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El Bierzo en 3 días (ó 4)

El Bierzo, comarca de León, se sitúa en el noroeste de la provincia, en los límites con Galicia y Asturias. Con una superficie aproximada de 3.000 Kilómetros cuadrados repartidos en 38 municipios, su capital, Ponferrada, concentra el 50% de la población total de la comarca y es un buen punto de partida además de una visita imprescindible en El Bierzo.

Si dispones de 3 ó 4 días para escaparte a conocer esta tierra, llena de contrastes y diversidad, ya te advertimos que no vas a poder ver todo lo que te gustaría: Los Ancares, El Bierzo Alto, los Montes Aquilianos, el Camino de Santiago, las Médulas, y el Valle del Valcarce pueden conformar tu ruta.

 

Explorar el Bierzo, León,  por dónde empezar

Si bien hemos dicho que Ponferrada es un buen punto de partida para tu ruta, es probable que, como nosotros, estés buscando algo más tranquilo y rural. Es por ello que escogimos un pequeño hotel en Las Herrerías (Vega de Valcarce) quizá un poco más apartado pero con unas magníficas vistas y realmente cerca de casi todo lo que queríamos visitar. Prácticamente en el límite con Galicia, a pocos kilómetros  de O Cebreiro, una de las etapas durillas del Camino de Santiago  (1330 mtrs de altitud), tiene mucho más en común con la Comunidad vecina que con la propia provincia de León.

Así que, por aquí empezamos.

Valle del Valcarce : de La Vega de Valcarce a Balboa

Siguiendo el curso del río Valcarce desde nuestro hotel en Las Herrerías, y siempre cruzándonos por el camino con cientos de peregrinos, descubrimos algunos de los pequeñísimos núcleos de población que conforman el municipio de  Vega de Valcarce, como Ruitelán o Ambasmestas. El recorrido discurre entre antiguos Castros, molinos, herrerías y castillos como el de Sarracín, originario del S. X aunque la construcción que se mantiene data del S. XIV, en el que pernoctó Carlos I de España en marzo de 1520. La tradición quesera de Ambasmestas se mantiene hoy en día con un excelente queso de cabra (Veigadarte) que os recomendamos probar.

 

el bierzo león

Las Herrerías, el Bierzo León

 

Es precisamente en Ambasmestas donde se abandona el curso del Valcarce para seguir el de otro río, el Balboa. El sonido del agua nos acompaña en el lento recorrido de una carretera, afortunadamente, poco transitada.

El municipio de Balboa es seguramente uno de los más conocidos y visitados por sus famosas pallozas, construcciones prerromanas, de planta ovalada y techo de paja , en las que convivían familia  y animales en estancias separadas por tabiquería de madera. Hoy, reconvertidas algunas de ellas en restaurantes, se mantienen no solo como atractivo turístico.

 

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Pallozas en Balboa

 

Este municipio, escenario en la Edad Media de cruentos combates entre leoneses y gallegos, es hoy un reducto de paz a los pies de la sierra de los Ancares. Las conservas artesanas, como las de La Oricera (muy recomendable la mermelada de pimientos del Bierzo para acompañar el queso) y los productos elaborados a partir de la castaña (crema, harinas, bizcochos o magdalenas) son otro de los atractivos que ofrece Balboa.

El Camino de Santiago:

Molinaseca, Ponferrada, Cacabelos y Villafranca del Bierzo

 

Camino de Santiago, El Bierzo León

 

A lo largo de 14 kilómetros el Camino de Santiago transcurre entre Vega de Valcarce y los límites geográficos con Galicia. Pero antes de llegar a este punto, algunas de las etapas más bellas e importantes del Camino pasan por lugares como Molinaseca.

El origen de la Villa de Molinaseca está ligado al Camino Jacobeo, que a partir del S. XI comienza a cobrar importancia, aunque estas tierras conservan vestigios prerromanos, con la presencia de numerosos castros, y romanos ya que fueron parte de la ruta de paso del emperador Augusto durante las llamadas guerras de conquista (años 29 al 19 a C.) contra los astures, que poblaban entonces el Bierzo.

El puente de los peregrinos, también conocido como puente romano, da acceso a la Villa, famosa también por sus embutidos y restaurantes, así que aprovechad la visita para llevaros unos «souvenirs» gastronómicos, de los más apreciados de todo el Bierzo y de la provincia de León.

 

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Molinaseca, El Bierzo León

 

La Iglesia de San Nicolás de Bari del S. XVII y el Santuario de la Virgen de las Angustias (S. XVII y XVIII) son dos paradas obligatorias para cualquier peregrino.

A pocos kilómetros de la Villa, la pequeña localidad de «El Acebo de San Miguel», es el punto más alto del municipio (1150 mtrs. de altitud)  Declarada Conjunto Histórico y organizada en torno a una única calle, la Calle Real,  jalonada de hospederías, es uno de los lugares con más encanto de la zona, que conserva la arquitectura típica de casas de piedra con balaustradas de madera y tejados de pizarra. En ella destaca la torre de Espadaña, de la Iglesia de San Miguel (S. XVI)

 

Albergue en el Acebo de San Miguel

 

A pocos kilómetros de allí, la localidad de Compludo, ya en los Montes Aquilianos, es un imprescindible en cualquier ruta por el Bierzo. Luego os cuento más sobre ella.

Capítulo aparte merece Ponferrada capital y centro geográfico de esta comarca de León. En pleno Camino de Santiago, flanqueada por los Montes Aquilianos y limítrofe con el Bierzo Alto, su Castillo Templario es probablemente el emblema de la ciudad. Sin embargo, su ambiente en el centro histórico, sus numerosos museos, y, como no, su gastronomía, son suficientes atractivos para pasar un día entero.

Cacabelos posee un gran patrimonio arqueológico, como Castro Ventosa o el yacimiento de la Edrada, y de la época medieval conserva en su calle principal, la de Santa María, edificios blasonados. Dos Iglesias, la ermita de San Roque y nuestra Señora de la Plaza situadas  en las antiguas puertas de acceso a la ciudad y, como no, un albergue de peregrinos (de reciente construcción) muy cerca de donde se ubicaba el antiguo Hospital de Santiago.

Pero Cacabelos es conocida sobre todo por sus viñedos y bodegas que producen algunos de los mejores vinos con denominación de origen Bierzo, que han dado fama a esta comarca de León.

A tan solo 3 km de Cacabelos, el Monasterio de Santa María de Carracedo, fundado en el año 990 por el rey Bermudo II, es una parada «obligatoria» en vuestra ruta por el Bierzo. Monasterio cisterciense de gran influencia en el S. XIII, testigo de crisis espirituales y económicas y de las reformas en el Císter, saqueado y desmantelado con la Desamortización de Mendizábal, fue declarado Monumento Nacional en 1928. Aunque se ha rehabilitado en distintas etapas, especialmente a partir de 1988, es una pena que no se mantenga en mejor estado, porque realmente es una maravilla. El antiguo Archivo u Oratorio es una de las estancias medievales más bellas y la llamada «Cocina de la Reina» con su chimenea y las dependencias contiguas, se relacionan por su estilo gótico con la Reina Teresa (Reina de León)

 

Monasterio de Santa Maria de Carracedo, El Bierzo León

 

El mayor patrimonio monumental en esta ruta por el Camino de Santiago se concentra, sin duda alguna, en Villafranca del Bierzo. Su Iglesia de Santiago, templo Románico de finales del S. XII, tiene un especial significado e importancia en el Camino. Su Puerta del Perdón es la única, junto con la de la Catedral de Santiago, en la que se pueden ganar las Gracias Jubilares en los Años Santos Compostelanos. Esto se hace en caso de que algún peregrino no pueda continuar hasta la Catedral de Santiago por enfermedad o accidente.

 

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El Albergue de San Nicolás el Real (hoy hospedería), y la Iglesia del mismo nombre, es seguramente uno de los complejos arquitectónicos más bellos de Villafranca.

En la parte más alta de la población, el Castillo-Palacio de los Marqueses de Villafranca, es un buen punto de partida para recorrerla. La famosa Calle del Agua concentró la actividad de comercios y artesanos en la Ruta Jacobea. El Palacio de Torquemada, las Casas Torre, la Casa Morisca y la casa natal del poeta Enrique Gil y Carrasco son algunas de las muestras  de la arquitectura  civil más reseñables.

Los Conventos de San Francisco y La Laura, Iglesias como la de San Juan o La Anunciada, así como la Colegiata forman parte de este Patrimonio monumental de los más importantes del Bierzo y, probablemente, de toda la provincia de León.

El Camino de Santiago de invierno

El llamado Camino de Santiago de invierno transcurre desde Ponferrada en dirección a Puente Domingo Florez, atravesando localidades como Priaranza, que incluye juntas vecinales como la Villa Vieja, con tan solo 12 habitantes, o Ferradillo que llegó a estar deshabitada y ahora, con 14 vecinos, está en proceso de recuperación.

 

Priaranza del Bierzo

 

Frutales y viñas, bosques de castaños y chopos, pueblos llenos de encanto y tranquilidad absoluta conforman esta ruta que también incluye atractivos naturales como las Barrancas de Santalla, un lugar excepcional para hacer senderismo, y un mirador desde el que observar todo el Valle del Sil.

El Castillo de Cornatel es una imponente fortaleza medieval, emplazada en lo alto de un promontorio con unas vistas, literalmente, de vértigo. Aunque hay distintas teorías sobre su origen se cree que la más exacta es la que hace referencia al Castillo de Ulver

Se puede hacer una visita guiada al castillo pero además, en sus aledaños disfrutar del que dicen es el «banco más bonito del Bierzo» por las impresionantes vistas. También es posible asistir a eventos como La Noche Astronómica (para identificar y conocer las constelaciones) o Las Noches mágicas que, en el último fin de semana de agosto, recrean fiestas medievales con exhibiciones, conciertos de música celta y un mercado.

 

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Castillo de Cornatel

 

El Lago de Carucedo, con un área de recreo y baño para el verano, es un buen punto para descansar en esta ruta, en la que se incluye uno de los lugares más impresionantes y un imprescindible en el viaje: Las Médulas.

Las Médulas: Patrimonio UNESCO en El Bierzo, León

 Las Médulas está considerada la mayor mina a cielo abierto de la época romana. Este paraje, declarado Patrimonio de la humanidad por la UNESCO desde 1997 , en una controvertida votación, es un impresionante conjunto paisajístico  fruto de una de las mayores obras de ingeniería hidraúlica dela época romana. La canalización del agua (hasta 400 km de canales) procedente de ríos y neveros, hasta la parte alta de la explotación aurífera, conformó este paisaje único, con su característico color rojizo, rodeado de castaños, lagos y galerías.

 

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Los romanos conquistaron este territorio, antes ocupado por los astures, a los que sometieron para trabajar en las minas y extraer el oro, que necesitaban para acuñar moneda, durante los siglos I y II d.C.

