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París más allá de frases y tópicos.

La frases y tópicos sobre París son tantas que me pregunto si existe ciudad sobre la cual se haya enumerado tanto de lo uno y de lo otro, sobre la que se hayan generado tal cantidad de iconos ¿O quizá si?.  De manera que me dispongo a recorrerla tratando de huir de la mayoría de éstos y también intentando comprobar si son ciertos o no.
Como un encantamiento o una maldición, del mismo modo que algunas almas están condenadas a vagar por éste u otros mundos, parece que estoy destinada a conocer la Ciudad de la luz– he aquí el primer ejemplo de frases y tópicos sobre París- en pequeñas dosis, en escapadas breves y fugaces, en cortísimos viajes que me dejan un regusto a nostalgia y unas ganas de más.
frases y tópicos sobre París

Más frases y tópicos sobre París: la ciudad del amor, del cancán y la bohemia, de los poetas y pensadores, de los pintores en Montmartre, la que bien vale una misa – que se lo pregunten a Enrique IV- y la que siempre nos quedará… tal como aseguraba Rick -Humphrey Bogart- en la inolvidable Casablanca.

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París era una fiesta (frases y tópicos sobre París) Fotografía de Raquel Caparrós

Pasear por una u otra orilla del Sena puede resultar muy romántico, disfrutando de los bellos «Hôtels» que encontramos durante el recorrido, pero también conlleva cierto riesgo, que no es otro que el de no calcular ni medir las distancias y llegar con los pies destrozados a la hora de la cena. Así que mejor será tomar alguna de las numerosísimas líneas de metro que tejen esta enorme red, para recorrer las entrañas de la ciudad.

Acceder al metro de París, uno de los más antiguos de Europa- primero se inauguraron los de Londres y Budapest- puede resultar en ocasiones tan agotador como caminar por la superficie, especialmente en algunas estaciones como la de Chatelet-Les Halles, con sus larguísimos corredores que parecen no tener fin, viejos y destartalados laberintos, andenes y vagones atestados… que acaban de un plumazo con cualquier idea romántica y nos empujan nuevamente a la superficie, buscando la luz tibia y un poco de aire, todo lo puro que se pueda esperar.

Es domingo por la mañana. París se despereza con calma, sin agobios ni claxons, con periódico y croissants. Tan sólo algunos turistas madrugadores ya visitan el Phanteon, el primer edificio neoclásico de la ciudad, en cuya cripta reposan grandes hombres de la Historia. A pesar de su grandiosidad, de su decoración pictórica, a través de la que podemos conocer la vida y milagros de Santa Genoveva, patrona de París, a quien Luis XV dedicó el edificio en cumplimiento de una promesa por la curación de una grave enfermedad, no logra conmoverme como lo hizo otro, el de Agripa en Roma, en cuyo interior las emociones se me agolpaban y las lágrimas quedaban contenidas por la voluntad y el decoro. Ni tampoco la cripta, fría y desnuda, me hace sentir cercana al espíritu de los grandes pensadores (Voltaire, Rousseau…) ni de los inolvidables literatos (Dumas, Victor Hugo…) cuyos cuerpos reposan allí pero cuyas almas parecen haber abandonado el lugar y seguramente vuelan libres. Probablemente lo más interesante del Pantheon, y lo que capta mi atención, es el péndulo de Foucault, cuyo movimiento oscilante me hipnotiza, subyugada por los principios de la física que desde pequeña tanto me costaron entender.

Photo by zRapha on Foter.com / CC BY-SA . Péndulo de Focault

El enorme espacio verde de los Jardines de Luxemburgo, a pocos pasos del Pantheon, ha sido tomado por los parisinos. Pienso :»hay que ver como se cuidan», sorprendida por la cantidad de gente de todas las edades que salen a correr o juegan al tenis en las canchas del parque, mientras otros, marineros tierra adentro, compiten en disputadísimas regatas con sus veleros en el estanque central. El sol de la mañana nos invita a sentarnos y contemplar estos hermosos jardines, con sus fuentes de inspiración italiana, sus estátuas y sus enormes castaños, alfombrados en estos primeros días del otoño que lentamente cambia la decoración del lugar.

Zanganeo, animada por la temperatura suave y una brisa imperceptible, buscando un rincón donde pararme y contemplar el quehacer de unos y otros: la lectura, los juegos o, simplemente, no hacer nada… inmerso cada cual en su mundo, enredando en los pensamientos. Saboreo la mañana, y no tengo prisa alguna, ni miro el reloj para ver si se cumple el horario previsto en ningún circuíto, sintiendo un poco de lástima por los grupos con guía que recorren el parque con paso marcial.

Antes de llegar a los amplios, y casi infinitos,  boulevares de Saint Michel y Saint Germain hemos dejado atrás la Sorbona, heredera de la antiquísima Universidad de París (siglo XII), y el Collège de France, enorme concentración del saber por metro cuadrado, en este barrio conocido como «latino»(debido a que el latín era el idioma utilizado en la Universidad, cuyos estudiantes eran los principales habitantes de este «quartier»). También los restos de las Termas galo-romanas y el Hôtel de Cluny, lugar en que se emplaza el Museo de la Edad Media. Pero, como siempre, hay tanto por ver y ¡Tan poco tiempo!. De manera que lo anoto en mi agenda de «pendientes», con el deseo sincero de regresar, y continúo casi sin rumbo buscando la orilla del río, único punto de referencia para poder controlar mi escaso sentido de la orientación.

