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La Toscana con perro

Viajar a  la Toscana con tu perro es un auténtico planazo, o como me gusta decir ¡perriplanazo!. Asi que ¡sigue leyendo si no quieres perderte ninguno!. Hace unos días, revisando antiguas fotos, encontramos algunas de un viaje en familia ¡Qué jóvenes estamos!.

No hace falta decir que la región, al igual que sucede con el resto de Italia, es muuuuuuy dogfriendly. Quizá te queden dudas sobre cómo organizar tu viaje, cómo moverte, qué visitar ¿Es posible hacer alguna visita con perro en la Toscana con la cantidad de museos e iglesias que hay? Pacienciaaaaa, que en un momento te lo cuento todo.

 

la toscana con perro

Nuestro viaje a la Toscana en 2015

La Toscana con perro: cómo llegar

Si sois de tamaño pequeño, o estáis acostumbrados a viajar en la bodega de los aviones (no es mi caso) hay dos aeropuertos en La Toscana a los que podéis llegar: Pisa y Florencia. También hay quien vuela a Roma y desde allí viaja a la zona más al sur de La Toscana para comenzar su recorrido por la región.

La verdad es que yo prefiero el coche, no me importan las horas de viaje y además no me mareo. Hemos ido a Italia varias veces desde Bilbao  (calculad que el trayecto total serán unos 1400 km más o menos) y lo que hacemos es una parada intermedia para dormir y estirar un poco las patas. También os aconsejo las áreas de servicio francesas, no podemos entrar a la zona de restauración pero disponen de muchos espacios verdes y arbolado, perfectos para un picnic.

 

la Toscana con perro

 

Cerca de Marsella puede ser un buen punto para  dormir ¡Conoceréis la famosa Costa Azul! Mi recomendación para estos casos es alojarse en algún hotel Ibis Budget: suelen estar cerca de las salidas de autopista, junto a centros comerciales donde comer algo, son económicos y en Francia nunca han cobrado suplemento por dormir con mi familia. En otra ocasión nos alojamos en Salon de Provence, una pequeña ciudad que no está mal, pero tuvimos una experiencia un tanto surrealista con el hotel. Mi dueña la contó en este otro post.

Como tercera opción, aunque no os lleva directamente a Toscana, es coger un ferry en Barcelona con destino a Civitavecchia (cerca de Roma) con la compañía Grimaldi Lines. Puedes llevar tu coche en el ferry (o no) y hay camarotes dogfriendly, de manera que irás en todo momento con tu familia. Eso sí, tienes que comprar un pequeño kit para mascotas. Te dejo el enlace con toda la información.

 Transportes y normativa

Una vez en destino, si has viajado en coche no tendrás problema para moverte y, una buena noticia, somos bien recibidos en las áreas de servicio y cafeterías de las autopistas italianas. Si has llegado por otros medios, te diré que puedes acercarte a las principales ciudades de la Toscana en transporte público y moverte por ellas sin problema. Somos bien recibidos en los trenes. Consejo de mi family: si quieres viajar de una ciudad a otra en tren de alta velocidad, compra los billetes con antelación y te ahorrarás un piquito, compara las compañías Trenitalia e Italo ya que esta última es un poco más económica. Al hacer la reserva verás que puedes añadir a tu mascota ¡Guau!. Si pesas menos de 5 kilos puedes viajar gratis en transportín, para el resto (sin límite de talla) hay que comprar un billete que suele costar el 50% de la tarifa de segunda clase,  y es necesario viajar con correa y bozal. Este verano 2022 las dos compañías han sacado ofertas para viajar por muy poco con tus dueños.

En Italia he podido usar prácticamente todos los medios de transporte (metro, barco, autobús…) En La Toscana solo puedo hablaros de mi experiencia en el autobús de Florencia, ya que el resto de trayectos los hicimos con nuestro coche. El mejor sitio para aparcar gratis en la capital Toscana es el Piazzale Michelangelo, en la parte alta de la ciudad (además desde allí se obtienen las mejores vistas del mundo mundial). Tenéis dos opciones: bajar caminando y de paso disfrutar de las vistas o coger el autobús (lineas 12, 13 y 23 A/B o D) que os dejará en la estación de tren de Santa Maria Novella, que es lo que hicimos nosotros. El conductor no puso ninguna pega pero un pasajero nos advirtió que era obligatorio el uso de bozal (yo no llevaba, ni nos lo indicó el chófer ni vimos ningún cartel a bordo, pero según el pasajero los conductores » se callan» y si subía el revisor nos caía multa fijo… menos mal que hubo suerte). Por cierto, acabo de enterarme de que en Florencia han puesto tranvía, las normas de acceso son las mismas y no pagamos billete. Atener en cuenta que en todo el transporte público solo se admite un perro por pasajero. No me parece bien del todo, eh ¿Qué pasa con las familias perrinumerosas?.

La Toscana con perro: alojamientos y restaurantes

Como ya imaginaréis, también es sencillo encontrar hoteles, apartamentos y casas rurales en las que somos bien recibidos (una búsqueda aleatoria para las próximas semanas en Florencia me da nada menos que 277 hoteles disponibles que admiten mascotas…reguauuuuuu).

Cuando viajamos todos juntos preferimos los apartamentos o un alojamiento rural. Nosotros escogimos una casa en la que mi familia ha estado un montón de veces, La Miniera, en Montefollonico, la zona más al sur de Toscana y cerca de algunos de los pueblos más bonitos que podéis visitar.

 

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Jardín de La Miniera

La primera vez que mi familia viajó a La Toscana yo aun no había nacido, pero se quedaron en un agroturismo al norte de Florencia, en plena montaña (aseguran que dormían en agosto tapados con edredón) que también era dogfriendly. Las casitas tenían su pequeña parcela vallada, perfecto para que tu perrete esté todo el tiempo que quiera al aire libre. Se llama «I Nidi di Belforte». Lo único que hasta cualquiera de estos dos alojamientos tienes que llegar, si o si, en coche.

