Existen lugares secretos en Toscana. Lugares curiosos, insólitos, que rara vez encontrarás en las guías de viaje. Hoy te hablo de uno de ellos, el Jardín de los animales de piedra. Lo descubrí hace ya 10 años y ahora observo, con cierta estupefacción, que se incluye entre los lugares de interés qué ver en Montefollonico, municipio de Torrita di Siena.
¿Cómo llegaron hasta allí el elefante, el cocodrilo o el oso? Para saberlo, tendrás que leer este post hasta el final. Empecemos por el relato viajero que en 2015 escribí, sentada en “el banco del elefante”.
El Jardín de los animales de piedra y el banco del elefante🐘
“Nos vemos en el banco del elefante”, parecía ser la consigna. Cada mañana y cada tarde, nos decíamos lo mismo, uno al otro, dependiendo quien fuese el primero en salir mientras Toby movía el rabo loco de alegría, ansioso por llegar a un auténtico paraíso perruno, dispuesto a explorar cada matorral, a perseguir aves y pequeños reptiles sin darse jamás por vencido.
-Te habrás dado cuenta, ¿verdad?
– Pues claro. Delante del banco hay un elefante. Está clarísimo… Y así, pasamos días completos debatiendo el asunto. Si la roca con forma de elefante era un mero capricho de la naturaleza, “demasiado perfecto”- afirmábamos- o si por el contrario se debía a la intervención humana.
El banco del elefante ofrece una visión única, al cobijo de un árbol cuya especie no recuerdo, quizá porque, a pesar de que con el tiempo he aprendido a disfrutar de la naturaleza y los espacios abiertos, tengo que reconocer que mis conocimientos sobre botánica o especies animales son prácticamente nulos. Seguramente es una encina, ya que junto a los cipreses cubren la extensión de la hermosa colina que, a 600 metros de altitud, forman el “parco il Tondo” de Montefollonico.