Lo mejor, si queréis conocer a fondo la historia de estas explotaciones mineras, es que reservéis una visita guiada (por teléfono o email) que parten del Centro de recepción de visitantes en el pueblo de Las Médulas. Por supuesto dad una vuelta por el pueblo, aunque la mayor parte de las casas se han reconvertido en restaurantes y tiendas de souvenirs. Aprovechad para comprar algún producto típico, especialmente a los lugareños que los ofrecen en su propia casa (Nosotros compramos pimientos asados caseros a una señora justo al lado del centro de visitantes)

Se puede completar la visita con el Lago de Carucedo , el aula arqueológica, el centro de interpretación de los canales en Puente Domingo Florez y la Galería de Orellán, junto al mirador del mismo nombre. Y, por supuesto, no os perdais las vistas desde allí, a primera hora de la mañana o al atardecer.

 

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Lago de Carucedo

 

Pero sino tienes tiempo, o ganas, para tanto, no importa. Conocer Las Médulas es, además de un imprescindible, una de las mejores experiencias en el Bierzo.

Los Montes Aquilianos: Compludo, Montes de Valdueza y Valle del Silencio

Esta parte de nuestro itinerario nos hubiese gustado conocerla más a fondo . Los Montes Aquilianos, al suroeste de la provincia de León, son una impresionante cadena montañosa con picos de más de 200 metros de altitud.

Desde Ponferrada se puede acceder atravesando uno de los Valles más hermosos del Bierzo, el Valle del Silencio, también conocido como Tebaida Berciana, fue refugio de los eremitas que en la Alta Edad Media buscaban cobijo en estos montes, entre el silencio y la frondosidad de los valles. San Fructuoso o San Genodio fundaron aquí sus comunidades, en el Monasterio de San Pedro de Montes (Montes de Valdueza) del S.VII y en el de Peñalba de Santiago, declarado conjunto histórico artístico del que solo se conserva su iglesia (de estilo mozárabe, S. X) Este es uno de los pueblos más bonitos de España y, por falta de tiempo, nos quedó pendiente.

 

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Valle de Compludo

 

Si visitamos en cambio otro valle, el de Compludo, al que estamos deseando volver, ya que nos quedó pendiente mucho por ver. Nuestro objetivo era visitar la Herrería de Compludo, Monumento nacional desde 1968, tiene su origen en la Edad Media y es otra de esas experiencias que no puedes perderte. Consulta los días y horarios para las visitas  según la temporada. Manuel Sanchez, biznieto del fundador, habla con pasión del origen e historia de la herrería y verla en pleno funcionamiento es todo un espectáculo.

El sonido del agua te acompañará en cualquier ruta por los alrededores, en medio de un paraje natural increíble.

El Bierzo Alto: Bembibre y el Valle del Boeza

Bembibre, capital del Bierzo Alto, quizá no tenga el atractivo de los pequeños pueblos con encanto de la comarca. Situado en el Valle del Boeza, poco queda de su casco antiguo aunque la plaza del Ayuntamiento conserva alguno de los soportales y de las casas típicas de la zona.

 

Bembibre, capital del Bierzo Alto

 

La Iglesia de San Pedro (S.XII-XVIII) se consagró como templo cristiano en el año 1490, pero antes, durante el bajo medievo, fue una antigua Sinagoga de planta rectangular y tres naves. Su aspecto actual es posterior ya que fue reconstruida tras el incendio en la Revolución de octubre de 1934 (protagonizada por los mineros)

Quedan en la población algunos edificios modernistas, como las casonas de la calle Susana Gonzalez, o el remodelado edificio de la Ferretería Villarejo.

La pequeñísima localidad de San Román de Bembibre es un lugar con mucho encanto y muy cerca el Monasterio de San Miguel de las Dueñas, de origen medieval, bien merece una visita.

A falta de un gran patrimonio, la naturaleza y la gastronomía son buenas razones para visitar el Bierzo Alto, con eventos tan famosos como su festival de exaltación del botillo, que se celebra cada mes de febrero.

¿Conoces el Bierzo? Si aun no has visitado esta comarca de León, te animamos a hacerlo. Nosotros volveremos seguro, y sin mucho tardar.

 

Varenna Lago di Como: cuando quise ser como Rick Steves

«Varenna, Lago di Como, un rincón del paraiso teñido de azul. Una perla entre el lago y las montañas, arrullada por el viento y besada por el sol. Un lugar en los límites del tiempo…»

Palabra de Rick Steves… En realidad,  la descripción es perfecta y el reclamo publicitario para Varenna, inmejorable. Son miles los seguidores de este escritor y periodista norteamericano, convertido en «gurú» de los viajes, que ha descubierto al nuevo continente la belleza, historia, cultura y riqueza gastronómica de la vieja Europa.

 

Varenna Lago di Como

Panorámica de Varenna Lago di Como

 

Me preguntaba si cuando una pasión se convierte en trabajo deja de ser precisamente eso, pasión. Pero en este momento, cuando el verano declina y la vuelta a las obligaciones laborales se hace inevitable, me cuesta aceptar que este supuesto sea posible ¡Que maravilloso sacrificio tener que preparar las maletas, siempre de un lado a otro, para llegar a los lugares que cualquier mortal desearía alcanzar al menos una vez en su vida!. Entiendo perfectamente la atracción que el Viejo Continente ejerce sobre el Nuevo, pues la historia de sus gentes, de sus pueblos y ciudades, de los muros que se alzan sobre otros  ya derruidos, del suelo por el que hoy caminamos y que ayer fue tierra teñida de sangre por las batallas de todos los tiempos, también nos apasionan a aquellos que habitamos en él.

Pero, al menos por unos días, me he sentido como Rick Steves. Aunque, sincera y afortunadamente para mí, la belleza del Lago di Como se encuentra a poco más de dos horas en un vuelo low cost. Varenna es probablemente el pueblo más bello en este ramo del lago, el que corresponde a la provincia de Lecco. Contemplarlo desde el agua es un privilegio mayor: inmerso en el verde de la montaña, que parece engullir sus casitas de postal, las fachadas, en ocre y amarillo, rosadas o magenta, se tornan en un rojo granate algunas más… parecen dispuestas como en un cuadro, con una composición propia, igual que en las acuarelas que se venden en las galerías de arte cercanas al muelle. Y más arriba, en lo más alto de la montaña, el Castello di Vezio se erige como fortaleza que vigila el lago y protege a Varenna.

 

Varenna Lago di Como

 

Ya en tierra, desde el embarcadero, se puede bordear el lago por el «paseo de los enamorados», donde todas las noches alguna pareja contempla la imagen de la luna sobre el agua, mientras al fondo, como un  telón en tan perfecto decorado, las luces del vecino Mennaggio nos devuelven también su reflejo. Antes de subir por las empinadas escaleras de la Contrada del’arco es posible detenerse en un banco y escuchar el murmullo del agua, apenas interrumpido por las voces de las animadas terrazas vecinas. Es el de Varenna un turismo tranquilo, nada masificado – prueba de ello es que apenas hay alguna tienda de souvenirs – que permite disfrutar de una paz inmensa durante la noche y de las visitas en familia durante el día, de la algarabía de los niños en la «playa», tomar un aperitivo en el bar de la plaza,»Al Barilott», lugar de encuentro habitual de los «varennesi» y para los visitantes por su «internet point». Claudia me aconseja entre un Pinot o un Sauvignon del Véneto, y elijo este último; nos cuenta que su hijo adolescente es un gran admirador de la selección española de fútbol… resulta tan fácil entablar conversación en cualquiera de los pequeños y hermosos pueblos de Italia.

 

Varenna Lago di Como

 

En Varenna me sorprenden los horarios comerciales, mucho más europeos, parecidos a los de la vecina Suiza, aunque también es cierto que lo restaurantes frente al lago permanecen abiertos hasta muy tarde y es posible tomar algo casi a cualquier hora. Pero tengo que hacer un esfuerzo y no despistarme para poder comprar pan y alguna otra cosa en «la bottega», la única y pequeñísima tienda de alimentación que hay, donde todas las mañanas coincido casi con las mismas personas.

No se si Rick Steves gozaría de su compañía o si compartiría la barra del bar, quizá tan solo haya sido un visitante ocasional, como tantos que acuden a pasar una jornada en éste u otros pueblos del lago; quizá disfrutase de la gastronomía local, quizá en ese restaurante donde cada noche los camareros con pajarita servían excelentes botellas de vino en la terraza acristalada, o en aquellos junto al puerto cuya especilidad es el pescado del lago. Confieso que no me atrae el lucio o la perca y que me he vuelto adicta a la pizza con bresaola y rúcula, y prefiero un filete a la milanesa, en la terraza agradable y una pizca decadente del Albergo, donde el camarero flirtea descaradamente con una rubísima huésped del hotel.

 

Varenna Lago di Como

Restaurante en Varenna

Descubro el tinglado empresarial del señor Steves:  guías y libros, audioguías para Ipod, viajes organizados y hasta maletas… todo disponible y a la venta on-line. No es esta faceta la que envidio, sólo la de llegar a tantos lugares de este amado Continente. Por el momento, «la perla del lago» ya  está a mi alcance.

PD: este post fue publicado originalmente el 18 de septiembre de 2010 en mi antiguo blog «De viajes y libros». Como recomendación final, añadir que es un destino perfecto si lo combinas con una visita a Milán y Bérgamo.

Perigord Negro: ruta en 5+1 imágenes

Recorrer el Perigord Negro es encontrar una sucesión infinita de pueblos preciosos, catalogados entre los más bellos de Francia, y rincones sorprendentes que te enamorarán. Desde su capital, Sarlat, es posible visitar, sin recorrer demasiados kilómetros, algunos de ellos. Es por eso un buen punto de partida y un lugar ideal para alojarte y desde el que iniciar tu ruta. Echa un vistazo a estas imágenes de postal en el Perigord Negro.

#1 Sarlat

perigord negro sarlat

Maison la Boétie

La capital del Perigord Negro posee un encanto ineludible y un buen número de edificios catalogados como monumentos históricos, no en vano ha sido escenario de muchos rodajes cinematográficos. Entre algunos de sus edificios más representativos está la Maison Boétie, construida entre 1520-1525 por Antonione de la Boétie. Su hijo, Etienne, humanista y escritor pasó a la posteridad por su «discurso sobre la servidumbre voluntaria»

El edificio, construido inicialmente en estilo renacentista italiano, fue declarado monumento histórico en 1889. Pudimos verlo, además, con la decoración navideña. Precioso ¿Verdad?

#2 La Roque Gageac

perigord negro la Roque Gageac

 

A poco más de 10 km de Sarlat en dirección sur, en la lista de pueblos más bonitos de Francia, La Roque Gageac es tan bello como misterioso. Si a ello le sumamos la niebla persistente, y las calles vacías en invierno, la imagen resulta hipnótica y hasta un poco inquietante ¿No creéis? Si bien las vistas desde alguno de sus miradores sobre el Dordoña son increíbles, no es menos subyugante la hilera de casas frente al río.