En cuanto a restaurantes que admitan perro en la Toscana, no puedo haceros muchas recomendaciones. En cualquier ciudad o pueblo seguro que encuentras alguna terraza en la que tomar un tentempié, que es lo que hacíamos nosotros al ser verano. Improvisar un picnic en un parque o cualquier paraje que os enamore es otra buena opción. En cualquier caso, hay un buen número de restaurantes que admiten perros, de todas las tallas (Echad un ojo en san Google como dice mi dueña: «ristoranti in Toscana animali ammessi»).

En Montefollonico comimos en 2 sitios: 13 Gobbi (tienen una preciosa terraza en el interior y sus dueños son amabilísimos) y La Botte Piena, donde también comimos muy bien y sin problemas por ir conmigo (este sitio es recomendable si a los humanos les gusta el vino, ya que también es una enoteca).

La Toscana con perro: las mejores visitas

Para todos los gustos: rutas a pie por sus colinas o viñedos, ciudades llenas de arte, pueblos de postal ¡E incluso una Abadía!. Te cuento las visitas que hicimos en nuestro viaje, pero también todas las novedades que hemos descubierto para que disfrutes de tu estancia en la Toscana con perro.

Florencia y alrededores con tu perro

En Florencia podrás simplemente disfrutar de esta ciudad que se considera «un museo a cielo abierto». Está claro que si tu familia quiere entrar a visitar lugares como la Catedral etc, tendrán que turnarse (es lo que suele hacer la mía) o buscar un servicio de guardería (hay varios portales web que ofrecen estos servicios como Tuscan Hound, Petme Firenze o Bau – il circolo delle coccole) No puedo hablaros de mi experiencia porque no hemos usado nunca estos servicios.

Tengo que decir que me recibieron muy bien en los comercios donde mi dueña entró a curiosear o comprar alguna cosa. Nosotros siempre preguntamos si puedo entrar (bueno, ellos, yo solo pongo cara de bueno) pero en muchos sitios nos invitaron  a hacerlo sin que fuese necesario.

Lo que sí encontraréis en Florencia son muchos parques y zonas verdes en las hay habilitadas áreas caninas o que puedes visitar en familia (podéis localizarlas haciendo una búsqueda en Google maps «area cani a firenze») Yo no lo he visitado pero parece ser que el Orto Botánico, en el centro de Florencia, admite perros y a solo 10 kilómetros encontraréis el Parco Mediceo de Pratolino que merece mucho la pena conocer, lleno de grutas, fuentes y esculturas de seres fantásticos.

Al norte de Florencia, la ciudad de Lucca es suuuuper dogfriendly, tanto por la cantidad de zonas verdes y parques (el Jardín Botánico tiene nada menos que 2 hectáreas de terreno. Obligatorio ir con correa) como por algunas visitas culturales disponibles. Eso sí, en muchas solo admiten perros de talla pequeña en brazos o transportín (por ejemplo el museo Puccini, dedicado al compositor). No hice ninguna de estas visitas pero os dejo información, me han parecido muuuy interesantes: algunas villas (solo exteriores) como la Villa Grabau, o la Villa Reale di Marlia en Capannori.

Los pueblos más bonitos de la Toscana con perro

Si lo que os gusta es visitar pueblos bonitos, en la Toscana los hay a montones, seguramente de entre los más bonitos de Italia. Tanto en la zona del Chianti, y especialmente en la Val d’Orcia, bien merece la pena hacer una parada para conocerlos.

 

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los pueblos de la Toscana son taaan reguau

 

No podéis perderos Pienza y sus alrededores, y dar un precioso paseo hasta la Capilla de Vitaleta. En Pienza pude entrar en muchos comercios, a comprar souvenirs y también en una heladería…ñam (os diría el nombre pero no me acuerdo).

 

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Val d’Orcia. Al fondo, la Capilla de Vitaleta

 

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¡Llegamos hasta la Capilla!

 

Desde hace poco (yo visité la Toscana hace ya algunos años) los perros somos bienvenidos y podemos corretear sueltos en el Parco Botanico del Chianti que está en el término municipal de Barberino d’Elsa.

En Montefollonico, donde nos alojábamos, y aunque la casa tiene un pequeño jardín (ya os he puesto foto, eh) me encantaba ir al parque del pueblo, junto a la iglesia del Triano. Es un lugar muy curioso ya que hay un montón de rocas con formas de animales. ¡No vi ningún perro de piedra, de los otros si jeje, pero vi un elefante y un cocodrilo!

Rutas a pie y trekking en la Toscana con perro

Recorrer la campiña toscana en compañía de tu perro es un buen plan. Tienes la opción de completar alguna etapa de la Vía Francigena, un camino de peregrinación histórico, como el Camino de Santiago, que parte de Canterbury, recorre Inglaterra, Francia, Suiza e Italia, y finaliza en El Vaticano. Varias de esas etapas discurren por La Toscana.

 

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Fin de etapa de la Vía Francigena

 

Si estáis acostumbrados a hacer trekking con vuestra familia, en la App «Cane in viaggio» encontraréis muchas ideas. si preferís hacer senderismo más «moderado» he encontrado esta web que me parece la bomba.

 

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Cualquier sitio es bueno para caminar o pasear en la Toscana

Un entorno precioso para hacer senderismo es el que rodea a la Abadía de Sant’Antimo (por aquí discurre también la Vía Francigena). Podéis hacer una ruta circular desde la Abadía hasta Montalcino (y regreso) , poco más de 10 km con un nivel de dificultad muy bajo.

 

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Abadía de Sant’Antimo

La Abadía de San Galgano: un lugar sorprendente

A unos 30 km de Siena, inmerso en la campiña toscana, se encuentra esta majestuosa Abadía, bueno en realidad sus ruinas, ya que ha perdido el tejado y en lugar del pavimento crece la hierba. Es un sitio muy, muy especial que además es 100% dogfriendly. ¿Veis como, además de pueblos y parques, hay visitas culturales para hacer todos juntos?.

