogurt y tomate.

Gracias a Joanna y a todo el personal por hacernos disfrutar de una cena fantástica. ¡Volveremos a visitaros el año que viene!

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Comiendo en… Spaghetteria L’Archetto (Roma)

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Normalmente cuando hago alguna reseña me gusta hablaros de los sitios que más me han gustado, o que destaquen por alguna cosa en particular. Hoy en cambio os traigo una opinión sobre un restaurante bastante «normal». ¿Qué es lo que yo entiendo por «normal»? Bueno, pues un sitio sin grandes pretensiones, comida normalita, rica, pero nada de especial. Seguramente un sitio donde volvería pero que no sería mi primera opción.

De todas formas, si hay un sitio que nunca me canso de recomendar cada vez que alguien me pide consejo sobre donde comer en Roma, es la Spaghetteria L’Archetto. Como su nombre indica, este restaurante está especializado en Spaghetti. Está situado a dos pasos de la Fontana de Trevi, lo que lo convierte en un punto estratégico si queréis parar a comer sin tener que desviaros demasiado.

La carta cuenta con unas 100 recetas, pasando por los clásicos como la carbonara o la amatriciana u otras guarniciones algo más elaboradas a base de cremas y pescado. No esperéis platos virtuosos ni cosas espectaculares: La comida está rica pero no es nada «del otro mundo». Son recetas simples para llenar el estómago. Desaconsejo pedir otros platos de la carta (Pizza, carnes…) que no sean los Spaghetti. Las porciones son abundantes y la relación calidad/precio buena.

Unos pequeños detalles a tener en cuenta:

  • Esto es genérico, pero en Italia comer bebiendo cerveza o vino es caro (O al menos más caro que en España)  Muchos restaurantes ofrecen vino de la casa, a granel por cuartos o medio litro, y esta opción suele ser más asequible. Ojo cuando pidáis las bebidas, porque meten sablazo, pero hay algo tan simple como leer los precios antes de pedir ¿no os parece?
  • El servicio cambia de un día a otro, cuando yo he estado no han tardado mucho en servir y han sido amables (Probablemente porque no se dieron cuenta de que era extranjera, en cambio con los turistas…bueno, he leído muchas opiniones sobre el trato no muy buenas la verdad)
  • Hay veces que «no se puede» pagar con tarjeta

Si hay algo me gustó, y fue la terraza que hay fuera del local, con las típicas mesas con manteles rojos, que te hará sentir como si estuvieras dentro de la película de «La Dama y el Vagabundo».

Precios orientativos:

  • Un plato de Spaghetti: 8€ y 9€
  • Pizza: Entre 5€ y 9€
  • Carne: Entre 12€ y 20€
  • Postre: 5€
  • Cerveza: A partir de 4€

Entonces, si el restaurante es entre comillas «mediocre» ¿Por qué recomiendo éste sitio y no otros?

Pues por la variedad, será difícil que entre las 100 recetas no haya una que te guste, y sobre todo por su ubicación. Siempre digo que hay que alejarse de los restaurantes «demasiado» céntricos, pero he aquí la excepción a la regla.

L’Archetto está en: Via dell’Archetto, 26

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11 lugares donde comer y beber en Le Cinque Terre

Cinque Terre es un lugar lleno de encanto, eso ya te lo hemos contado, pero además de sus pueblos de casitas de colores sobre la roca, del mar, de su estupendo clima y un largo etcétera hay que añadir su extraordinaria gastronomía. Guiados por nuestra experiencia, nos atrevemos a recomendarte algunos lugares donde probar lo más destacado de la gastronomía ligur. Como siempre, a precios razonables.

