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Soldato Capecchi Cesare

Tan sólo una breve inscripción: «Soldato Capecchi Cesare, morto il 29-5-1917». Ni una lápida, ni monumento funerario alguno. Las flores frescas que me dicen que alguien le recuerda y, junto a él, otros soldados muertos durante la primera guerra mundial. A pocos metros una enorme ancla, erigida en memoria a los desaparecidos en el mar. Rebobino una y otra vez la cinta de la videocámara (si, han pasado unos años, y entonces las videocámaras no eran digitales) intentando percibir algún detalle más de aquel lugar inesperado, pero sólo veo flores. Flores hermosas junto a cada uno de los nombres y fechas, junto a la raiz de los árboles que rodean la verja de este cementerio, y tras la misma verja austera de hierro.
Vuelve la lluvia insistente, que no nos abandona  en esta mañana de marzo. De camino desde Sorano, donde el tiempo apenas nos ha dado un respiro para recorrer sus callejuelas, repletas de talleres en los que los artesanos trabajan la madera del olivo (aún conservo, tras muchos años y mudanzas, un tapón para el vino en forma de gato), nos hemos cruzado con algún grupo de osados excursionistas pertrechados con chubasqueros y botas, a la búsqueda, cual valientes aventureros, de la multitud de excavaciones y tumbas etruscas. Es en los alrededores de Sovana donde se encuentran la mayor parte de las Necrópolis.
Aparcamos, carretera arriba, al llegar a Pitigliano,  que se divisa confundiéndose, mimetizado, con la roca. Encontramos de camino este lugar para el recuerdo, y no me parece un lugar triste ni oscuro, a pesar del día gris.
Son estos lugares inesperados los que dan verdadero sentido a mi viaje. Viajar debiera ser descubrir y contemplar sin previo aviso, pero sin mirar el reloj o el calendario. Así que en realidad somos meros visitantes, ocasionales, que debemos conformarnos con lo que un día o unas horas dan de sí. Con todo, no dejéis por ello de visitar esta zona de la Toscana, en la provincia de Grosseto, aunque sea en una breve escapada por la zona más al sur de la región, tal como hicimos nosotros.
pitigliano

Llegando a la ciudad leo: » Pitigliano, la cittá del tufo». Como supongo que lo del tufo no se refiere a ningún mal olor, pregunto en cuanto tengo ocasión por el significado de esta palabra. Para intentar combatir el frío y la humedad que nos cala hasta los huesos, entramos en un pequeño bar buscando un café caliente. Lo encontramos nada más atravesar la puerta de acceso a la ciudad, en la Piazza garibaldi, y si la memoria no me confunde, cosa que no sería de extrañar, es el » Caffe del Teatro».  El local esta repleto de fotos de Valentino Rossi y otros pilotos de motociclismo, así como de multitud de recuerdos y más fotos de su dueño, un viejo motero. Cuando le pregunto «qué es el tufo», golpea con el puño las paredes del local. «Esto es el tufo», señala, y me explica que es la roca de la que está construída la ciudad. Es una roca volcánica, muy porosa, en realidad formada por cenizas y otros sedimentos que fueron quedando tras las erupciones.

De modo inesperado, acabo de conocer el nombre de aquel propietario apasionado de las motos. Se llamaba Marco y por lo que he podido saber, al menos en 2015, ya no regentaba el local y se había mudado a Piancastagnaio, en la provincia de Siena. También que después de esta fecha, aunque no se cuándo exactamente, el Caffe del Teatro  ha cerrado.

En la entrada del Palazzo Orsini hay un pozo de mármol travertino. No recuerdo exactamente cual es la leyenda pero,  como ya podréis imaginar,  hay que cumplir con el ritual de echar unas monedas en su interior. Fue residencia de los condes de Pitigliano y Sorano y hoy en día sede del obispado. En su interior, el Museo arqueológico y el Museo del Palacio junto a la biblioteca y el archivo diocesano.

 

Recorremos las estrechas callejuelas, donde abundan los comercios de artesanía en madera de olivo y llegamos hasta el ghetto. Pitigliano acogió desde el siglo XVI una numerosa comunidad judía, hasta un diez por ciento de sus habitantes, que tuvo una excelente convivencia con el resto de la población.  Se creó la Universidad Hebraica de Pitigliano y,  durante la ocupación nazi,  los vecinos de ésta ciudad y de otras conlindantes dieron cobijo a numerosos judíos. Se ha restaurado la Sinagoga, el horno Kosher y el cementerio hebraico.

La lluvia no da tregua, se puede oir el sonido de nuestros pies dentro de los zapatos… chof, chof. Acudimos a una pequeña trattoria, «Cotto e crudo», recomendada por nuestro amigo el motero, no es ninguna de las que figuran en las guías de viaje. El local es pequeño, con apenas capacidad para 15 comensales, con los techos abovedados,  como tantos en la Toscana. Para combatir el frío me decido por una zuppa di farro. Mi anterior viaje a Toscana fue en el mes de agosto y este plato invernal y contundente no era entonces el más apropiado. El farro es un cereal, de grano más pequeño que el trigo. Con él se elaboran numerosas pastas y esta famosa receta,  similar a un potaje, con sus tropiezos de chorizo, panceta… perfecto para «animar» el cuerpo.

El local continúa abierto, con una hermosa terraza en la que comer si el tiempo lo permite, en la Piazza della Reppublica y frente al Castello Orsini.

 

pitigliano

Una vez más se reafirma mi opinión de que hay tantos lugares bellos en esta región que quedan eclipsados por la fama de otros. Pero también es cierto que descubrirlos es una bendición para nosotros. Pasear por sus calles casi desiertas, compartir la barra de un café con los vecinos, y entrar en un restaurante donde sólo encontramos a algún cliente local es muy agradable. Sólo espero regresar a Pitigliano e intentar no sentirme como una visitante. Sentarme a contemplar como la ciudad se confunde con la roca, como una eterna viajera, sin mirar el reloj, quizá delante de su nombre… soldato Capecchi Cesare. Y poder conocer, y contaros por fin, su historia.
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Blanca primavera en Radicofani

Radicofani,  20 de marzo de 2008. Recuerdo la fecha exacta porque el día anterior habíamos llegado con cierto retraso, debido a un problema en nuestro vuelo, así que tuvimos que postergar nuestros planes de acercarnos hasta Siena en una fiesta tan señalada como San Giuseppe. Amanece apenas en Radicofani (Siena), y los copos leves, suaves, casi imperceptibles, se confunden con el humo de las chimeneas…será ceniza- comenta alguien. Salimos a la calle y el viento helado nos despierta del todo, mientras sonreímos, como niños, cuando la nieve nos salpica la ropa. Caminamos por la estrechísima Via del Moro, donde se ubica nuestro apartamento «Bellavista»; muy acertado el nombre pues desde la ventana se descubre el paisaje de la Val D’Orcia, en este pequeñísimo Borgo elevado mas de 800 metros por encima del nivel del mar. Como ya os contamos en otro post, Roberto, el propietario, se encargó personalmente de su restauración, en un edificio que data del siglo XIII.
radicofani val d'orcia

 

Este pueblo medieval, no tan conocido como otros en el Valle, posee un encanto y una belleza irresistibles. Visible desde la carretera mucho antes de llegar, destaca la Rocca, el castillo que vigila todo su entorno y donde se atrincheró su héroe local, Ghino di Tacco. Perteneciente a una de las familias de la aristocracia de Siena, en el S.XIII se convirtió en una especie de «Robin Hood» en la Toscana, de hecho encontraréis una estatua en su honor en una de las calles que circunvala la población, una vez se deja atrás la Iglesia parroquial de San Pedro . La Iglesia, construida entre los siglos X y XI, y  declarada monumento nacional, contiene una escultura de la Anunciación, obra de Andrea della Robbia.