En mi camino puedo comprobar que es cierto aquello de que París es ciudad de artistas, pues en los alrededores de Saint Germain des Pres, recorriendo la Rue de Seine o la de Beaux Arts, las galerías se suceden mostrando la obra de tantos pintores, escultores o fotógrafos, noveles o reconocidos, algunos de estilo indescifrable. Me pregunto cuántos de ellos serán recordados en el futuro, admirados o incluso idolatrados, como los grandes maestros cuyas obras cuelgan en las paredes de las pinacotecas más importantes, herederos y moradores del Museo d’Orsay, del Pompidou, del magnífico Louvre…

Louvre. Fotografía de Raquel Caparrós

Las barcazas turísticas recorren el cauce del Sena, otra manera de ver la ciudad, pero en esta ocasión huyo de todo aquello que se supone hay que hacer en París, para buscar refugio en las calles y plazas menos transitadas. Dejo atrás las larguísimas colas ante la entrada de los museos, aunque mi esperanza de disfrutar un rato de tranquilidad sentada en los Campos de Marte se ve defraudada por el gentío que los abarrota, contemplando el más famoso de los iconos parisinos, la Torre Eiffel, gigante de hierro a cuyos pies no cabe un alma, y donde uno no sabe si mirar al cielo o al suelo, pues se corre el riesgo de pisar alguna torre de plástico, o al perrito que da vueltas hasta agotar sus pilas, burdos souvenirs que se han multiplicado desde mi última visita.

 

Batobus en el Sena. Fotografía de Raquel Caparrós

 

Aturdida por el murmullo ensordecedor, caigo en la cuenta de que  todavía tengo un asunto «doméstico» que resolver. Curioso, porque una vez más el tópico, con frases o sin ellas, resulta cierto y una huelga general, que afecta principalmente a los transportes, me ha dejado sin tren de vuelta. París ha sido, y es, escenario de profundos cambios que a lo largo de la historia han sacudido a la nación francesa y han modificado su curso. El recuerdo y homenaje a los héroes y libertadores del pueblo es patente en plazas y monumentos, y en la estación de metro de Bastilla los mosaicos decorados cuentan con todo lujo de detalles lo acontecido. En la plaza del mismo nombre apenas quedan símbolos, y los edificios, incluyendo una nueva Ópera, nada tienen que ver con el aspecto que presentaba en el siglo XVIII. La zona se ha convertido en una de las más animadas de París y, desde allí hasta la plaza de la República, restaurantes, bares o clubs de jazz se convierten en lugar de encuentro para quienes viven mientras la ciudad duerme.

 

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Montmartre. Fotografía de Raquel Caparrós

 

Por si no eran suficientes frases y tópicos sobre Paris : «Arde París» – leo en los titulares de prensa unos días más tarde, en referencia a las jornadas de huelga y manifestaciones. Pero también era, en esos días, una auténtica fiesta (no me podía olvidar del gran Hemingway) como la que se vivía en la feria del vino de Montmarte, más animado el barrio que de costumbre si cabe. Una copa para olvidar las preocupaciones, la pequeña decepción de acortar nuestra breve estancia, con el ánimo alegre, con una promesa y un brindis por un próximo regreso.

PD: mi agradecimiento a Raquel Caparrós por sus maravillosas fotografías ya que no dispongo de las originales de mi viaje. Os recomiendo seguir su cuenta de instagram @raquel_caparros.

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París: Día 2

El despertador suena sobre las 8, y tengo que reconocer que a pesar del cansancio acumulado no he dormido muy bien, la almohada era demasiado baja para mi gusto y tengo algo de dolor de espalda. Pero no importa porque hoy es ¡El día! Y os preguntareis… ¿El día de qué? Bueno, hoy tendrá lugar le evento por el que hemos hecho este viaje: #HansZimmerLive en el Palais Des Congrés 😀

Si, en esta familia estamos un poco «de la olla» y creo que ya sumamos unos cuantos viajes para ir a conciertos. El espectáculo empieza a las 14.00 así que tenemos tiempo para dar un paseo por la mañana. Bajamos a desayunar a un Costa Coffee, situado prácticamente frente al hotel donde nos alojamos en nuestro último viaje a París (Enero 2016, siempre para otro concierto…) y el café no está tan mal… viviendo en Italia no se pueden pedir peras al olmo.

Terminado el desayuno volvemos al hotel a recoger todo y hacer le check-out. Sacamos las tarjetas de embarque para el vuelo de la noche y dejamos las maletas en la consigna. Decidimos encaminarnos a la zona Montmartre y el Sacre Coeur, ya que es una de las zonas de París que aún no he podido visitar (y eso que es la cuarta vez que vengo). El cielo nos mira amenazando lluvia, pero de momento nos da tregua. Tomamos la línea verde del metro hasta la parada que conecta con el funicular y nada más salir me extraña que no haya tantos turistas para la zona que es.

