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Rimazùu: alojarse en Riomaggiore como un local

Alojarse en Riomaggiore es una buena opción si estás planeando unas vacaciones en Le Cinque Terre. Esta hermosa localidad tiene un marcado carácter, e incluso un dialecto único y propio. Alojarse en Riomaggiore  permite al viajero disfrutar de la cotidianidad de los días, de las costumbres y celebraciones.

Cada mañana , al despertar, miro al horizonte con los ojos entrecerrados, abrumada por el sol que me acaricia suavemente la piel, igual que acaricia este mar azul sobre el que se posan. Lo observo. Parece tranquilo, casi inalterable, aunque sé que en ocasiones se vuelve bravucón, amenazante, poderoso como sólo la naturaleza lo puede ser.

Me apoyo sobre la baranda de la terraza, y me sacudo los restos del sueño- aún están tibias las sábanas- cuando en Rimazùu, que es como todavía llaman a Riomaggiore algunos lugareños en el antiquísimo dialecto ligur, comienza un nuevo día. Alojarse en Riomaggiore, como un local, permite observar como el pueblo se despabila cada mañana con el tañido de las campanas de su Iglesia principal- la de San Giovanni Battista- que poco después de las siete llama a los vecinos para la celebración de la misa, cuando las calles están casi en silencio y las contraventanas de color verde permanecen aun cerradas, dormidas las almas tras ellas. De vez en cuando canta un gallo, o se escucha el motor antes de que aparezca, repentinamente, tras el verde por una curva vertiginosa, el pequeño autobús con el que los habitantes del municipio van o vienen desde las aldeas de Groppo o Volastra.

Miro el blanco campanario de la Iglesia y le pregunto:
-¿Ahora callas?.Y poco después me responde, con el inconfundible toque en el momento de la consagración durante la Eucaristía.

Alojarse en Riomaggiore, en una de esas casas aferradas a las rocas tan características de Le Cinque Terre, y de Liguria, asomadas al mar, desde las que divisar y advertir de un posible ataque pirata, permite observar sin ser visto, ser testigo de las costumbres, de lo cotidiano y de las celebraciones.

alojarse en Riomaggiore

Photo on Foter.com

Si levanto un poco la vista puedo consultar en cualquier momento la hora exacta, en el reloj del Castillo, que parece estar a mi entera disposición. En su día fue un punto estratégico, en su papel de fortaleza, y hoy es un lugar mágico cuando en las horas de la tarde se comparte un banco, en la plazoleta anexa, con los mayores del pueblo. Gentes que charlan entre sí de las cosas del pasado ajenos,  seguramente por la costumbre, a la imagen que se avista desde lo alto, al color que toman el cielo y el mar -rojo, fuego u oro- también sobre las rocas a las que se aferran las casas y la vida en Rimazùu.

En el pequeño Oratorio de San Rocco, frente al Castillo y justo a nuestras espaldas, unas mujeres se afanan en cubrir al Santo de flores blancas… En pocas horas saldrá en procesión, acompañado de cientos de velas que alumbran el camino desde su emplazamiento hasta el centro histórico. Al bajar, llegando a la Piazza della Compagnia, donde se encuentra el Oratorio de Santa Maria Assunta, tropezamos con una curiosa estampa: desde la pequeña Iglesia el monaguillo, con la casulla demasiado corta por la que asoman unas bermudas, y un crucifijo a hombros, lleva el Cristo cuesta arriba para que salga en procesión. Es uno de esos momentos en los que desearía tener la cámara presta y la vergüenza a buen recaudo.

 

alojarse en Riomaggiore

Photo by emilie-r on Foter.com / CC BY-NC-ND

Pienso por un momento, mirando desde la terraza, cuan protegidos estamos o al menos cuan encomendados a la Virgen y los Santos. Desde allí es posible «asistir» a la misa en el pequeño oratorio de la Assunta. Tan pequeño, de hecho, que llenan la piazzeta de sillas plegables y utilizan megafonía en el exterior. También desde aquí la vista tiene su «aquel», pues la ropa tendida en las casas anexas parece que lo está en la mismísima cornisa de la Iglesia. Serán precisamente cosas como ésta las que hacen que se mezclen lo humano y lo divino?.