 

Radicofani

Marina decidida a unirse a la banda de Ghino di Tacco

Radicofani huele a leña, que se quema en las chimeneas y estufas de esas casas antiquísimas. Los techos, me he fijado en nuestro apartamento y no he podido evitar el «fisgar» a través de las ventanas y balcones abiertos, se cubren de ladrillo refractario entre las vigas de madera.
Pero si hay un aroma que no he podido olvidar es el del pan recién hecho en el horno del pueblo. Pan cocido en la leña, que huele a pan, que sabe a pan, y junto a éste pizza, bizcochos y otras delicias irresistibles. Pedimos «pane salato» porque de lo contrario el pan toscano es soso, me costó averiguarlo en nuestro primer viaje a Toscana y fue de casualidad; en un horno de Pienza pedí pan y me dijeron que «sólo les quedaba salado». Escondido en el Vicolo del Teatro, junto al horno, uno de esos estupendos alimentaris que tanto me gustan en Italia, «Pane e companatico», donde compramos un buen pecorino, embutidos y paté casero para preparar los opíparos desayunos que uno sólo puede permitirse cuando está de vacaciones. La amabilísima propietaria nos ofrece degustarlos cada día al hacer la compra.
Estamos pendientes del tiempo, y buscamos en las noticias de televisión la manera de averiguar el estado de las carreteras. Cuando llega Roberto nos dice que en Montepulciano no hay nieve pero que en otras poblaciones del Val D’Orcia, más cercanas a los Montes Amiata, es dificil circular; así que cambiamos la ruta prevista para ese día esperando que el tiempo mejore. De hecho, en los días siguientes, cuando visitamos  Bagno Vignoni o Castiglione D’Orcia, nos encontramos con bellas estampas propias de una postal navideña y no de esa primavera que acaba de estrenarse en el calendario.

Inolvidable la belleza de las calles empedradas, de la puerta en su muralla, de la tranquilidad que sólo se verá levemente alterada cuando a partir del sábado de Pascua las familias lleguen al pueblo para reunirse con padres, abuelos o tíos. En la noche de Viernes Santo, la procesión con el Cristo crucificado recorre las calles de Radicofani, acompañada de la banda de música.Su Semana santa ha sido declarada como una de las más bellas de Italia (en el séptimo puesto según el portal Skyscanner) y precisamente esta procesión de Viernes Santo es la más antigua de toda la Toscana.

En las pastelerias se preparan los dulces típicos de estas fiestas, entre ellos un bollo (la schiacciata de Pascua)  que se comparte en las meriendas campestres el domingo de Pascua y también el lunes, que en Italia se celebra y conoce como «la Pasquetta».

En Radicofani, mucho más que en otros lugares de la Toscana en los que  quizá estén un poco cansados del exceso de visitantes, la gente es amable y comunicativa. Marina acudía al «internet point», de conexión lenta e imposible, a su vez tienda de informática y de revelado fotográfico, donde Niccola y los pocos jóvenes que se ven por el pueblo se reúnen para charlar. Uno de ellos nos muestra orgulloso la foto de una de esas vacas de raza autóctona de tamaño descomunal; nos dice el peso del animal, no lo recuerdo, pero quedamos impresionados. Nos habla en italiano a veces demasiado rápido para nosotros.
Guardo hermoso recuerdos de esos días, de las estupendas pizzas que Mateo nos servía en «Il Pana», y del limoncello al que nos invitaba al terminar la cena; y del magnífico restaurante «La Grotta» -acudimos siguiendo la recomendación de Roberto-  donde comimos la mejor lasagna ai funghi (setas) que he probado hasta ahora, acompañada del estupendo vino de la casa que sirven, y los irresistibles dulces a la hora del postre, tarta millefoglie o tiramisú elaborados en la pastelería del pueblo.

 

Nada nos hacía sospechar que aquella iba a ser una blanca primavera en la Toscana; nuestra esperanza era poder vislumbrar las primeras flores salpicando el verde en los alrededores de Siena. Pero aquello fue lo que nos encontramos… por si acaso, la última noche antes de partir bajamos el coche desde la calle empinada que rodea la muralla y lo aparcamos en la parte baja. Menos mal, porque aquella noche nevó copiosamente. Lo último  que recuerdo es la imagen de los toldos y mesitas de la terraza del bar, a la entrada del pueblo, cubiertos por un grueso manto blanco cuando apenas amanecía.

 

Radicofani Rocca Val d'orcia

La Roca de Radicofani, que cada noche velaba nuestro sueño, nos hacía imaginar grandes gestas junto al héroe Ghino di Tacco. Es una lástima que Roberto ya no alquile su casa, la que por unos días sentí como propia, para poder regresar a ese rincón soñado, lejos del turismo bullicioso, donde perderme entre las curvas, pronunciadísimas, de las carreteras; dejarme engullir por los campos donde crece el grano duro, ese que da sabor y textura diferentes y únicos a la pasta, para buscar la sombra, aunque sea estrecha y alargada, de los cipreses que coronan las colinas.

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Mi primer viaje a Toscana: Desde la cima del mundo al Valle de Mugello

Nuestro primer día de vacaciones, en aquel que fue nuestro primer viaje a Toscana, amaneció con un sol radiante. Como siempre me ocurre al despertar, necesitaba con urgencia una buena dosis de café, asi que con la taza en la mano abrí la puerta de nuestro apartamento «Il Balestruccio» y salí a la terraza. Estratégicamente situado en la parte más alta de la propiedad, unas 200 hectáreas de zona protegida donde se cultivan olivos y conviven todo tipo de especies salvajes en los cercanos bosques de castaños que la rodean, la espectacular visión que desde allí se me ofrecía me hizo pensar que quizá no hubiese despertado del todo.

