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París más allá de frases y tópicos.

La frases y tópicos sobre París son tantas que me pregunto si existe ciudad sobre la cual se haya enumerado tanto de lo uno y de lo otro, sobre la que se hayan generado tal cantidad de iconos ¿O quizá si?.  De manera que me dispongo a recorrerla tratando de huir de la mayoría de éstos y también intentando comprobar si son ciertos o no.
Como un encantamiento o una maldición, del mismo modo que algunas almas están condenadas a vagar por éste u otros mundos, parece que estoy destinada a conocer la Ciudad de la luz– he aquí el primer ejemplo de frases y tópicos sobre París- en pequeñas dosis, en escapadas breves y fugaces, en cortísimos viajes que me dejan un regusto a nostalgia y unas ganas de más.
frases y tópicos sobre París

Más frases y tópicos sobre París: la ciudad del amor, del cancán y la bohemia, de los poetas y pensadores, de los pintores en Montmartre, la que bien vale una misa – que se lo pregunten a Enrique IV- y la que siempre nos quedará… tal como aseguraba Rick -Humphrey Bogart- en la inolvidable Casablanca.

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París era una fiesta (frases y tópicos sobre París) Fotografía de Raquel Caparrós

Pasear por una u otra orilla del Sena puede resultar muy romántico, disfrutando de los bellos «Hôtels» que encontramos durante el recorrido, pero también conlleva cierto riesgo, que no es otro que el de no calcular ni medir las distancias y llegar con los pies destrozados a la hora de la cena. Así que mejor será tomar alguna de las numerosísimas líneas de metro que tejen esta enorme red, para recorrer las entrañas de la ciudad.

Acceder al metro de París, uno de los más antiguos de Europa- primero se inauguraron los de Londres y Budapest- puede resultar en ocasiones tan agotador como caminar por la superficie, especialmente en algunas estaciones como la de Chatelet-Les Halles, con sus larguísimos corredores que parecen no tener fin, viejos y destartalados laberintos, andenes y vagones atestados… que acaban de un plumazo con cualquier idea romántica y nos empujan nuevamente a la superficie, buscando la luz tibia y un poco de aire, todo lo puro que se pueda esperar.

Es domingo por la mañana. París se despereza con calma, sin agobios ni claxons, con periódico y croissants. Tan sólo algunos turistas madrugadores ya visitan el Phanteon, el primer edificio neoclásico de la ciudad, en cuya cripta reposan grandes hombres de la Historia. A pesar de su grandiosidad, de su decoración pictórica, a través de la que podemos conocer la vida y milagros de Santa Genoveva, patrona de París, a quien Luis XV dedicó el edificio en cumplimiento de una promesa por la curación de una grave enfermedad, no logra conmoverme como lo hizo otro, el de Agripa en Roma, en cuyo interior las emociones se me agolpaban y las lágrimas quedaban contenidas por la voluntad y el decoro. Ni tampoco la cripta, fría y desnuda, me hace sentir cercana al espíritu de los grandes pensadores (Voltaire, Rousseau…) ni de los inolvidables literatos (Dumas, Victor Hugo…) cuyos cuerpos reposan allí pero cuyas almas parecen haber abandonado el lugar y seguramente vuelan libres. Probablemente lo más interesante del Pantheon, y lo que capta mi atención, es el péndulo de Foucault, cuyo movimiento oscilante me hipnotiza, subyugada por los principios de la física que desde pequeña tanto me costaron entender.

Photo by zRapha on Foter.com / CC BY-SA . Péndulo de Focault

El enorme espacio verde de los Jardines de Luxemburgo, a pocos pasos del Pantheon, ha sido tomado por los parisinos. Pienso :»hay que ver como se cuidan», sorprendida por la cantidad de gente de todas las edades que salen a correr o juegan al tenis en las canchas del parque, mientras otros, marineros tierra adentro, compiten en disputadísimas regatas con sus veleros en el estanque central. El sol de la mañana nos invita a sentarnos y contemplar estos hermosos jardines, con sus fuentes de inspiración italiana, sus estátuas y sus enormes castaños, alfombrados en estos primeros días del otoño que lentamente cambia la decoración del lugar.

Zanganeo, animada por la temperatura suave y una brisa imperceptible, buscando un rincón donde pararme y contemplar el quehacer de unos y otros: la lectura, los juegos o, simplemente, no hacer nada… inmerso cada cual en su mundo, enredando en los pensamientos. Saboreo la mañana, y no tengo prisa alguna, ni miro el reloj para ver si se cumple el horario previsto en ningún circuíto, sintiendo un poco de lástima por los grupos con guía que recorren el parque con paso marcial.

Antes de llegar a los amplios, y casi infinitos,  boulevares de Saint Michel y Saint Germain hemos dejado atrás la Sorbona, heredera de la antiquísima Universidad de París (siglo XII), y el Collège de France, enorme concentración del saber por metro cuadrado, en este barrio conocido como «latino»(debido a que el latín era el idioma utilizado en la Universidad, cuyos estudiantes eran los principales habitantes de este «quartier»). También los restos de las Termas galo-romanas y el Hôtel de Cluny, lugar en que se emplaza el Museo de la Edad Media. Pero, como siempre, hay tanto por ver y ¡Tan poco tiempo!. De manera que lo anoto en mi agenda de «pendientes», con el deseo sincero de regresar, y continúo casi sin rumbo buscando la orilla del río, único punto de referencia para poder controlar mi escaso sentido de la orientación.