Cuatro misas  y una procesión, todo ello cuando llevamos dos días de estancia en Riomaggiore… ¿casualidad o fervor extremo?. Bien es cierto que las fechas son señaladas: Ferragosto, 15 de agosto día de la Asunción, y San Roque. Mientras desayunamos en el Bar Centrale llega el cura del pueblo, un joven con sotana larga, el pelo alborotado y las mejillas coloradas, acalorado por la caminata y la indumentaria. Resulta inevitable que esta imagen, en mi memoria, se torne en blanco y negro, asociada a tiempos pasados.

 

alojarse en Riomaggiore

Photo by Mal B on Foter.com / CC BY-ND

 

A pesar de ser día festivo, están abiertos todos los negocios de Via Colombo, algo así como la calle Mayor, la que lleva a todos los lugares: al túnel que une el pueblo con la estación ferroviaria, a las escaleras por las que se accede al pequeño puerto, a sus restaurantes, al lugar donde atracan los barcos turísticos y desde donde se toma el camino a la playa- véase que el concepto de playa aquí nada tiene que ver con el que podamos tener en mente, pues se trata de una zona de gruesas piedras en las que resulta complicado tumbarse al sol-.

Me he dado cuenta de que en Riomaggiore es raro encontrar personas con sobrepeso, a pesar de las docenas y docenas de focaccias que se despachan en la panadería, de la pasta suculenta que se come o se cena en las casas, por cuyas ventanas escapan los  efluvios delicados de tomate y albahaca, de las salsas que se guisan a fuego lento acompañadas de la música de los fogones – la que orquestan las cucharas, sartenes, ollas y tapas- e incluso de alguna cancioncilla que se tararea alegre en la cocina. Claro que ésto tiene una sencila explicación: todo el pueblo es una larga y constante subida, tanto si se sigue Via Colombo como si no. Resulta en vano buscar algún camino más liso y llano, pues si uno se aventura por los callejones laterales lo más fácil es que se encuentre con tramos interminables de escaleras. Creo que este año puedo saltarme el propósito que cada septiembre se hacen cientos, miles, de personas y ahorrarme unas cuantas sesiones de gimnasio o spinning. ¿Véis? Otra ventaja de alojarse en Riomaggiore.

 

Photo by canoe too on Foter.com / CC BY-NC-ND

 

Aun así no dejo de asombrarme cada vez que veo a la gente del lugar saltando entre las rocas para darse un baño en el mar. Yo, que además sufro de vértigo, siento que se me encoge el estómago mientras intento llegar hasta donde se encuentran. Cuando lo consigo, palidezco de envidia al descubrir a personas que pasan de los 70 y que se mueven, nunca mejor dicho, como pez en el agua.

Como Riomaggiore es el primero de los cinco pueblos, si se viene de la Spezia, que conforman el parque nacional de Cinque Terre, es también el primero en recibir a los numerosísimos turistas que llegan por tierra o mar. Me cruzo con ellos mientras bajo lentamente por Via Colombo para comprar pan, fruta y pecorino, o algunos tomates de aspecto retorcido pero sabor intenso- aunque presupongo que no tan exquisitos como los del huerto de mi «vecino», que cada día los riega concienzudo, taciturno, sin levantar la cabeza en ningún momento, mucho menos para saludar.-Por cierto, aquí cualquier pequeño espacio entre dos casas es un lugar idóneo para sembrar un huerto: pimientos, tomates, calabazas, judías verdes, y limoneros cargados de frutos de piel gruesa y aroma profundo.

 

alojarse en Riomaggiore

Un poco más arriba de este pequeño hotel estaba nuestra casa en Riomaggiore

Prefiero, después de haber comprado en todos, el «alimentari Franca», el que está en la parte más baja de la calle, o si se prefiere el primero que se encuentra nada más salir del túnel que une la estación con el centro del pueblo. Tiene excelentes productos, está limpísimo y además es un negocio familiar en el que jóvenes y no tan jóvenes atienden con amabilidad, algo que no es excesivamente usual en estas tierras ya que los italianos de Liguria, y concretamente de la Spezia, tienen fama de poseer un carácter «cerrado» y de ser un poco desconfiados. Puedo asegurar, no obstante, que ésto puede resultar un tópico…aunque, si debo ser sincera, echo de menos la «chiaccherata» con la tendera en cualquier pueblo de la Toscana, o el saludo de los vecinos aunque les resultemos unos completos extraños.