Valle de Mugello Dicomano viaje a Toscana

Rodeada de verdes montañas, a pesar de lo avanzado del verano, las suaves laderas invitaban a deslizarse o simplemente a tumbarse en la hierba para contemplar el cielo límpido y azul. El viento era fresco y traía aromas de lavanda y de una paz infinita. Desconozco la sensación que deben tener los escaladores  cuando alcanzan esas cimas de los cuatromil…pero yo, en aquel momento y a poco más de 600 mtrs de altitud, me sentía en la cima del mundo.

Fue todo un acierto reservar este alojamiento mientras organizaba mi primer viaje a Toscana, y un auténtico regalo para los sentidos disfrutarlo durante 14 días. El agroturimo está compuesto por unas pocas casitas muy similares, restos de un antiguo pueblo medieval, que los propietarios Enrico y Nara habían rehabilitado. Además, quedaba entre ellas la antigua casa de la nonna (la abuela) de Enrico, quien sentía por estas tierras un enorme afecto y dedicaba su tiempo al cultivo de los olivos milenarios.

agroturismo Toscana Dicomano Belforte

Esta zona de la Toscana pertenece al Valle de Mugello, seguro que a todo el mundo le «suena» por el famoso circuíto, pero a pesar de su cercanía a la ciudad de Florencia es quizá de las menos transitadas… toda una ventaja, pues permite disfrutar de una tranquilidad absoluta alejada de los grupos de turistas que todo lo invaden en otros lugares más famosos. Reconozco que es un punto de partida muy poco usual para un primer viaje a Toscana, pero aun después de muchos años no me arrepiento de haberlo escogido.

Precisamente la familia Medici, omnipresente en la ciudad de Florencia, era originaria de este Valle. Quedan en la zona algunas de las villas que tan ilustre familia poseía y puede seguirse una ruta Medicea desde Dicomano hasta Barberino de Mugello, llegando hasta  Cafaggiolo, Trebio o Pratolino (Vaglia) donde podréis disfrutar de la Villa Demidoff… no se puede visitar todos los días y de hecho cuando llegamos hasta allí no pudimos hacerlo (no os fiéis siempre de lo que dicen las guías de viaje, en ocasiones contienen errores en detalles como éstos) Os recomiendo de verdad hacer este circuíto si estáis organizando vuestro viaje a Toscana, ya se que se escapa un poco de lo que algunos consideran «imprescindible» pero ¿De verdad os interesa sólo lo que hace todo el mundo?

Dicomano es un pueblo pequeño: un supermercado, un almacén de ferretería, una panadería-heladería..y poco más. Algunas tardes, en aquellas pocas ocasiones que decidíamos dedicar el día al descanso, sin agotadoras rutas en nuestro afán por descubrir hasta el último rincón de la Toscana (imposible por más que nos empeñásemos) ibamos a pasar la tarde a Borgo de San Lorenzo. El pueblo es tranquilo, como todos por esa zona, pero posee una riqueza patrimonial envidiable: la Pieve di San Lorenzo, quizá la iglesia más antigua del Mugello (S.XII), el Palazzo del Podesta en cuya fachada se pueden admirar los escudos de las nobles familias que lo habitaron, o la Villa Pecori Giraldi, edificio renacentista donde encontrareis la oficina de turismo y un museo.

Pero lo que más disfrutábamos era nuestro paseo por sus calles, atravesando la muralla del S.XIII por la Porta Fiorentina para encontrarnos con la Torre del reloj.Tomar un helado, mirar los escaparates y disfrutar de esa parte de la ciudad cerrada al tráfico donde jóvenes y viejos pasean y toman el pulso a la vida.

Cuántas veces me he alegrado por el descubrimiento de este lugar en nuestro viaje a Toscana. Como todos los descubrimientos, me fue dado por la casualidad… o por la desesperación, pues llevaba dos meses intentando encontrar un alojamiento para las fechas deseadas y que se adaptase a mi bolsillo!

La ubicación ideal estaba entre Florencia y Siena, pero alojarse en el Chianti en pleno Agosto es una locura, tanto por los precios como por la masificación. Cuando ya estaba empezando a desesperar entré de casualidad en una web que, después de…había perdido la cuenta, milagrosamente no había visitado. Y allí lo encontré…I Nidi di Belforte, a tan sólo unos 30 km de Florencia y una estupenda conexión por tren con la ciudad.

Puedes hacer muchos viajes, encontrar sitios maravillosos… pero sólo algunos, por alguna extraña razón, los haces tuyos. Y eso nos ocurrió con I Nidi y con aquel viaje a Toscana, que fue sin duda, el mejor de nuestra vida.

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Una tarde en el Palio de Siena

Una tarde en el Palio podría ser, pero no lo es, un título más en la filmografía de los hermanos Marx. Quizá lo acontecido en la crónica de un 16 de agosto de 2011 contenga algunas situaciones inverosímiles, una buena dosis de caos, mucha más emoción y, sin duda, una alegría contagiosa. Cuatro años atrás, un Ferragosto de 2007, me hice la promesa de regresar a la ciudad de Siena para vivir en primera persona la emoción de «Il Palio», aunque ésto más que una promesa es una forma de expresar en «voz alta» los anhelos más profundos.

 

palio siena bandera estandartes

 

Una tarde en el Palio podría resumir las horas previas, y el tiempo fugaz, de la que se considera la carrera de caballos más peligrosa del mundo, la más arriesgada, la más emocionante, y en ocasiones la más criticada o denostada. Pero es mucho más que todo eso. Se inicia en las primeras horas de la mañana con la misa del «fantino»(jinete) aunque durante toda la semana se desarrollan actos y distintas pruebas hasta llegar al gran día. En realidad, Siena vive Il Palio desde el mes de Julio, pues el día 2 de ese mes tiene lugar la primera carrera en la que se decide cuales son las Contradas que llegarán al de Agosto -Il Palio de la Assumpta (de la Asunción)-.

Hasta las siete de la tarde, hora en que se cierra el acceso a la Piazza del Campo, quedan muchas horas por vivir, por disfrutar en esta ciudad que, ya he dicho en otras ocasiones, figura en mi lista de lugares favoritos, no sólo por su belleza indiscutible sino por ser poseedora de un carácter propio. Siena, que recibe de manera habitual a cientos, miles, de turistas, ve desbordadas sus calles, largas y estrechas, por una muchedumbre dispuesta a empaparse de la emoción de la fiesta del Palio, a contagiarse de la alegría de sus habitantes, aunque no tomen partido ni compartan la histórica rivalidad entre los vecinos de unas y otras Contradas, para quienes vencer la prueba es una cuestión de honor.

Tan sólo algunos insensatos -turistas en su totalidad- ocupan la Piazza desde primeras horas de la mañana, unos pertrechados con paraguas para protegerse del sol, aunque otros van más allá en su osadía y puedo observar los signos de las que serán severas quemaduras solares sobre sus pieles blancas, lechosas, que indican claramente su procedencia, sin necesidad de consultar su pasaporte. Pero muchos otros aprovechan la visita a la ciudad para conocer los innumerables tesoros que ofrece, entre ellos su Catedral, más bella si cabe engalanada para la ocasión.