En mi camino puedo comprobar que es cierto aquello de que París es ciudad de artistas, pues en los alrededores de Saint Germain des Pres, recorriendo la Rue de Seine o la de Beaux Arts, las galerías se suceden mostrando la obra de tantos pintores, escultores o fotógrafos, noveles o reconocidos, algunos de estilo indescifrable. Me pregunto cuántos de ellos serán recordados en el futuro, admirados o incluso idolatrados, como los grandes maestros cuyas obras cuelgan en las paredes de las pinacotecas más importantes, herederos y moradores del Museo d’Orsay, del Pompidou, del magnífico Louvre…

Louvre. Fotografía de Raquel Caparrós

Las barcazas turísticas recorren el cauce del Sena, otra manera de ver la ciudad, pero en esta ocasión huyo de todo aquello que se supone hay que hacer en París, para buscar refugio en las calles y plazas menos transitadas. Dejo atrás las larguísimas colas ante la entrada de los museos, aunque mi esperanza de disfrutar un rato de tranquilidad sentada en los Campos de Marte se ve defraudada por el gentío que los abarrota, contemplando el más famoso de los iconos parisinos, la Torre Eiffel, gigante de hierro a cuyos pies no cabe un alma, y donde uno no sabe si mirar al cielo o al suelo, pues se corre el riesgo de pisar alguna torre de plástico, o al perrito que da vueltas hasta agotar sus pilas, burdos souvenirs que se han multiplicado desde mi última visita.

 

Batobus en el Sena. Fotografía de Raquel Caparrós

 

Aturdida por el murmullo ensordecedor, caigo en la cuenta de que  todavía tengo un asunto «doméstico» que resolver. Curioso, porque una vez más el tópico, con frases o sin ellas, resulta cierto y una huelga general, que afecta principalmente a los transportes, me ha dejado sin tren de vuelta. París ha sido, y es, escenario de profundos cambios que a lo largo de la historia han sacudido a la nación francesa y han modificado su curso. El recuerdo y homenaje a los héroes y libertadores del pueblo es patente en plazas y monumentos, y en la estación de metro de Bastilla los mosaicos decorados cuentan con todo lujo de detalles lo acontecido. En la plaza del mismo nombre apenas quedan símbolos, y los edificios, incluyendo una nueva Ópera, nada tienen que ver con el aspecto que presentaba en el siglo XVIII. La zona se ha convertido en una de las más animadas de París y, desde allí hasta la plaza de la República, restaurantes, bares o clubs de jazz se convierten en lugar de encuentro para quienes viven mientras la ciudad duerme.

 

frases y topicos Paris

Montmartre. Fotografía de Raquel Caparrós

 

Por si no eran suficientes frases y tópicos sobre Paris : «Arde París» – leo en los titulares de prensa unos días más tarde, en referencia a las jornadas de huelga y manifestaciones. Pero también era, en esos días, una auténtica fiesta (no me podía olvidar del gran Hemingway) como la que se vivía en la feria del vino de Montmarte, más animado el barrio que de costumbre si cabe. Una copa para olvidar las preocupaciones, la pequeña decepción de acortar nuestra breve estancia, con el ánimo alegre, con una promesa y un brindis por un próximo regreso.

PD: mi agradecimiento a Raquel Caparrós por sus maravillosas fotografías ya que no dispongo de las originales de mi viaje. Os recomiendo seguir su cuenta de instagram @raquel_caparros.

Buenas tardes, Mr. Shakespeare

Shakespeare and Company, París. Probablemente sea un espejismo, una ilusión, pero juraría que nos sonríe sobre la puerta, justo donde se lee su nombre, invitándonos a entrar en este lugar de culto a la literatura en lengua inglesa, pequeñísimo templo en la orilla izquierda del Sena, en esta tarde en que el otoño no ha venido para quedarse y nos regala una temperatura dulce y cálida en la capital francesa.

-Buenas tardes, Mr Shakespeare.

Nuestros caminos vuelven a cruzarse. Si tan sólo hace unos meses nos recibía, inalterable, custodiando la casa de Julieta en Verona, ahora nos acoge, mucho más feliz, salvaguardando las letras de ayer y de hoy, y seguramente las de mañana.

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Fotografía de Raquel Caparrós

Debe ser porque el ambiente de ésta, que es una de las ciudades más visitadas del mundo, derrocha una alegría inusitada, festiva, ajena a cualquier problema, imbatible ante el desánimo.

Nos invita a recorrerla, siguiendo el curso serpenteante del río, desde la Gare de Lyon, bellísimo edificio construido en el cambio de siglo – del XIX al XX- coincidiendo con la Exposición Universal de 1900, que saluda a su homónima, la de Austerlitz, justo en la otra orilla, sin medir las distancias. Caminamos mirando hacia el cielo y hacia las ventanas, abiertas de par en par, de los bellos edificios en los muelles parisinos, en el de la Rapee, en el de Henri IV, y me siento una auténtica voyeaur, envidiosa ante las magníficas lámparas de cristal que cuelgan de los altos techos. Imbatibles frente al  cansancio, nuestros rostros reciben los rayos de sol como un verdadero regalo, mientras nuestros pies dirigen sus propios pasos, ajenos a la voluntad, a la lógica y al sentido común.

Fotografía de Raquel Caparrós

Cruzamos el Pont de Sully para perdernos por las calles de l’Ile Saint Louis, rebosantes de actividad, los pequeños comercios ofreciendo toda clase de tentaciones: quesos, patés, vinos… o los dulces de esas preciosas boulangeries, ante cuyos escaparates se ponen a prueba los más firmes propósitos, que finalmente se quiebran ante las largas colas en Berthillon, los mejores helados y sorbetes de la ciudad.

Los músicos callejeros, las terrazas llenas, los candados que auguran amor eterno firmemente amarrados en las barandillas de los puentes. Me preguntaba porque esta costumbre, que comenzó en el Ponte Milvio de Roma, se ha hecho tan frecuente en tantas otras ciudades, como Florencia, y no recuerdo cuantas más… quizá las piedras de estos puentes centenarios conozcan el secreto, quizá lo han contado a las aguas que rumorean al pasar, que se lo llevan lejos.