 

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Abadía de san Galgano

 

La Abadía se encuentra en el municipio de Chiusdino y es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura gótica-cisterciense de Italia. San Galgano fue un caballero, nacido en esta población,  que decidió convertirse en eremita. Junto a la Abadía se puede visitar el Eremitorio de Montesiepi. Ahí no pude entrar pero mi dueña asegura que en su interior hay una espada clavada en la roca (si, como la del Rey Arturo) sobre la que circulan muchas leyendas. Mientras , yo aproveché para dar un paseo por los alrededores, que también merecen mucho la pena.

 

Exterior de la Abadía de San Galgano

Playas caninas en la Toscana

Si lo tuyo es la playa, no vas a tener problema: hay un montón para ir con tu perro en la Toscana. Ojo, peludos y humanos, que los arenales en Italia son privados en su mayoría. Cuentan, eso si, con servicios de todo tipo y no tendrás que cargar con sombrilla, tumbonas o sillas pero no tienen nada que ver con las playas en España (ni en otros lugares). En algunas podéis encontrar una zona «libre» o gratuita pero es taaan pequeña que apenas queda espacio. Como curiosidad, os diré que en la mayoría os ponen bebederos, hay chiringuitos de comida perruna e incluso tienen veterinario por si hay una emergencia. En algunas podéis correr y bañaros libremente a cualquier hora, otras establecen obligatoriedad de correa u horarios de baño acotados (estas últimas muy dogfriendly no me parecen grrrr). En cualquier caso no puedo hablaros de experiencias en primera persona, ya que nosotros preferimos la campiña toscana a la costa. Os dejo esta web que he encontrado donde además figuran lagos y ríos en los que podemos refrescarnos.

¿Algún peludo por aquí ha visitado las playas de la Toscana? En ese caso, me encantaría que nos contase qué le han parecido. ¡Puedes dejar un comentario! Un lametón enorme para todos.

 

Tu primer viaje a la Toscana: lugares imprescindibles

Ruta por la Toscana para no iniciados:

el viaje que todo el mundo quisiera hacer

¿Quién no ha soñado alguna vez con viajar a la Toscana? Pronunciar su nombre evoca las imágenes idealizadas  que aparecen en las guías de viaje, los pueblos de postal, los paisajes de suaves colinas y las carreteras de curvas sinuosas flanqueadas por los cipreses, tantas veces recorridas en películas comerciales como “Bajo el sol de la Toscana” o “Cartas a Julieta”.

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Aquí se rodó Gladiator

Uno imagina los vastos viñedos del Chianti, las casonas imponentes que albergan algunas de las bodegas más famosas y los vinos más caros de Italia, o las ciudades del arte como Florencia o, por qué no, suspira por ver la famosa Torre inclinada de Pisa, e inevitablemente siente el deseo de partir.

En ocasiones más de uno se pregunta si de verdad esos lugares existen y si son tan bellos como en la gran pantalla. Y es que la Toscana posee un encanto natural que la convierte en un inmenso plató. No en vano ha sido escenario de célebres rodajes como “La vida es bella”, “Gladiator” o la oscarizada “El paciente inglés”.

La región toscana: la diversidad de sus 10 provincias

Con una extensión relativamente pequeña, comparable a la de la Comunidad Valenciana, lo primero que sorprende al viajero es la disparidad de paisajes que encuentra recorriendo cada una de las diez provincias que conforman esta región.

Desde las canteras de mármol de Massa Carrara, al norte, junto a las poblaciones costeras de Livorno o las reservas naturales de la Maremma, en la provincia de Grosseto, a los bosques del Casentino, en los límites con la Región de Emilia-Romagna o bien al Norte de Florencia, en las  menos visitadas provincias de Pistoia y Prato, vecinas de Lucca y la célebre Pisa.

Pocos lugares sorprenden tanto como  los paisajes lunares de “Le Crete Senesi” en la provincia de Siena, que contrastan con las extensiones de viñedos del Chianti, entre esta última y Florencia. Los valles, que en italiano tienen nombre femenino, desde la Val d’Elsa , la di Chiana, a la d’Orcia, compiten en belleza y nos sugieren un itinerario perfecto «de Valle a Valle».

Tan distintas las ciudades construidas con tufo volcánico (o toba), como Pitigliano, Sorano y Sovana, rodeadas de los enterramientos y las termas desde el tiempo de los Etruscos. Las murallas, presentes por doquier, en tantas poblaciones coronadas de torres y restos de fortificaciones, testigos de épocas convulsas y rivalidades históricas.

Y las islas, claro, porque la Toscana posee un archipiélago propio. Algunas célebres como la de Elba, lugar de exilio para Napoleón, o la de Giglio, desgraciadamente conocida por el trágico naufragio del Costa Concordia el 13 de enero de 2012. Sucesos pasados o recientes aparte poseen, como toda la región, vestigios de la influencia  y el mecenazgo cultural de los Medici, pero también una diversidad de especies  que ha convertido a este archipiélago en el Parque Nacional marino más grande de Europa.

Como curiosidad ¿Sabíais que la famosa isla de Montecristo, que aparece en la novela de Alejandro Dumas, se encuentra aquí? Aunque las visitas a la misma están restringidas. Es necesario un permiso, y tan sólo 1000 personas pueden acceder a ella cada año.

Qué ver y hacer en tu primer viaje a la Toscana

Incluso si ya se ha visitado anteriormente, siempre quedará algo por conocer, descubrir o admirar. Cuando me preguntan, siempre respondo lo mismo: no hay un único viaje a la Toscana pero todos están en ella. Si la pregunta que surge es ¿Cuantos días necesito para conocer la Toscana? mi respuesta es «todos de los que dispongas», aunque en nuestra primera vez fueron dos semanas.

Hay un viaje para los amantes del arte, o para los aficionados a la fotografía, para los apasionados del enoturismo o del slow food – ese movimiento que surgió en Italia y que promueve el placer en la mesa, la sostenibilidad a través de los productos locales, y el conocimiento- y que en Toscana se practica tan bien.

¿Y por qué no un poco de todo?- se preguntará el viajero-. Es una idea perfecta que, además, contentará a todo el mundo si el viaje se hace en compañía.

Los lugares Patrimonio de la UNESCO

Florencia, y su centro histórico, fue el primero de los lugares de la Toscana declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Se dice que la ciudad es un auténtico museo al aire libre y, más allá de lo manido de la frase, es absolutamente cierto.