Como no es nuestra primera visita a Siena – y espero que tampoco la última- no hemos querido madrugar en exceso, aunque ello nos complique, un poco más, la tarea de encontrar aparcamiento. La mayoría de los parking exhiben el cartel de «pieno» (lleno) pero finalmente nos hacemos un hueco en el de la Fortezza, gratuíto. Son las ventajas de un utilitario pequeño, como el cinquecento.

Por el camino, nos hemos desviado de la ruta más rápida para disfrutar de uno de los paisajes más sorprendentes de la Toscana, las Crete Senesi. Este paraje, que tomamos desde la salida a Betolle para continuar por Asciano hasta Taverne d’Arbia sigue sorprendiéndome cada vez que lo visito, tan diferente según la estación, pero es en verano cuando más me impacta, cuando más se asemeja a la superficie lunar – aunque nunca he viajado a la luna!- por lo que también es conocido como «crete lunari». Y no os podéis imaginar lo bello que está en primavera. Es un recorrido que nadie debería perderse cuando visite Siena. Mucho menos frecuentado que otras zonas más turísticas, y sobrevaloradas en mi opinión, conserva como pocos la esencia del espíritu toscano: recio, árido, pero suave y acogedor a un tiempo.

Esto es sólo un inciso, pero una buena forma de comenzar un día lleno de emociones, de alcanzar una paz de espíritu… que ya se romperá con la algarabía y el bullicio de Siena!. Como hemos llegado con buena disposición de ánimo, a sabiendas de que deberemos soportar aglomeraciones, paseamos sin prisa entre las calles y nos sentamos en las escaleras que suben hasta el Duomo, para disfrutar del ir y venir de gente -a salvo del sol feroz que cae de plano sobre la Piazza- donde incluso nos llega una leve corriente de aire muy agradable.

En los aledaños de la Piazza del Campo se suceden los desfiles con los miembros de las Contradas: abanderados, caballeros medievales y las mujeres y niños ataviados con el pañuelo al cuello, que entonan una pegadiza melodía. Dan ganas de unirse al desfile, confundirse entre la muchedumbre, aunque no conozca la letra de la canción…

Al igual que cuatro años atrás, decidimos repetir nuestra comida en I Terzi, donde hemos reservado previamente. El local apenas ha cambiado, aunque por la fecha señalada hay una carta diferente y ya no cuelga la pizarra con los tres o cuatro platos del día. El menú es un poco más sofisticado, pero siguen preparando unos deliciosos pici, y los precios han subido… claro que ha pasado ya un tiempo, aunque nos parezca mentira!. La verdad es que el servicio es lento y no demasiado amable, quiero pensar que por ser un día excepcional, pero hace pocas semanas unos amigos, siguiendo nuestra recomendación,  han estado por allí y les ha ocurrido lo mismo. Es una pena, pero no podemos evitar que algunas cosas cambien!. Lo que permanece invariable es la ciudad, tan bella como siempre: las mismas tiendas con excelentes productos toscanos, el mismo lugar para tomar un café, un rincón donde esconderse… es una sensación extraña cuando se viaja desde otros lugares en los que se abren y cierran negocios con una rapidez sorprendente, o donde los viejos edificios desaparecen de la noche a la mañana, dejando un vacío inmenso, un solar desangelado que, tal y como están las cosas, nadie sabe que destino tendrá.

Con el estómago agradecido, decidimos dar una vuelta «de reconocimiento» a la Piazza, para comprobar su nivel de ocupación. Cuando la sombra de los edificios comienza a cubrir alguno de los ángulos, puede ser un buen momento para ocupar una posición privilegiada, sentados en el suelo como tanta gente lo hace. A mi lado, una joven aprovecha las horas para dedicarse a la lectura, en un idioma, por cierto, totalmente ininteligible. Hasta aquí llegan los ecos de la música y el redoble de tambores de los cortejos, que no cesan en su recorrido por la ciudad. Las horas transcurren lentas y los puestos que venden botellas de agua, sombreros y souvenirs para la ocasión, que se han situado en medio de la plaza, se van retirando poco después de las cinco de la tarde. Para entonces, la afluencia de público es mayor y el ambiente se anima mientras todos observamos impacientes el reloj de la Torre del Mangia.

Si algo hay que destacar en este evento, el del Palio, es la excelente organización. Cuerpos de policía, brigadas de limpieza municipal, servicios de socorro…jamás me he sentido tan segura entre una multitud, convencida de que ante el más mínimo incidente todo estaría bajo control. Como en el «making off» de una película o de un videoclip, las gradas comienzan a ocuparse- sólo por algunos de entre los más afortunados, familias de renombre o miembros importantes de las Contradas- y la Piazza recibe la llegada de mucha más gente de la que parece admitir. Pero es una falsa percepción, os aseguro que poco después, en los minutos previos al inicio de la carrera, los jóvenes seneses, que han acompañado los desfiles hasta su llegada a la Piazza, continúan entrando por un único pasillo central habilitado junto al Ayuntamiento, y no tienen reparo en ocupar el centro, aprisionados, dispuestos a vibrar con la emoción de la carrera.

Mientras, abanderados y miembros del cortejo, recorren la Piazza, deslumbrando al público con sus proezas y lanzamientos, siempre el mismo ritual… la recogida de las banderas y el redoble de tambores que preceden al lanzamiento de las enseñas, que arrancan suspiros de admiración entre el público. Nos hemos situado junto a la curva del Casato, uno de los puntos más complicados de la carrera, tan sólo superado por la famosa curva de San Martino donde suceden la mayor parte de las caidas – si el caballo llega sin jinete a la meta resulta igualmente vencedor- y algún desafortunado accidente.

Los servicios de limpieza municipal recorren la pista con grandes escobas de paja, para que quede libre del más mínimo obstáculo, que pondría en grave peligro a los participantes. El olor a tierra impregna el ambiente, mientras se apisona durante estos mismos preparativos, y cuando un cuerpo de guardia, a caballo, recorre las tres vueltas para comprobar el terreno, estremece la velocidad que alcanzan sin escuchar, ni por un instante, el sonido de los cascos sobre el terreno.

A estas horas comienza a sentirse la tensión, la impaciencia, el esfuerzo por mantenerse firme en el espacio conquistado, y también se advierten las consecuencias de algunos excesos: demasiadas horas bajo el sol de la Piazza, apenas una porción de pizza o un snack para comer… demasiado sacrificio para ocupar los primeros puestos, y la decepción de tener que abandonar su lugar justo antes del gran momento, en una de las camillas del servicio de socorro. Los sanitarios actúan con una celeridad impresionante y acceden a cualquier punto de la plaza con enorme rapidez, aunque advierten a quienes se niegan a abandonar su puesto, a pesar de la sensación de mareo o malestar, que una vez cerrada definitivamente la Piazza no podrán acudir de ninguna manera.