Nada más salir del metro nos encontramos con la Place des Abbesses

Nada más salir del metro nos encontramos con la Place des Abbesses

Paseamos por algunas calles y como siempre me paro a hacer fotos.

Establecimientos en Montmartre

Establecimientos en Montmartre

Tomamos el funicular para subir al Sacro Coeur. Debo admitir que la panorámica desde allí me ha decepcionado un poco, había leído en varios blogs que las mejores vistas de París estaban allí… creo que tenía demasiadas expectativas. La Basílica es preciosa e impresiona aún más en vivo, pero es difícil hacer fotos porque solo veo cabezas y gente que pasa por delante. Continuamos callejeando y me llega un olor que hace que mis tripas empiecen a dar un concierto. No se por que, en casa como poco, pero cuando voy de viaje siempre tengo hambre…

Montmartre

Sigo el rastro al más puro estilo perro de caza y me topo con una heladería-crepería que además tiene un puesto de… ¡Perritos Calientes! Pero nada de esos hot-dogs americanos de pan blando y salchichas de sobre. Esto son enormes baguettes rellenas con salchichas frescas condimentadas con especias y cebolla frita. Toda una delicia por 7€, el sitio se llama ‘Tutti Sensi» y ojo porque tienen dos locales en París, pero sólo uno vende los bocadillos. Decidimos comprar uno de estos bocadillos y lo compartimos mientras seguimos paseando.

Mis disculpas por el dedo delante del objetivo 🙂

Controlamos el reloj y ya casi es hora de dirigirnos al teatro para #HansZimmerLive, así que antes de bajar decidimos parar de nuevo en le puesto de las salchichas para completar nuestra comida, con la mala suerte de que se pone a llover. Sacamos los paraguas de la mochila y nos encaminamos hacia el metro, esta vez por las escaleras.

Ahora tenemos que hacer un par de transbordos para llegar hasta el Palais des Congrés. Cuando salimos del metro lo que más me sorprende es que está dentro de un centro comercial. Echo un vistazo a la cartelera de los próximos espectáculos, veo un concierto de Legend of Zelda y un par de shows de música del Señor de los Anillos… sin contar que en el metro vi un cartel anunciando un concierto de Nobuo Uematsu (Compositor de las BSO de Final Fantasy). Menos mal que no vivo en París porque a estas alturas tendría que vivir mendigando.

https://www.instagram.com/p/BEl7i13l86I/?taken-by=dreamingholidaystravel

Hacemos la visita de rigor al puesto de Merchandising y compramos una camiseta y un libro con el programa del concierto que además trae una tarjeta para descargarnos el show que han grabado en Wembley. Lo que más me ha dejado impresionada es que tras dos controles de seguridad (Desde el tema de los atentados se ha cuadruplicado la seguridad… en el concierto de Enero también tuvimos que pasar dos controles) de quitar chaquetas, abrir bolsas y demás historias, me han dejado pasar con el bicharraco de la 60D, por lo que voy a probar suerte con el concurso fotográfico del tour.

#HANSZIMMERLIVE

No voy a entrar en demasiados detalles del concierto (Podría hacer un post exclusivamente dedicado a ello) pero ha sido simplemente impresionante. El sonido, la escenografía (Simple pero efectiva), la banda, el coro… La suite de ‘El rey león’ con Lebo M, cantante original de la película, simplemente fantástica. Interstellar e Inception geniales, echo de menos algunas piezas, pero sería imposible meterlas todas en un concierto. Me sorprende muchísimo la suite de Piratas en el Caribe, que se ha convertido en una de mis favoritas, quizá porque nunca le presté particular atención. La violonchelista Tina Guo, de la que soy fan ya hace algún tiempo (Sobre todo por su participación en la BSO de League of Legends) impecable como siempre, y teniéndola delante he aprovechado para hacerle algunas fotos. Lo único que no me ha gustado del concierto es que se acabó. Lo repetiría una y otra vez.

La orquesta al completo

La orquesta al completo

#HansZimmerLive

La violonchelista Tina Guo

La violonchelista Tina Guo

Tina Guo, Ann Marie Simpson & Rusanda Panfili

Tina Guo, Ann Marie Simpson & Rusanda Panfili

Hans Zimmer & Ann Marie Simpson

Hans Zimmer & Ann Marie Simpson

Ahora nos toca volver al hotel a recoger nuestras maletas y dar un último paseo hasta la Gare du Nord para dirigirnos al aeropuerto Charles de Gaulle.

Mientras escribo este post estoy ya en el avión, despegamos y está anocheciendo. A lo lejos puedo ver la Torre Eiffel iluminada mientras en mis auriculares suena ‘I will always return’, de Bryan Adams, y como no, Hans Zimmer.

Y es que, tarde o temprano… volveremos a París. Aunque sea a hacer compras en el ACE Market 🙂