 

1. Il Pirata delle 5 Terre

El número 1 de la lista, por diversos motivos. El primero, porque lo hemos visitado en varias ocasiones y siempre nos han quedado ganas de volver. Situado en la parte menos turística de Vernazza, cerca de la estación de tren, este bar regentado por dos hermanos sicilianos – si, ya se que acudir a un restaurante siciliano en Liguria puede sonar raro- ofrece lo mejor de ambas regiones: pesto genovés, anchoas de Monterosso o pasta con marisco, pero también los mejores dulces del sur y las «granite» (granizados) naturales. Este local es para nosotros algo especial por el modo en que lo descubrimos, y siempre tendrá un lugar en nuestros estómagos y nuestro corazón. Cuando nosotros estuvimos la carta no era muy amplia, pero más que suficiente. Nuestro consejo: ¡dejad hueco para el postre!

Via Gavino, 36. Vernazza

http://ilpiratarooms.com/

2. Il Porticciolo

En la bonita localidad de Manarola, en uno de los rincones más tranquilos de Le Cinque Terre, este restaurante ofrece productos típicos de la zona. Pescados y mariscos, pasta e incluso pizza con la misma materia prima. De precios contenidos- para lo habitual en la zona- ¡Si no pedís langosta! Aquí probamos un marisco desconocido para nosotros, los «batti batti», similar al que en el Mediterráneo español se conoce como «galera», sin la exquisitez de otros pero muy sabroso para acompañar unos linguine. Buena selección de vinos Cinque Terre DOC, complicada elección del postre y ambiente muy agradable en su porche cubierto. Tuvimos la fortuna de visitar Le Cinque Terre cuando la Via dell’Amore permanecía abierta en todo su recorrido, así que el paseo después de la cena era perfecto.

Via Renato Birolli, 92. Manarola

http://www.ilporticciolo5terre.com/

3. Pizzeria Vecio Muin

Os recomendamos las pizzas- el resto de la carta no probamos- que además nosotros pedíamos para llevar, ya que nuestro apartamento de Riomaggiore estaba a pocos metros de allí, y era una excelente opción a la hora de la cena. Ricas, ricas…y más después de un baño en el mar o un día de excursión para disfrutar de Le Cinque Terre.

Via Cristoforo Colombo, 83. Riomaggiore

4. Il Pescato Cucinato

Otra opción de comida para llevar, o para consumir sobre la marcha. Fritura de pescado, calamares y gambas, en cucuruchos para comer al momento o en bandejas, al peso, para llevar a casa. Buenísimo, y otro de nuestros recursos para pasar unas vacaciones como en casa pero sin cocinar.

Via Colombo, 199. Riomaggiore

5. Primo Piatto

Otro sitio más de takeaway en Le Cinque Terre, y es que como os hemos dicho muchas veces hay opciones de comida rápida muy buenas y saludables, además de baratas. Aquí podéis elegir la pasta que más os guste (fresca) y una de las muchas salsas para acompañarla. Os la cocerán al momento y os la meterán en un recipiente igual que los de comida china, solo que en lugar de palillos os darán un tenedor. Nuestra recomendación: trofie al pesto.

Via Colombo, 72. Riomaggiore

6. Bar Centrale

El bar, de toda la vida, en Riomaggiore. Excelente para el desayuno, un café en cualquier momento del día, incluso una copa por la noche en su terraza en Via Colombo, la arteria principal del pueblo. Recomendables los helados, aquí probé por primera vez el brioche relleno… Si, tal y como estáis pensando, es un «bocadillo» de helado: te abren el bollo dulce y dentro van las bolas del sabor o sabores que elijas.

Via Colombo 144, Riomaggiore

7.Panificio Rosi

No solo de pan vive el hombre, sino también de excelente focaccia. Esta panadería es una auténtica tentación, con la focaccia y pizza al taglio recién hechas y una selección de dulces típicos de Le Cinque Terre,  tartas caseras que os recordarán a los dulces y el pan de vuestras abuelas.

Via Colombo, 188. Riomaggiore

8. Enoteca D’uu Scintu

Para acompañar nuestras cenas, o tomar una copa de vino en la terraza de nuestro apartamento, mientras anochecía, hacíamos una parada en esta estupenda enoteca con una enorme variedad de vinos, sobre todo Cinque Terre DOC. Asesorados por el personal, amabilísimo, escogimos  una botella de la Cantina Sassarini.