Por suerte, desde el banco del elefante me siento cobijada también por la Iglesia de Triano, de principios del XVII. Permanece cerrada al culto, y ahora me siento estúpida por no haber consultado sobre la posibilidad de visitar su interior, su altar mayor de mármol travertino y los frescos que aun conserva. Es uno de los lugares secretos en Toscana que me gustaría descubrir.
Lugares secretos en Toscana: Montefollonico
Sentada en el banco del elefante, a mi espalda, la muralla poderosa se alza junto a la Puerta de Triano, una de las tres puertas por la que acceder al pequeño pueblo medieval, del siglo XIII. Curiosa, como ocurre casi siempre, la etimología y el origen de Montefollonico, en tiempos antiguos ” Monte a Follonica”.
Los antiguos romanos llamaron a sus habitantes “Fullones”, aquellos que se dedicaban al oficio del enfurtido (dar cuerpo a los tejidos de lana y otros paños abatanándolos, esto es golpeándolos).Probablemente, esta actividad no se desarrollaba en la parte alta del pueblo, sino junto a la Abadía benedictina por donde discurren las aguas del Salarco.
Por la Puerta de Triano suele bajar un pequeño grupo de turistas norteamericanos, que se alojan en un cercano y lujoso “Relais”, una de esas residencias de época con un envidiable jardín y unas vistas asombrosas. Saludan siempre sonrientes, educados, y más de uno regala una caricia o una palabra amable a Toby.
Montefollonico es uno de esos lugares secretos en Toscana y una parada imprescindible desde la que visitar algunos de los lugares más bonitos de la Val di Chiana.
Lugares secretos en Toscana: las mejores vistas desde Montefollonico📷
Desde el banco del elefante se divisa una “postal”. Si junto mis manos formando un marco a la altura de mis ojos, puedo encuadrarla como me plazca. Es una pena que el exceso de calor que hemos padecido, inusual a primeros de junio, ensucie de algún modo la vista, magnifica y clara en los días de aire limpio, sobre todo cuando una de esas furiosas tormentas tan frecuentes en la Toscana, barren el cielo de nubes y lo renuevan todo.
Sería capaz de pasarme las horas contemplando, sobre la colina, la vista de Montepulciano y el color de piedras y muros que se mimetizan con el de la tierra. Pero sobre todo podría pasar horas contemplando, a sus pies, la cúpula de la Iglesia de San Biagio. No sabría decir si este templo, obra de Antonio da Sangallo il Vecchio, es más bello contemplado desde aquí… pero creo que, aunque la imagen sea idílica, impresiona mucho más encontrarse ante su puerta tras recorrer el camino flanqueado por cipreses para llegar hasta ella.
Por dentro es tan bello que corta la respiración y todo parece dar vueltas mientras elevas los ojos hacia la cúpula. Sin ser devota de imagen alguna, no puedo resistirme a hacer una ofrenda y coger una estampa de la “Madonna del buon viaggio” , no podría resultar más oportuno… dan ganas de quedarse al resguardo del sol, acurrucada en el silencio.
Si la vista desde mi banco es impresionante, no lo es menos la que se divisa desde San Biagio; un auténtico balcón sobre la Val d’Orcia y la Val di Chiana, ya que Montepulciano es el punto justo donde se dividen los dos valles.
Adoro sentarme aquí, en el banco del elefante, y no me canso de contemplar esta vista. Desde “nuestra casa” la visión de la cúpula de San Biagio es sólo parcial, la interrumpen los tejados, aunque no está nada mal para comenzar el día mientras el aire todavía fresco me despeja, aunque debo reconocer que una taza de buen café italiano también ayuda.
Desde el banco del elefante, al anochecer, únicamente se escuchan los murmullos de las conversaciones en las mesas del bar Sport, a pocos metros. Contemplar el cielo estrellado desde aquí lo convierte, sin duda, en uno de los mejores lugares secretos en la Toscana.
Montefollonico y Montepulciano, una historia de rivalidad
Desde el banco del elefante puedo imaginar mil batallas. Ahora, transcurridos los siglos, desconozco si queda algo de la antigua rivalidad entre Montefollonico y Montepulciano, enfrentados en el siglo XIII, el primero perteneciente a la república de Siena, el segundo aliado de Florencia. Aunque, finalmente, en 1543 Montefollonico tuvo que rendirse ante el ejército de Carlos V y entró a formar parte de los dominios florentinos de los Medici.
A decir verdad, yo me quedo con este pequeño lugar de la Toscana. Montepulciano sufre ahora otro tipo de “asedio”- sonrío para mis adentros, pensando que existe algún tipo de justicia- y aunque es indudable su belleza o su patrimonio cultural, transcurridos algunos años desde mi primera visita, sigo teniendo esa leve impresión de parque temático, donde todo se vende. Montepulciano es hermoso, claro, pero ¡de ningún modo puedo incluirlo en la lista de lugares secretos en Toscana!
Historia del Jardín de los animales de piedra de Montefollonico
-Hoy he descubierto otro elefante- afirmo a la vuelta de uno de mis paseos- Está detrás del banco, tumbado.Se lo muestro más tarde y lo contempla atónito.- Y, mira, aquí hay un perro, o un cerdo, las orejas se ven desgastadas y por eso no sabría decir exactamente de que animal se trata. Y esta roca, junto a él, parece otro más pequeño.
– Eso es tener demasiada imaginación…
Pero no, no se trata de mi imaginación. Días más tarde, cuando acudo a la oficina de turismo, que entonces no se ubicaba todavía en el Palazzo Pretorio, mi vecina Giulia- que es para mi sorpresa quien atiende la oficina- confirma mis sospechas, y me asegura que además hay un caballo, un cocodrilo… Que, en efecto, no son fruto de la casualidad sino de la mano del hombre, pero que nadie sabe quien se encargó de tallar las figuras de animales sobre las rocas.
Mi última tarde en Montefollonico no puedo faltar a mi cita en el banco. Obstinada, mirando al horizonte, intentando retener en la retina la imagen una y mil veces contemplada, sólo justo antes de marcharme me doy cuenta de lo que durante días he tenido a menos de un metro de distancia. Abro los ojos incrédula y observo al cocodrilo, enorme, delante de mí. Y juro que, sobre su hocico, mirándolo fijamente, hay una rana.
El secreto desvelado del Jardín de los animales de piedra
Regreso a mi lugar secreto de la Toscana y algunas cosas han cambiado. La “Proloco di Montefollonico” , la oficina que se encarga de la promoción turística, se inauguró oficialmente el 27 de abril de 2016, al año siguiente de mi visita, y de mi descubrimiento.

Ahora ya se quién es el autor de las esculturas en el Jardín de los animales de piedra. Fueron realizadas en el año 1992, sobre las rocas que afloraban en este lugar, por Lido Brogi, un obrero de la localidad de Sinalunga. Las talló durante los descansos en su trabajo, mientras participaba en las labores de restauración de la ex Iglesia de San Bartolomé. Para mi sorpresa, leo que actualmente son de propiedad privada.
¿Habías oido hablasr de este lugar? ¿Conoces otros lugares secretos en Toiscana?







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