Estoy pensando en como cambia nuestra percepción de los lugares o de las personas cuando no estamos sólo de paso, cuando permanecemos durante unos días- claro que unos días tampoco son suficientes- en los mismos. Hace un año visitamos Riomaggiore, como tantos lo visitan hoy, cámara en mano, asombrados por el encanto de las casas aferradas a la roca, fotografiando los murales del artista Silvio Benedetto, o dispuestos a iniciar el recorrido por la famosa Via dell’amore.

Nunca es suficiente, salvo que tuviésemos la fortuna de ser uno de tantos que regresan cada verano al lugar de su infancia, al calor de unos brazos maternos, al recuerdo de las risas, los juegos entre los callejones, al escondite, como siguen haciendo los niños por aquí…

Curiosamente este mismo verano he descubierto un blog que se publica en un diario nacional. Habla precisamente de eso… y quien lo escribe lo hace, precisamente, desde un lugar que descubrí, tan sólo por unas horas, el verano pasado. Se trata de Tellaro. Me provoca una  sonrisa comprobar que mis apreciaciones eran ciertas cuando escribí:

«Observo a un grupo de mujeres en la mesa de al lado, poniéndose al día sobre sus vidas, de regreso al lugar de su infancia»

PD: Este y otros post sobre Cinque Terre fueron publicados originalmente entre los años 2011-2013 en el blog «De viajes y libros» (blogspot) No ha sido posible utilizar las fotos publicadas entonces y las originales, por alguna misteriosa razón, han desaparecido.

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Días de verano en Riomaggiore

Estoy en Riomaggiore y pienso: «Pongamos por caso que soy uno de esos riomaggioresi nel mondo», alguien que no quiere olvidar sus raíces y que pone todo su empeño en recordar, recoger y difundir la cultura, la gastronomía y hasta un dialecto propio que en nada se parece al italiano. Pongamos por caso que vuelvo cada verano a Riomaggiore, a la casa della nonna, para reencontrame con los recuerdos y las gentes del pasado. Pudiera ser, quizá, uno de tantos italianos que buscan un lugar donde pasar el verano, huyendo del calor excesivo de las ciudades. Incluso podría ser uno de esos artistas que un día llegaron aquí, y subyugados por la belleza del mar, el aroma de la albahaca, los escondites entre las rocas, la quietud de los estrechísimos callejones y la historia antiquísima- como todas las historias alimentada también de leyendas- decidieron  quedarse para siempre.

 

Podría, en ese supuesto,  haber pintado los murales que detallan la vida y el trabajo en Riomaggiore, los retratos de hombres y mujeres de piel curtida por el sol  y el viento, ellas cargando enormes cestos de uvas sobre sus cabezas, montaña abajo, cuidando del preciado fruto, fruto de su sustento. Más tarde, y por aquello de que la necesidad agudiza el ingenio, idearon un sistema de railes por los que trepar montaña arriba con un pequeño vehículo similar a un tractor con dos contenedores a los lados.

Los murales son obra de Silvio Benedetto pero muchos otros decidieron quedarse en Riomaggiore, estableciendo sus pequeños negocios de artesanía, donde mostrar y vender sus obras, únicas y originales. Supongo que se quedaron porque encontraron aquí su particular paraíso, a salvo del mundo. Y supongo- sólo puedo suponer, acostumbrada a fantasear sobre las vidas ajenas- que toleran la invasión de los turistas en verano, aprovechan la temporada para sus negocios, y sueñan con la llegada del otoño, incluso del invierno, para dedicarse a aquello que aman cuando el silencio sólo se quiebra con el silbido del viento y el abrazo, a veces furioso, de las olas rompiendo sobre las rocas.

 

Riomaggiore

Photo by BrianJii on Foter.com / CC BY-NC-ND

 

Podría ser… pero tan sólo soy uno de tantos visitantes- la palabra turista no me gusta- que decidieron regresar a Riomaggiore durante unos días, para vivir y comprender un lugar que, sobre todo en verano, recibe la visita de cientos, miles, de personas que llegan en los trenes abarrotados y en los barcos turísticos que provocan una auténtica invasión. Durante unos días intentaré ser una riomaggiorese más, aunque tan sólo sea una riomaggiorese estacional.

Una buena forma de comenzar el día es desayunar en el Bar Centrale, en realidad desayunar por segunda vez, ya que el primer café en la terraza me resulta irresistible. A veces los vecinos se me adelantan y paso un mal rato mientras me llega el aroma de su «moka» (la cafetera italiana) borboteando en el fogón. Son un matrimonio de jubilados, de Florencia- me dice Gianna, la casera, con la desconfianza propia del mundo rural  hacia los forasteros, especialmente hacia aquellos que compran una casa en el lugar que consideran suyo-.