#3 Beynac et Cazenac

perigord negro beynac et cazenac

 

Siguiendo el curso del Dordoña, a tan solo 5 kilómetros del anterior, sumamos a la ruta por el Perigord Negro otro de los pueblos más bellos. Como una imagen vale más que mil palabras ¿No pensáis que esta foto es digna de la portada de un cuento? Entre las casas con tejados de pizarra es fácil imaginar historias de caballeros y princesas, recorriendo sus calles empedradas o visitando su castillo, uno de los mejor conservados, que te transportarán a la Edad Media.

#4 Saint Amand de Coly

perigord negro saint amand de coly

 

Aunque la imagen más recurrente de este pequeñísimo pueblo, poco más de 20 kilómetros al norte de Sarlat, es la de su majestuosa Abadía fortificada, una de las más hermosas del Perigord Negro, nosotros quedamos prendados de esta casa a la entrada del pueblo (por cierto cerrado al tráfico) Sus palomares o su antiguo hospital, cuya construcción se inició en 1381, para atender a los peregrinos, bien merecen una visita (puedes seguir el itinerario que encontrarás en un panel informativo)

Sin duda ¡Saint Amand tiene bien ganado su título de pueblo más bonito!

#5 Saint Léon sur Vézère

perigord negro saint leon sur vezere

 

Siguiendo el curso del Vézère, esta pequeña población, con un hermoso paseo junto al río, posee un rico patrimonio. La imagen más conocida es probablemente su iglesia románica, del S.XII, de arquitectura muy simple, con su campanario con tejado de pizarra. Su interior, desnudo, conserva algunos restos de frescos en el ábside. A la entrada del pueblo, el cementerio y la capilla expiatoria, del S. XVI, que contiene inscripciones de la leyenda de su construcción.

#+1 Carlux, un descubrimiento en el Perigord Negro

perigord negro carlux

 

Sin tener ni idea de su existencia, la población de Carlux, fue un descubrimiento en ruta del que no habíamos oido hablar. Su castillo del S.X,  en ruinas, o la Iglesia de Santa Catalina son parte de su patrimonio.

Pero nuestro mayor descubrimiento fue, por una parte, la Gare de Robert Doisneau  en lo que fue la antigua estación de ferrocarril de Carlux. El espacio expositivo dedicado a este gran fotógrafo francés bien vale una parada en el camino. Además en la planta baja se encuentra la oficina de turismo de » Pays de Fénelon», una comarca que agrupa 19 poblaciones, que se considera una de las puertas de entrada al Perigord Negro,  limítrofe con el Departamento de Lot.

Al aparcar el coche, frente a la Gare, nos tropezamos con esta otra imagen, que parecía sacada de otro tiempo o formar parte de un atrezzo dispuesto a propósito. Si sois aficionados a las antigüedades no podréis resistiros a visitar este anticuario, en la carretera D703, o al menos a fotografiarlo.

Y ahora decidme ¿no os han entrado unas ganas enormes de coger vuestra cámara y poneros en ruta?

 

Una perriescapada al Perigord

¿Una escapada al Perigord? Reguauuuu.

Ya era hora. Desde hace un año, con la excepción de una visita a Madrid, mi familia humana no me había llevado de viaje. Y tratándose de Francia ya tengo claro que la diversión está asegurada. Recorrer pueblitos, caminar junto a un río enoooorme (el Dordoña, o Dordogne como dicen por allí) y comer todos juntos en algún restaurante es un auténtico perriplanazo.

El Departamento del Perigord es parte de la región de Nueva Aquitania y, como seguro que habréis leído en un montón de blogs, se divide en 4: Perigord blanco, Perigord verde, Perigord púrpura y Perigord negro. Este último es el más visitado y es precisamente donde hemos estado nosotros. Así que no voy a contaros mucho más sobre este asunto y si sobre los sitios que hemos podido conocer (y sobre los que no, pero que tenemos anotados para otra ocasión)

Al ser temporada baja algunos lugares de interés están cerrados al público y hay actividades que no se pueden hacer (como los famosos paseos en gabarra por el río) pero la ventaja es que se puede aparcar sin problemas en todos los pueblos y dar grandes paseos sin apenas gente. Aún así, decidimos alojarnos en Sarlat, capital del Perigord negro, y disfrutar del ambiente navideño y su mercadillo que, al contrario de lo que sucede en el norte de Francia, permanece abierto hasta el 31 de diciembre.

De cualquier forma, aunque puedes entrar en un montón de castillos, museos y hasta cuevas con tus humanos, lo que más me ha gustado de este viaje ha sido visitar pueblos y dar grandes paseos. Ayyy ese río… ¡Si me llegan a soltar!

Sarlat: el corazón del Perigord negro

Aquí es donde nos hemos alojado en nuestra escapada de 4 días, en un pequeño apartamento en el que he estado como un rey (por algo soy el rey de la casa). Es uno de los lugares más turísticos de la zona, lleno de restaurantes y tiendas de souvenirs, pero aun así hay que reconocer que es una maravilla. De hecho tiene la mayor densidad de monumentos y edificios protegidos (65 en total) Así que sus calles, restauradas gracias a la llamada ley de Malraux de 1964, son un auténtico museo al aire libre y han sido escenario de rodajes cinematográficos como «Juana de Arco» de Luc Besson. Todo esto me lo han contado mis humanos, que además se han puesto morados a sacar fotos ¡ Yo creo que hasta he salido favorecido en Instagram!

 

Esa foto está hecha en el famoso monumento a las ocas. Si no lo sabéis, el foie es uno de los productos más famosos de la zona, donde hay muchísimas granjas de ocas. Que queréis que os diga… me parece un poco cruel matar a los animalitos y luego hacerles un monumento. Mis humanos dicen  que tengo razón, pero que es una exquisitez.

Esta ciudad es muy instagrameable, para que os voy a decir otra cosa. Y más en Navidad. Algunas de las «maisons» más bonitas de la ciudad, como La Boétie, que perteneció a una de las familias nobles de Sarlat y donde nació el poeta y escritor humanista Etienne de La Boétie, amigo y discípulo de Mointagne, tienen una decoración impresionante ¡Hasta osos de peluche en su fachada!

Perigord Sarlat

¿Os gusta la decoración navideña? Es reguau

Otra Maison, la de Gisson, es posible visitarla ¡también con perro! y en el antiguo obispado (Ancien évêché) o antiguo teatro, pues parece que entre los habitantes de Sarlat hubo cierta división para escoger el nombre del que es actualmente un centro cultural en la rue Tourny,  pudimos ver una original exposición de esculturas, fotografías y montajes audiovisuales ¡la verdad que yo no quería entrar, pues me asusté un poco! Hasta había un piano de cola en el escenario, y lo podía tocar cualquiera (que supiera, claro, jeje)

Perigord Sarlat

Exposición en Ancien Evêché

Si os interesa saber mucho más sobre Sarlat, sus monumentos, mercadillos y acontecimientos culturales,  lo mejor es que visitéis la web de turismo, seguro que encontráis grandes planes.

El valle del Dordoña

Bañados por este enorme río, el Dordoña, encontraréis no solo son los pueblos más bonitos del Perigord sino de los más bonitos de Francia, que se incluyen en la famosa denominación «les plus beaux villages de France». Algunos son tan pequeños que no superan los 400 habitantes, pero han sabido conservar su patrimonio y su esencia. En verano, muchos de ellos bullen de actividad, festivales y visitantes pero en invierno es posible que no os cruzéis con absolutamente nadie por sus calles. Por mi no hay problema, ¡eh!, así puedo olisquear a mis anchas.

Nos hubiese gustado visitar muchos más, pero al menos todos estos vamos a recomendaros.

La Roque Gageac

Este pueblo encaramado en una acantilado sobre el río es tan bonito como misterioso. Dicen que tan solo lo superan Le Mont saint Michel y Rocamadour ¡Y yo he estado también en esos dos sitios!

Había una niebla tan espesa que no se veía nada de nada. Los restaurantes frente al río cerrados y las calles desiertas, apenas un par de coches que llegaron al mismo tiempo que nosotros ¿Y este es uno de los lugares más visitados de Francia?  Aun así  dimos un paseo junto al río, el Dordoña como ya os había dicho,  subimos por las callejuelas empinadas y seguimos las indicaciones de la ruta panorámica. En días claros las vistas deben ser reguau.

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Hoy ha salido el sol pero este es el panorama que nos encontramos ayer visitando La Roque Gageac, uno de los pueblos más bonitos de Francia, y no sin motivo. Es el tercer lugar más visitado de Francia tras Mont Saint Michel y Rocamadour. De gran importancia durante la Edad Media, era una villa libre y próspera de 1500 habitantes con una gran actividad portuaria que propició el comercio del vino o la sal, entre otros. Impresiona la orografía y las casas literalmente incrustadas en la roca, y en días claros sus numerosos miradores sobre el Dordoña ofrecen unas vistas increíbles. En 1957 un desprendimiento arrasó parte del pueblo. Sin duda es uno de esos lugares que no debes perderte si viajas al Perigord. #laroquegageac #perigordnoir #perigordturisme #leplusbeauxvillagesdefrance #euskotb

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Por el camino nos encontramos un castillo maravilloso ¡Y se alquila! Ya me gustaría a mi, ya…

Aunque os parezca increíble, en la Edad Media esta localidad tenía muchísimos más habitantes que hoy en día, hasta 1500, que vivían de la actividad portuaria. Impresiona mirar hacia arriba desde la orilla del Dordoña y descubrir las antiguas fortificaciones pero es que, desde tiempos muuy antiguos, las invasiones y guerras (me dicen que una  duró más de 100 años) eran un «no parar». Ya imagino las embarcaciones vikingas navegando por el río… y si alguna vez vuelvo en verano (dice mi dueña que si) un paseo en gabarra no me lo quita nadie.

Castelnaud la Chapelle

Como os imaginaréis, otro castillo más. Aparcamos en la parte baja del pueblo (gratis), junto a una «boulangerie» que olía de maravilla. Antes de subir (mira que hemos subido cuestas en este viaje, eh) fuimos a tomar un café a un restaurante vasco, la Tournepique ¡Ay que calentito se estaba! con el frío y la niebla que no nos dejó ni un momento en todo el día. Los dueños eran de Ainhoa, un precioso pueblo del País Vasco francés ¡Que también conozco!

Para variar, casi todo estaba cerrado, excepto la tienda de souvenirs del castillo. Precisamente el Castillo de Castelnaud abre 365 días al año, es dogfriendly y ofrece muchas actividades, especialmente para los niños. Construido en el S.XII, contiene una importante colección de armaduras y armas. Fue escenario de batallas y asedios, primero en la Guerra de los Cien Años, que enfrentó a ingleses y franceses, y después en las Guerras de Religión. Permaneció abandonado durante mucho tiempo y en 1966 fue declarado Monumento Histórico. Las vistas desde allí deben ser de lo mejorcito pero, con la niebla espesísima que había, mejor lo dejamos para otra ocasión.

