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Budapest, una perla en el Danubio

Junto a Viena y Praga, Budapest completa uno de los recorridos centroeuropeos más amados por viajeros de todo el mundo. ¡Sigue leyendo para descubrir algunas curiosidades de la perla del Danubio!

Al contrario que otras capitales europeas, Budapest es una ciudad relativamente pequeña, agradable para pasear entre sus avenidas y zonas verdes. La capital húngara está dividida en dos partes separadas por el Danubio, Buda (Lo que podríamos definir centro histórico) y Pest. Para una escapada de 3 días, lo mejor es dedicar un día a Buda y el resto a Pest. Mencionamos algunos de los lugares más típicos de cada área:

En Buda encontraremos el imponente castillo de Buda, uno de los símbolos principales de la ciudad y antigua residencia real que en la actualidad alberga 3 museos: La galería nacional Húngara, el museo de historia de Budapest y la biblioteca Széchenyi. El castillo se sitúa en lo alto de una colina que se puede alcanzar mediante el funicular (870 Florines) o a pie (Preparaos para cuestas y escaleras infinitas). Cerca del castillo encontramos otros 2 puntos de interés: El Bastión de los Pescadores, un mirador de estilo neogótico desde donde se puede admirar Pest y sobre todo el Parlamento en su máximo esplendor. La Iglesia de Matías se encuentra el la misma zona y es la iglesia católica más famosa de Budapest. Todo el distrito del castillo está caracterizado por casas y edificios medievales y barrocas.

Y si Buda es una zona tranquila, Pest es todo lo contrario: Zona neurálgica de la ciudad, con cientos de calles y avenidas pobladas de negocios de todo tipo, puestos de street food y enormes parques donde los jóvenes se sientan a tomar una cerveza. Las dos avenidas principales de Pest son Andrássy (Que comunica en perfecta línea recta la plaza de los héroes y el parque de la ciudad con la plaza Erzsébet) y Váci utca.

Andrássy es el boulevard más famoso de Budapest. Una impresionante avenida de 4 carriles con un paseo peatonal entre ambos sentidos llena de edificios altos y tiendas de algunas de las mejores firmas. A lo largo de toda la calle se extiende la linea 1 del metro (La amarilla) y se llega bastante rápido de un extremo a otro. Ojo porque no hay un paso subterráneo para cambiar de sentido, tenéis que cruzar la calle y después bajar al andén. Si vamos caminando nos cruzaremos con el teatro de la Ópera

Váci Utca en cambio es una peatonal paralela al Danubio, llena de tiendas de souvenirs, bares, clubs, restaurantes y terrazas.  Probablemente los camareros y RRPP os asaltarán a la primera de cambio, aunque no suelen ser muy pesados (Al menos no tanto como en otras ciudades más turísticas). A destacar la cantidad de locales de masajes Tailandeses, que junto a la gran cantidad de luces y neones por un momento consiguen trasladarte a Bangkok.

Si eres de los que prefiere comprar unas cervezas en el supermercado y sentarte en algún parque en vez que ir de bares (Aunque los bares-ruina una visita bien la merezcan), entonces Déak Ferenc Tér es tu sitio. Cada noche cientos de jóvenes ocupan este parque para beber en compañía.

Otro lugar a destacar en Pest es el Barrio Judío con la Sinagoga, la segunda más grande del mundo después de la de Jerusalén. En mi opinión es una de las mejores zonas para picar algo, hay muchísimos restaurantes take-away y puestos de street food donde con poco dinero podrás comer hasta hartarte.

Por supuesto, cruzar el Puente de las Cadenas para pasar de Buda a Pest forma parte de la lista de imprescindibles, aunque el actual sea una reconstrucción del original construido en el año 1849.

Si os gustan los mercados, no podéis perderos el Mercado Central, que aunque en los últimos años se ha convertido en una verdadera «atracción turística», merece la pena. En la planta baja hay todo tipo de puestos de comida, carne, embutidos, quesos, especias (Sobre todo, paprika), chocolate… los precios no son los más bajos de la ciudad, pero al menos tendréis la certeza de encontrar de todo. En la planta de arriba hay varios puestos de souvenirs clásicos y puestos de comida donde puedes degustar especialidades húngaras compartiendo mesa con otros clientes.