Las mesas del bar están casi siempre ocupadas, por turistas que acaban de llegar, por quienes ya tienen sus maletas consigo camino de la estación y la nostalgia anticipada en los ojos, por los parroquianos de siempre, por jóvenes madres con sus hijos o «jóvenes» abuelas con sus nietos… si uno se fija bien distinguirá fácilmente a unos y otros, y no sólo por el idioma que hablen, la indumentaria que porten o su aspecto físico. Los turistas extranjeros, americanos especialmente, no pueden resistirse a una tortitas en el desayuno, los europeos e  italianos optan por el cornetto… a los riomaggeresi los distinguiréis porque toman una porción de focaccia incluso a primera hora de la mañana.

-Nonna, hai presso la focaccia?
-Siii
-Grazie, grazie nonna!- tintinea una voz infantil.

Después, sin prisa ni urgencia, con el ritmo lento que acompaña a nuestros gestos la seguridad de sabernos dueños de nuestras horas, hacemos aquello que más me gusta: pasar desapercibidos, como uno más, entre la gente.

Leo, en una entrevista reciente al escritor Paul Theroux, que hay dos modos de desempeñar este egoista trabajo de viajar y escribir: uno en aquellos lugares del mundo donde pasar desapercibido, donde perderse como uno más en la multitud. Y otro en paises donde eres diferente a todos, donde todo el mundo te identifica (en Africa, por ejemplo). Ambas maneras ofrecen distintas posibilidades de escritura- afirma el autor.

Yo, personalmente, prefiero la primera. La del mimetismo con el ambiente y el lugar, con las costumbres y la lengua. Quizá es la única que conozco, y aun no he tenido ocasión de experimentar las sensaciones que producen el sentirse enormemente distinto, por el idioma, la cultura o el color de la piel. Aunque bien pensado, en algunos lugares de la vieja Europa uno llega a sentirse bastante diferente…

Como la ola de calor africano que nos invade afecta por igual a lugareños y foráneos -a pesar de que «le Cinque Terre» gozan de un espléndido microclima donde las temperaturas en agosto no suelen superar los 28 grados y donde siempre sopla la brisa del mar- hay que buscar la la mejor forma de combatirla. Sumergirse en las aguas límpidas y transparentes; o bien  sentarse entre las rocas dejando que la espuma alegre y vivaracha nos salpique, unas veces suavemente, otras con más fuerza, en un interminable juego de contar…uno, dos, tres… ahora.

 

Riomaggiore

 

Los vecinos de la Spezia suelen huir del agobio de la ciudad para disfrutar de estas aguas:

-Esta mañana en La Spezia hacía más calor que en Palermo- aseguran haber escuchado en la radio.

Y uno sería capaz de permanecer allí durante horas si no fuera porque, en tal estado de ensimismamiento y despreocupación, apenas se advierte la quemazón sobre los hombros hasta que la piel enrojecida nos alarma y un dulce sopor nos envuelve mientras miramos, con extraña sorpresa, la pendiente que nos aguarda para iniciar el regreso a casa.

Con la pereza pegada a los talones, tarareando con actitud indolente alguna cancioncilla, subimos las escaleras talladas en la piedra, derrotados ante la evidencia de que hay que subir, sí o sí, abnegados ante la certeza de que todavía queda un trecho, Via Colombo arriba y mucho más… Por el camino dirimimos otra gran incógnita: ¿Hacemos una parada en «il pescato cucinato», para comprar una bandeja de deliciosos boquerones, calamares y gambas fritas, o proseguimos hasta «primo piatto» y llevamos a casa pasta fresca cocinada al instante? De cualquier modo, pienso acompañarlo de una botella de vino blanco bien frío, Cinque Terre DOC de bodegas Sassarini, que me ha recomendado el dependiente de la enoteca, un tipo amable y atractivo que me pregunta sobre mis preferencias en cuanto al vino:

– Seco o afrutado?
– Mejor seco…
-También yo lo prefiero – y me queda la duda sobre si es completamente sincero, o si ha desplegado sus dotes de buen vendedor… Pero al final resulta que el vino me gusta, asi que… ¿qué mas da?.

