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Futuroscope: el futuro ya está aquí

De mi primera vez en Futuroscope hace ya veinticinco años. Ha transcurrido tiempo, si, tanto que ahora, desde el próximo 28 de marzo, podremos viajar a Marte. En Futuroscope, por supuesto.

Objetivo Marte es la nueva atracción del parque, una montaña rusa que, en algo menos de 3 minutos, y a una velocidad de 55Km/hr, no defraudará a los amigos de las emociones fuertes y cuyos efectos especiales os transportarán al futuro de los viajes intergalácticos.

Traspasar la entrada, y recibir el aroma fresco del césped, impoluto, perfecto; de las flores, de cuyo interior manaba la música, es una experiencia inolvidable. Divisar en este paraje idílico los edificios de arquitectura futurista, imposible, suspendidos sobre suaves laderas, en un aparente precario equilibrio, es lo primero que recuerdo de mi primera vez en Futuroscope. Eso permanece, en 60 hectáreas de parque que ofrece 25 atracciones y desde 2019 un espacio para los más pequeños, Futurópolis.

Futuroscope

Imagen de Franck Barske en Pixabay

Fue una auténtica «odisea» encontrar la forma de viajar hasta allí. Eran otros tiempos, no existía internet, y la única forma de viajar era acudir a una agencia, salvo que uno fuese un aventurero, y dispusiera de tiempo,  para echarse la mochila al hombro y «buscarse la vida». Tras una incesante búsqueda, en una pequeña oficina de la ya desaparecida Wagon lits encontramos un paquete de tren más hotel,  de la compañía francesa de ferrocarril. Hoy es sencillo hacer una reserva desde casa o en cualquier agencia: entradas, hoteles e incluso comidas en cualquiera de los 7 restaurantes del parque.

Aquella ocasión también fue nuestro primer viaje en el TGV, el tren de alta velocidad, desde Hendaya a Poitiers, un viaje casi de ciencia ficción, acostumbrados como estábamos a los trenes españoles de la época. Parece que hablamos de otro siglo, pero es que, literalmente, así es. Sigue siendo una buena forma de visitar Futuroscope, cómodamente y sin tener que conducir. Si por el contrario eres de los que viajan en su furgoneta o autocaravana, hay un parking en la entrada principal con servicios de agua y electricidad.

He regresado en dos ocasiones más, y en ambas he disfrutado como la primera.  Transcurridos los años quizá ya no nos sorprende tanto la proyección de películas en alta definición ni en pantallas gigantescas, o la diversión de los cines dinámicos. Sin embargo, en su empeño por seguir sorprendiéndonos, y clave de su éxito, el 50% de las atracciones se renuevan cada dos años.

Futuroscope, el primer parque europeo de la imagen, es mucho más que un espacio para el ocio o un parque temático. A su alrededor se ha creado una importante industria audiovisual, empeñada en la búsqueda de ir todavía más allá, de crear con el sonido y la imagen realidades virtuales que nos sorprendan, prestidigitadores del futuro.

En todos éstos años hay una atracción que no ha cambiado. Es la que se ofrece en el pabellón de la Vienne, el territorio, perteneciente a la región de Poitou-Charentes, en que se encuentra el parque. Parece increíble que tras visionar tantas veces la película que presenta, nos arranque siempre las mismas carcajadas, nos haga aferrarnos a nuestro asiento, mientras compartimos la aventura del chico que se duerme en el tren y llega tarde a su boda. Un extraño ser del bosque le llevará hasta su destino, de manera un tanto accidentada, y nos mostrará al mismo tiempo la belleza de paisajes y pueblos.

La visita a Futuroscope puede ser una buena ocasión para recorrer el Departamento de la Vienne, y disfrutar de algunos lugares, como Chauvigny, bellísimo pueblo fortificado, desde cuya parte más alta se divisa el vuelo majestuoso de las águilas, los halcones y otras aves que forman parte de la exhibición de cetrería que se ofrece en el Castillo Episcopal. Recorrer el antiguo trazado ferroviario sobre un vélo-rail, una plataforma sobre la que pedalear en familia o con amigos, permite conocer de cerca la belleza de los parajes de la zona.

 

Chauvigny

Photo by sybarite48 on Foter.com / CC BY

Montmorillon es otro de los lugares sorpendentes de esta región.  Conocida como la ciudad de la escritura y de las artes del libro, sus calles están repletas de librerías, artesanos del papel o calígrafos. En ellas podemos encontrar viejos volúmenes descatalogados, comprar papel fabricado de manera artesanal, material de escritorio, o hacer que escriban nuestro nombre en una postal o un cuadro, en bellos caracteres árabes o chinos. Conservo la tarjeta, caligrafiada por un artesano egipcio, con el nombre de Marina. Me dice que su nombre tiene origen árabe… poco más allá una tienda de artesanía ofrece té y pastas a sus clientes, haciendo gala de la amabilidad que siempre ha caracterizado a este pueblo. Nos sorprende la destreza en sus trazos, rápidos, exactos, con la pluma y la tinta, también de un calígrafo chino, cuyo trabajo enmarcado forma parte de nuestra casa y ha superado mudanzas.

En nuestro segundo viaje decidimos alojarnos en los hoteles que se encuentran junto al parque, pero en la primera ocasión pernoctamos en el centro de Poitiers. Esto nos permitió aprovechar las horas de nuestro último día de viaje, cortísimo viaje, para recorrer el centro histórico de esta bella ciudad. Deleitarnos con un agradable paseo entre los puestos de flores que cada día se encuentran alrededor de la Iglesia de Nuestra Señora, o admirar su Ayuntamiento.

Poitiers

Photo by ShortShot on Foter.com / CC BY-NC-SA

Posteriormente, en otras visitas, pues no hay dos sin tres, hemos seguido los itinerarios que, muy acertadamente, se habían trazado en el suelo de toda la ciudad, y que podían seguirse con un plano que proporcionaba la oficina de turismo. Pero esta forma de conocer la ciudad tiene los días contados. Visit Poitiers es la nueva aplicación gratuita, y en español,  para smartphones que te guiará de forma sencilla según el tiempo disponible y tus intereses personales…Inmejorable ¿No?

Recorrer el pasado y viajar al futuro, curiosa combinación con la que disfrutar si se viaja a Futuroscope y Poitiers. Muy cerca, también, existe un mundo de cuentos y princesas, del que no querrás regresar: los Castillos del Loira. Pero esa… es otra historia.

PD: este post fue publicado, en abril de 2010, en mi antiguo blog «De viajes y libros» (blogger) Ha sido imposible recuperar las fotos originales del post y es por ello que he utilizado imágenes libres de bancos. Sin embargo, y aunque con escasa calidad, os dejo un vídeo de nuestra experiencia en el año 2006 (Contiene imágenes inéditas de las autoras de este blog)

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