Frente al Quai Montebello, desde donde se divisan (o se divisaban entonces, pues este artículo lo publiqué originalmente en Octubre de 2010) las torres de Notre Dame, hoy derrotadas por las llamas, Shakespeare and Company aparece como un reducto de paz. Ajeno al ajetreo del barrio latino, algunos lectores embebidos y ausentes están sentados delante de la puerta, concentrados ante las páginas, mientras otros rebuscan entre los ejemplares viejos o de ocasión, esperando hallar algún tesoro entre el papel que amarillea como las hojas en este otoño extraño.

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Fotografía de Raquel Caparrós

Traspasar el umbral es como cruzar una frontera, se deja de oír el sonido cantarín del idioma franco para escuchar, ver y leer, la lengua de Shakespeare. Pero no importa de donde venga uno, en Shakespeare and Company nadie se siente extranjero y a nadie se considera extraño.

En su interior, clientes y curiosos se mueven despacio, casi con sigilo, abrumados por la visión interminable de los libros que lo ocupan todo, que cubren las paredes desde el suelo hasta el techo. Deslizar el dedo recorriendo los lomos, descubrir los títulos de clásicos y contemporáneos, respirar el aire que huele a papel, pone alerta mis sentidos.

Las figuras de aquellos que se mueven a mi alrededor se desdibujan, se diluyen, desaparecen. Flaubert, Dumas, Victor Hugo o Baudelaire… el Jorobado de Notre Dame convive con Harry Potter en el diminuto local, donde los voluntarios trabajan en ocasiones a cambio de alojamiento, aunque en los últimos tiempos sea más frecuente hacerlo para obtener créditos de libre elección en la vecina Universidad de la Sorbona.

En el piso superior encontramos un catre y una pequeño salón, así como un piano en el que cualquiera puede ofrecer un improvisado concierto. En el saloncito se puede asistir a la presentación de un libro y charlar con su autor, a la lectura de una obra, o a un seminario de escritura, por ejemplo sobre viajes… Lástima que mi visita, como siempre, sea tan breve, pues ¡Nada me gustaría más!

Deambulo durante un buen rato, sorteando los montones de libros, encantada de conocer, por fín, este lugar de culto, que no sólo han visitado los más grandes, también los ha acogido y cobijado bajo su techo, cuyas privilegiadas cabezas han reposado en las mismas almohadas que ahora contemplo.

Shakespeare and Company ha sido testigo de grandes hitos en la literatura universal. Su primera propietaria, Sylvia Beach, desafió a la censura publicando el Ulises de Joyce y sufrió la venganza del nazismo durante la ocupación alemana de París.

Me quedaría durante un buen rato, ojeando algún ejemplar, pero mi curiosidad me empuja nuevamente a la calle, para recorrer el barrio latino y buscar, cuando ya anochece, una brasserie para la cena.

El cercano barrio de Mouffetard, a pocos pasos de la plaza Monge y la Mezquita de París, me sorprende por lo animado, con su estupendo ambiente, las terrazas atestadas, imposible encontrar una mesa. Al final ocupamos una, diminuta, en un pequeño restaurante, donde la decoración, los tapices sobre la pared de piedra, los candelabros en las mesas, nos transportan a la época de los Mosqueteros. Se encuentra en un edificio del siglo XVI, y miro desconfiada a un lado y a otro, no vaya a ser que en algún momento alguien saque su hierro y resuelva sus disputas con el filo brillante del acero (Por cierto, se llamaba Le Pot de Terre y en mi última visita a París descubrí que estaba cerrado)

Me resulta curioso comer codo con codo, pues el espacio es mínimo y las mesas están juntas, con dos desconocidos. Claro que ni yo les entiendo, ni ellos a mí, de manera que no resulta indiscreto escuchar la conversación ajena. No deja de sorprenderme esta ciudad y sus costumbres, pues esta situación tan sólo la había vivido en las trattorias italianas, especialmente en Roma, donde uno comienza compartiendo mantel y termina compartiendo conversación, dado el carácter extrovertido de los romanos.

No obstante, en este viaje me ha desconcertado el carácter alegre de los parisinos, que parecían contagiados de una gran euforia y optimismo, quizá alentados por el buen tiempo, lejos de ese cliché de ciudadanos eternamente deprimidos, que aseguran se extiende como una epidemia cuando llegan los días grises y fríos, días eternos sin sol.

Fotografía de Raquel Caparrós

Me reafirmo en la creencia que nada hay mejor para romper los prejuicios y las falsas impresiones que coger una maleta para descubrir y sentir la experiencia de cada lugar como algo único y propio, pues como dice el saber popular «cada uno cuenta la feria según le va». De manera que, ya antes de partir,  he decidido que regresaré a esta ciudad, que no en vano está considerada una de las más bellas. Me despido, no sin antes decir:

-Volveremos a encontrarnos, Mr Shakespeare.

PD: Gracias s Raquel Caparrós por sus fotografías. Os recomiendo seguir su cuenta de instagram @raquel_caparros

Italianos por el mundo (Restaurantes)

Italianos, los encontraréis allá donde vayáis. Nos referimos a restaurantes, naturalmente.

Seamos sinceros. Todos viajamos con la intención de conocer las costumbres de países diversos y esto incluye, por supuesto, la gastronomía, pero ¿Cuantos de vosotros no os habéis cansado de repetir una y otra vez los mismos platos o de tener que pagar una fortuna para comer mínimamente bien? Que levante la mano el que nunca haya dicho durante un viaje «Me muero por una pizza o un plato de pasta. Me muero por ir a un italiano». Además es apuesta segura si viajáis con niños.

Seguramente la cocina italiana sea una de las más «globalizadas» y por tanto encontrar restaurantes italianos en casi cualquier lugar del mundo es tarea fácil. Esto se explica por el fenómeno migratorio que en el siglo pasado – y de nuevo en estos últimos años de crisis económica-  llevó a miles de italianos hasta América y por supuesto al resto de Europa.