Perigord castelnaud la capelle

Se puede comprar una entrada conjunta para visitar los Jardines de Marqueyssac, que están en Vezac, muy cerquita de allí, pero imposible visitarlos con la niebla ¡Que mala suerte! ya que también somos bien recibidos (con correa, claro está) Dice mi dueña que no me preocupe, que ya volveremos.

Beynac et Cazenac

Este es, al igual que los anteriores, uno de los pueblos más bonitos del Perigord. Bueno, en realidad son 2, Beynac y Cazenac, unidos desde el año 1827. De verdad que este pueblo es precioso.

Perigord Beynac et Cazenac

Castillo de Beynac

Nos dimos un buen paseo hasta el castillo y la Iglesia. Tan emocionados estábamos que subimos por la Rue de la Balme, donde por cierto está la oficina de turismo, y al bajar cambiamos el recorrido y nos encontramos en la orilla del río totalmente desubicados ¡Vaya cabeza la nuestra! Lo que íbamos buscando era un restaurante por el que habíamos pasado, y que estaba entre las recomendaciones de nuestros caseros en Sarlat, «La Petit Tonelle».

Tenéis que llevar a vuestros humanos a comer a este restaurante, seguro que  también son bien recibidos, porque los peludos somos clientes VIP. En la mesa de al lado había una preciosa dálmata y el dueño del local me hizo mil carantoñas.

Perigord

La Petit Tonelle, un restaurante guau

 

Muy cerca de aquí hay infinidad de pueblos preciosos pero el invierno es lo que tiene, pocas horas de luz, aunque lo que más nos fastidió fue la niebla… grrrrrrr. Nos hubiese gustado visitar Saint Cyprien o Domme (con sus famosas grutas, en las que puedes acompañar a tus humanos) que quedaban muy cerca también. Y ¿sabéis lo peor? cuando regresamos a Sarlat a media tarde ¡lucía el sol!

El valle del Vézère

Al norte de Sarlat se encuentra este valle, famoso por sus yacimientos y cuevas, con un buen número de pueblos clasificados como los más bonitos de Francia. Muy diferentes a los del valle del Dordoña (aquí subimos menos cuestas jeje) ¡No os los perdáis!

Saint Amand de Coly

Wow- decían mis humanos- Reguau- pensé yo- nada más aparcar en el espacio habilitado junto a la carretera, ya que el acceso al pueblo está restringido a los coches. Desde allí el pueblo parece una auténtica postal.

La Abadía fortificada- dicen que la más importante del Perigord- es sencillamente impresionante. Pero, si queréis que os diga la verdad, lo que me gustó fueron las casitas preciosas, con enormes patios en los que correr y jugar, no me importaría nada vivir en una de ellas.

Perigord

La Abadía, por cierto, está en rehabilitación y no pudimos visitarla. Además, como nos ha ocurrido un sinfín de veces en este viaje, la oficina de turismo estaba cerrada y no había un alma en las calles. Aun así mereció la pena recorrer el pueblo, acercarse hasta el antiguo hospital, construido a partir de 1381 para atender a los peregrinos, o ver los palomares ¿Sabíais que los huevos de paloma eran muy apreciados y que la carne de estos animales era una de las pocas fuentes de proteínas para la población durante la Edad Media? Aunque estos edificios, construidos ex profeso, pertenecían a las clases altas. Dice mi dueña que la primera vez que vio estas construcciones fue en la isla griega de Tinos, y que sobre ello ya os hablará en otra ocasión.

Con todo cerrado, vuelta al coche y a seguir ruta.

Montignac

Todo el mundo visita Montignac para conocer las famosas cuevas de Lascaux (aunque en realidad se visita una réplica) En estas yo no puedo entrar, pero si sois peques y os pueden llevar en una mochilita no tendréis problema.

Tuvimos suerte al aparcar cerca de la Plaza de la Iglesia porque era gratis durante unas horas. En verano, con tantos turistas, es mejor dejarlo en alguno de los parkings gratuitos aunque estén un poco más alejados del centro. Desde esa plaza podréis recorrer el casco antiguo, con calles muuuy estrechas dedicadas a los antiguos gremios.

Perigord

Al otro lado del río está la oficina de turismo y una iglesia que pueden visitar vuestros humanos, la de St George de Prieuré. A mi lo que me gusta es el río, ya lo sabéis.

Saint Léon Sur Vézerè

Este pueblo es pequeñísimo y una iglesia románica que aparece en todas las fotos pero además tiene un enorme parque junto al río, así que me dan mucha envidia los peludos de este pueblo porque ya quisiera yo tener uno así cerca de mi casa.

Por lo demás, en temporada baja, solo había un restaurante abierto ¡con el cartel de completo! Hora de comer y ni un triste bocado… San Google nos daba información cada vez más desalentadora sobre los pueblos de alrededor…300 habitantes, 400 habitantes y cero lugares para comer.

Opción B: dirigirnos a Les Ezyes, que era un lugar muy chulo por el que pasamos en nuestro viaje de casa a Sarlat. Si queréis saber mucho sobre la prehistoria tenéis que venir aquí. Las edificaciones trogloditas son una pasada, medio casas, medio cuevas. Y si de cuevas se trata, en la Grotte du Grand Roc podéis realizar la visita con toda la familia, humana y perruna.

En Saint Léon también se encuentra el pueblo troglodita de Le Conquil y muy cerca, en Peyzac Le Moustier, la fortaleza de La Roque Saint Cristophe donde también somos bien recibidos.

Por el camino descubrimos la Casa Fuerte de Reignac (La Maison Forte de Reignac) pero lo primero era llenar el estómago, y tampoco nos queda claro que la visita sea dogfriendly.

Por cierto, que sepáis que al llegar a Les Ezyes encontramos una cafetería abierta y llena de gente pero no nos quisieron dar de comer (cocina cerrada) ¿Ni un triste bocadillo? Grrrr. Nota de mi humana: acordarse de que en Francia se come pronto y que siempre hay que llevar la mochila de las provisiones en el coche ¡Que parecemos nuevos! Con hambre, ni fotos hicimos.

 

Photo by rowie k on Foter.com / CC BY-NC-SA

Iba a contaros lo que hicimos al día siguiente, en nuestro último día en el Perigord. Fue una excursión chulísima desde Sarlat, incluso con sorpresas por el camino, pero eso lo dejo para otro post. Ahora voy a echarme una siestecita ¡Lametones para todos!

 

Rimazùu: alojarse en Riomaggiore como un local

Alojarse en Riomaggiore es una buena opción si estás planeando unas vacaciones en Le Cinque Terre. Esta hermosa localidad tiene un marcado carácter, e incluso un dialecto único y propio. Alojarse en Riomaggiore  permite al viajero disfrutar de la cotidianidad de los días, de las costumbres y celebraciones.

Cada mañana , al despertar, miro al horizonte con los ojos entrecerrados, abrumada por el sol que me acaricia suavemente la piel, igual que acaricia este mar azul sobre el que se posan. Lo observo. Parece tranquilo, casi inalterable, aunque sé que en ocasiones se vuelve bravucón, amenazante, poderoso como sólo la naturaleza lo puede ser.

Me apoyo sobre la baranda de la terraza, y me sacudo los restos del sueño- aún están tibias las sábanas- cuando en Rimazùu, que es como todavía llaman a Riomaggiore algunos lugareños en el antiquísimo dialecto ligur, comienza un nuevo día. Alojarse en Riomaggiore, como un local, permite observar como el pueblo se despabila cada mañana con el tañido de las campanas de su Iglesia principal- la de San Giovanni Battista- que poco después de las siete llama a los vecinos para la celebración de la misa, cuando las calles están casi en silencio y las contraventanas de color verde permanecen aun cerradas, dormidas las almas tras ellas. De vez en cuando canta un gallo, o se escucha el motor antes de que aparezca, repentinamente, tras el verde por una curva vertiginosa, el pequeño autobús con el que los habitantes del municipio van o vienen desde las aldeas de Groppo o Volastra.

Miro el blanco campanario de la Iglesia y le pregunto:
-¿Ahora callas?.Y poco después me responde, con el inconfundible toque en el momento de la consagración durante la Eucaristía.

Alojarse en Riomaggiore, en una de esas casas aferradas a las rocas tan características de Le Cinque Terre, y de Liguria, asomadas al mar, desde las que divisar y advertir de un posible ataque pirata, permite observar sin ser visto, ser testigo de las costumbres, de lo cotidiano y de las celebraciones.

alojarse en Riomaggiore

Photo on Foter.com

Si levanto un poco la vista puedo consultar en cualquier momento la hora exacta, en el reloj del Castillo, que parece estar a mi entera disposición. En su día fue un punto estratégico, en su papel de fortaleza, y hoy es un lugar mágico cuando en las horas de la tarde se comparte un banco, en la plazoleta anexa, con los mayores del pueblo. Gentes que charlan entre sí de las cosas del pasado ajenos,  seguramente por la costumbre, a la imagen que se avista desde lo alto, al color que toman el cielo y el mar -rojo, fuego u oro- también sobre las rocas a las que se aferran las casas y la vida en Rimazùu.

En el pequeño Oratorio de San Rocco, frente al Castillo y justo a nuestras espaldas, unas mujeres se afanan en cubrir al Santo de flores blancas… En pocas horas saldrá en procesión, acompañado de cientos de velas que alumbran el camino desde su emplazamiento hasta el centro histórico. Al bajar, llegando a la Piazza della Compagnia, donde se encuentra el Oratorio de Santa Maria Assunta, tropezamos con una curiosa estampa: desde la pequeña Iglesia el monaguillo, con la casulla demasiado corta por la que asoman unas bermudas, y un crucifijo a hombros, lleva el Cristo cuesta arriba para que salga en procesión. Es uno de esos momentos en los que desearía tener la cámara presta y la vergüenza a buen recaudo.

 

alojarse en Riomaggiore

Photo by emilie-r on Foter.com / CC BY-NC-ND

Pienso por un momento, mirando desde la terraza, cuan protegidos estamos o al menos cuan encomendados a la Virgen y los Santos. Desde allí es posible «asistir» a la misa en el pequeño oratorio de la Assunta. Tan pequeño, de hecho, que llenan la piazzeta de sillas plegables y utilizan megafonía en el exterior. También desde aquí la vista tiene su «aquel», pues la ropa tendida en las casas anexas parece que lo está en la mismísima cornisa de la Iglesia. Serán precisamente cosas como ésta las que hacen que se mezclen lo humano y lo divino?.

Cuatro misas  y una procesión, todo ello cuando llevamos dos días de estancia en Riomaggiore ¿Casualidad o fervor extremo? Bien es cierto que las fechas son señaladas: Ferragosto, 15 de agosto día de la Asunción, y San Roque. Mientras desayunamos en el Bar Centrale llega el cura del pueblo, un joven con sotana larga, el pelo alborotado y las mejillas coloradas, acalorado por la caminata y la indumentaria. Resulta inevitable que esta imagen, en mi memoria, se torne en blanco y negro, asociada a tiempos pasados.