Via Colombo, 84. Riomaggiore

9. A Piè de Mà

Mucho más que un bar o enoteca, la ubicación de Piè de Mà lo hace un local único. Su terraza, asomada literalmente al mar de Le Cinque Terre, y al inicio de la famosisíma Via dell’Amore, ofrece unas vistas increibles. Todo ello con música de jazz de fondo y, en ocasiones, con música en vivo. Recomendable a la hora del aperitivo o para una copa por la noche.

Via dell’Amore 55. Riomaggiore

10. Cantina del Pescatore

Continuando con el aperitivo o «tapeo» rápido, este local situado en una estrecha calle – junto a la Iglesia de San Juan Bautista de Monterosso al Mare- es recomendable tanto por lo apetecible de sus opciones de picoteo como por la amabilidad del personal. Además venden vinos y otros productos típicos de Le Cinque Terre.

Via Vittorio Emanuele, 19. Monterosso

11. Enoteca da Eliseo

Probablemente la Enoteca más conocida de Monterosso, ofrece una amplísima selección de vinos que sirven acompañados de unas aceitunas. Muy cerca de la anterior, en la Placita nada más pasar la Iglesia, tiene una terraza muy agradable. Vale la pena sentarse y disfrutar, aunque no sea un lugar excesivamente barato, en la media de lo habitual en Le Cinque Terre.

Piazza Matteotti, 3. Monterosso

Esperemos que os sea útil nuestra selección. Si visitáis Le Cinque Terre y probáis alguno de ellos ¡Contádnoslo! ¿O ya habéis estado?

Comiendo en… 13 Gobbi (Montefollonico)

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Hoy os voy  a hablar de uno de esos restaurantes en los que me siento «como en mi propia casa», el 13 Gobbi Montefollonico (los trece jorobados). Son tantas las veces que lo he visitado que ya considero a Albo y su familia como parte de mis amigos.

Montefollonico es un precioso pueblo medieval de la provincia de Siena, en el corazón de la Toscana. Seguramente menos conocido que otros muy cercanos, como Montepulciano, pero, precisamente por ello, con mayor encanto y menos turistas.

Ya en el 2011 escribí un post en otro blog haciendo referencia al 13 Gobbi. Después he regresado en varias ocasiones, de manera que puedo reiterarme en mis opiniones e incluso advertir como, poco a poco, la reputación del local ha ido en aumento y el negocio, de gestión familiar, ha incrementado notablemente su clientela.

Esto hace que quizá se haya resentido el tiempo de espera en la mesa, sobre todo el fin de semana. La carta continua siendo limitada pero ¿quién puede resistirse todavía a su pasta (pici o tagliatelle) «alla forma di pecorino»? o al «sugo de anatra» (pato) o al tartufo (trufa) otra de las delicias toscanas. ¿Un surtido de bruschette para ir abriendo boca? Y, por supuesto, una copa de vino tinto, Nobile de Montepulciano o Brunello de Montalcino, por citar algunos. Además la espera puede «amenizarse» degustando un buen aceite de oliva virgen empapando una rebanada de pan toscano.

Para quien no quiera comer pasta, la carne (una buena bistecca) es una excelente opción, a la brasa o incluso en carpaccio ¿Hablamos de los postres? Su panacotta es insuperable y en mi último viaje me hice adicta a la sbriciolata- literalmente, desmigada- con crema y frutos rojos (estaba fuera de la carta y el último día, visto que no me la ofrecieron, la pedí yo misma) ¿ Podéis imaginar la sutileza del hojaldre que se desmiga al primer bocado? Mmmm… escribir sobre esto mientras intento mantenerme a dieta es una auténtica tortura.