 

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Si se dispone de tiempo para visitarla durante varios días, los amantes del arte disfrutarán de una de las pinacotecas más importantes del mundo «Le Gallerie degli Uffici». Giotto, Michelangelo, Leonardo, Caravaggio y los grandes maestros de la pintura flamenca- por citar solo algunos- comparten espacio con las esculturas que pertenecieron a los Medici.

 

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Galerie degli Uffici

 

Más allá de los imprescindibles en las guías, como la Catedral y su cúpula de Brunelleschi, o la imponente escultura del David de Miguel Angel, es  recomendable la visita a alguna de sus iglesias:  La Santa Croce o Santa Maria Novella,  pero también otras menos conocidas que encierran grandes tesoros , como la del Carmen, en el barrio de Oltrarno (al otro lado del Río Arno) en la que visitar, previa reserva, los imponentes frescos de la Capilla Brancacci.

 

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Capella Brancacci

 

Para los no iniciados en el mundo del arte, la ciudad ofrece un ambiente bullicioso durante el día- quizá en exceso. Los mercados, el central con sus puestos de frutas y verduras, y el de San Lorenzo para comprar -previo regateo- ropa o bolsos de cuero, siempre son buena opción.

Cuando el sol se pone, Florencia regala uno de los atardeceres más bellos jamás contemplados, sobre el Ponte Vecchio- símbolo de la ciudad. El Ponte della Trinità y el Piazzale Michelangelo son los mejores puntos desde los que  inmortalizar el momento.

Sienaeterna rival de Florencia, con la que combatió durante siglos, posee un inmenso patrimonio artístico medieval y gótico. Si debo ser sincera, es mi ciudad favorita en la Toscana, sobre todo por ser poseedora de un carácter propio, seguramente herencia de los siglos durante los que fue una República.

 

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Piazza del Campo

Su división en 17 barrios gremiales, o Contradas, permanece y con ella una de las fiestas más conocidas internacionalmente: Il Palio, la carrera de caballos más peligrosa y emocionante del mundo que tiene lugar en su famosa Piazza del Campo. Si hay un «imprescindible» es visitar esta ciudad un 2 de junio o un 16 de Agosto.

Pisa. Al igual que las anteriores, su Piazza del Duomo, más conocida como Campo dei Miracoli, forma parte del Patrimonio UNESCO. Si no sois unos forofos del arte, la visita es prescindible, y la foto sosteniendo la Torre inclinada evitable.

 

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Campo dei Miracoli, mucho más que la torre inclinada

Descubrir el resto de la ciudad o visitar la cercana Lucca puede ser una alternativa excelente. A medio camino entre Lucca y Florencia, una parada en la ciudad de Vinci, cuna de Leonardo, es de lo más recomendable.

 

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Lucca

Pienza. Esta pequeña ciudad en la provincia de Siena, está considerada la ciudad ideal según los cánones renacentistas, por el trazado de sus calles, su Catedral o el Palazzo Piccolimini entre otros.

Imprescindible recorrer el paseo de sus murallas, que se asoman a la belleza indescriptible de la Val d’Orcia. Disfrutar de su excelente gastronomía, o comprar el mejor queso pecorino (de oveja) de la zona, se suman a la lista de imprescindibles.

La Val d’Orcia fue declarada en su conjunto, patrimonio de la UNESCO en el 2004 por la belleza de sus paisajes, que inspiró a tantos artistas desde la Edad media.

 

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Val D’Orcia

 

Desde Montepulciano a Montalcino, visitando Pienza y San Quirico d’Orcia, las suaves colinas por las que se conoce a la Toscana, se encuentran en realidad aquí. Este valle único merece mucho más que una visita fugaz en un primer viaje a Toscana. Recorrerlo en primavera es una experiencia única y un regalo para la vista. Pero si el tiempo es muy limitado no descartéis regresar. Nosotros lo hicimos, tal como os contamos en nuestro roadtrip.

 

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Vistas de Montepulciano

Menos visitadas quizá son poblaciones como Castiglione d’Orcia o Radicofani, cada una con sus respectiva  «Rocca» (Fortaleza defensiva) y que, lejos de quedar relegadas a un segundo plano, deberían formar parte de este viaje.

San Gimignano, conocida como la Manhattan medieval por sus altísimas torres (72, de las que se conservan 13) Es un (im)prescindible por la  afluencia de turismo masiva, aunque su Catedral y su pinacoteca contienen obras maestras de Ghirlandaio, Pinturicchio o Filippino Lippi.

Las Villas y jardines mediceos. Las villas que, en el entorno rural de Florencia, fueron propiedad de la familia Medici, entre los siglos XV y XVII, han sido la última incorporación al listado UNESCO. Merece la pena la visita a alguno de los 14 lugares, entre villas y jardines, que la conforman, como la Villa de Fiesole o la Villa Demidoff (o Parque de Pratolino) con sus imponentes fuentes y esculturas.

 

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Villa Mansi, en Capannori ¡Conoce la leyenda de Lucinda Mansi!

Viaje a la Toscana: vive experiencias únicas (y de propina, un consejo)

Una cata de vino en el Chianti, recorriendo la carretera regional 222, acompañando una de las mejores «bistecas fiorentinas» en Panzano in Chianti, o descubrir  denominaciones como el vino Nobile de Montepulciano,  el Brunello de Montalcino y el Vernaccia de San Gimignano.

Un baño en las termas naturales de Bagni San Filippo y su famosa «ballena blanca» o las más espectaculares «Cascate» de Saturnia (Provincia de Grosseto) ambas al aire libre y gratuitas.

Contemplar un cielo estrellado como pocas veces habréis visto, salpicado de luciérnagas, alojados en coquetos agroturismos o casas rurales, para todos los gustos y bolsillos, mejor cuanto más pequeño y menos conocido el pueblo.

Recorrer la Toscana es deslizarse entre las ondulantes colinas, entre viñedos y cipreses. Es perderse entre las curvas imposibles de las carreteras locales y parar en cualquier lugar. Porque cada rincón, cada colina coronada por hermosos casolares , entre el trigo, la vid o los olivos, merecen una parte de nuestro tiempo.