Los dulces y la pastelería Húngara son de lo mejorcito que haya probado (Lo siento amigos franceses e italianos…) y prueba de ello son los impresionantes cafés como el Centrál Café o la pastelería Gerbaud, la más famosa de Hungría. Otro lugar destacable es el New York Café, que aunque con precios notablemente superiores a la media de Budapest, merece una visita solo por su interior. Pero no hace falta irse hasta estos locales para probar buenos dulces. Incluso en las estaciones de metro podemos encontrar puestos donde venden croissants y otra bollería deliciosa recién horneada a precios realmente bajos, como por ejemplo 2 croissants a 50 céntimos. El chocolate es otra de las pasiones de los húngaros, que se han especializado en la producción de éste. Chococo Csokoládérium, en Buda, es uno de esos sitios donde puedes encontrar cualquier tipo de chocolate que exista en el planeta tierra… blanco, negro, con leche, con frutos secos, con fruta deshidratada, aromatizado con licores… cualquier combinación que se te ocurra, la encontrarás allí.

Para los amantes de la naturaleza y el relax si con el parque de la ciudad no os llega, podéis echar una escapada a Isla Margarita, situada en el Danubio entre Buda y Pest. La isla, que tiene más de 2km de longitud, es el paraíso de los deportistas que practican jogging. Además hay varios jardines, un zoo y otros lugares de interés.

Y por supuesto, si hay algo por lo que sea famosa Budapest, son sus balnearios. Los más importantes: El de Gellert, Széchenyi y Rudas. Yo no tuve tiempo de relajarme durante mi viaje, por lo que ya tengo excusa para volver…

¿Y tú? ¿Todavía tienes excusas para NO ir? 😉

 

¿Tienes tiempo? Descubre las otras perlas del Danubio: Viena y Praga, ¡Combínalas en una visita!

 

 

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The shoes on the Danube

Miro el reloj, siete y media de la tarde. Aún no ha anochecido y hace un calor asfixiante en Budapest. El vuelo se ha retrasado y he tenido que cambiar mi programa para lo que quedaba del día de hoy, así que tras llegar al hostel ‘Casa de la música‘, dejar la maleta y darme una ducha me decido a salir para descubrir la ciudad.

Camino, camino y camino sin parar, mochila con cámara y guía a mis espaldas, que pesan más que un ladrillo y me hacen sudar, pero me da igual. Cruzo avenidas, recorro callejuelas, todo sin un rumbo fijo. Necesito cambiar dinero pero… sorpresa, es domingo y las casas de cambio están cerradas. Así que nada, tendré que arreglarme con los florines que llevo encima.

Miro el reloj y son las ocho y media. He caminado durante más de una hora cuando miro hacia arriba y veo una ‘torre’ que resulta ser el campanario de la Sinagoga. Entonces saco el mapa y pienso: «¿Cuanto narices he caminado? Tenía la visita prevista para el día siguiente, pero visto que estaba ahí, ¿Por qué no aprovechar el momento? Además sin demasiada gente rondando, sería más fácil fotografiarla.

Ya… eso pensaba. Empiezo a moverme, a buscar la posición perfecta para capturar ese imponente monumento. Y empiezo a pensar ‘Pon un gran angular en tu vida’… hasta que se acerca alguien:

-Te veo un poco preocupada… ¿Estás buscando el mejor ángulo para fotografiar la Sinagoga?

+Ehm… diría que si. Digamos que no consigo encuadrarla bien -en ese momento despego el ojo del objetivo y veo un señor de unos… 60 o 65 años, vestido con camisa azul, chaqueta elegante, boina, zapatos de piel. Con aire un poco ‘aristócrata’-

-Tranquila, a mi me ha pasado un millón de veces. Ven.

Me hace una seña y cruzamos la calle.

-Si te pones aquí agachada deberías poder sacarla bastante bien.

+Gracias, pero ¿Cómo sabías…?

-Me he pasado años intentando sacar la foto perfecta. Pero llega un momento en el que desistes… Quiero decir, no es algo así como «rendirse», sino más bien darte cuenta de que llegado a un cierto punto tienes que conformarte.

+¿Eres fotógrafo profesional?

-Lo de profesional son palabras mayores. He vendido algunas de mis obras, pero no se si eso me convierte en un profesional.

+Entiendo

-¿Qué haces en Budapest?

+Decir ‘turismo’ sería demasiado banal. He venido para poder escribir sobre la ciudad en mi blog… he abierto hace poco un blog de viajes.