Si bien la cocina italiana es admirada y conocida en todo el mundo también ha sido maltratada por las franquicias y los locales pseudo-italianos de comida rápida. Distinguir un italiano auténtico de otro que no lo es es sencillo si habéis viajado mucho a Italia. De lo contrario siempre os podrán dar «gato por liebre».

Sin ánimo de ofender a nadie, no soy capaz de pasar una semana seguida comiendo filete empanado- por muy Schnitzel que lo llamen- y salchichas en Austria (que me gustan, conste, especialmente en los puestos callejeros). En Francia hay opciones pero ¿A qué precios? Adoro las Crêpes y en París es posible encontrar muy buenos restaurantes de cualquier nacionalidad ¡También italianos!

Incluso aquí, cerca de casa, cuando salgo a cenar voy a mi italiano preferido, La Trattoria Napoletana. Al final , he acumulado un montón de tarjetas de restaurantes italianos en otros países europeos. Os recomiendo algunos que me han gustado especialmente.

 

RESTAURANTES ITALIANOS EN FRANCIA

La Dolce Vita (París)

En la Rue Michel Chasles, a un paso de la Gare de Lyon (Ojo, porque si buscáis La Dolce Vita París os aparecerán unos cuantos y no guardan relación con este) Es de los primeros que visité allá por el año 2002 y regresé en el 2010, ya que en ambas ocasiones escogí el mismo hotel, junto a la estación.

Italiano auténtico a pesar de que los camareros os hablen en francés. La familia propietaria procede del sur de Italia. La primera vez que estuvimos transmitían un partido de fútbol en televisión (jugaba un equipo italiano, por supuesto) y en algún momento temimos por los platos cada vez que había una jugada «peligrosa». Raciones abundantes de pasta y buenas pizzas. Es cierto que la primera vez nos gustó más que la segunda, pero es que en el 2010 ya habíamos viajado a Italia en más de una ocasión y «las comparaciones son odiosas».

 

Marco Polo (Saint Martin de Ré- Ille de Ré)

Vale, no recuerdo si eran italianos auténticos y leyendo las últimas opiniones sobre este lugar me estoy quedando atónita. Nosotros comimos estupendamente y me acuerdo de que el personal fue amabilísimo (su propietario nos explicó como debíamos pedir un café cortado en Francia, y por cierto el café era bueno) Excelente Lasagna y Tiramisú.

El local está situado en el puerto de la localidad de Saint Martin de Ré, una de las más visitadas de la isla. Es un pueblo encantador lleno de tiendas glamurosas y de ambiente marinero. Por supuesto que encontraréis restaurantes de pescado y marisco pero seguramente no aptos para todos los bolsillos. En aquel viaje, además, había «gente menuda» a bordo, así que un italiano nos pareció la mejor opción.

 

RESTAURANTES ITALIANOS EN AUSTRIA

Al Borgo (Viena)

Creo que podría afirmar, casi sin dudarlo, que este es el mejor de todos los restaurantes italianos que he probado hasta ahora, mejor incluso que los que he frecuentado en la mismísima Italia. Aúna la mejor materia prima con una cuidada elaboración en los platos y el ambiente elegante de la capital austriaca.

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No en vano su propietario, Carlo, es originario de la Emilia Romagna, seguramente la región italiana en la que mejor se come.

Leyendo algunas opiniones acerca del local, y teniendo en cuenta que estaba cerca de nuestro hotel, en el distrito 1, dudaba entre ir o no (ya sabemos que sobre gustos no hay nada escrito y yo siempre leo las opiniones escritas en italiano en primer lugar) Me alegro de haber ido finalmente, ya que la experiencia fue tan buena que decidimos repetir.

Se puede tomar un Spritz (aperitivo italiano) mientras esperas la cena. Para los amantes del vino la bodega es variada y buenísima (y no más cara que en Italia) y si habéis pedido una bebida no tendrán reparo en serviros agua del grifo, sin cargo claro.

La cuenta, de lo más ajustada en cuanto a relación calidad/precio. Teniendo en cuenta además la ubicación céntrica y el hecho de que el restaurante sea frecuentado por celebridades, italianas y no, que visitan la ciudad (Encontraréis fotos enmarcadas de muchos famosos comiendo allí) Pero ¿Cuánto? -os estaréis preguntando- En su web podéis ver los precios e incluso hay un menú del día (solo a mediodía) por menos de 12€ .

Sobre lo bonito que es el local podría hablaros largo y tendido pero mi recomendación es que lo visitéis en vuestro próximo viaje a Viena.

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Solo dos apuntes: es más que recomendable reservar y no olvidéis incluir la propina (alrededor de un 10 %) a la hora de pagar tanto si lo hacéis en efectivo como si usáis vuestra tarjeta de crédito. Esa es la costumbre en Viena.

An der Hüben 1, 1010 Wien

 

Pasta e Vino (Salzburgo)

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Mezcla de charcutería y taberna donde las opciones, tal como su nombre indica, se reducen a escoger entre una fuente de «antipasti» (embutidos, quesos y encurtidos) o un plato de pasta preparada de 2 formas distintas, acompañados del vino de la casa (Advierto, raciones enormes)

El local, diminuto, vende además los productos de charcutería, pasta fresca o postres para llevar (excelente Tiramisú) de modo que es frecuente que los clientes se acerquen al mostrador a comprar mientras otros ocupan las mesas a la hora del almuerzo.

Regentado por tres jóvenes napolitanos, propietarios además de otro restaurante (La Bruschetta) que no visitamos, ya que «Pasta e Vino» quedaba muy cerca de nuestro hotel.