 

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Alquila el mítico Cinquecento para tu roadtrip

 

Huid de los imprescindibles y escoged los vuestros propios. Probad a olvidaros del reloj y nunca os aflijáis porque, por muchas veces que regreséis, siempre os quedará esa sensación de que faltó tiempo, que quedó algo pendiente, por ver o hacer. 

Sólo un consejo, que no pretende serlo: «Recordad que es en el camino, en el descubrimiento, dónde encontraréis la verdadera esencia de vuestro viaje a la Toscana»

PD: si después de leer este post aún te quedan dudas sobre cómo organizar tu primer viaje a la Toscana, te invito a dejar un comentario e intentaré resolverlas. ¡Buon viaggio!

Pitigliano, Sorano y Sovana

Pitigliano me regaló una historia ¿quieres conocerla?

Tan sólo una breve inscripción: «Soldato Capecchi Cesare, morto il 29-5-1917». Ni una lápida, ni monumento funerario alguno. Las flores frescas que me dicen que alguien le recuerda y, junto a él, otros soldados muertos durante la primera guerra mundial. A pocos metros una enorme ancla, erigida en memoria a los desaparecidos en el mar. Rebobino una y otra vez la cinta de la videocámara (si, han pasado unos años, y entonces las videocámaras no eran digitales) intentando percibir algún detalle más de aquel lugar inesperado, pero sólo veo flores. Flores hermosas junto a cada uno de los nombres y fechas, junto a la raiz de los árboles que rodean la verja de este cementerio, y tras la misma verja austera de hierro.

Vuelve la lluvia insistente, que no nos abandona  en esta mañana de marzo. De camino desde Sorano, donde el tiempo apenas nos ha dado un respiro para recorrer sus callejuelas, repletas de talleres en los que los artesanos trabajan la madera del olivo (aún conservo, tras muchos años y mudanzas, un tapón para el vino en forma de gato), nos hemos cruzado con algún grupo de osados excursionistas pertrechados con chubasqueros y botas, a la búsqueda, cual valientes aventureros, de la multitud de excavaciones y tumbas etruscas. Es en los alrededores de Sovana donde se encuentran la mayor parte de las Necrópolis.

Aparcamos, carretera arriba, al llegar a Pitigliano,  que se divisa confundiéndose, mimetizado, con la roca. Encontramos de camino este lugar para el recuerdo, y no me parece un lugar triste ni oscuro, a pesar del día gris.

Son estos lugares inesperados los que dan verdadero sentido a mi viaje. Viajar debiera ser descubrir y contemplar sin previo aviso, pero sin mirar el reloj o el calendario. Así que en realidad somos meros visitantes, ocasionales, que debemos conformarnos con lo que un día o unas horas dan de sí. Con todo, no dejéis por ello de visitar esta zona de la Toscana, en la provincia de Grosseto, aunque sea en una breve escapada por la zona más al sur de la región, tal como hicimos nosotros.

pitigliano

Llegando a la ciudad leo: » Pitigliano, la cittá del tufo». Como supongo que lo del tufo no se refiere a ningún mal olor, pregunto en cuanto tengo ocasión por el significado de esta palabra. Para intentar combatir el frío y la humedad que nos cala hasta los huesos, entramos en un pequeño bar buscando un café caliente. Lo encontramos nada más atravesar la puerta de acceso a la ciudad, en la Piazza garibaldi, y si la memoria no me confunde, cosa que no sería de extrañar, es el » Caffe del Teatro».  El local esta repleto de fotos de Valentino Rossi y otros pilotos de motociclismo, así como de multitud de recuerdos y más fotos de su dueño, un viejo motero. Cuando le pregunto «qué es el tufo», golpea con el puño las paredes del local. «Esto es el tufo», señala, y me explica que es la roca de la que está construída la ciudad. Es una roca volcánica, muy porosa, en realidad formada por cenizas y otros sedimentos que fueron quedando tras las erupciones.

De modo inesperado, acabo de conocer el nombre de aquel propietario apasionado de las motos. Se llamaba Marco y por lo que he podido saber, al menos en 2015, ya no regentaba el local y se había mudado a Piancastagnaio, en la provincia de Siena. También que después de esta fecha, aunque no se cuándo exactamente, el Caffe del Teatro  ha cerrado.

En la entrada del Palazzo Orsini hay un pozo de mármol travertino. No recuerdo exactamente cual es la leyenda pero,  como ya podréis imaginar,  hay que cumplir con el ritual de echar unas monedas en su interior. Fue residencia de los condes de Pitigliano y Sorano y hoy en día sede del obispado. En su interior, el Museo arqueológico y el Museo del Palacio junto a la biblioteca y el archivo diocesano.

 

Recorremos las estrechas callejuelas, donde abundan los comercios de artesanía en madera de olivo y llegamos hasta el ghetto. Pitigliano acogió desde el siglo XVI una numerosa comunidad judía, hasta un diez por ciento de sus habitantes, que tuvo una excelente convivencia con el resto de la población.  Se creó la Universidad Hebraica de Pitigliano y,  durante la ocupación nazi,  los vecinos de ésta ciudad y de otras conlindantes dieron cobijo a numerosos judíos. Se ha restaurado la Sinagoga, el horno Kosher y el cementerio hebraico.

La lluvia no da tregua, se puede oir el sonido de nuestros pies dentro de los zapatos… chof, chof. Acudimos a una pequeña trattoria, «Cotto e crudo», recomendada por nuestro amigo el motero, no es ninguna de las que figuran en las guías de viaje. El local es pequeño, con apenas capacidad para 15 comensales, con los techos abovedados,  como tantos en la Toscana. Para combatir el frío me decido por una zuppa di farro. Mi anterior viaje a Toscana fue en el mes de agosto y este plato invernal y contundente no era entonces el más apropiado. El farro es un cereal, de grano más pequeño que el trigo. Con él se elaboran numerosas pastas y esta famosa receta,  similar a un potaje, con sus tropiezos de chorizo, panceta… perfecto para «animar» el cuerpo.