 

alojarse en Riomaggiore

Photo by Mal B on Foter.com / CC BY-ND

 

A pesar de ser día festivo, están abiertos todos los negocios de Via Colombo, algo así como la calle Mayor, la que lleva a todos los lugares: al túnel que une el pueblo con la estación ferroviaria, a las escaleras por las que se accede al pequeño puerto, a sus restaurantes, al lugar donde atracan los barcos turísticos y desde donde se toma el camino a la playa- véase que el concepto de playa aquí nada tiene que ver con el que podamos tener en mente, pues se trata de una zona de gruesas piedras en las que resulta complicado tumbarse al sol-.

Me he dado cuenta de que en Riomaggiore es raro encontrar personas con sobrepeso, a pesar de las docenas y docenas de focaccias que se despachan en la panadería, de la pasta suculenta que se come o se cena en las casas, por cuyas ventanas escapan los  efluvios delicados de tomate y albahaca, de las salsas que se guisan a fuego lento acompañadas de la música de los fogones – la que orquestan las cucharas, sartenes, ollas y tapas- e incluso de alguna cancioncilla que se tararea alegre en la cocina. Claro que ésto tiene una sencila explicación: todo el pueblo es una larga y constante subida, tanto si se sigue Via Colombo como si no. Resulta en vano buscar algún camino más liso y llano, pues si uno se aventura por los callejones laterales lo más fácil es que se encuentre con tramos interminables de escaleras. Creo que este año puedo saltarme el propósito que cada septiembre se hacen cientos, miles, de personas y ahorrarme unas cuantas sesiones de gimnasio. ¿Véis? Otra ventaja de alojarse en Riomaggiore.

 

Photo by canoe too on Foter.com / CC BY-NC-ND

 

Aun así no dejo de asombrarme cada vez que veo a la gente del lugar saltando entre las rocas para darse un baño en el mar. Yo, que además sufro de vértigo, siento que se me encoge el estómago mientras intento llegar hasta donde se encuentran. Cuando lo consigo, palidezco de envidia al descubrir a personas que pasan de los 70 y que se mueven, nunca mejor dicho, como pez en el agua.

Como Riomaggiore es el primero de los cinco pueblos, si se viene de la Spezia, que conforman el parque nacional de Cinque Terre, es también el primero en recibir a los numerosísimos turistas que llegan por tierra o mar. Me cruzo con ellos mientras bajo lentamente por Via Colombo para comprar pan, fruta y pecorino, o algunos tomates de aspecto retorcido pero sabor intenso- aunque presupongo que no tan exquisitos como los del huerto de mi «vecino», que cada día los riega concienzudo, taciturno, sin levantar la cabeza en ningún momento, mucho menos para saludar.-Por cierto, aquí cualquier pequeño espacio entre dos casas es un lugar idóneo para sembrar un huerto: pimientos, tomates, calabazas, judías verdes, y limoneros cargados de frutos de piel gruesa y aroma profundo.

 

alojarse en Riomaggiore

Un poco más arriba de este pequeño hotel estaba nuestra casa en Riomaggiore

Prefiero, después de haber comprado en todos, el «Alimentari Franca», el que está en la parte más baja de la calle, o si se prefiere el primero que se encuentra nada más salir del túnel que une la estación con el centro del pueblo. Tiene excelentes productos, está limpísimo y además es un negocio familiar en el que jóvenes y no tan jóvenes atienden con amabilidad, algo que no es excesivamente usual en estas tierras ya que los italianos de Liguria, y concretamente de la Spezia, tienen fama de poseer un carácter «cerrado» y de ser un poco desconfiados. Puedo asegurar, no obstante, que ésto puede resultar un tópico, aunque, si debo ser sincera, echo de menos la «chiaccherata» con la tendera en cualquier pueblo de la Toscana, o el saludo de los vecinos aunque les resultemos unos completos extraños.

Estoy pensando en como cambia nuestra percepción de los lugares o de las personas cuando no estamos sólo de paso, cuando permanecemos durante unos días- claro que unos días tampoco son suficientes- en los mismos. Hace un año visitamos Riomaggiore, como tantos lo visitan hoy, cámara en mano, asombrados por el encanto de las casas aferradas a la roca, fotografiando los murales del artista Silvio Benedetto, o dispuestos a iniciar el recorrido por la famosa Via dell’amore.

Nunca es suficiente, salvo que tuviésemos la fortuna de ser uno de tantos que regresan cada verano al lugar de su infancia, al calor de unos brazos maternos, al recuerdo de las risas, los juegos entre los callejones, al escondite, como siguen haciendo los niños por aquí.

Curiosamente este mismo verano he descubierto un blog que se publica en un diario nacional. Habla precisamente de eso… y quien lo escribe lo hace, precisamente, desde un lugar que descubrí, tan sólo por unas horas, el verano pasado. Se trata de Tellaro. Me provoca una  sonrisa comprobar que mis apreciaciones eran ciertas cuando escribí:

«Observo a un grupo de mujeres en la mesa de al lado, poniéndose al día sobre sus vidas, de regreso al lugar de su infancia»

PD: Este y otros post sobre Cinque Terre fueron publicados originalmente entre los años 2011-2013 en el blog «De viajes y libros» (blogspot) No ha sido posible recuperar las fotos originales publicadas entonces.

Días de verano en Riomaggiore

Estoy en Riomaggiore y pienso: «Pongamos por caso que soy uno de esos riomaggioresi nel mondo», alguien que no quiere olvidar sus raíces y que pone todo su empeño en recordar, recoger y difundir la cultura, la gastronomía y hasta un dialecto propio que en nada se parece al italiano. Pongamos por caso que vuelvo cada verano a Riomaggiore, a la casa della nonna, para reencontrame con los recuerdos y las gentes del pasado. Pudiera ser, quizá, uno de tantos italianos que buscan un lugar donde pasar el verano, huyendo del calor excesivo de las ciudades. Incluso podría ser uno de esos artistas que un día llegaron aquí, y subyugados por la belleza del mar, el aroma de la albahaca, los escondites entre las rocas, la quietud de los estrechísimos callejones y la historia antiquísima- como todas las historias alimentada también de leyendas- decidieron  quedarse para siempre.

 

Podría, en ese supuesto,  haber pintado los murales que detallan la vida y el trabajo en Riomaggiore, los retratos de hombres y mujeres de piel curtida por el sol  y el viento, ellas cargando enormes cestos de uvas sobre sus cabezas, montaña abajo, cuidando del preciado fruto, fruto de su sustento. Más tarde, y por aquello de que la necesidad agudiza el ingenio, idearon un sistema de railes por los que trepar montaña arriba con un pequeño vehículo similar a un tractor con dos contenedores a los lados.

Los murales son obra de Silvio Benedetto pero muchos otros decidieron quedarse en Riomaggiore, estableciendo sus pequeños negocios de artesanía, donde mostrar y vender sus obras, únicas y originales. Supongo que se quedaron porque encontraron aquí su particular paraíso, a salvo del mundo. Y supongo- sólo puedo suponer, acostumbrada a fantasear sobre las vidas ajenas- que toleran la invasión de los turistas en verano, aprovechan la temporada para sus negocios, y sueñan con la llegada del otoño, incluso del invierno, para dedicarse a aquello que aman cuando el silencio sólo se quiebra con el silbido del viento y el abrazo, a veces furioso, de las olas rompiendo sobre las rocas.

 

Riomaggiore

Photo by BrianJii on Foter.com / CC BY-NC-ND

 

Podría ser… pero tan sólo soy uno de tantos visitantes, que decidieron regresar a Riomaggiore durante unos días, para vivir y comprender un lugar que, sobre todo en verano, recibe la visita de cientos, miles, de personas que llegan en los trenes abarrotados y en los barcos turísticos que provocan una auténtica invasión. Durante unos días intentaré ser una riomaggiorese más, aunque tan sólo sea una riomaggiorese estacional.

Una buena forma de comenzar el día es desayunar en el Bar Centrale, en realidad desayunar por segunda vez, ya que el primer café en la terraza me resulta irresistible. A veces los vecinos se me adelantan y paso un mal rato mientras me llega el aroma de su «moka» (la cafetera italiana) borboteando en el fogón. Son un matrimonio de jubilados, de Florencia- me dice Gianna, la casera, con la desconfianza propia del mundo rural  hacia los forasteros, especialmente hacia aquellos que compran una casa en el lugar que consideran suyo-.

Las mesas del bar están casi siempre ocupadas, por turistas que acaban de llegar, por quienes ya tienen sus maletas consigo camino de la estación y la nostalgia anticipada en los ojos, por los parroquianos de siempre, por jóvenes madres con sus hijos o «jóvenes» abuelas con sus nietos. Si uno se fija bien distinguirá fácilmente a unos y otros, y no sólo por el idioma que hablen, la indumentaria que porten o su aspecto físico. Los turistas extranjeros, americanos especialmente, no pueden resistirse a una tortitas en el desayuno, los europeos e  italianos optan por el cornetto… a los riomaggeresi los distinguiréis porque toman una porción de focaccia incluso a primera hora de la mañana.

-Nonna, hai presso la focaccia?
-Siii
-Grazie, grazie nonna!- tintinea una voz infantil.

Después, sin prisa ni urgencia, con el ritmo lento que acompaña a nuestros gestos la seguridad de sabernos dueños de nuestras horas, hacemos aquello que más me gusta: pasar desapercibidos, como uno más, entre la gente.

Leo, en una entrevista reciente al escritor Paul Theroux, que hay dos modos de desempeñar este egoista trabajo de viajar y escribir: uno en aquellos lugares del mundo donde pasar desapercibido, donde perderse como uno más en la multitud. Y otro en paises donde eres diferente a todos, donde todo el mundo te identifica (en Africa, por ejemplo). Ambas maneras ofrecen distintas posibilidades de escritura- afirma el autor.

Yo, personalmente, prefiero la primera. La del mimetismo con el ambiente y el lugar, con las costumbres y la lengua. Quizá es la única que conozco, y aun no he tenido ocasión de experimentar las sensaciones que producen el sentirse enormemente distinto, por el idioma, la cultura o el color de la piel. Aunque bien pensado, en algunos lugares de la vieja Europa uno llega a sentirse bastante diferente.

Como la ola de calor africano que nos invade afecta por igual a lugareños y foráneos -a pesar de que «le Cinque Terre» gozan de un espléndido microclima donde las temperaturas en agosto no suelen superar los 28 grados y donde siempre sopla la brisa del mar- hay que buscar la la mejor forma de combatirla. Sumergirse en las aguas límpidas y transparentes; o bien  sentarse entre las rocas dejando que la espuma alegre y vivaracha nos salpique, unas veces suavemente, otras con más fuerza, en un interminable juego de contar…uno, dos, tres… ahora.