Wolf-Dietrich-Straße 31, 5020 Salzburg

 

La Cantina-intermezzo italiano (Innsbruck)

Acudimos en busca de un auténtico café italiano (el que servían en nuestro hotel no era muy bueno) y descubrimos que además ofrecían el «Plato del día». Por su ubicación , en el centro de Innsbruck, es frecuentado por quienes trabajan en oficinas cercanas, a la hora de la comida.

Otra vez tenemos que advertiros del tamaño de las raciones. Nosotros habíamos pedido un entrante para compartir y dos platos, pero cuando vimos las raciones servidas en fuentes, en las mesas vecinas, rectificamos nuestra comanda ¡Menos mal!

Todo buenísimo y los dulces de escándalo, así como el café. Además el local ofrece ( los jueves, a partir de las 18:30) el típico aperitivo italiano: una bebida acompañada de un variado buffet libre. El personal, joven y amabilísimo, italiano ¡Claro!

Sparkassenplatz 2, 6020 Innsbruck

 

Die Pizzerei (Innsbruck)

Aquí va uno fifty-fifty. Lo había buscado por internet antes de mi viaje y acudimos en nuestra primera noche en la ciudad. En su web se definen como restaurante original italiano y parte del personal lo es.

El local es muy agradable y bien decorado, y la verdad es que tanto la pasta como las pizzas están buenas. Como curiosidad aquí vi por primera vez  como ponían «para llevar» la pizza que los comensales no eran capaces de terminarse (después observé esto en otros restaurantes y pizzerias de Austria) y pensé que en España estaría «mal visto» o que alguien podría tildarlo de «cutrez». Sinceramente me pareció una actitud más racional, la de no desperdiciar y tirar a la basura comida en perfecto estado. Creo que ahora esta costumbre se ha extendido también a nuestro país, al menos a algunos locales, de la misma manera que ya no nos da «corte» llevarnos la botella de vino que no hemos acabado.

Bozner Platz 6, 6020 Innsbruck

 

RESTAURANTES ITALIANOS EN ESPAÑA

La Piccola Trattoria (Madrid)

Literalmente Piccola, esta pequeñísima Trattoria en la zona de Anton Martin ha sido una de las mejores experiencias gastronómicas en una escapada reciente a la capital. Teníamos reserva previa ya que, con tan pocas mesas, es casi imposible encontrar una libre sin reservar ¡Y por nada del mundo queríamos perdérnoslo!

Directamente del sur de Italia, desde la bella región de Puglia, Giuseppe nos hizo disfrutar de la comida y de la charla. Es complicado decidirse carta en mano, pero no hay posibilidad de errar y además siempre hay algún plato fuera de la misma, como los «involtini» o «boconccini», pequeños bocados de berenjena, queso y algún ingrediente secreto 😉 por los que nos dejamos seducir.

La burrata es excelente y la pasta sublime. Para probar la pizza (que nos han asegurado las «buenas lenguas» que es de lo mejorcito) ya no quedaba sitio en el estómago. Siendo sinceras, si, un pequeño hueco si quedaba, pero estaba reservado para el postre.

Una botellita de Primitivo del Salento para acompañar, siguiendo el consejo de Estela (el otro 50% de la Piccola Trattoria) y solo cuando estábamos acabando el postre nos dimos cuenta de que no habíamos sacado ni una foto para el blog. Tiramisú, Cannoli sicilianos y una tentación de chocolate de cuyo nombre ni me acuerdo.

La Piccola Trattoria está en la Calle Torrecilla del Leal, 15 (Metro Anton Martin)

 

Pizza Mascalzone (Madrid)

Vale, es Italo-argentino, pero las pizzas están buenísimas. En el Madrid de los Austrias (Calle Cervantes, 1) una de las zonas más bonitas de la ciudad, podréis degustar sus pizzas, ensaladas y algunos platos como la Parmigiana, de la que nos declaramos muy fans.

Un placer auténtico, comer la pizza con Speck (una especie de jamón ahumado) del que tanto hemos disfrutado en nuestros viajes por el Norte de Italia, especialmente en la región del Trentino. Además, justo enfrente, encontraréis Pastamascalzone, donde comprar pasta fresca y una enorme variedad de embutidos y otros productos italianos.

 

Esperamos que tengáis ocasión de ir probando nuestras sugerencias. Ya veis que el post sigue creciendo, así que lo actualizaremos cada vez que descubramos algún local nuevo que nos haya gustado especialmente

Y vosotros ¿Cuántos italianos por el mundo conocéis? ¡Seguimos esperando vuestras recomendaciones y experiencias!

 

 

 

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París: Día 2

El despertador suena sobre las 8, y tengo que reconocer que a pesar del cansancio acumulado no he dormido muy bien, la almohada era demasiado baja para mi gusto y tengo algo de dolor de espalda. Pero no importa porque hoy es ¡El día! Y os preguntareis… ¿El día de qué? Bueno, hoy tendrá lugar le evento por el que hemos hecho este viaje: #HansZimmerLive en el Palais Des Congrés 😀

Si, en esta familia estamos un poco «de la olla» y creo que ya sumamos unos cuantos viajes para ir a conciertos. El espectáculo empieza a las 14.00 así que tenemos tiempo para dar un paseo por la mañana. Bajamos a desayunar a un Costa Coffee, situado prácticamente frente al hotel donde nos alojamos en nuestro último viaje a París (Enero 2016, siempre para otro concierto…) y el café no está tan mal… viviendo en Italia no se pueden pedir peras al olmo.

Terminado el desayuno volvemos al hotel a recoger todo y hacer le check-out. Sacamos las tarjetas de embarque para el vuelo de la noche y dejamos las maletas en la consigna. Decidimos encaminarnos a la zona Montmartre y el Sacre Coeur, ya que es una de las zonas de París que aún no he podido visitar (y eso que es la cuarta vez que vengo). El cielo nos mira amenazando lluvia, pero de momento nos da tregua. Tomamos la línea verde del metro hasta la parada que conecta con el funicular y nada más salir me extraña que no haya tantos turistas para la zona que es.