El local continúa abierto, con una hermosa terraza en la que comer si el tiempo lo permite, en la Piazza della Reppublica y frente al Castello Orsini.

 

pitigliano

Una vez más se reafirma mi opinión de que hay tantos lugares bellos en esta región que quedan eclipsados por la fama de otros. Pero también es cierto que descubrirlos es una bendición para nosotros. Pasear por sus calles casi desiertas, compartir la barra de un café con los vecinos, y entrar en un restaurante donde sólo encontramos a algún cliente local es muy agradable. Sólo espero regresar a Pitigliano e intentar no sentirme como una visitante. Sentarme a contemplar como la ciudad se confunde con la roca, como una eterna viajera, sin mirar el reloj, quizá delante de su nombre… soldato Capecchi Cesare. Y poder conocer, y contaros por fin, su historia.

Radicofani, una joya oculta en la Val d’Orcia

Radicofani,  20 de marzo de 2008. Recuerdo la fecha exacta porque el día anterior habíamos llegado con cierto retraso, debido a un problema en nuestro vuelo, así que tuvimos que postergar nuestros planes de acercarnos hasta Siena en una fiesta tan señalada como San Giuseppe. Amanece apenas en Radicofani (Siena), y los copos leves, suaves, casi imperceptibles, se confunden con el humo de las chimeneas…será ceniza- comenta alguien. Salimos a la calle y el viento helado nos despierta del todo, mientras sonreímos, como niños, cuando la nieve nos salpica la ropa. Caminamos por la estrechísima Via del Moro, donde se ubica nuestro apartamento «Bellavista»; muy acertado el nombre pues desde la ventana se descubre el paisaje de la Val D’Orcia, en este pequeñísimo Borgo elevado mas de 800 metros por encima del nivel del mar. Como ya os contamos en otro post, Roberto, el propietario, se encargó personalmente de su restauración, en un edificio que data del siglo XIII.
radicofani val d'orcia

 

Este pueblo medieval, no tan conocido como otros en el Valle, posee un encanto y una belleza irresistibles. Visible desde la carretera mucho antes de llegar, destaca la Rocca, el castillo que vigila todo su entorno y donde se atrincheró su héroe local, Ghino di Tacco. Perteneciente a una de las familias de la aristocracia de Siena, en el S.XIII se convirtió en una especie de «Robin Hood» en la Toscana, de hecho encontraréis una estatua en su honor en una de las calles que circunvala la población, una vez se deja atrás la Iglesia parroquial de San Pedro . La Iglesia, construida entre los siglos X y XI, y  declarada monumento nacional, contiene una escultura de la Anunciación, obra de Andrea della Robbia.

 

Radicofani

Marina decidida a unirse a la banda de Ghino di Tacco

Radicofani huele a leña, que se quema en las chimeneas y estufas de esas casas antiquísimas. Los techos, me he fijado en nuestro apartamento y no he podido evitar el «fisgar» a través de las ventanas y balcones abiertos, se cubren de ladrillo refractario entre las vigas de madera.
Pero si hay un aroma que no he podido olvidar es el del pan recién hecho en el horno del pueblo. Pan cocido en la leña, que huele a pan, que sabe a pan, y junto a éste pizza, bizcochos y otras delicias irresistibles. Pedimos «pane salato» porque de lo contrario el pan toscano es soso, me costó averiguarlo en nuestro primer viaje a Toscana y fue de casualidad; en un horno de Pienza pedí pan y me dijeron que «sólo les quedaba salado». Escondido en el Vicolo del Teatro, junto al horno, uno de esos estupendos alimentaris que tanto me gustan en Italia, «Pane e companatico», donde compramos un buen pecorino, embutidos y paté casero para preparar los opíparos desayunos que uno sólo puede permitirse cuando está de vacaciones. La amabilísima propietaria nos ofrece degustarlos cada día al hacer la compra.
Estamos pendientes del tiempo, y buscamos en las noticias de televisión la manera de averiguar el estado de las carreteras. Cuando llega Roberto nos dice que en Montepulciano no hay nieve pero que en otras poblaciones del Val D’Orcia, más cercanas a los Montes Amiata, es dificil circular; así que cambiamos la ruta prevista para ese día esperando que el tiempo mejore. De hecho, en los días siguientes, cuando visitamos  Bagno Vignoni o Castiglione D’Orcia, nos encontramos con bellas estampas propias de una postal navideña y no de esa primavera que acaba de estrenarse en el calendario.

Inolvidable la belleza de las calles empedradas, de la puerta en su muralla, de la tranquilidad que sólo se verá levemente alterada cuando a partir del sábado de Pascua las familias lleguen al pueblo para reunirse con padres, abuelos o tíos. En la noche de Viernes Santo, la procesión con el Cristo crucificado recorre las calles de Radicofani, acompañada de la banda de música.Su Semana santa ha sido declarada como una de las más bellas de Italia (en el séptimo puesto según el portal Skyscanner) y precisamente esta procesión de Viernes Santo es la más antigua de toda la Toscana.

En las pastelerias se preparan los dulces típicos de estas fiestas, entre ellos un bollo (la schiacciata de Pascua)  que se comparte en las meriendas campestres el domingo de Pascua y también el lunes, que en Italia se celebra y conoce como «la Pasquetta».

En Radicofani, mucho más que en otros lugares de la Toscana en los que  quizá estén un poco cansados del exceso de visitantes, la gente es amable y comunicativa. Marina acudía al «internet point», de conexión lenta e imposible, a su vez tienda de informática y de revelado fotográfico, donde Niccola y los pocos jóvenes que se ven por el pueblo se reúnen para charlar. Uno de ellos nos muestra orgulloso la foto de una de esas vacas de raza autóctona de tamaño descomunal; nos dice el peso del animal, no lo recuerdo, pero quedamos impresionados. Nos habla en italiano a veces demasiado rápido para nosotros.
Guardo hermoso recuerdos de esos días, de las estupendas pizzas que Mateo nos servía en «Il Pana», y del limoncello al que nos invitaba al terminar la cena; y del magnífico restaurante «La Grotta» -acudimos siguiendo la recomendación de Roberto-  donde comimos la mejor lasagna ai funghi (setas) que he probado hasta ahora, acompañada del estupendo vino de la casa que sirven, y los irresistibles dulces a la hora del postre, tarta millefoglie o tiramisú elaborados en la pastelería del pueblo.