-Osea que eres una travelblogger

+Si, aunque acabo de empezar – Pienso… para la edad que tiene está bastante informado… quiero decir, no todo el mundo, y menos la gente de esa edad, conoce la palabra ‘blogger’-

-¿Tienes tiempo? Creo que puedo contarte algo para que lo escribas en tu blog.

Espera, rebobinemos. Yo estaba intentando fotografiar la Sinagoga cuando se me ha acercado éste señor que no conozco de nada (¿Y si me quiere secuestrar? Nah…) y la conversación está tomando una especie de cauce filosófico o algo así.

+Si, por supuesto… -Esto se está poniendo interesante, pienso-

Nos sentamos en un banco. Miro el reloj, las nueve menos cuarto.

-¿Conoces el monumento de los Zapatos en el Danubio?

+He leído acerca de ello, pero aún no lo he visitado. Pensaba ir pasado mañana.

-Bien -se ajusta las gafas y me mira- ¿Qué sabes del holocausto?

+Pues… se que los Alemanes invadieron Hungría en el año 1944 y se llevaron a los judíos a los campos de concentración de Auschwitz para asesinarlos, y que a los que dejaron en Budapest, tampoco les fue muy bien.

-¡Correcto! Mi padre era uno de ellos. Me refiero, de los que se quedaron en Budapest, aunque lo único que hizo fue retrasar lo inevitable. Si pasas por los zapatos, salúdalo.

En ese momento se me hizo un nudo en la garganta. Claro que yo no sabía como «responder» a eso. Una cosa es leerlo en los libros de historia y otra que te lo cuenten de primera mano, y sobre todo darse cuenta de que no hace tantísimo tiempo que ocurrió. Creo que se dió cuenta de la situación.

-Pero no te preocupes.  Ya hace muchos años de eso y yo ni siquiera me acuerdo, tenía solo 2 años

Hago cálculos… 72. Menudo ojo más malo que tengo. ¿Me estás contando que a sus 72 años este señor conoce la palabra ‘blogger’? Flipo, seguro que me está tomando el pelo… o no.

+¿Y después que pasó?

-Mi madre escapó a Israel. Me crié allí y estudié leyes en la universidad de Jerusalén, pero a mi lo que me gustaba era la fotografía. Varios años más tarde conseguí mi primera cámara, una polaroid.

+¿Y qué haces en Budapest?

-Trabajé para un buffette de Abogados en Israel durante muchos años… bueno, se podría decir que aún hago algunos trabajillos -me da su tarjeta- , pero vivo aquí. Trasladé mi «oficina» a Budapest hace algunos años… no se si por nostalgia familiar o qué… mientras viví en Israel nunca pude visitar Hungría, así que hace casi 10 años cuando me  jubilé y cambié los tribunales por la fotografía, me mudé aquí. ¿Es la primera vez que vienes?

+Si, de hecho acabo de llegar. El vuelo se ha retrasado y me ha fastidiado los planes que tenía para hoy.

-A mi también me gusta viajar, pero no me gusta llevar itinerarios, nunca consigo seguirlos. Por cierto, ¿De dónde eres?

+Soy española, pero desde hace un par de años vivo en Italia.

-Ah Italia, la he visitado varias veces: Pasta, pizza…

+Que cliché.

-¿Que has pensado visitar en Budapest?

Saco cuidadosamente mi guía de la mochila y se la enseño.

-Ya veo… para ser la primera vez que vienes, estás bastante informada.

+He pasado un mes largo leyendo cosas en internet… blogs, revistas de viajes… lo típico.

-Haces bien. Es una bonita ciudad, disfrútala.

Durante los siguientes 30 minutos hablamos de fotografía, blogs, viajes, terrorismo, guerras, de la gente que ha dejado de viajar por «miedo»… y un sinfín de temas de actualidad. Nos despedimos intercambiando un abrazo.

+Ha sido un placer

-Lo mismo digo. ¿Cual es tu nombre?

+Marina. ¿Y el tuyo?

-Friedman. Avner Friedman.

+Me has dado grandes ideas para mi blog. Creo que la próxima vez que vuelva a Budapest te llamaré para enseñarte los progresos…

-Y yo estaré encantado de ver cuánto has avanzado.

+Cuídate. Y recuerda saludar a mi padre.

-Lo haré.

Miro el reloj: Las nueve y media.