No es extraño que la tensión entre los miembros de unas y otras Contradas provoque algún pequeño enfrentamiento o discusión. Pero las normas de esta carrera son muy estrictas y cualquier mínimo incidente puede conllevar una amonestación o incluso la descalificación  o la prohibición de participar en la prueba. En la web de la ciudad de Siena pueden incluso leerse estas amonestaciones y resoluciones referentes al Palio, del mismo modo que al llegar a la ciudad encontramos, en grandes paneles, un bando municipal en el que se publican las normas que rigen el mismo.

Probablemente este Palio de agosto de 2011 no será recordado, afortunadamente, por la anécdota que ahora circula por internet y que cual paparazzi inmortalizamos a pocos metros de donde nos encontrábamos: la actitud poco decorosa de una pareja, turistas por supuesto -y no me aventuro en la nacionalidad para no herir susceptibilidades- desde la ventana de uno de los hoteles que ofrecen habitaciones con magníficas vistas a la Piazza del Campo. El revuelo entre el público resultó ciertamente divertido, y la reacción de aquellos que se encontraban en los balcones de las casas cercanas ha provocado que incluso alguien, con poco tino musical pero mucho sentido del humor, haya «compuesto» una canción relatando lo sucedido.

Per todo este revuelo se acaba cuando los caballos hacen su entrada en la Piazza. El público en las gradas comienza a pedir silencio, y la rivalidad entre las Contradas se advierte por los vítores y abucheos de unos y otros cada vez que las autoridades nombran a aquellas que participan en la prueba final. La tensión se contagia, atenaza los músculos, y parece que apenas se puede respirar entre la inmensa marea humana que ocupa el Campo. Tan sólo durante unos segundos se hace un silencio sepulcral, casi impensable entre 60.000 almas, y una explosión en el cielo- que provoca el vuelo de las numerosísimas palomas que habitualmente habitan la Piazza- precede a la explosión de júbilo y gritos de ánimo, cada cual hacia su favorito.

Sólo los seneses pueden comprender y vivir esta enorme rivalidad, el orgullo de pertenecer a cada una de las Contradas, con una intensidad casi inimaginable. Sin embargo, resulta muy fácil contagiarse de este ambiente e incluso tener un favorito. En nuestro caso, animamos al fantino de Leocorno (el Unicornio) que en las primeras dos vueltas se sitúa en los puestos de cabeza. Para nosotros tiene un significado especial: Leocorno fue el vencedor en el Palio de agosto de 2007, en cuya víspera prometimos que algún día regresaríamos a Siena para vivir la carrera.

La velocidad que alcanzan los hermosísimos ejemplares tan sólo permite apreciar una estela de formas y colores que pasa ante nuestros ojos, mientras a nuestros oidos llega el clamor ensordecedor del público. Tres estruendos en el aire dan por finalizada la prueba, que finalmente ha vencido la Jirafa. La alegría de unos se mezcla con el llanto y los lamentos de otros y la multitud se abalanza sobre el fantino ganador para llevarlo a hombros. Mucho antes de que las autoridades abran las vallas de acceso al centro de la Piazza, los jóvenes han comenzado a saltarlas para dirigirse a las calles y celebrar el triunfo. Finalmente, y viendo que nadie nos iba a sacar de allí, optamos por imitarles dando cuenta de una agilidad que creíamos perdida. Nos despedimos de una pareja americana, con quienes hemos compartido nuestras horas de espera y el espacio reducido cerca de la curva del Casato.

Una sensación de irrealidad me invade…habrá sido un sueño? Las horas de espera, la tensión y la emoción vividas, el sonido de tambores que aun resuenan en mi cabeza, los colores de los estandartes que ondean por toda la ciudad… de repente todo ha pasado, en apenas unos instantes. Comienzo a sentir cada músculo de mi cuerpo, el peso de mis piernas, de mis brazos, mientras nos abrimos paso entre las calles abarrotadas buscando una de las puertas de salida.

En Siena esta noche no termina. Volvemos la vista atrás con una nueva promesa: la próxima vez nos alojaremos en la ciudad, para disfrutar de esa noche mágica, de alegría desbordante, en la que no hay tiempo para el reposo.

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Ferragosto en Siena (la víspera del Palio)

Era Ferragosto (15 de Agosto) de 2007, cuando atravesamos la Porta Camollia, quizá la más emblemática de las puertas de acceso en la muralla que rodea esta bellísima ciudad medieval. La puerta que acoge a todos los visitantes con una hermosa inscripción (Siena os acoge con un corazón más grande que esta puerta)  es también la puerta que mira a Florencia, eterna rival, sobre todo desde el siglo XIV cuando tras una epidemia de peste arrebató a Siena el dominio sobre toda la Toscana.
Apenas ha comenzado el día y las calles rebosan de actividad. Es Ferragosto, una de las fiestas más importantes en Italia, pero además en Siena es la víspera de la última, más importante y decisiva de las carreras de caballos conocidas como Il Palio.
Ferragosto Siena

Siena se engalana con los estandartes de cada una de las Contradas, los barrios en que se divide cada uno de los tres distritos de la ciudad. Las Contradas han sido en Siena algo más que una ordenación territorial. Asociadas a cada uno de los gremios que durante la Edad Media existían en la ciudad, sus vecinos se prestaban ayuda y protección, incluso los matrimonios se celebraban siempre entre miembros de las mismas…aunque supongo que ésto ha cambiado a lo largo del tiempo. Otra de sus misiones fue la de evitar que se cometieran delitos y de hecho, aún hoy, se dice que Siena es la ciudad con menor índice de criminalidad. Sea como fuere, lo que nos recibió en Siena fue una oleada de luz y color, de alegría rebosante, que nos transportó a tiempos pasados como en ningún otro lugar puede suceder.

El aspecto de sus calles ha permanecido inalterable, la Via di Camollia se une a la de Montanini hasta llegar a la Piazza Salimbeni, donde los Palazzos renacentistas albergan hoy la sede del banco más antiguo de la ciudad, el Monte dei Paschi, y de ahí a Banchi di Sopra, una de las arterias principales donde los seneses acostumbran a dar su passeggiata vespertina. Llegamos hasta Via di Cittá, rebosante de actividad comercial, que rodea la magnífica Piazza del Campo donde un sol abrasador propio de la fecha  nos inunda de repente. No cabe un alma en la Piazza, y las gradas que se han habilitado para ver la famosa carrera no permiten admirarla como se merece… pero no importa, ya habrá otra ocasión. Nos parece increíble que alguien pueda soportar varias horas de pie en el centro de la Piazza para vivir la emoción de esa brevísima experiencia, tres vueltas en dos minutos,  que dará la victoria a uno de los caballos y la gloria a la Contrada a la que representa.