¿Hay otros buenos restaurantes en Montefollonico? Si, los hay (incluso uno con estrella Michelín en el que, debo confesar, no he comido nunca) sin embargo los motivos para escoger el 13 Gobbi van más allá de lo meramente culinario. Es esa sensación de regresar a la casa familiar, de charlar sobre como nos va la vida y contarnos » las novedades» desde la última vez que estuvimos allí.

En verano, cuando las noches son estrelladas como sólo en la Toscana los son, disfrutar de la terraza a la luz de las velas es un plus. Había olvidado esta cita pero me sigue pareciendo una hermosísima descripción, y otro motivo más para hacer una parada en Montefollonico.

«En las noches de verano el paisaje aparece como una larga hilera de luces fijas en la distancia, entre las luciérnagas en los cercanos campos de trigo y las estrellas de un cielo de los más intensos de la Toscana»

En las mesas contiguas encontraréis tanto turistas como familias del lugar, incluso gente de paso que acude a propósito conocedora de la fama del local. Los precios más que razonables, teniendo en cuenta la media de los restaurantes de la zona y con mayor calidad que muchos de ellos.

En la Red abundan las fotos y videos de la famosa pasta «alla forma del pecorino» solo que ahora, además de Albo, el protagonismo es también de su hijo Matteo.
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Lo dicho, si visitáis la Toscana anotad este lugar en vuestra agenda de viaje. No os arrepentiréis. ¡Buon appetito!
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Japoneando por el mundo: Hoy viajamos a Budapest

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¡Hola! Como ya os adelanté en ‘Japoneando por el mundo’, os traigo una nueva entrega, esta vez sobre mi último viaje, en busca de inspiración japonesa u oriental ¿Quién dice que estando en la capital Húngara no podemos transportarnos hasta el país del sol naciente? Durante mi estancia en Budapest, descubrí que hay una gran influencia asiática en Hungría. Antes de partir, estuve buscando algunos sitios (Restaurantes, tiendas particulares o algún museo o exhibición relacionada con arte asiático) que me dejaron bastante sorprendida cuando los visité, y aquí os traigo una pequeña reseña. Hoy en Budapest: ¡Un óptimo restaurante japonés, un par de tiendas de delicias asiáticas y el museo de arte oriental Ferenc Hopp!

COMEMOS EN…
BIWAKO

Creo que comer aquí fue sin duda una de las mejores decisiones que he tomado nunca. Estuve mirando por tripadvisor opiniones de varios restaurantes asiáticos (Me sorprendió bastante que había bastantes restaurantes Thailandeses y Vietnamitas, teniendo en cuenta que Budapest es mucho más pequeña que otras ciudades como París o Londres) y al final me decidí por este. ¿El motivo? Precios bastante bajos, la posición (Pensaba pasar por ahí para visitar varias cosas cercanas) y el hecho de que, además de disfrutar de auténtica comida japonesa,  el mismo restaurante vendiera algunos productos.

Biwako es un pequeñísimo restaurante japonés situado en la zona de Pest, especializado en Ramen (Algunos tipos de Ramen que sirven llevan fideos de producción artesanal), aunque el resto de la carta también es de admirar: Con cualquier especialidad se os hará la boca agua (Y para muestra un botón, echad un vistazo a la galería de la web). Hay menús de precio fijo (Normalmente de 3-4 platos) o se puede pedir a la carta. Yo me decidí por  Takoyaki («Croquetas» o bolas de pulpo), Okonomiyaki de pescado y Gyoza de carne. Ni que decir que todo estaba para morirse. Las raciones bien, ni demasiado grandes ni demasiado pequeñas (El Takoyaki contaba como un entrante, lo mismo que los Gyoza), todo cocinado con mimo y en su punto. Para acompañar, agua, que con el calor que hacía bien que me vino, aunque la cerveza no tenía precios desorbitados.

Takoyaki y Gyoza, ¿Hay hambre?