Las horas lentas de la tarde discurren entre el duermevela de la siesta, la lectura en la terraza o un culebrón que emite la RAI al que definitivamente me he «enganchado»… y es que lo tiene todo: hermosos paisajes en la verde Umbría, el casolare de mis sueños, secretos de familia, el negocio del vino y la buena cocina…

Para estirar las piernas, nada como una buena passeggiata, aunque dada la orografía de Le Cinque Terre el intento puede acabar en una dura sesión de trekking. Sin embargo, al caer la tarde, queda la opción de recorrer el paseo más romántico, la Via del’Amore, que une Riomaggiore con Manarola, ya que a partir de las siete, y hasta la mañana siguiente, es de acceso libre y por tanto gratuito. Compruebo que los candados se han multiplicado desde mi visita anterior, tanto amor encadenado eternamente…

Actualizamos: debido a las sucesivas  riadas y desprendimientos, la Via dell’Amore ha estado cerrada durante bastante tiempo (desde 2012) aunque hay 200 metros accesibles desde la localidad de Manarola. Ojalá sea este el año en que nuevamente pueda recorrerse desde Riomaggiore y podáis disfrutarla como nosotros.

También se puede hacer una parada en una auténtica terraza sobre el mar. «A Pie’ de Ma’ «es un bar muy agradable, literalmente sobre el mar, justo donde comienza el sendero. Uno puede disfrutar de una bebida contemplando la puesta de sol, moviendo los pies al ritmo de la música de jazz, y ocasionalmente y con mayor fortuna de la música en directo.

 

Riomaggiore

Photo by Funky64 (www.lucarossato.com) on Foter.com / CC BY-NC-ND

 

Una vez recorrido el sendero, se puede caer en la tentación de sentarse a cenar en cualquiera de los restaurantes de la pintoresca Manarola, bajo las bombillas de colores que adornan las terrazas, a las que se llega sorteando las barcas recien pintadas, que descansan en tierra firme, secando los barnices con el viento salado, el mismo que seca las ropas ondeantes en las ventanas. Y es que resulta dificil resistirse a los efluvios del pescado y el marisco, a la parrilla o acompañando la pasta, negarse el placer de acabar lamiendo las gotitas de salsa que resbalan por nuestros labios, sorbiendo los «linguine ai batti batti»- un marisco desconocido para nosotros, no tan fino como la langosta o la cigala pero sabroso acompañando el plato (si quieres una completísima guía de lugares para comer en Cinque Terre, no te pierdas nuestro post)

 

Photo by Ginkgo-Biloba on Foter.com / CC BY-NC-SA

 

Si uno decide regresar sobre sus pasos, aventurándose entre risas por el sendero apenas iluminado, debe tener cuidado de no dar un traspiés. Mucho más cabal seria tomar el tren pero ¿quién puede resistirse a un poco de aventura, conteniendo la respiración, recorriendo con paso ligero el camino, imaginando peligros acechantes entre las sombras?. Probablemente las únicas sombras acechantes sean las de alguna pareja de enamorados, que sentados en un recodo hagan de este un lugar de encuentro, tal y como otros lo hicieron antes dando nombre al camino.

Cuando ya se vislumbran las luces de Riomaggiore, el viento nos trae los sonidos de una música alegre y vital. En el pequeñísimo puerto, una orquesta interpreta conocidísimos temas de la música italiana, mientras los riomaggeresi se mezclan con las turistas americanas, en un juego de seducción y juventud que no cambia con el devenir de los tiempos.

– ¿Qué hacen por ahí abajo?- se preguntan los mayores, unos a otros.

– Bailan como locos- responde alguno, resignado.

Y la luna mira, sonriente, como las noches suceden a los días, mientras los cuerpos jóvenes se balancean al ritmo de la música, o se lanzan al agua desde el puerto… porque tan sólo las noches de verano pueden ser tan hermosas como los días en Riomaggiore.

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Le 5 Terre: cómo, dónde y cuándo visitarlas y repetir

Le 5 Terre- Riomaggiore, Manarola, Vernazza, Corniglia y Monterosso al Mare- son otro de mis destinos reincidentes y, por sí mismas, 5 motivos para una escapada, visita o vacaciones de relax.

Situadas en la Costa de Liguria, entre el Golfo de la Spezia y el de los Poetas, estos 5 pueblos poseen una situación y encanto únicos que atraen cada año a miles de turistas. Es frecuente que quienes hacen un viaje a Toscana, especialmente al Norte para visitar Florencia o Pisa, se acerquen aunque sea una sola jornada para conocer estas 5 localidades costeras, accesibles tanto por tierra como por mar. Os aseguro que, tal como me sucedió, la visita os sabrá a poco y os marcharéis pensando en organizar unas auténticas vacaciones en Le 5 Terre.