Il Palio es una fiesta sorprendente que atrae cada año a miles de turistas, pero sobre todo es una fiesta de y para los Seneses, quienes la viven con un fervor inusitado. Los vecinos y miembros de las Contradas toman la  calle, celebran cenas de hermandad y disfrutan de cada minuto en esos días y noches del verano. Los demás somos meros espectadores, pero es imposible no contagiarse de la alegría, emocionarse con los desfiles, con el colorido de los trajes y sentir el redoble de los tambores que en esta fecha se convierten en banda sonora de la ciudad.

No sé cuantas veces recorrimos las mismas calles, a la sombra y cobijo de las viejas edificaciones que nos protegían del calo, nada extraño en Ferragosto. Era imposible dejar de admirar el inmenso patrimonio cultural de la ciudad. Compramos una entrada conjunta para varios lugares de interés, entre ellos el Museo dell’opera, la Cripta, el Baptisterio y el Duomo que además lucía espléndido con los estandartes de las Contradas en su interior, a pesar de que su mayor riqueza, el maravilloso suelo de mármol, permanece oculto en esas fechas y sólo es posible verlo al descubierto desde finales de agosto a finales de octubre.

Duomo Siena Ferragosto

El cansancio y el hambre arrecian, asi que siguiendo las indicaciones de mi guía de viajes, busco un lugar recomendable y barato para comer. Nos cuesta encontrar la Via dei Termini, y sin embargo está tan cerca de Il Campo, pero damos una y otra vuelta por las callejuelas de Siena… La Enoteca I Terzi es un local pequeño y agradable, con techos abovedados y una buena selección de vinos. La carta contiene algunos antipasti y platos fríos, y en una pizarra los platos del día, de pasta. Es aquí donde probé por primera vez los famosos pici toscanos, una especie de spaguetti gruesos hechos a mano, magníficos con un ragú a base de ave.

El aroma intenso del café nos envuelve al traspasar las puertas de Nannini, en Banchi di Sopra, mezclado con el de los pasteles recién hechos. Imposible no sucumbir a la tentación… es casi mi lugar favorito de Siena y el primero en visitar cuando he vuelto!. En invierno la ciudad se vuelve más tranquila. Los estudiantes, Siena es además una ciudad universitaria, buscan un lugar al sol en la Piazza del Campo, o llenan los bares para tomar una cerveza a la hora del aperitivo de la tarde.

No me hubiese marchado de la ciudad y creo que volveré otro Ferragosto para vivir desde la víspera la plenitud de la fiesta… estoy segura. Antes de irnos entramos en un forno para comprar algo de pan y unos trozos de pizza, mientras en la calle el ruido ensordecedor de los tambores y los gritos de júbilo de la gente acompañaban el desfile. «E la festa della lupa» nos indicó la hornera. La Lupa (la loba)es una de las Contradas de Siena, en su estandarte aparece la figura de la loba que amamantó a Rómulo y Remo (se dice que fueron los hijos de Remo, Senio y Ascanio, quienes fundaron la ciudad) y cuyo patrón es San Roque, festividad que además se celebra el 16 de Agosto.

Dicen que no hay dos sin tres, yo ya he cumplido ese número de visitas a Siena, asi que añado: ni cuatro… porque sigo atrapada por el ambiente, por el calor y por la historia de la que es para mí una de las ciudades más bellas del mundo.

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La Capilla di Vitaleta, la foto más famosa de la Toscana

Ilustra la portada de guías de viaje, aparece en primer plano en las búsquedas de imágenes de Google, la encontraréis en cualquier libro sobre la Toscana y en muchas películas  rodadas en estas tierras…os hablo de la Capilla de Vitaleta.

Existen otras pequeñas Capillas como ésta, y las podréis ver recorriendo las serpenteantes carreteras rodeadas de colinas, pero Vitaleta se ha convertido sin duda en un icono de la Toscana. La Capilla entre cipreses, inmutables con el cambio de estación.

Ha sido inmortalizada por grandes fotógrafos, Andrea Rontini, Stefano Caporali… (por cierto, de nuestro curioso encuentro con el primero en su galería de Castellina in Chianti os hablaré en otra ocasión) y por miles de personas que han quedado cautivadas por este lugar único.

Me resulta muy difícil transmitir  todo lo que la visión de este lugar nos produjo, y es que en este caso aquello de que «una imagen vale más que mil palabras» no es del todo cierto. Por muchas fotos que veamos no es posible hacerse una idea, hay que estar allí para abarcar con la mirada ese amplio paraje casi desierto, donde las colinas se suavizan todavía más si cabe, y que mantiene la misma calma desde hace siglos.

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La primera vez que divisamos la Capilla de Vitaleta hacíamos la ruta que va desde Montalcino hasta Montepulciano, dejábamos atrás San Quirico d’Orcia para dirigirnos a Pienza y nos dimos de bruces con esa imagen que tanto habíamos visto mientras preparábamos nuestro viaje. Es complicado encontrar un lugar donde parar el coche cuando transitas por las estrechas carreteras de la Toscana, pero lo hicimos…era el mes de agosto y el paisaje nos resultó impactante. El color de las colinas en verano las convierte en una serie de ondulantes dunas, resulta árido, duro, como si de un desierto se tratase… sólo la presencia de los cipreses te reconcilia con la naturaleza.

La segunda vez que visitamos este paraje era a finales de marzo. La visión que nos ofrecía era radicalmente distinta y las colinas eran de un verde imposible. Las nubes proyectaban su sombra sobre los campos de grano y los hacían «bailar» ante nuestros ojos. Esta vez no nos conformamos con tomar unas fotos desde la carretera, y a pesar del cartel de «propiedad privada» decidimos bajar por aquel camino. Nos cruzamos con un coche y preguntamos si se podía acceder hasta la Capilla por allí. Resultó ser el propietario de un agroturismo, cuya propiedad estábamos «invadiendo», quien nos indicó que hasta la misma Capilla no… ¡sólo faltaba! pensé. Aparcamos delante de su casa, y nos adentramos en el camino ligeramente embarrado (en esos días había llovido, incluso nevado en otras zonas no muy lejos de allí). El viento era fresco, pues ese año (2008)  la primavera había hecho caso omiso del calendario y decidió que no era el momento de regalarnos temperaturas más suaves, así que se limitó aobsequiarnos con las lluvias frecuentes en la Toscana durante esa estación.