 

Riomaggiore

 

Los vecinos de la Spezia suelen huir del agobio de la ciudad para disfrutar de estas aguas:

-Esta mañana en La Spezia hacía más calor que en Palermo- aseguran haber escuchado en la radio.

Y uno sería capaz de permanecer allí durante horas si no fuera porque, en tal estado de ensimismamiento y despreocupación, apenas se advierte la quemazón sobre los hombros hasta que la piel enrojecida nos alarma y un dulce sopor nos envuelve mientras miramos, con extraña sorpresa, la pendiente que nos aguarda para iniciar el regreso a casa.

Con la pereza pegada a los talones, tarareando con actitud indolente alguna cancioncilla, subimos las escaleras talladas en la piedra, derrotados ante la evidencia de que hay que subir, sí o sí, abnegados ante la certeza de que todavía queda un trecho, Via Colombo arriba y mucho más… Por el camino dirimimos otra gran incógnita: ¿Hacemos una parada en «il pescato cucinato», para comprar una bandeja de deliciosos boquerones, calamares y gambas fritas, o proseguimos hasta «primo piatto» y llevamos a casa pasta fresca cocinada al instante? De cualquier modo, pienso acompañarlo de una botella de vino blanco bien frío, Cinque Terre DOC de bodegas Sassarini, que me ha recomendado el dependiente de la enoteca, un tipo amable y atractivo que me pregunta sobre mis preferencias en cuanto al vino:

– Seco o afrutado?
– Mejor seco…
-También yo lo prefiero – y me queda la duda sobre si es completamente sincero, o si ha desplegado sus dotes de buen vendedor. Pero al final resulta que el vino me gusta, asi que… ¿qué mas da?.

Las horas lentas de la tarde discurren entre el duermevela de la siesta, la lectura en la terraza o un culebrón que emite la RAI al que definitivamente me he «enganchado»; y es que lo tiene todo: hermosos paisajes en la verde Umbría, el casolare de mis sueños, secretos de familia, el negocio del vino y la buena cocina.

Para estirar las piernas, nada como una buena passeggiata, aunque dada la orografía de Le Cinque Terre el intento puede acabar en una dura sesión de trekking. Sin embargo, al caer la tarde, queda la opción de recorrer el paseo más romántico, la Via del’Amore, que une Riomaggiore con Manarola, ya que a partir de las siete, y hasta la mañana siguiente, es de acceso libre y por tanto gratuito. Compruebo que los candados se han multiplicado desde mi visita anterior, tanto amor encadenado eternamente…

Actualizamos: debido a las sucesivas  riadas y desprendimientos, la Via dell’Amore ha estado cerrada durante bastante tiempo (desde 2012) aunque hay 200 metros accesibles desde la localidad de Manarola. Ojalá sea este el año en que nuevamente pueda recorrerse desde Riomaggiore y podáis disfrutarla como nosotros.

También se puede hacer una parada en una auténtica terraza sobre el mar. «A Pie’ de Ma’ «es un bar muy agradable, literalmente sobre el mar, justo donde comienza el sendero. Uno puede disfrutar de una bebida contemplando la puesta de sol, moviendo los pies al ritmo de la música de jazz, y ocasionalmente y con mayor fortuna de la música en directo.

 

Riomaggiore

Photo by Funky64 (www.lucarossato.com) on Foter.com / CC BY-NC-ND

 

Una vez recorrido el sendero, se puede caer en la tentación de sentarse a cenar en cualquiera de los restaurantes de la pintoresca Manarola, bajo las bombillas de colores que adornan las terrazas, a las que se llega sorteando las barcas recién pintadas, que descansan en tierra firme, secando los barnices con el viento salado, el mismo que seca las ropas ondeantes en las ventanas. Resulta dificil resistirse a los efluvios del pescado y el marisco, a la parrilla o acompañando la pasta, negarse el placer de acabar lamiendo las gotitas de salsa que resbalan por nuestros labios, sorbiendo los «linguine ai batti batti»- un marisco desconocido para nosotros, no tan fino como la langosta o la cigala pero sabroso acompañando el plato (si quieres una completísima guía de lugares para comer en Cinque Terre, no te pierdas nuestro post)

 

Photo by Ginkgo-Biloba on Foter.com / CC BY-NC-SA

 

Si uno decide regresar sobre sus pasos, aventurándose entre risas por el sendero apenas iluminado, debe tener cuidado de no dar un traspiés. Mucho más cabal seria tomar el tren pero ¿quién puede resistirse a un poco de aventura, conteniendo la respiración, recorriendo con paso ligero el camino, imaginando peligros acechantes entre las sombras? Probablemente las únicas sombras acechantes sean las de alguna pareja de enamorados, que sentados en un recodo hagan de este un lugar de encuentro, tal y como otros lo hicieron antes dando nombre al camino.

Cuando ya se vislumbran las luces de Riomaggiore, el viento nos trae los sonidos de una música alegre y vital. En el pequeñísimo puerto, una orquesta interpreta conocidísimos temas de la música italiana, mientras los riomaggeresi se mezclan con las turistas americanas, en un juego de seducción y juventud que no cambia con el devenir de los tiempos.

– ¿Qué hacen por ahí abajo?- se preguntan los mayores, unos a otros.

– Bailan como locos- responde alguno, resignado.

Y la luna mira, sonriente, como las noches suceden a los días, mientras los cuerpos jóvenes se balancean al ritmo de la música, o se lanzan al agua desde el puerto… porque tan sólo las noches de verano pueden ser tan hermosas como los días en Riomaggiore.

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Alojarse y comer en El Bierzo

viajar al bierzo

Comer en El Bierzo (bien y barato) no resulta nada complicado. Los productos locales, sobre todo carnes y embutidos, son de excelente calidad y de las aguas heladas de sus ríos podréis degustar truchas «auténticas». Otros productos como los pimientos con indicación geográfica (IG Bierzo), vinos, quesos o castañas son algunos de los que os aconsejamos probar y por supuesto adquirir como recuerdo de vuestro viaje a esta Comarca leonesa, que tiene mucho que ofrecer.

Aquí van nuestras recomendaciones, como siempre BBB, después de nuestra breve pero intensa escapada. De lo que podéis hacer y visitar en 3 o 4 días os hablaremos más adelante. Ahora ¡Al lío!… ¡O al plato!

viajar al bierzo

Hotel Restaurante El Paraíso del Bierzo

Este pequeño hotel de gestión familiar, situado en la Vega de Valcarce, concretamente en Las Herrerías, es un auténtico Paraíso. Ubicado en una antigua fábrica de mantequilla, sus habitaciones y terraza miran al río y ofrecen una tranquilidad absoluta. El mayor trasiego que encontraréis es el de los peregrinos que transitan por este tramo del Camino de Santiago, justo antes de la durísima subida que lleva hasta el alto de O Cebreiro.

Acogedor, decorado con elementos tradicionales, lo mejor que tiene este hotel son las personas que lo gestionan y el excelente trato al cliente. Mil gracias a Loli, Noelia, David y Sergio por vuestra amabilidad y simpatía.

Pero, además de alojaros, tenéis la oportunidad de disfrutar de la carta de su restaurante. Nosotros solíamos cenar (ojo, que la cocina cierra pronto) después de pasar el día fuera. Nos gustó todo, pero os recomendamos el secreto ibérico, las truchas… ¡Y la tarta de queso! La terraza acristalada con excelentes vistas y el fuego de la chimenea (a pesar de ser primavera) hacían aún más agradable el momento de la cena.

Paraiso del Bierzo comer en el Bierzo

Comer con estas vistas no tiene precio

Si estáis pensando en visitar la zona y os preguntáis dónde comer en El Bierzo aquí va nuestra primera recomendación. Y mirad que habitaciones tan bonitas y espaciosas (os dejamos su web) en las que podéis alojaros. No hace falta que os digamos que la relación calidad/precio es excelente.

Dónde comer en El Bierzo

Si queréis comer en El Bierzo sin que vuestra cartera se resienta, os dejamos algunos lugares en los que comimos o tapeamos. Por supuesto que hay locales caros y famosísimos, y muchos de gran calidad, pero ya sabéis que lo nuestro es el BBB (bueno, bonito y barato).

O Pulpeiro (Bembibre)

Esta pulpería-restaurante representa a la perfección la simbiosis tradición-modernidad. Entraréis en un bar de los de toda la vida para pasar al comedor de estética moderna y casi hipster. Ofrece una carta acorde con su imagen: se puede comer el típico pulpo con cachelos pero también otras recetas más innovadoras. Ensaladas buenísimas y originales (una auténtica locura la de queso Veigadarte con frutos rojos), productos de la tierra como los pimientos asados caseros o la cecina, y una carne excelente. Hablando del queso Veigadarte, este ha sido el gran descubrimiento culinario del viaje. Precisamente se elabora en Ambasmestas, muy cerca de donde nos alojábamos, con leche de cabra. De postre, os recomendamos la tarta de queso Veigadarte con miel o la de galletas y chocolate (la tarta de la abuela de toda la vida) Para rematar, y muy importante para nosostros, el café lo preparan buenísimo, seguramente porque usan una de las marcas italianas que más nos gusta (Lavazza).

 

Confitería Ferrero (Bembibre)

Una confitería de las de toda la vida (lleva funcionando desde 1870, nada más ni nada menos) En el local puede tomarse un café acompañado de su producto estrella: sus famosas y exclusivas cestitas de hojaldre, rellenas de yema. Aprovechad vuestra estancia en El Bierzo para probarlas y por supuesto para regalar a la vuelta.

Café Siglo XIX (Cacabelos)

Emplazado en un precioso edificio de finales del siglo XIX esta cafetería, que también es hotel, sirve un excelente menú del día por tan sólo 9€ (bebida aparte) y una selección de tapas que van más allá de los típicos embutidos, patatas etc.

Cacabelos es conocido por albergar algunos de los mejores restaurantes tradicionales de la zona. En nuestro caso, nos apetecía más tapear así que preguntamos en la panadería del pueblo, donde nos recomendaron 2 ó 3 sitios, entre ellos el Siglo XIX.

El menú muy correcto pero, en mi caso, opté por una ración ( traduzcase por enorme fuente) de cecina con virutas de foie y queso Veigadarte, acompañada de una copita de vino de la zona (como no soy ninguna experta pedí al camarero que escogiese por mí) y pude degustar un «Cuatro Pasos» cuyas bodegas están precisamente en el centro mismo de Cacabelos. Si os gusta el enoturismo podréis disfrutar de visitas guiadas y catas.

comer en el bierzo cacabelos

Casualmente repetimos una noche, que se nos hacía tarde para llegar al hotel ( como os he comentado la cocina en El Paraíso del Bierzo cierra pronto) y optamos por una riquísima hamburguesa.