 

Nada nos hacía sospechar que aquella iba a ser una blanca primavera en la Toscana; nuestra esperanza era poder vislumbrar las primeras flores salpicando el verde en los alrededores de Siena. Pero aquello fue lo que nos encontramos… por si acaso, la última noche antes de partir bajamos el coche desde la calle empinada que rodea la muralla y lo aparcamos en la parte baja. Menos mal, porque aquella noche nevó copiosamente. Lo último  que recuerdo es la imagen de los toldos y mesitas de la terraza del bar, a la entrada del pueblo, cubiertos por un grueso manto blanco cuando apenas amanecía.

 

Radicofani Rocca Val d'orcia

La Roca de Radicofani, que cada noche velaba nuestro sueño, nos hacía imaginar grandes gestas junto al héroe Ghino di Tacco. Es una lástima que Roberto ya no alquile su casa, la que por unos días sentí como propia, para poder regresar a ese rincón soñado, lejos del turismo bullicioso, donde perderme entre las curvas, pronunciadísimas, de las carreteras; dejarme engullir por los campos donde crece el grano duro, ese que da sabor y textura diferentes y únicos a la pasta, para buscar la sombra, aunque sea estrecha y alargada, de los cipreses que coronan las colinas.

Roadtrip por el sur de La Toscana: 5 días en la Val d’Orcia

Alquilar un coche es la mejor opción para recorrer lentamente la mágica y única Val d’Orcia, al sur de la Toscana. Nosotros, que ya conocíamos bastante bien la región, queríamos regresar a esta zona en concreto. Nuestro primer viaje fue en verano, cuando las colinas de la Val d’Orcia se asemejan más a las dunas en un árido desierto, así que estábamos ansiosos por descubrirlas con el verde intenso del trigo sembrado.

Si disponéis al menos de 5 días, os proponemos un recorrido, tal y como hicimos nosotros, para descubrir los lugares más famosos pero también otros menos conocidos.

Alquilamos un coche familiar en Roma, porque allí es donde aterrizamos, y viajábamos 5 personas. Podéis comparar precios y escoger lo que mejor se adapte a vuestras necesidades en esta web. Depende de vuestro aeropuerto de salida quizá tengáis disponibles vuelos a Florencia o Pisa.

La Val d’Orcia patrimonio de la Humanidad

En el año 2004 entra a formar parte de los lugares Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Los criterios: «la Val d’Orcia es un reflejo de la forma en la que se reescribió el paisaje para reflejar los ideales del buen gobierno y para crear imágenes estéticamente agradables». De hecho, la bellísima ciudad de Pienza se considera la ciudad ideal según los cánones renacentistas.
La orografía de la Val d’Orcia resulta inconfundible. Sobre las cumbres, pequeñas cumbres de las colinas, los «Podere» (granjas o caseríos) vigilan un paisaje infinito, como faros lejos del mar que guían nuestros pasos. Las hileras de cipreses nos conducen hasta ellos… ¡Cómo si fuese posible perderse en el camino!.

Recuerdo perfectamente aquel primer día de nuestro viaje:  en el cielo había tan sólo algunas nubes, las pocas que no había podido arrastrar una lluvia aun reciente.

Es uno de tantos parajes que encontraréis a lo largo de la «strada statale» 146 que al llegar a San Quirico d’Orcia confluye con la Via Cassia, antiquísima calzada que parte de Roma hacia la Toscana, y que nos permite descubrir algunos de los rincones mágicos de esta región.

Alojarse en la Val d’Orcia

Escogimos uno de los lugares seguramente menos conocidos de la zona, con las ventajas que ello conlleva: tranquilidad, precios más contenidos y nada de aglomeraciones ni masas de turistas.

Radicofani Val d'Orcia

Radicofani es un precioso pueblo amurallado en la zona más al sur de Toscana, en la provincia de Siena. El apartamento en el que nos alojamos, en la estrechísima Via del Moro, se llamaba «Bellavista» -muy acertado el nombre- pues desde la ventana se descubría el paisaje de la Val D’Orcia. Roberto, el propietario, se había encargado por completo de su restauración. Desgraciadamente Roberto ya no alquila el apartamento (quisimos regresar en otra ocasión y no fue posible).

Precisamente por eso, él fue quien nos facilitó el contacto de la que ya consideramos nuestra casa en Toscana, a poco más de 40 kilómetros de allí, en la no menos hermosa localidad de Montefollonico.

Descubrir la Val d’Orcia

Con la comodidad y la libertad de viajar a tu aire en coche, os proponemos algunos de los lugares que nos gustó descubrir en este segundo viaje a Toscana.

Por supuesto, es «obligatorio» visitar localidades como Pienza y seguir ruta hasta San Quirico d’Orcia o la encantadora localidad de Montalcino, famosa por sus vinos. Os permitirá disfrutar del idílico paisaje de colinas y cipreses y hacer algunas de las fotos más famosas de la Toscana. El único inconveniente que podéis encontrar es que haya un exceso de turismo pero ¡qué se le va a hacer!

Siguiendo esta ruta os proponemos que os desviéis un ratito para visitar el antiguo monasterio de Sant’Anna in Camprena, perteneciente a la orden de los Benedictinos en el siglo XV, convertido hoy en un hotel. El lugar es conocido porque allí se rodó la película, protagonizada por Juliette Binoche y Ralph Fiennes, «El paciente inglés». También en los alrededores se obtuvieron algunos de los más bellos paisajes de «Gladiator». Pero, por encima de todo, el lugar invita a quedarse, a disfrutar de la paz y el silencio de las antiguas celdas, a contemplar el paraje apartado y solitario, a pesar de que tan sólo 6 kilómetros nos separan de la bella, turística y más concurrida ciudad de Pienza.

