Pitigliano es una de las conocidas como ciudades del tufo, con sus casas excavadas en la roca de origen volcánico, y uno de los pueblos más bellos de La Toscana. Ostenta además una “bandiera arancione” (bandera naranja) por su excelencia turística.
Comparte con otras localidades cercanas, como Sorano y Sovana, su pasado etrusco. Numerosos restos, además de varias necrópolis, así lo atestiguan.
Qué ver en Pitigliano, 2009 Vs 2025
Regreso a Pitigliano, nada menos que 16 años después de mi primera visita y, aunque algunas cosas han cambiado, continúa siendo el lugar sugerente y mágico que me sorprendió en la primera ocasión.
Datos prácticos: llegar a Pitigliano
La primera vez que visitamos Pitigliano aparcamos muy cerca del cementerio, en la misma carretera y sin gran dificultad. Habíamos recorrido un gran número de pueblos de la Val d’Orcia, en un itinerario de curvas sinuosas y grandes subidas por el Monte Amiata.
En 2025 lo hacemos después del intento fallido de conocer y disfrutar de las famosas termas al aire libre de Saturnia, las famosas “Cascate del mulino”. Salvo que decidáis pegaros el madrugón de vuestras vidas va a ser muy difícil encontrar aparcamiento (y ojo, que es de pago). Había filas y filas de coches aparcados (mal) en los arcenes y no fue posible parar un minuto en la carretera que une Saturnia con Montemerano para divisar las famosas cascadas desde lo alto. Así que otra vez será … o no.
Antes de llegar a Pitigliano, encontraréis el Santuario de la “Madonna delle Grazie”, en una pronunciadisima curva de la SS74 Maremmana. Frente a este, uno de los mejores miradores fotográficos desde el que obtener una hermosa vista de la ciudad. Como curiosidad, este punto panorámico está dedicado a Temistocle Sadun, el ingeniero que el 11 de septiembre de 1898 iluminó Pitigliano con luz eléctrica.

Ahora, para aparcar, en Pitigliano se ha instaurado la famosa “strisce blu”, la zona azul de pago, y también hay disponibles parkings de pago cercanos al Centro histórico, como el de la Piazza del Mercato. No obstante, si dais una vuelta por las calles aledañas es posible aparcar gratis, por ejemplo en Via Maddalena Ciacci ¡Fijaos siempre que las líneas en el suelo sean blancas!.
Monumento a los desaparecidos en el mar: una historia
Tan sólo una breve inscripción: “Soldato Capecchi Cesare, morto il 29-5-1917”. Ni una lápida, ni monumento funerario alguno. Las flores frescas que me dicen que alguien le recuerda y, junto a él, otros soldados muertos durante la primera guerra mundial.
A pocos metros una enorme ancla, erigida en memoria a los desaparecidos en el mar. Rebobino una y otra vez la cinta de la videocámara (si, han pasado unos años, y entonces las videocámaras no eran digitales) intentando percibir algún detalle más de aquel lugar inesperado, pero sólo veo flores. Flores hermosas junto a cada uno de los nombres y fechas, junto a la raíz de los árboles que rodean la verja de este cementerio, y tras la misma verja austera de hierro.
Mayo de 2025. He regresado a visitar a “mi soldado”. Ahora ya no uso una videocámara sino un simple smartphone ¡Qué pensaría el soldado Capecchi de tal artilugio!?. Sigue un “run-run” en mi cabeza, y no descarto regresar para que alguien me cuente la historia de su abuelo o su bisabuelo.
Pitigliano, la città del tufo
La primera vez, llegando a la ciudad, leí: ” Pitigliano, la città del tufo”. Como supuse que lo del tufo no se refería a ningún mal olor, pregunté en cuanto tuve ocasión por el significado de esta palabra. Para intentar combatir el frío y la humedad que nos cala hasta los huesos, entramos en un pequeño bar buscando un café caliente.
Lo encontramos nada más atravesar la puerta de acceso a la ciudad, en la Piazza Garibaldi, y si la memoria no me confunde, cosa que no sería de extrañar, era el ” Caffe del Teatro”. El local estaba repleto de fotos de Valentino Rossi y otros pilotos de motociclismo, así como de multitud de recuerdos y más fotos de marco, su dueño, un viejo motero. Cuando le pregunté “qué es el tufo”, golpeó con el puño las paredes del local. “Esto es el tufo”, señaló; es la roca de la que está construida la ciudad. Se trata de una roca volcánica, muy porosa, en realidad formada por cenizas y otros sedimentos que fueron quedando tras las erupciones.
El café ha cerrado .Ahora hay otros locales de estética más moderna en la misma plaza, pero ya no es lo mismo…
Lo que no ha cambiado, y se ve mucho más bonito en un día de sol, es el encanto de sus callejones. Deambular sin rumbo fijo es lo mejor que puedes hacer en Pitigliano.
Qué ver en Pitigliano: el Palazzo Orsini
En la entrada del Palazzo Orsini hay un pozo de mármol travertino, de estilo Renacentista y forma hexagonal. Aunque su función era la de proveer de agua al Palacio, hay una leyenda popular que dice que trae suerte a quien lo toque. Seguramente por ello hay que cumplir con el ritual de echar unas monedas en su interior.