Nada más salir del metro nos encontramos con la Place des Abbesses

Nada más salir del metro nos encontramos con la Place des Abbesses

Paseamos por algunas calles y como siempre me paro a hacer fotos.

Establecimientos en Montmartre

Establecimientos en Montmartre

Tomamos el funicular para subir al Sacro Coeur. Debo admitir que la panorámica desde allí me ha decepcionado un poco, había leído en varios blogs que las mejores vistas de París estaban allí… creo que tenía demasiadas expectativas. La Basílica es preciosa e impresiona aún más en vivo, pero es difícil hacer fotos porque solo veo cabezas y gente que pasa por delante. Continuamos callejeando y me llega un olor que hace que mis tripas empiecen a dar un concierto. No se por que, en casa como poco, pero cuando voy de viaje siempre tengo hambre…

Montmartre

Sigo el rastro al más puro estilo perro de caza y me topo con una heladería-crepería que además tiene un puesto de… ¡Perritos Calientes! Pero nada de esos hot-dogs americanos de pan blando y salchichas de sobre. Esto son enormes baguettes rellenas con salchichas frescas condimentadas con especias y cebolla frita. Toda una delicia por 7€, el sitio se llama ‘Tutti Sensi» y ojo porque tienen dos locales en París, pero sólo uno vende los bocadillos. Decidimos comprar uno de estos bocadillos y lo compartimos mientras seguimos paseando.

Mis disculpas por el dedo delante del objetivo 🙂

Controlamos el reloj y ya casi es hora de dirigirnos al teatro para #HansZimmerLive, así que antes de bajar decidimos parar de nuevo en le puesto de las salchichas para completar nuestra comida, con la mala suerte de que se pone a llover. Sacamos los paraguas de la mochila y nos encaminamos hacia el metro, esta vez por las escaleras.

Ahora tenemos que hacer un par de transbordos para llegar hasta el Palais des Congrés. Cuando salimos del metro lo que más me sorprende es que está dentro de un centro comercial. Echo un vistazo a la cartelera de los próximos espectáculos, veo un concierto de Legend of Zelda y un par de shows de música del Señor de los Anillos… sin contar que en el metro vi un cartel anunciando un concierto de Nobuo Uematsu (Compositor de las BSO de Final Fantasy). Menos mal que no vivo en París porque a estas alturas tendría que vivir mendigando.

https://www.instagram.com/p/BEl7i13l86I/?taken-by=dreamingholidaystravel

Hacemos la visita de rigor al puesto de Merchandising y compramos una camiseta y un libro con el programa del concierto que además trae una tarjeta para descargarnos el show que han grabado en Wembley. Lo que más me ha dejado impresionada es que tras dos controles de seguridad (Desde el tema de los atentados se ha cuadruplicado la seguridad… en el concierto de Enero también tuvimos que pasar dos controles) de quitar chaquetas, abrir bolsas y demás historias, me han dejado pasar con el bicharraco de la 60D, por lo que voy a probar suerte con el concurso fotográfico del tour.

#HANSZIMMERLIVE

No voy a entrar en demasiados detalles del concierto (Podría hacer un post exclusivamente dedicado a ello) pero ha sido simplemente impresionante. El sonido, la escenografía (Simple pero efectiva), la banda, el coro… La suite de ‘El rey león’ con Lebo M, cantante original de la película, simplemente fantástica. Interstellar e Inception geniales, echo de menos algunas piezas, pero sería imposible meterlas todas en un concierto. Me sorprende muchísimo la suite de Piratas en el Caribe, que se ha convertido en una de mis favoritas, quizá porque nunca le presté particular atención. La violonchelista Tina Guo, de la que soy fan ya hace algún tiempo (Sobre todo por su participación en la BSO de League of Legends) impecable como siempre, y teniéndola delante he aprovechado para hacerle algunas fotos. Lo único que no me ha gustado del concierto es que se acabó. Lo repetiría una y otra vez.

La orquesta al completo

La orquesta al completo

#HansZimmerLive

La violonchelista Tina Guo

La violonchelista Tina Guo

Tina Guo, Ann Marie Simpson & Rusanda Panfili

Tina Guo, Ann Marie Simpson & Rusanda Panfili

Hans Zimmer & Ann Marie Simpson

Hans Zimmer & Ann Marie Simpson

Ahora nos toca volver al hotel a recoger nuestras maletas y dar un último paseo hasta la Gare du Nord para dirigirnos al aeropuerto Charles de Gaulle.

Mientras escribo este post estoy ya en el avión, despegamos y está anocheciendo. A lo lejos puedo ver la Torre Eiffel iluminada mientras en mis auriculares suena ‘I will always return’, de Bryan Adams, y como no, Hans Zimmer.

Y es que, tarde o temprano… volveremos a París. Aunque sea a hacer compras en el ACE Market 🙂

 

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París: Día 1

Este viaje empieza especialmente pronto… el despertador suena a las 6 de la mañana, después de haber dormido unas 4 horas como mucho. Empiezo a dar tumbos por la casa como un zombie y me preparo para salir. Me esperan casi 3 horas de viaje entre medios de transporte y transbordos para llegar hasta el aeropuerto de Marco Polo (Venecia). En nuestro primer día en París daremos una vuelta por el centro y visitaremos Little Tokyo.

Son las 9 cuando cojo el tren en Vicenza y calculando veo que me va a sobrar bastante tiempo. Decido ir hasta Venecia a coger el bus que me llevará al aeropuerto (No es necesario llegar hasta S. Lucía/Piazzale Roma para coger el Shuttle, ya que hay otra parada en Mestre, antes de llegar al centro de Venecia). Aprovecho para tomar el tercer café del día y me siento en las escaleras con mi vaso de cartón. La verdad es que desayunar con estas vistas no tiene precio.