Muy cerca de allí, la serpenteante carretera que sube a Monticchiello, os recordará inevitablemente a la imagen de la publicidad de una famosa marca de pasta y pizzas italiana.

Abandonamos las sinuosas colinas que rodean a Pienza y San Quirico para dirigirnos hacia el más agreste paisaje que rodea el Monte Amiata, parque nacional, de origen volcánico. En este recorrido encontramos numerosas fuentes termales, cuyos beneficios descubrieron ya los etruscos, muchos siglos antes de que llegara la moda de los «spa».

» Vietato il bagno» (prohibido el baño), se nos advierte ante la enorme piscina de aguas sulfurosas que ocupa la piazza en Bagno Vignoni, donde se reflejan las casas de piedra, bellas y austeras, que la rodean. Lorenzo de Medici y Santa Catalina de Siena encontraron alivio para sus enfermedades en estas aguas y hoy algunos pueden hacerlo en los hoteles-centros termales abiertos al público.

En Bagni San Filippo seguimos el sendero (indicado) que nos dirige hasta el fosso bianco, donde la enorme roca calcárea que parece cubierta de nieve perpetua y que algunos llaman «la ballena blanca», se yergue sobre las pozas de agua que pueden alcanzar los 52 grados. La primera vez que contemplé este paraje fue en una película, de tan pésima calidad que ni siquiera recuerdo su título, creo que relataba la experiencia de un escritor americano falto de inspiración, y quedé tan impresionada por el lugar que me prometí visitarlo en cuanto tuviese ocasión.

Bagni San Filippo Val d'Orcia

Un gato gordo y perezoso dormita sobre el empedrado de la Piazza il Vecchietta, en Castiglione d’Orcia, cuyo nombre hace honor al pintor y escultor Lorenzo di Pietro. Marina persigue al manso felino con su cámara, mientras él parece gozoso de posar ofreciendo su panza a las caricias y mimos. Busca un lugar privilegiado al sol, junto al pozo de mármol travertino, de 1618, que preside la plaza silenciosa, frente al Palazzo Comunale.
Las callejuelas, estrechas y llenas de escaleras, nos conducen hasta otra plazuela, más animada por algunos niños y lugareños. Dos pequeñísimas mesas se disponen ante la entrada de «Il Ritrovino», bar, enoteca, alimentari… un local con escasas mesas en el que no nos resistimos a un café y una porción de tarta casera, bizcocho con almendra o chocolate. Curioseo en la alacena, que expone productos de agricultura biológica, mermeladas, salsas y farro, la primera vez que veo el grano utilizado en la famosa zuppa. Se asemeja al trigo, más pequeño, pero su sabor una vez cocinado es más parecido al de las lentejas, al menos en mi recuerdo.

Castiglione d'Orcia Val d'Orcia

Piazza il Vecchietta

La Roca de Tentennano, del siglo XIII, permanece para recordar un pasado de luchas entre Siena y Florencia, eternas rivales,  a quienes perteneció en unos u otros momentos de la historia, y en cuyos muros se refugió santa Catalina de Siena. Aunque parece ser que la suya fue sobre todo una misión de paz, intentando apaciguar a los señores de la Val d’Orcia, más allá de un simple retiro espiritual.
No es el único vestigio de las continuas luchas que vivieron estas tierras: la posición estratégica de algunos «borgos», amurallados una gran mayoría, y los restos de otras torres o fortalezas son buen ejemplo del espíritu duro y orgulloso de quienes los poblaron desde hace siglos.

Si os adentráis en el Parque natural del Amiata encontraréis pequeñísimos pueblos que os recordarán donde estáis pero no por su orografía ni paisaje (nada de colinas ni cipreses) Nombres como Vivo d’Orcia, Campliglia d’Orcia, o Ripa d’Orcia. Lugares con encanto que no aparecerán en la mayoría de las guías pero que os proporcionarán el placer de recorrerlos con absoluta tranquilidad y libres de turistas.

 

Qué visitar desde la Val d’orcia

Si disponéis de tiempo (al final todo depende del ritmo de cada uno) hay otras lugares muy interesantes que podéis visitar desde vuestro punto de partida en la Val d’Orcia. En 5 días y en modo «slow travel» os sugerimos algunos de nuestros lugares favoritos.

Siena

Eterna rival de Florencia, hasta el siglo XIV dominó la región. Su característica Piazza del Campo en la que se celebra cada año una de las fiestas más famosas del mundo, Il Palio,  y su Catedral (también Patrimonio de la Humanidad UNESCO) son solo algunos de los atractivos que ofrece. Los seneses se muestran orgullosos de serlo y , a pesar del turismo, la ciudad mantiene su caracter propio.

Tengo que confesar que es una de mis ciudades preferidas en Italia y que la hemos visitado en numerosas ocasiones.

Las ciudades del Tufo: Pitigliano, Sorano y Sovana

A unos 50 Km desde nuestro punto de partida (Radicofani) y ya en la provincia toscana de Grosseto, se encuentran estas tres localidades cuya característica es estar construidas, muchas de ellas excavadas en la propia roca, con el tufo, o toba volcánica.

Con una importantísima presencia de necrópolis etruscas en los alrededores, especialmente entre Sovana y Sorano, podéis hacer visitas guiadas (aunque nosotros desistimos porque aquel día llovía a mares)

Pitigliano es conocido como «la pequeña Jerusalén». La ciudad acogió desde el siglo XVI a una numerosa comunidad judía con la que se estableció una excelente convivencia. El Palazzo Orsini, la Sinagoga, y recorrer las callejuelas del antiguo barrio judío bien merecen una escapada.

Roadtrip Val d'Orcia

 

Si volvéis al aeropuerto de Roma, desde la Val d’Orcia, os sugerimos dos lugares de paso ,en los que deteneros, que seguro no os dejan indiferentes: la bellísima Orvieto, con su impresionante Catedral,  y Civita di Bagnoregio, la ciudad que muere (dicen que su terreno arcilloso se desmorona cada año)

Esta es la libertad que te proporciona conducir a tu aire con un coche de alquiler ¡Por muchos roadtrips más, viajeros!