Restaurante El Castro (Carucedo)

Este concurridísimo local (es aconsejable reservar, sobre todo en festivos) lo encontré de casualidad buscando un sitio para comer cerca de Las Médulas. La mayoría de opiniones eran muy favorables y ofrece un menú del día a buen precio (13€ en fin de semana)

comer en el bierzo carucedo

La atención es rápida y muy buena, la comida acorde al precio (no esperéis un gran derroche de creatividad) e incluye platos tradicionales como el Botillo o el caldo berciano. En nuestro caso, ya que el día era bastante caluroso, optamos por algo más ligero: ensaladilla rusa y lasagna de berenjenas como primeros, y truchas y filete de ternera como segundos. De postre, tarta de queso casera y café más que aceptable. Eso sí, el vino del menú hay que tomarlo con gaseosa.

El restaurante se encuentra en la carretera nacional 536 , así que es una muy buena opción para comer en El Bierzo cuando visitéis el maravilloso paraje natural de Las Médulas.

La casa del peregrino (El Acebo)

Café y pincho de tortilla. Hasta aquí todo normal, pero voy a explicaros lo que entienden por pincho de tortilla: dos triángulos de buen tamaño (vamos, lo que viene a ser un pincho «normal» cada trozo) acompañados de 4 rebanaditas de pan con tomate.

En este precioso pueblo medieval, uno de los puntos más altos del camino de Santiago, encontraréis muchísimos albergues, bares etc pero entramos en este por casualidad. También disponen de habitaciones (no confundir con el albergue que está en la carretera, aunque son los mismos dueños) Os dejo su web: lacasadelperegrino.es

Actualizamos: En septiembre de 2020 regresamos a El Acebo y nos alojamos aquí. No os perdáis sus superdesayunos y la atención exquisita de Ana. A mediodía hay menú de peregrino aunque no tuvimos ocasión de probarlo. No sirven cenas.

Desayuno de peregrino

Merece mucho la pena detenerse en este  maravilloso enclave, nosotros lo hicimos en nuestro itinerario desde Molinaseca a Compludo. Por cierto, Molinaseca  es otro de los pueblos donde comer en El Bierzo muy requetebien, pero no nos dió tiempo a comer tantas veces, así que nos conformamos con comprar en esta localidad su famoso botillo y chorizos para traer a la familia.

Mesón El Acebo

En nuestro segundo viaje a El Bierzo (septiembre 2020) tuvimos oportunidad de conocer el Mesón, pues así lo llaman quienes viven en El Acebo de San Miguel. Aunque ahora también dispone de alojamiento para peregrinos, este local se inauguró en el año 1993 como lugar de reunión para los vecinos. Vamos, lo que toda la vida ha sido «el bar del pueblo».

Además del menú de peregrino tienen raciones y tapas riquísimas para picar en cualquier momento o para una cena rápida, como era nuestro caso. Muy fans de su tosta de cecina y una gozada tomar una cerveza en la calle al atardecer. Excelente atención y simpatía de los dueños y además es dogfriendly ¡su perro Mochilo se hizo muy amigo de nuestro Toby!

Tosta de cecina

El bodegón (Ponferrada)

Las patatas bravas más famosas del Bierzo (y dicen que las mejores) se sirven desde hace años en el que está considerado el restaurante más antiguo de Ponferrada. Escondido en una calle cercana a la Plaza de la Encina (nos costó un poco encontrarlo) abre sus puertas a las siete y media de la tarde. Podemos aseguraros que estaban todavía abriendo cuando llegamos y nos sorprendió encontrarlo prácticamente lleno. Abarrotado siempre, y por todo tipo de público, es famoso por sus bravas elaboradas con una salsa única y original.

comer en el bierzo ponferrada

Casualmente nos hemos enterado de que el secreto es prepararla utilizando el caldo de cocción de los mejillones, otra de las tapas más demandadas en el local. Si sois cocinillas, os dejamos la receta que hemos encontrado en el blog «El ingeniero cocinero». Ya nos contaréis que tal, pero creo que lo mejor es ir a probarlas in situ y disfrutar del ambiente del mítico Bodegón.

Horreo Ribada (Balboa)

En este tradicional hórreo conviven un bar y una tienda de productos artesanos fabricados por la misma familia. Los productos de La Oricera (algunos se pueden comprar online) se basan principalmente en la castaña (cremas, harinas, bizcochos o magdalenas) pero también disponen de otros, como miel o mermeladas. Nosotros adquirimos una mermelada de pimientos del Bierzo, perfecta para acompañar quesos, sobre todo frescos. Ni que decir tiene que son totalmente artesanales.

 

Ya os he dicho que comer en El Bierzo a buen precio es más que posible. Se me olvidaba comentar, por si no lo sabéis, que en la zona es costumbre servir una tapa cuando se pide un vino, cerveza u otra bebida. Incluso pueden serviros tapa » dulce», un trozo de bizcocho por ejemplo, con el café.

Si después de leer este post estás deseando probar la gastronomía berciana, no te lo pienses más. Y si conoces otros lugares dónde comer en esta comarca, siempre con las tres B, esperamos tus sugerencias en los comentarios.

 

 

Blanca primavera en Radicofani

Radicofani,  20 de marzo de 2008. Recuerdo la fecha exacta porque el día anterior habíamos llegado con cierto retraso, debido a un problema en nuestro vuelo, así que tuvimos que postergar nuestros planes de acercarnos hasta Siena en una fiesta tan señalada como San Giuseppe. Amanece apenas en Radicofani (Siena), y los copos leves, suaves, casi imperceptibles, se confunden con el humo de las chimeneas…será ceniza- comenta alguien. Salimos a la calle y el viento helado nos despierta del todo, mientras sonreímos, como niños, cuando la nieve nos salpica la ropa. Caminamos por la estrechísima Via del Moro, donde se ubica nuestro apartamento «Bellavista»; muy acertado el nombre pues desde la ventana se descubre el paisaje de la Val D’Orcia, en este pequeñísimo Borgo elevado mas de 800 metros por encima del nivel del mar. Como ya os contamos en otro post, Roberto, el propietario, se encargó personalmente de su restauración, en un edificio que data del siglo XIII.
radicofani val d'orcia

 

Este pueblo medieval, no tan conocido como otros en el Valle, posee un encanto y una belleza irresistibles. Visible desde la carretera mucho antes de llegar, destaca la Rocca, el castillo que vigila todo su entorno y donde se atrincheró su héroe local, Ghino di Tacco. Perteneciente a una de las familias de la aristocracia de Siena, en el S.XIII se convirtió en una especie de «Robin Hood» en la Toscana, de hecho encontraréis una estatua en su honor en una de las calles que circunvala la población, una vez se deja atrás la Iglesia parroquial de San Pedro . La Iglesia, construida entre los siglos X y XI, y  declarada monumento nacional, contiene una escultura de la Anunciación, obra de Andrea della Robbia.

 

Radicofani

Marina decidida a unirse a la banda de Ghino di Tacco

Radicofani huele a leña, que se quema en las chimeneas y estufas de esas casas antiquísimas. Los techos, me he fijado en nuestro apartamento y no he podido evitar el «fisgar» a través de las ventanas y balcones abiertos, se cubren de ladrillo refractario entre las vigas de madera.
Pero si hay un aroma que no he podido olvidar es el del pan recién hecho en el horno del pueblo. Pan cocido en la leña, que huele a pan, que sabe a pan, y junto a éste pizza, bizcochos y otras delicias irresistibles. Pedimos «pane salato» porque de lo contrario el pan toscano es soso, me costó averiguarlo en nuestro primer viaje a Toscana y fue de casualidad; en un horno de Pienza pedí pan y me dijeron que «sólo les quedaba salado». Escondido en el Vicolo del Teatro, junto al horno, uno de esos estupendos alimentaris que tanto me gustan en Italia, «Pane e companatico», donde compramos un buen pecorino, embutidos y paté casero para preparar los opíparos desayunos que uno sólo puede permitirse cuando está de vacaciones. La amabilísima propietaria nos ofrece degustarlos cada día al hacer la compra.
Estamos pendientes del tiempo, y buscamos en las noticias de televisión la manera de averiguar el estado de las carreteras. Cuando llega Roberto nos dice que en Montepulciano no hay nieve pero que en otras poblaciones del Val D’Orcia, más cercanas a los Montes Amiata, es dificil circular; así que cambiamos la ruta prevista para ese día esperando que el tiempo mejore. De hecho, en los días siguientes, cuando visitamos  Bagno Vignoni o Castiglione D’Orcia, nos encontramos con bellas estampas propias de una postal navideña y no de esa primavera que acaba de estrenarse en el calendario.

Inolvidable la belleza de las calles empedradas, de la puerta en su muralla, de la tranquilidad que sólo se verá levemente alterada cuando a partir del sábado de Pascua las familias lleguen al pueblo para reunirse con padres, abuelos o tíos. En la noche de Viernes Santo, la procesión con el Cristo crucificado recorre las calles de Radicofani, acompañada de la banda de música.Su Semana santa ha sido declarada como una de las más bellas de Italia (en el séptimo puesto según el portal Skyscanner) y precisamente esta procesión de Viernes Santo es la más antigua de toda la Toscana.

En las pastelerias se preparan los dulces típicos de estas fiestas, entre ellos un bollo (la schiacciata de Pascua)  que se comparte en las meriendas campestres el domingo de Pascua y también el lunes, que en Italia se celebra y conoce como «la Pasquetta».

En Radicofani, mucho más que en otros lugares de la Toscana en los que  quizá estén un poco cansados del exceso de visitantes, la gente es amable y comunicativa. Marina acudía al «internet point», de conexión lenta e imposible, a su vez tienda de informática y de revelado fotográfico, donde Niccola y los pocos jóvenes que se ven por el pueblo se reúnen para charlar. Uno de ellos nos muestra orgulloso la foto de una de esas vacas de raza autóctona de tamaño descomunal; nos dice el peso del animal, no lo recuerdo, pero quedamos impresionados. Nos habla en italiano a veces demasiado rápido para nosotros.
Guardo hermoso recuerdos de esos días, de las estupendas pizzas que Mateo nos servía en «Il Pana», y del limoncello al que nos invitaba al terminar la cena; y del magnífico restaurante «La Grotta» -acudimos siguiendo la recomendación de Roberto-  donde comimos la mejor lasagna ai funghi (setas) que he probado hasta ahora, acompañada del estupendo vino de la casa que sirven, y los irresistibles dulces a la hora del postre, tarta millefoglie o tiramisú elaborados en la pastelería del pueblo.

 

Nada nos hacía sospechar que aquella iba a ser una blanca primavera en la Toscana; nuestra esperanza era poder vislumbrar las primeras flores salpicando el verde en los alrededores de Siena. Pero aquello fue lo que nos encontramos… por si acaso, la última noche antes de partir bajamos el coche desde la calle empinada que rodea la muralla y lo aparcamos en la parte baja. Menos mal, porque aquella noche nevó copiosamente. Lo último  que recuerdo es la imagen de los toldos y mesitas de la terraza del bar, a la entrada del pueblo, cubiertos por un grueso manto blanco cuando apenas amanecía.