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Ahora si, voy a coger el Shuttle para ir al aeropuerto (Y yo aconsejo siempre coger el de la compañía ATVO, cuesta 8€ y es directo, tarda una media hora… ya que la alternativa es la línea de transporte público ACTV que atraviesa el centro y en hora punta puede ser un infierno). Ya por allí, me decido a pasar el control de seguridad, bastante lento… la verdad es que lo del aeropuerto de Venecia es bastante curioso, o llegas y está lleno o no hay nadie… no hay término medio. Aún tengo 1 hora hasta embarcar así que doy una vuelta por las tiendas de siempre y decido comprar un par de quesos de montaña para llevar a la familia. Me acerco a la cafetería y me como un trozo de pizza a precio de oro (5,20 €).

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El embarque ha sido bastante rápido (Raro en Venecia… donde siempre es muy lento y los retrasos son habituales. Mención especial a la planta subterránea, diseñada muy mal y que se congestiona enseguida ya que es la zona de embarque de todas las compañías low-cost) así que me siento en mi sitio y cierro los ojos esperando poder dormir un poco. Esta vez subimos un escalón y volamos con Air France, a ver qué tal.

Pero ay amigos… que utopía. Me toca un vuelo con unas turbulencias horrorosas. De pequeña (No se cuantos años tendría pero la maleta era más grande que yo) hice un vuelo Valencia-Bilbao con turbulencias y desde entonces me entró fobia a volar. Pero como odio los viajes largos e intento siempre evitar coche o autobús… pues no me queda más remedio. He acabado acostumbrándome y ahora incluso cojo vuelos internos siempre que puedo. Además, el que haya aterrizado alguna vez en Bilbao o Santander sabrá que es una verdadera prueba de coraje para los que tienen miedo a volar… es como cuando tienes que saltar del trampolín y no te atreves, hasta que alguien te empuja.

Por cierto, estoy alucinando: Nos han dado un bocadillo en el avión, no cacahuetes o aceitunas, un ¡B-O-C-A-D-I-L-L-O! Será que casi siempre vuelo con compañías low-cost, pero esto no lo veía desde la época dorada de Iberia. Es de queso fresco (Tipo Philadelphia) y albahaca. Pero es que lo bueno no acaba ahí, 2 minutos más tarde pasan ofreciendo latas de coca-cola (De 150ml), cerveza, vasos de zumo, agua, café… Todo gratis. Si a los de Economy nos miman así, no quiero ni imaginar a los de Business. Así que punto para Air France, con todo esto ya se me ha olvidado el mal rato que pasé con las turbulencias.

Una hora y media tras nuestro despegue, aterrizamos en el aeropuerto Charles de Gaulle y hace un frío para morirse. Para hacer más interesante el viaje, cuando desembarco por el finger veo una cola larguísima. ¿Que hace toda esta gente parada en el pasillo? Bueno, pues cuando llego delante descubro que hay que pasar un ‘control de inmigración’… ¿Pero esto no pasaba sólo fuera de Europa? Tenemos que enseñar nuestros documentos de identidad, nos toman los datos y nos preguntan el motivo de nuestro viaje. Tras casi 40 minutos en esa cola infernal me dirijo a la estación del RER B que me llevará al centro de París (10€ y 30 minutos de viaje).

Son casi las 4 cuando llego a la Gare Du Nord, me encuentro con mis padres que han llegado a primera hora de la mañana y nos dirigimos al hotel. Nos alojamos en el Ibis Opera Lafayette, habitación triple.

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Después de dejar nuestras cosas y hacer intercambio de víveres (Qué duro es vivir en un sitio donde el lomo embuchado y el pimentón picante no existen…) nos preparamos para salir. Tenemos la tarde de hoy para ir donde queramos. Días atrás me preguntaba qué podíamos hacer, sin caer en la ‘banalidad’ de ir a ver lo de siempre… hasta que buscando por internet encontré un blog que hablaba del ‘barrio’ japonés de París. Sin dudarlo dos veces decidí que tenía que ir allí. Los que me conocen saben que soy amante de Japón (He aprendido un poco de Japonés por mi cuenta, me gusta el manga, anime, videojuegos, la gastronomía y la cultura tradicional japonesa, además de haber practicado Kendo durante algún tiempo) por lo que esta visita era imprescindible para mi.

Little Tokyo se encuentra cerca de la zona de Opera, y sus calles más famosas son Rue Saint-Anne y Rue des Petit Champs. Tiendas de decoración, librerías, restaurantes o agencias de viajes son sólo algunos de los establecimientos que se pueden encontrar en esta pequeña ciudad nipona. La primera parada es en el ACE Mart, un supermercado de especialidades orientales. Como no podía ser de otra manera aproveché para comprar cosas que donde yo vivo serían imposibles de encontrar. Más adelante encontré también el K-Mart, aún más grande que el anterior (Y sobre el que también había leído… pero en cuanto me encontré delante del ACE el ansia me pudo y tuve que entrar y comprar xD).

ACE-mart

Ace Mart, supermercado de especialidades japonesas y coreanas

He aquí algunas de mis adquisiciones:

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  • Panko: Pan rallado de gamba japonés, se utiliza para rebozados
  • Udon de pescado picante
  • Wasabi
  • Pastillas de Curry picante
  • Mochis de judías rojas

En la foto no se ven pero también compré unos Dorayakis (Esos pastelitos que comen siempre en los animes). A pesar de ser sábado encontré algunas tiendas a las que me habría gustado entrar cerradas, una pena… Había una tienda donde vendían yukatas, tabis y cajitas muy monas de Bento.