El territorio posee la certificación de Parque Nacional, la de Area marina protegida, y ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. A pesar de toda la información que circula por internet, todavía es frecuente encontrar algunos datos o noticias erróneas, sobre todo respecto a los senderos que permanecen abiertos, o no, al público en el Parque Nacional delle Cinque Terre, por lo que mi recomendación es que, si tenéis intención de visitarlo, consultéis directamente la web del Parque justo antes de viajar. Debido a las catástrofes naturales que en los últimos años han afectado a la zona -inundaciones, desprendimientos- ante cualquier alerta meteorológica se pueden suspender las visitas e incluso la circulación de los trenes.

¿Cómo organizo mi visita a 5 Terre?

Si os estáis preguntando cuál es el mejor modo de visitar Le 5 Terre si solo disponéis de un día, he aquí mis recomendaciones en forma de Faqs.

  • ¿Cuál es el mejor modo de llegar a Le 5 Terre? Probablemente habrá quien os diga que en tren y quien afirme que en barco sin dudarlo. En mi humilde opinión, el único modo de visitar las 5 localidades en un solo día es en tren. El barco tiene horarios mucho más restringidos y es matemáticamente imposible hacer escala en cada parada y regresar en el día (además hay que contar con que el tiempo y el mar lo permitan) Una buena opción es combinar ambos: ida en barco, vuelta en tren (por ejemplo) y aun así andaréis un poco justos de tiempo.
  • ¿Qué me pierdo si viajo en barco a 5 Terre? Pues, por ejemplo, llegar a Corniglia que es el único pueblo que no tiene puerto ya que se encuentra en lo alto de la montaña. Me lo perdí en mi primer viaje y cuando tuve oportunidad de conocerlo descubrí que la visita realmente vale la pena.
  • ¿Qué me pierdo si recorro Le 5 Terre en tren? La visión maravillosa de la costa, y lo más característico de la zona: sus casas colgadas literalmente de la montaña y los acantilados, las imágenes que siempre veréis en las fotografías y postales.
  • ¿Puedo visitarlas con mi coche? Mejor no. Es algo totalmente desaconsejable por varios motivos: carreteras tortuosas y, si esto no os disuade, poquísimas y carísimas plazas de Parking. Lo mejor, si viajáis en coche es que aparquéis en La Spezia (al Sur de 5 Terre) o en Levanto (al Norte) para iniciar vuestro itinerario.

 

¿Cuándo puedo viajar a 5 Terre?

Seguramente también os preguntaréis cuándo es el mejor momento para visitar Le 5 Terre y si es posible hacerlo fuera de la estación estiva. Así que os damos algunas pistas de lo que os encontraréis dependiendo del momento del año:

  • Como cualquier otro destino de Costa, primavera y verano son las estaciones ideales. En julio y Agosto encontraréis muchísima gente, sobre todo turismo de paso. Aunque os parezca mentira Septiembre es el mes de mayor afluencia sobre todo en lo que se refiere a estancias más largas (turistas americanos, especialmente) e incluso Octubre, aunque ya más tranquilo. Fuera de temporada hay muchos negocios, restaurantes y hoteles cerrados al público y la frecuencia de los trenes es menor, además de que no circulan los barcos turísticos.
  • ¿Que clima voy a encontrar? Por mi experiencia, el verano, aun siendo caluroso, en raras ocasiones resulta sofocante, ya que la ubicación de los pueblos, literalmente asomados al mar, hace que siempre sople una suave brisa. Otra cosa bien distinta es caminar por los senderos, o pretender subir los 300 escalones de la «Lardarina» cuando se llega a la estación de Corniglia a pleno sol. En cualquier caso es aconsejable llevar agua a mano, pues ya nos tocó ver los efectos de algún golpe de calor.

¿Dónde me alojo?