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Pensé que el relato de lo que vivimos ese día iba a resultar más sencillo, pero se me está haciendo muy difícil. Caminar entre la hierba que me llegaba hasta más arriba de las rodillas, respirar aquella paz profunda y llegar hasta la Capilla de Vitaleta para tocar sus muros… no es una cuestión de creencias religiosas, aunque en esta capilla apareció una imagen de la Virgen atribuída a Adrea della Robbia que actualmente se encuentra en la Iglesia de la Madonna di Vitaleta  en San Quirico d’Orcia. Se cree que la imagen se compró en Florencia en el S. XVI y que formaba parte de una Anunciación. La Capilla, como todo el Valle d’Orcia, está declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, aunque me apena enormemente su deterioro.

Como decía, no se trata de creencias o no… en este lugar, simple y llanamente, uno se reconcilia con la vida o consigo mismo. Uno puede cerrar los ojos y escuchar el silencio infinito que todo lo envuelve, y aun así, privado de la visión, la imagen permanece.

Hace ya un tiempo, compré un libro cuyo título sería muy adecuado para este artículo, o quizá el autor hubiese debido incluir en el mismo este lugar de la Toscana. Se trata de «Lugares donde se calma el dolor», de César Antonio Molina, y en su contraportada se puede leer:

» ¿Existen lugares donde estamos libres del dolor, donde no nos puede alcanzar la muerte? Acercarnos a ellos es entrar en contacto con espacios donde el tiempo se detiene a la manera de una especie de limbo a salvo de todo»…

Eso es exactamente de lo que estoy hablando… en este lugar en el que,  aunque os pueda sorprender, hay quien me ha pedido reposar para siempre.

 

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No toques la teta de Julieta (y otras supersticiones viajeras)

No toques la teta de Julieta, por favor. Consideraciones sexistas aparte (¿Os imagináis que la costumbre fuese tocar los atributos de Romeo?) no creo que te garantice en absoluto que vayas a encontrar el amor verdadero . Si en tu caso, lo que necesitas es una excusa para regresar a Verona, búscate otra cualquiera ya que motivos no faltan para querer visitar una y otra vez esta hermosa ciudad del Véneto. Es una de esas costumbres «absurdas» que se repiten en muchos lugares que visitamos, como tirar monedas a una fuente o un pozo, pisar los testículos de un toro o tocar el morro de un jabalí, por citar tan solo algunas. Voy a llamarlas, amablemente, «supersticiones viajeras». Y no digo que, en alguna ocasión, no haya sucumbido a alguna de ellas. ¿Vamos allá con la lista? Estas son algunas de ellas y ¡Solo en Italia!

 

#1 Tocar la teta de Julieta

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Desconozco el origen esta superstición viajera pero, desde que en el año 1907 el Ayuntamiento de Verona adquirió parte del edificio, de origen medieval, que fue propiedad de la familia Dal Cappello, y que la leyenda popular dice que fue la casa natal de Giulietta Capuleti, son miles los turistas que pasan por allí. Incluso el famoso balcón y la ventana de estilo gótico son añadidos arquitectónicos a posteriori, seguramente con la finalidad de hacer más creíble la leyenda inmortalizada por Shakespeare. Por cierto ¿Sabíais que el dramaturgo jamás pisó Verona?

En el jardín, la estatua en bronce de la joven Julieta aguanta impasible la larga fila de viajeros supersticiosos que esperan para fotografiarse tocando su seno derecho y tanto toqueteo ha producido un desgaste más que evidente. Si al menos fuese el izquierdo, podría «bienpensar» que alguien se equivocó buscando el latido de su corazón.

Encontrar el amor o regresar a Verona, si es mejor acompañado/a, es una excelente idea. Sus hermosas plazas, como la delle Erbe, sus Palacios y el escenario único de su anfiteatro (Arena), su gastronomía o sus vinos- cultivados con mimo en las suaves colinas que rodean la ciudad- justificarían ya de por si el viaje . Así que, por favor ¡No toques la teta de Julieta! Y regresa a Verona siempre que puedas.

 

#2 Girar 3 veces sobre los testículos de un toro

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Si leíste nuestro post sobre una escapada a Milán esto te resultará familiar. Ya te hablamos sobre las Galerías Vittorio Emmanuelle, frente al Duomo. Son preciosas y llenas de tiendas de lujo y Cafés. Seguramente inasequibles para una gran mayoría, desde luego para mi, de modo que quizá recurrir a la superstición viajera de turno nos funcione a la hora de atraer a la suerte.

En el centro de la Galería encontraréis el famoso mosaico del toro. En realidad es el escudo de la ciudad de Torino, donde también existe la tradición de pisar los testículos del toro que se encuentra en la Piazza San Carlo aunque, dicho sea de paso, los turineses lo hacen con mayor discreción (mientras pasean)  y no con tanto ahínco como en el caso de las Galerías más famosas de Milán.

La tradición, o más bien superstición, dice que hay que dar tres vueltas sobre un mismo pie encima de los testículos del toro. Es normal que, como ocurre con la teta de Julieta, os encontréis guardando cola para cumplir con el ritual y de paso sacar la foto. Os advierto que es complicado girar, ya que os hundiréis en el agujero que se ha ido formando en ese punto.

 

#3 Tirar 1 moneda (ó 2, ó 3) en la Fontana di Trevi

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Confesad: ¡Vosotros también lo habéis hecho!

La fuente más famosa de Roma- sobre si es la más hermosa podríamos discutir durante horas- la más fotografiada y cinematográfica, lo es también por la tradición de lanzar una moneda a sus aguas custodiadas por Neptuno. No vale hacerlo de cualquier manera, así que atentos: de espaldas a la fuente, con la mano derecha y por encima del hombro izquierdo.

Parece ser que lanzar una moneda nos asegura volver a Roma. No es descabellado y, si encontramos una de esas ofertas de vuelos low cost a 2 €, probablemente volvamos antes de lo que nos imaginábamos (¡Ay, ese par de eurillos que echamos a la fuente!) La segunda moneda nos garantiza el amor y la tercera el matrimonio e incluso dicen que el divorcio, en caso necesario. Mucho me temo que estas últimas supersticiones viajeras sean de nuevo cuño pero ¡Que más da!

Solo os advierto en que es complicado encontrar un hueco para lanzar la moneda y, por supuesto, inmortalizarlo con vuestra cámara.

 

#4 Otra moneda para el Pozo del Palazzo Orsini

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Guarda una de tus monedas para el Pozo del Palazzo Orsini en Pitigliano (Toscana) Seguramente este no sea uno de los lugares más famosos del mundo pero si uno de los que yo os recomiendo. La leyenda sobre el Pozo no soy capaz de recordarla muy bien pero os aseguro que las monedas, haberlas haylas. La realidad es que este «pozo de los deseos» se construyó en el siglo XVI, en un ampliación de este Palacio-Fortaleza original del S.XII. Se hizo sobre la cisterna que recogía, depuraba y distribuía el agua procedente de la lluvia en el centro de Pitigliano.

El pozo, de estilo renacentista, presenta forma hexagonal y está decorado con bajorrelieves que representan los escudos de armas de la familia Orsini.