Fue residencia de los condes de Pitigliano y Sorano y hoy en día sede del obispado. En su interior alberga el Museo arqueológico y el Museo del Palacio, junto a la biblioteca y el archivo diocesano.
Frente al Palacio, la famosa “Fontana delle sette cannelle” recibe el agua directamente del Acueducto Mediceo.
El Ghetto Ebraico: la pequeña Jerusalén
Recorremos las estrechas callejuelas, donde abundan los comercios de artesanía en madera de olivo y llegamos hasta el ghetto. Pitigliano acogió desde el siglo XVI una numerosa comunidad judía, hasta un diez por ciento de sus habitantes, que tuvo una excelente convivencia con el resto de la población. Por todo ello Pitigliano es conocida como “la pequeña Jerusalén”.
Se creó la Universidad Hebraica de Pitigliano y, durante la ocupación nazi, los vecinos de ésta ciudad y de otras conlindantes dieron cobijo a numerosos judíos. Se ha restaurado la Sinagoga, el horno Kosher y el cementerio hebraico.
Volvemos a recorrerlo en 2025, entre callejones y pasadizos, llegamos hasta la Sinagoga, custodiada permanentemente por el ejército.
La Catedral de San Pedro y San Pablo
La Catedral de Pitigliano te sorprenderá por su preciosa fachada en mármol travertino, del S. XVI. Construida alrededor del S. XIII, su aspecto actual corresponde a las ultimas modificaciones, ya en el siglo XVIII. Junto a ella, en el exterior, la torre de su campanario se utilizó originalmente con fines civiles y defensivos. Este año, además, recibe numerosos peregrinos por el año Jubilar.

Como curiosidad, junto a la Catedral, en la Piazza Gregorio VII, sigue estacionado, 16 años después, un motocarro de color azul ¿Será el mismo?-me pregunto.


Dónde comer en Pitigliano
En marzo de 2009 la lluvia no nos dio tregua (se podía oir el sonido de nuestros pies dentro de los zapatos… chof, chof). Acudimos a una pequeña trattoria, “Cotto e crudo”, recomendada por nuestro amigo el motero, no era ninguna de las que figuran en las guías de viaje.
El local era pequeño, con apenas capacidad para 15 comensales, con los techos abovedados, como tantos en la Toscana. Para combatir el frío opté por una zuppa di farro. El farro es un cereal, de grano más pequeño que el trigo. Con él se elaboran numerosas pastas y esta famosa receta, similar a un potaje, con sus tropiezos de chorizo, panceta… perfecto para “animar” el cuerpo en los días de invierno.
Descubro que el restaurante continúa abierto, con una hermosa terraza donde comer si el tiempo lo permite, en la Piazza della Repubblica y frente al Castello Orsini.
Qué ver cerca de Pitigliano
A pocos kilómetros de Pitigliano se encuentran otras localidades que no deberías perderte. Sorano y Sovana, a tan solo 10 minutos en coche, comparten su pasado Etrusco. Y un poco más allá puedes descubrir alguno de los pueblos más bonitos de Italia.
Sorano y Sovana
En 2009 nos acompañó la lluvia insistente, sin abandonarnos en una mañana de marzo. Muy cerca, en Sorano, el tiempo apenas nos dio un respiro para recorrer sus callejuelas, repletas de talleres en los que los artesanos trabajan la madera del olivo (aún conservo, tras muchos años y mudanzas, un tapón para el vino en forma de gato).
La Fortaleza Orsini, construida en el S. XII, domina desde lo alto la población de Sorano, y es un grandioso ejemplo de la arquitectura militar y defensiva de la época.

Nos cruzamos con algún grupo de osados excursionistas pertrechados con chubasqueros y botas, a la búsqueda, cual valientes aventureros, de la multitud de excavaciones y tumbas etruscas. Es en los alrededores de Sovana donde se encuentran la mayor parte de las Necrópolis. El Parque Arqueológico de la ciudad de la Toba alberga la Tumba de Ildebranda (S. III-II a.C.) y se considera uno de los monumentos funerarios más importantes de Etruria.
Montemerano, uno de los pueblos más bonitos de Italia
Un auténtico pueblo de cuento. Así podría definir esta localidad perteneciente al Municipio de Manciano donde cada rincón es una postal. Dedícate a callejear y buscar el lugar más fotogénico.
Con una muralla en tres tramos que le confieren forma “de corazón”, su trazado típicamente medieval es originario del S. XI. En Via Italia, la calle principal, encontrarás bares y restaurantes. ¡Siéntate a disfrutar del aperitivo!
No dejes de visitar la Iglesia de San Jorge (Chiesa di San Giorgio) , del S. XIV. Su estado de conservación es excelente y el interior alberga una serie de frescos que se atribuyen al pintor Andrea di Niccolò
Precisamente dedicada a San Jorge, se celebra una de las mejores fiestas de toda la Maremma. Por las calles de de Montemerano desfilan actores ataviados como en la época medieval, y se recrea la batalla entre el caballero San Jorge y el dragón. Tan solo han pasado unos días desde la celebración de 2025 (24 al 27 de abril).












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