 

Radicofani Rocca Val d'orcia

La Roca de Radicofani, que cada noche velaba nuestro sueño, nos hacía imaginar grandes gestas junto al héroe Ghino di Tacco. Es una lástima que Roberto ya no alquile su casa, la que por unos días sentí como propia, para poder regresar a ese rincón soñado, lejos del turismo bullicioso, donde perderme entre las curvas, pronunciadísimas, de las carreteras; dejarme engullir por los campos donde crece el grano duro, ese que da sabor y textura diferentes y únicos a la pasta, para buscar la sombra, aunque sea estrecha y alargada, de los cipreses que coronan las colinas.

Roadtrip por el sur de La Toscana: 5 días en la Val d’Orcia

Alquilar un coche es la mejor opción para recorrer lentamente la mágica y única Val d’Orcia, al sur de la Toscana. Nosotros, que ya conocíamos bastante bien la región, queríamos regresar a esta zona en concreto. Nuestro primer viaje fue en verano, cuando las colinas de la Val d’Orcia se asemejan más a las dunas en un árido desierto, así que estábamos ansiosos por descubrirlas con el verde intenso del trigo sembrado.

Si disponéis al menos de 5 días, os proponemos un recorrido, tal y como hicimos nosotros, para descubrir los lugares más famosos pero también otros menos conocidos.

Alquilamos un coche familiar en Roma, porque allí es donde aterrizamos, y viajábamos 5 personas. Podéis comparar precios y escoger lo que mejor se adapte a vuestras necesidades en esta web. Depende de vuestro aeropuerto de salida quizá tengáis disponibles vuelos a Florencia o Pisa.

La Val d’Orcia patrimonio de la Humanidad

En el año 2004 entra a formar parte de los lugares Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Los criterios: «la Val d’Orcia es un reflejo de la forma en la que se reescribió el paisaje para reflejar los ideales del buen gobierno y para crear imágenes estéticamente agradables». De hecho, la bellísima ciudad de Pienza se considera la ciudad ideal según los cánones renacentistas.
La orografía de la Val d’Orcia resulta inconfundible. Sobre las cumbres, pequeñas cumbres de las colinas, los «Podere» (granjas o caseríos) vigilan un paisaje infinito, como faros lejos del mar que guían nuestros pasos. Las hileras de cipreses nos conducen hasta ellos… ¡Cómo si fuese posible perderse en el camino!.

Recuerdo perfectamente aquel primer día de nuestro viaje:  en el cielo había tan sólo algunas nubes, las pocas que no había podido arrastrar una lluvia aun reciente.

Es uno de tantos parajes que encontraréis a lo largo de la «strada statale» 146 que al llegar a San Quirico d’Orcia confluye con la Via Cassia, antiquísima calzada que parte de Roma hacia la Toscana, y que nos permite descubrir algunos de los rincones mágicos de esta región.

Alojarse en la Val d’Orcia

Escogimos uno de los lugares seguramente menos conocidos de la zona, con las ventajas que ello conlleva: tranquilidad, precios más contenidos y nada de aglomeraciones ni masas de turistas.

Radicofani Val d'Orcia

Radicofani es un precioso pueblo amurallado en la zona más al sur de Toscana, en la provincia de Siena. El apartamento en el que nos alojamos, en la estrechísima Via del Moro, se llamaba «Bellavista» -muy acertado el nombre- pues desde la ventana se descubría el paisaje de la Val D’Orcia. Roberto, el propietario, se había encargado por completo de su restauración. Desgraciadamente Roberto ya no alquila el apartamento (quisimos regresar en otra ocasión y no fue posible).

Precisamente por eso, él fue quien nos facilitó el contacto de la que ya consideramos nuestra casa en Toscana, a poco más de 40 kilómetros de allí, en la no menos hermosa localidad de Montefollonico.

Descubrir la Val d’Orcia

Con la comodidad y la libertad de viajar a tu aire en coche, os proponemos algunos de los lugares que nos gustó descubrir en este segundo viaje a Toscana.

Por supuesto, es «obligatorio» visitar localidades como Pienza y seguir ruta hasta San Quirico d’Orcia o la encantadora localidad de Montalcino, famosa por sus vinos. Os permitirá disfrutar del idílico paisaje de colinas y cipreses y hacer algunas de las fotos más famosas de la Toscana. El único inconveniente que podéis encontrar es que haya un exceso de turismo pero ¡qué se le va a hacer!

Siguiendo esta ruta os proponemos que os desviéis un ratito para visitar el antiguo monasterio de Sant’Anna in Camprena, perteneciente a la orden de los Benedictinos en el siglo XV, convertido hoy en un hotel. El lugar es conocido porque allí se rodó la película, protagonizada por Juliette Binoche y Ralph Fiennes, «El paciente inglés». También en los alrededores se obtuvieron algunos de los más bellos paisajes de «Gladiator». Pero, por encima de todo, el lugar invita a quedarse, a disfrutar de la paz y el silencio de las antiguas celdas, a contemplar el paraje apartado y solitario, a pesar de que tan sólo 6 kilómetros nos separan de la bella, turística y más concurrida ciudad de Pienza.

Muy cerca de allí, la serpenteante carretera que sube a Monticchiello, os recordará inevitablemente a la imagen de la publicidad de una famosa marca de pasta y pizzas italiana.

Abandonamos las sinuosas colinas que rodean a Pienza y San Quirico para dirigirnos hacia el más agreste paisaje que rodea el Monte Amiata, parque nacional, de origen volcánico. En este recorrido encontramos numerosas fuentes termales, cuyos beneficios descubrieron ya los etruscos, muchos siglos antes de que llegara la moda de los «spa».

» Vietato il bagno» (prohibido el baño), se nos advierte ante la enorme piscina de aguas sulfurosas que ocupa la piazza en Bagno Vignoni, donde se reflejan las casas de piedra, bellas y austeras, que la rodean. Lorenzo de Medici y Santa Catalina de Siena encontraron alivio para sus enfermedades en estas aguas y hoy algunos pueden hacerlo en los hoteles-centros termales abiertos al público.

En Bagni San Filippo seguimos el sendero (indicado) que nos dirige hasta el fosso bianco, donde la enorme roca calcárea que parece cubierta de nieve perpetua y que algunos llaman «la ballena blanca», se yergue sobre las pozas de agua que pueden alcanzar los 52 grados. La primera vez que contemplé este paraje fue en una película, de tan pésima calidad que ni siquiera recuerdo su título, creo que relataba la experiencia de un escritor americano falto de inspiración, y quedé tan impresionada por el lugar que me prometí visitarlo en cuanto tuviese ocasión.

Bagni San Filippo Val d'Orcia

Un gato gordo y perezoso dormita sobre el empedrado de la Piazza il Vecchietta, en Castiglione d’Orcia, cuyo nombre hace honor al pintor y escultor Lorenzo di Pietro. Marina persigue al manso felino con su cámara, mientras él parece gozoso de posar ofreciendo su panza a las caricias y mimos. Busca un lugar privilegiado al sol, junto al pozo de mármol travertino, de 1618, que preside la plaza silenciosa, frente al Palazzo Comunale.
Las callejuelas, estrechas y llenas de escaleras, nos conducen hasta otra plazuela, más animada por algunos niños y lugareños. Dos pequeñísimas mesas se disponen ante la entrada de «Il Ritrovino», bar, enoteca, alimentari… un local con escasas mesas en el que no nos resistimos a un café y una porción de tarta casera, bizcocho con almendra o chocolate. Curioseo en la alacena, que expone productos de agricultura biológica, mermeladas, salsas y farro, la primera vez que veo el grano utilizado en la famosa zuppa. Se asemeja al trigo, más pequeño, pero su sabor una vez cocinado es más parecido al de las lentejas, al menos en mi recuerdo.

Castiglione d'Orcia Val d'Orcia

Piazza il Vecchietta

La Roca de Tentennano, del siglo XIII, permanece para recordar un pasado de luchas entre Siena y Florencia, eternas rivales,  a quienes perteneció en unos u otros momentos de la historia, y en cuyos muros se refugió santa Catalina de Siena. Aunque parece ser que la suya fue sobre todo una misión de paz, intentando apaciguar a los señores de la Val d’Orcia, más allá de un simple retiro espiritual.
No es el único vestigio de las continuas luchas que vivieron estas tierras: la posición estratégica de algunos «borgos», amurallados una gran mayoría, y los restos de otras torres o fortalezas son buen ejemplo del espíritu duro y orgulloso de quienes los poblaron desde hace siglos.

Si os adentráis en el Parque natural del Amiata encontraréis pequeñísimos pueblos que os recordarán donde estáis pero no por su orografía ni paisaje (nada de colinas ni cipreses) Nombres como Vivo d’Orcia, Campliglia d’Orcia, o Ripa d’Orcia. Lugares con encanto que no aparecerán en la mayoría de las guías pero que os proporcionarán el placer de recorrerlos con absoluta tranquilidad y libres de turistas.

 

Qué visitar desde la Val d’orcia

Si disponéis de tiempo (al final todo depende del ritmo de cada uno) hay otras lugares muy interesantes que podéis visitar desde vuestro punto de partida en la Val d’Orcia. En 5 días y en modo «slow travel» os sugerimos algunos de nuestros lugares favoritos.

Siena

Eterna rival de Florencia, hasta el siglo XIV dominó la región. Su característica Piazza del Campo en la que se celebra cada año una de las fiestas más famosas del mundo, Il Palio,  y su Catedral (también Patrimonio de la Humanidad UNESCO) son solo algunos de los atractivos que ofrece. Los seneses se muestran orgullosos de serlo y , a pesar del turismo, la ciudad mantiene su caracter propio.

Tengo que confesar que es una de mis ciudades preferidas en Italia y que la hemos visitado en numerosas ocasiones.

Las ciudades del Tufo: Pitigliano, Sorano y Sovana

A unos 50 Km desde nuestro punto de partida (Radicofani) y ya en la provincia toscana de Grosseto, se encuentran estas tres localidades cuya característica es estar construidas, muchas de ellas excavadas en la propia roca, con el tufo, o toba volcánica.

Con una importantísima presencia de necrópolis etruscas en los alrededores, especialmente entre Sovana y Sorano, podéis hacer visitas guiadas (aunque nosotros desistimos porque aquel día llovía a mares)

Pitigliano es conocido como «la pequeña Jerusalén». La ciudad acogió desde el siglo XVI a una numerosa comunidad judía con la que se estableció una excelente convivencia. El Palazzo Orsini, la Sinagoga, y recorrer las callejuelas del antiguo barrio judío bien merecen una escapada.

Roadtrip Val d'Orcia

 

Si volvéis al aeropuerto de Roma, desde la Val d’Orcia, os sugerimos dos lugares de paso ,en los que deteneros, que seguro no os dejan indiferentes: la bellísima Orvieto, con su impresionante Catedral,  y Civita di Bagnoregio, la ciudad que muere (dicen que su terreno arcilloso se desmorona cada año)

Esta es la libertad que te proporciona conducir a tu aire con un coche de alquiler ¡Por muchos roadtrips más, viajeros!