Pitigliano es un lugar fascinante, envuelto en una atmósfera única, donde el tiempo parece haberse detenido. Quizá se deba a su construcción en el «tufo» (piedra volcánica) Pero además es un lugar lleno de leyendas, como la del conocido como «Poggio Strozzoni» donde se dice que el Conde Orso Orsini estranguló a a su mujer  al sospechar que le era infiel.

 

#5 Tocar el hocico del «cerdito»

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En realidad os hablamos de la fuente del Porcellino, en la Logia del Mercado nuevo en Florencia, muy cerca del Ponte Vecchio. Así que no os preocupéis que el cerdito, que en realidad es un jabato, es una estatua de bronce cuyo hocico, tal y como sucede con la teta de Julieta, aparece brillante y dorado de tanto tocarlo.

Dicen que tocar el hocico del Porcellino trae suerte y , es más, para saber si nuestro deseo de cumplirá hay que apoyar una moneda dentro de la boca del animalito y dejarla caer en el pozo de la fuente. Si la moneda se cuela entre las aberturas de la rejilla, que cubre el pozo ¡Podemos dar nuestro deseo por cumplido!

En realidad el jabalí es un animal muy habitual en los bosques toscanos y parte importante en su gastronomía. No dejéis de probar la pasta con ragú de cinghiale o un delicioso paté.

La escultura de la Fontana del Porcellino, encargada por Cosimo I y destinada al Palacio Pitti, era en realidad una copia de una escultura en mármol más antigua, que puede contemplarse en la Galleria degli Uffizi. Fue Fernando II de Medici quien decidió transformarla en fuente y ubicarla junto al mercado, para que abasteciese a los comerciantes florentinos que vendían piedras preciosas, tejidos de seda, lana y brocados. Aunque os tengo que advertir que el Porcellino original, en bronce, se conserva en el Museo Bardini.

A pocos kilómetros de Florencia, en pleno Chianti, la figura del jabalí en la puerta de la carnicería Falorni (Greve in Chianti) una de las más antiguas de Toscana, recibe también la visita de tantos curiosos que se acercan a tocarlo en busca de buena suerte, aunque mucho me temo que la finalidad de la escultura no sea otra que la de servir como reclamo comercial de los productos Falorni.

 

Seguro que me dejo un montón de supersticiones viajeras en el tintero (me acabo de acordar de los famosos candados del Ponte Milvio en Roma) pero lo cierto es que seguro que habéis cumplido con el ritual en alguna ocasión. En realidad, creer o no es una elección personal pero, pensándolo bien, puede ser una excusa perfecta para recorrer Italia de Norte a Sur: desde la Teta de Julieta en Verona a la Fontana de Trevi en Roma, pasando como no por Florencia y la incomparable Toscana, podríamos organizar un viaje en busca de la buena suerte.

Pero… ¿No os dais cuenta? La verdadera fortuna está en poder visitarlos, así que  ¡Buen viaje y buena suerte, viajeros!

 

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Una casa en… La Toscana (La Miniera)

Tengo una casa en la Toscana. Eso es lo que creen mis amigos. No me molesto demasiado en sacarles del error, seguramente porque el equívoco me divierte sobremanera. Ha llegado a tal punto que, cuando se acerca el periodo de mis vacaciones, hay quien pregunta- o más bien afirma- «vas a la Toscana ¿Verdad?»

Lo cierto es que ese es uno de mis «destinos reincidentes» y no voy a negar que una casa en la Toscana es uno de mis sueños, y seguramente tuyo también, mi estimado lector. No pretendo protagonizar una de esas pelis que han contribuido a generar un anhelo enorme, ni hablo de una villa tipo «Bajo el sol de la Toscana». Me conformo con una casa pequeña desde la que admirar las suaves colinas y las noches estrelladas. Y además, soñar es gratis.

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Vale -lo admito- Sería estupendo compartir con mis amigos ese lugar de mis sueños, pero en realidad ya lo he hecho. Son tantas las veces que me han pedido consejo para viajar a Toscana que he terminado por recomendar «la casa» a mis amigos, a los amigos de mis amigos y al final incluso a desconocidos, que han llegado a mi desde auténticas redes sociales (y no hablo de Facebook) Fue siempre un placer.

Sin quererlo, y mucho antes de empezar con este blog, he organizado vacaciones familiares, tours fotográficos para aficionados y profesionales, y recorridos culturales o gastronómicos para otros. En todos los casos, La Miniera ha sido el lugar perfecto desde el que iniciar cualquier itinerario. Situada en Montefollonico (Siena), un enclave tranquilo desde el que contemplar la cercanísima Montepulciano o desde la que se llega de un salto a lugares tan emblemáticos como Pienza, Montalcino o San Quirico d’Orcia, muy cerca del Valle del mismo nombre y también de la Val di Chiana o de un lugar mágico como las Crete Senesi. Todo ello con la ventaja de ser un lugar menos conocido, un poco fuera de los circuitos habituales, lo que por norma general se traduce en «algo más asequible, económicamente».

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La historia de como La Miniera llegó a a convertirse en mi casa de vacaciones es un tanto singular, o quizá no. En uno de mis viajes me había alojado junto a familia y amigos en un apartamento encantador en Radicofani, al sur de la región. Decidí volver, y al no obtener respuesta a través de los formularios de reserva, llamé directamente al propietario quien nos dió la «mala noticia» de que ya no alquilaba la casa. Quedé, como dirían los franceses, «desolé». Sin embargo nuestro ex-anfitrión se ofreció a contactar con unos parientes suyos- Luca y Beatrice- que tenían una casa cerca de Montepulciano, muy hermosa y «con vistas a las colinas»- remarcó- Y estaba en lo cierto.

Hay sensaciones difíciles de describir, van íntimamente ligadas a los aromas que trae y lleva el viento, al sabor de una copa de vino después de una jornada de itinerario por las serpenteantes carreteras, de paisajes increibles, de lugares llenos de arte, sentada en la terraza mientras se disfruta, tal y como me lo describieron, de la vista de las colinas y la vecina Montepulciano.

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La casa es perfecta para ir en pareja, o con amigos (tiene dos habitaciones dobles y además un sofá cama en el salón) Para ir con niños, ya que tiene un pequeño jardín, y por supuesto con vuestra mascota porque además es dogfriendly ¿Qué más se puede pedir?

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Quizá os estéis preguntando porque esta casa se llama La Miniera (La Mina). En su interior lo descubriréis, a través de fotos antiguas y grabados que relatan el desarrollo de la explotación de minas de carbón en Montefollonico, desde finales del S. XIX y especialmente desde principios del S. XX  hasta los años 60 del mismo, aunque el descubrimiento de la primera mina data del año 1750.

Y ahora decidme ¿Tengo, o no, una casa en la Toscana? Por cierto, si os apetece alojaros aquí no dudéis en contactar con nosotros.