En cuanto al alojamiento ¿dónde puedo quedarme? ¿Hay muchos hoteles? ¿Son caros? Todo dependerá de la duración de vuestra estancia pero aquí van algunas claves:

  • Si estáis de paso, en una visita rápida, La Spezia es una ciudad no demasiado bonita pero bien situada para visitar tanto Le 5 Terre como otras localidades de la Costa de Liguria (Como Portovenere, Lerici o Tellaro) Encontraréis alojamiento a mejores precios y además tened en cuenta que pasaréis todo el día fuera, así que un Bed and Breakfast u hotel sencillo será suficiente (Esa fue nuestra opción la primera vez que visitamos la zona) En el puerto se puede coger el barco o en la Estación Central comprar la «5 Terre treno Card». También tenéis autobuses a Portovenere y funcionan hasta bastante tarde.
  • Si habéis decidido pasar unas vacaciones de relax en tan privilegiada zona mi recomendación es que escojáis cualquiera de las 5 localidades, busquéis un pequeño hotel o como en nuestro caso un apartamento (ya que nuestra estancia se prolongó durante una semana) Escogimos Riomaggiore , aunque aquí no hay opción errónea ya que es difícil decidir cual de las 5 localidades es más bonita. Ojo, eso sí, a la ubicación porque algunos alojamientos quedan fuera de los núcleos urbanos y resulta complicado llegar hasta ellos (aunque hay pequeños autobuses eléctricos que comunican las diferentes aldeas del Término Municipal)
  • En cuanto a los precios, no es más caro que cualquier otra zona turística o de costa en Italia. Como siempre, hay opciones para casi todos los bolsillos y en cuanto a  «dónde comer» encontraréis desde restaurantes caros a tiendas de alimentación o puestos de comida para llevar (pasta preparada al momento,  fritura de pescado o pizzas) Y no os olvidéis de las panaderías, un trozo de Focaccia recién horneada puede satisfacer al paladar más exigente.

 

5 TERRE: 5 RAZONES

Ahora que ya tengo respuesta a casi todas mis preguntas llega el momento de decidirme- estaréis pensando- ¿Un par de días o una estancia más larga? Si no tengo tiempo para todo ¿Qué veo, qué dejo? Difícil elección. Por si os sirve de ayuda, aquí va una breve descripción de cada uno de los pueblos y que es lo que hace especial a cada uno de ellos

RIOMAGGIORE

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Muy concurrido a primera hora de la mañana, debido a que es la primera parada de quienes deciden pasar el día visitando 5 Terre partiendo de La Spezia ¡Sus calles empinadas os pondrán en forma seguro! Uno de sus mayores encantos reside en que allí comienza la famosísima Via dell’amore, el sendero que llega hasta Manarola, pero ¡Atención! porque actualmente está abierto únicamente un tramo. Aunque no hay playa existen accesos desde las rocas para bajar al agua y darse un agradable baño en sus aguas limpísimas.

MANAROLA

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Este pequeñísimo pueblo ofrece una estampa singular, con las barcas de los pescadores «aparcadas» a ambos lados en sus estrechas y empinadas calles. Menos transitada posee la peculiaridad de tener una auténtica piscina natural entre las rocas, junto al puerto. Y aunque pueda resultar algo extraño, esta localidad es famosa por su Belén (considerado uno de los más grandes del mundo) realizado con materiales reciclados.

CORNIGLIA

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Seguramente «relegado» a un segundo plano debido a que es el único pueblo que no tiene salida al mar. Conserva un cierto aire de autenticidad, con sus habitantes sentados a la puerta de casa mientras conversan con sus vecinos y los gatos panza arriba sobre el empedrado de las calles. Para subir desde la estación hay un autobús -opción recomendable- o una escalera de más de 300 peldaños. Corniglia ofrece unas vistas espectaculares de la Costa y recomendamos encarecidamente la bajada por la citada escalera ( La Lardarina)

VERNAZZA

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 Uno de los más visitados y uno de los puertos más encantadores que podáis encontrar. Allí mismo podéis sentaros sobre las rocas con los pies metidos en el agua. En su calle principal abundan tiendas de souvenirs, pero no olvidéis perderos entre los callejones adyacentes ni visitar la preciosa Iglesia de Santa Margarita de Antioquia o subir hasta el castillo Doria. Más turístico y por tanto algo más caro.

MONTEROSSO AL MARE

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El pueblo más grande de los 5. Con muchísimo ambiente en sus calles, no tan empinadas, y el único con playa, aunque no sea de arena fina. Tiendas, restaurantes, hoteles… y mucha animación en sus calles, un auténtico lugar «de veraneo».

 

¿Aún sin decidiros? No importa. Sea cual sea vuestra elección encontraréis más de 5 razones para regresar a 5 Terre.