El servicio rápido e impecable y Sato y su familia siempre pendientes de que todo estuviera bien (La amabilidad de los japoneses…). Cabe destacar que todos los ingredientes que utilizan son importados directamente de Japón para conseguir reproducir al 100% los verdaderos sabores nipones. Sin duda, uno de los restaurantes que más me han sorprendido hasta ahora de todos los que he visitado, al menos que recuerde. En la entrada, tienen una selección de productos (Noodles hechos en casa, dulces y objetos de decoración) a la venta.

www.biwako.hu
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DE COMPRAS EN…
ÁZSIA BOLT

Todas las delicias orientales a un paso del Mercado Central. Podría definirse como «el paraíso de las especias» debido a sus interminables pasillos llenos de polvos de colores, meticulosamente ordenados alfabéticamente. Para una amante del curry como yo, aquello era «demasiado». Es como si hubiera sufrido una especie de síndrome de Stendhal dentro del supermercado… apenas tenía espacio en la maleta así que me tuve que conformar trayendo «sólo» 5 tipos de curry, 3 de pimienta y 3 de paprika. Ademas de las especialidades japonesas, chinas, koreanas, vietnamitas y tailandesas encontraréis delicias mediorientales, latinoamericanas y hasta africanas. El mundo recogido en este supermercado de dos pisos. ¡Mención especial al pasillo dedicado a té e infusiones! El staff habla inglés perfectamente y en todo momento estuvieron a mi disposición cuando trataba de buscar alguna cosa en concreto o para aconsejarme sobre que especias comprar.

http://www.azsiabt.hu/
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KÍNAI ÉLELMISZERBOLT (Chinese Grocery Store)

Esta tienda me la apunté porque estaba muy cerca del hostel, en Rákóczi tér, y venía recomendada en la web «We Love Budapest». Se centra en gastronomía China, Japonesa, Koreana, Vietnamita y Tailandesa. Tienen una gran selección de noodles y fideos y una gran variedad de salsas (Pena no haber facturado equipaje…). ¿Inconveniente? La chica que se ocupa de la tienda no habla inglés, solo húngaro y chino. Claro que si vais «a tiro fijo» no tendréis problemas, basta mirar la pantalla de la caja para ver cuánto tenemos que desembolsar 😛 Los precios quizá son algo inferiores a los del Ázsia Bolt, pero también la oferta es menor. Aquí es donde hice la mayoría de compras por la cercanía con el hostel.

Asian Food Store in Budapest
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NOS CULTURIZAMOS EN…
FERENC HOPP MUSEUM OF EAST ASIAN ARTS

Sin duda, uno de los mejores museos de arte oriental que he visitado. El explorador y coleccionista Ferenc Hopp, dejó en herencia al Estado toda su colección de arte oriental, cuando murió en el año 1919, con el objetivo de crear un centro de investigación y museo de artes asiáticas. Es el único museo de su género en toda Hungría. Se divide en dos edificios principales: El Ferenc Hopp museum, que alberga la biblioteca, el archivo y el espacio de exposiciones temporales. A 5 minutos a pie está el segundo edificio, el György Ráth Museum, que aloja la colección permanente. Ambos edificios cuentan con unos fantásticos jardines donde se suelen realizar exhibiciones y eventos al aire libre. El museo pertenece a la ASEMUS (Asia-Europe Museum Network).

Yo visité sólo una exposición temporal de fotografía llamada «Imaging Korea – Beyond the people, Land and Time» de los siguientes artistas: Kang Woongu, Kwon Taegyun, Lee Gapchul, Kim Jungman, Park Joongu y Seo Heungang. Para hacer fotos o grabar dentro de la exhibición hace falta una autorización de prensa especial que hay que solicitar antes de la visita (Y de la que yo no disponía). Para los jardines no hace falta autorización.

Cruzas esta puerta y pasas de un continente a otro 🙂

La entrada apenas cuesta 3€ y el Lunes es día de cierre (La info de al web oficial no está actualizada).

http://hoppmuseum.hu/hopp_ferenc_en/
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