Proseguimos nuestro camino entre restaurantes de todo tipo: De Ramen, de Udon, de Sushi, de todo un poco… lo mejor es que son restaurantes auténticos, con staff japonés y menús con varios platos que no se encuentran tan fácilmente fuera de Japón (Y no como en España e Italia donde la mayoría de los restaurantes japoneses son gestionados por chinos…). La gama es muy amplia y los precios en general están algo por debajo de la media de la capital francesa, aunque hay de todo. Después de dar varias vueltas decidimos ir al restaurante Sushi Gan, ya que mi padre no es gran amante de las sopas y el sushi y allí podía comer yakitoris y tempura.

La comida estaba verdaderamente exquisita, pedimos varios tipos de sushi (hosomakis, uramakis y takos), sashimi de atún que se deshacía en la boca, ensalada de algas, gyoza, tempura y yakitori de pollo. Casi se me olvida sacar las fotos del hambre que tenía.

Pagamos 45€ en total (Con bebidas, servicio e IVA inc.) así que como veis no es nada caro. También había varios menús con precios desde los 10€ hasta 35€.

Para completar la cena nos acercamos hasta AKI, una pastelería y cafetería típica japonesa (Con varias especialidades de cocina fusion franco-nipona). Visita muy recomendada, pedimos 2 tazas de té verde, un café y un pastel de matcha de té que estaba delicioso al que habían apodado ‘Kabuki’. El té no tiene nada que ver con el que podemos encontrar en el supermercado, estaba buenísimo y nos ayudó a pasar el frío. Creo que pagamos sobre los 11€ por todo. Además conseguí chapurrear dos frases en japonés y me entendieron, todo un logro.

Té verde y pastel 'Kabuki' en AKI Boulangerie

Té verde y pastel ‘Kabuki’ en AKI Boulangerie

Y con esto concluimos nuestra tarde en Little Tokyo. Una pena que algunas tiendas estuvieran cerradas, porque me apetecía entrar en una librería especializada en literatura japonesa… Os dejamos con una selección de nuestras fotos favoritas del barrio japonés:

Little Tokyo

 

 

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Little Tokyo

 

Little Tokyo

 

Little Tokyo

 

Hasta aquí nuestro primer día en #DreamingParís.

 

París, la ciudad de la luz

París, río Sena

He perdido la cuenta de cuántas veces he pronunciado la siguiente afirmación: Voy a Francia… bueno no, en realidad voy a París.

Y así es amigos, no es que tenga nada en contra de nuestros vecinos, pero es la realidad. París no es Francia, París es el mundo resumido en una única ciudad.

La capital francesa es oficialmente el destino turístico más popular del mundo, con mas de 42 millones de visitantes cada año. La arquitectura gótica nació en la región de París, siendo la basílica real de Saint-Denis la primera que se construyó en este estilo. Además, desde 1991, las Riberas del Sena son consideradas Patrimonio de la Humanidad.

 

Paris

Fotografía de Raquel Caparrós

 

Es obvia la visita a algunos de los monumentos más famosos del planeta: La catedral de Notre Dame, la Torre Eiffel, la basílica del Sacre Coeur, los Campos Elíseos o el Arco del Triunfo. Además la ciudad cuenta con más de 150 museos, siendo el Museo del Louvre, el de Orsay y el Centro Pompidou los más visitados.

París tiene arte por todos lados: las galerías en el barrio de Montparnasse  o los pintores que todavía llenan la Place du Tertre en el bohemio barrio de Montmartre. Rincones llenos de historia y encanto como la librería Shakespeare and Company, que no deberías perderte.

Los jardines de Luxemburgo, aunque bastante populares, es uno de esos lugares infravalorados. No son unos jardines cualquiera, sino que nos encontramos ante una gigantesca zona verde donde grandes y pequeños encontrarán un sinfín de actividades, desde teatro, actuaciones musicales o clases de iniciación a la apicultura y horticultura.

Los cruceros por el Sena son una de las actividades que más atraen a los turistas. Pero no sólo se hacen travesías para admirar los monumentos situados en la ribera, sino que con el paso del tiempo los parisinos han sabido sacar el máximo partido a esta atracción: desde cruceros-degustación de Champagne hasta cenas y fiestas de lujo a bordo. También son una buena forma de recorrer París si es tu primera vez en la ciudad y dispones de poco tiempo.

Para aquellos con estómago, una de las visitas más curiosas son las Catacumbas. Más de 300 kilómetros de túneles subterráneos que se extienden por toda la ciudad donde reposan los restos de más de 6 millones de personas. Se rumorea que incluso las puertas del infierno están ocultas en este laberinto de huesos y calaveras.

Basta acercarse al Quartier Latin para admirar el mestizaje cultural de París: Restaurantes de cocina Asiática, Italiana, Griega, Turca, Senegalesa, Mexicana, Francesa, Bavarese, India… siendo Rue Mouffetard una de las calles más famosas de esta zona. Un sinfín de locales de música en vivo, clubs de Jazz, discotecas y terrazas os esperan para animar la noche parisina. ¿Y lo mejor de todo? La conveniencia de los precios. Una comida/cena generalmente va desde los 5€ hasta los 15€/20€ por persona. Una cerveza sobre los 6€ y un cocktail 12€, pero en casi todos los locales suele haber Happy Hour durante algunas horas y el precio se reduce a la mitad. ¿Quién dijo que París fuera solo para bolsillos privilegiados?

A pesar de que en general, los precios del alojamiento son algo superior a la media europea, es posible encontrar algunas ofertas. A veces basta salir un poco del centro, París cuenta con una estupenda red de comunicaciones y el tránsito se hace muy sencillo.

Y si tienes tiempo… puedes combinar tu visita a la capital francesa con el parque temático que cada año atrae miles de personas de todas las edades: Disneyland París, distante sólo 35 minutos de la ciudad tomando el tren RER regional.

¿Hemos conseguido convencerte? Bon Voyage!