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Mi primer viaje a Toscana: Desde la cima del mundo al Valle de Mugello

Nuestro primer día de vacaciones, en aquel que fue nuestro primer viaje a Toscana, amaneció con un sol radiante. Como siempre me ocurre al despertar, necesitaba con urgencia una buena dosis de café, asi que con la taza en la mano abrí la puerta de nuestro apartamento “Il Balestruccio” y salí a la terraza. Estratégicamente situado en la parte más alta de la propiedad, unas 200 hectáreas de zona protegida donde se cultivan olivos y conviven todo tipo de especies salvajes en los cercanos bosques de castaños que la rodean, la espectacular visión que desde allí se me ofrecía me hizo pensar que quizá no hubiese despertado del todo.

Rodeada de verdes montañas, a pesar de lo avanzado del verano, las suaves laderas invitaban a deslizarse o simplemente a tumbarse en la hierba para contemplar el cielo límpido y azul. El viento era fresco y traía aromas de lavanda y de una paz infinita. Desconozco la sensación que deben tener los escaladores  cuando alcanzan esas cimas de los cuatromil…pero yo, en aquel momento y a poco más de 600 mtrs de altitud, me sentía en la cima del mundo.

Fue todo un acierto reservar este alojamiento mientras organizaba mi primer viaje a Toscana, y un auténtico regalo para los sentidos disfrutarlo durante 14 días. El agroturimo está compuesto por unas pocas casitas muy similares, restos de un antiguo pueblo medieval, que los propietarios Enrico y Nara habían rehabilitado. Además, quedaba entre ellas la antigua casa de la nonna (la abuela) de Enrico, quien sentía por estas tierras un enorme afecto y dedicaba su tiempo al cultivo de los olivos milenarios.

Esta zona de la Toscana pertenece al Valle de Mugello, seguro que a todo el mundo le “suena” por el famoso circuíto, pero a pesar de su cercanía a la ciudad de Florencia es quizá de las menos transitadas… toda una ventaja, pues permite disfrutar de una tranquilidad absoluta alejada de los grupos de turistas que todo lo invaden en otros lugares más famosos. Reconozco que es un punto de partida muy poco usual para un primer viaje a Toscana, pero aun después de muchos años no me arrepiento de haberlo escogido.

Precisamente la familia Medici, omnipresente en la ciudad de Florencia, era originaria de este Valle. Quedan en la zona algunas de las villas que tan ilustre familia poseía y puede seguirse una ruta Medicea desde Dicomano hasta Barberino de Mugello, llegando hasta  Cafaggiolo, Trebio o Pratolino (Vaglia) donde podréis disfrutar de la Villa Demidoff… no se puede visitar todos los días y de hecho cuando llegamos hasta allí no pudimos hacerlo (no os fiéis siempre de lo que dicen las guías de viaje, en ocasiones contienen errores en detalles como éstos) Os recomiendo de verdad hacer este circuíto si estáis organizando vuestro viaje a Toscana, ya se que se escapa un poco de lo que algunos consideran “imprescindible” pero ¿De verdad os interesa sólo lo que hace todo el mundo?

Dicomano es un pueblo pequeño: un supermercado, un almacén de ferretería, una panadería-heladería..y poco más. Algunas tardes, en aquellas pocas ocasiones que decidíamos dedicar el día al descanso, sin agotadoras rutas en nuestro afán por descubrir hasta el último rincón de la Toscana (imposible por más que nos empeñásemos) ibamos a pasar la tarde a Borgo de San Lorenzo. El pueblo es tranquilo, como todos por esa zona, pero posee una riqueza patrimonial envidiable: la Pieve di San Lorenzo, quizá la iglesia más antigua del Mugello (S.XII), el Palazzo del Podesta en cuya fachada se pueden admirar los escudos de las nobles familias que lo habitaron, o la Villa Pecori Giraldi, edificio renacentista donde encontrareis la oficina de turismo y un museo.

Pero lo que más disfrutábamos era nuestro paseo por sus calles, atravesando la muralla del S.XIII por la Porta Fiorentina para encontrarnos con la Torre del reloj.Tomar un helado, mirar los escaparates y disfrutar de esa parte de la ciudad cerrada al tráfico donde jóvenes y viejos pasean y toman el pulso a la vida.

Cuántas veces me he alegrado por el descubrimiento de este lugar en nuestro viaje a Toscana. Como todos los descubrimientos, me fue dado por la casualidad… o por la desesperación, pues llevaba dos meses intentando encontrar un alojamiento para las fechas deseadas y que se adaptase a mi bolsillo!

La ubicación ideal estaba entre Florencia y Siena, pero alojarse en el Chianti en pleno Agosto es una locura, tanto por los precios como por la masificación. Cuando ya estaba empezando a desesperar entré de casualidad en una web que, después de…había perdido la cuenta, milagrosamente no había visitado. Y allí lo encontré…I Nidi di Belforte, a tan sólo unos 30 km de Florencia y una estupenda conexión por tren con la ciudad.

Puedes hacer muchos viajes, encontrar sitios maravillosos… pero sólo algunos, por alguna extraña razón, los haces tuyos. Y eso nos ocurrió con I Nidi y con aquel viaje a Toscana, que fue sin duda, el mejor de nuestra vida.

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Una tarde en el Palio de Siena

Una tarde en el Palio podría ser, pero no lo es, un título más en la filmografía de los hermanos Marx. Quizá lo acontecido en la crónica de un 16 de agosto de 2011 contenga algunas situaciones inverosímiles, una buena dosis de caos, mucha más emoción y, sin duda, una alegría contagiosa. Cuatro años atrás, un Ferragosto de 2007, me hice la promesa de regresar a la ciudad de Siena para vivir en primera persona la emoción de “Il Palio”, aunque ésto más que una promesa es una forma de expresar en “voz alta” los anhelos más profundos.

 

 

Una tarde en el Palio podría resumir las horas previas, y el tiempo fugaz, de la que se considera la carrera de caballos más peligrosa del mundo, la más arriesgada, la más emocionante, y en ocasiones la más criticada o denostada. Pero es mucho más que todo eso. Se inicia en las primeras horas de la mañana con la misa del “fantino”(jinete) aunque durante toda la semana se desarrollan actos y distintas pruebas hasta llegar al gran día. En realidad, Siena vive Il Palio desde el mes de Julio, pues el día 2 de ese mes tiene lugar la primera carrera en la que se decide cuales son las Contradas que llegarán al de Agosto -Il Palio de la Assumpta (de la Asunción)-.

Hasta las siete de la tarde, hora en que se cierra el acceso a la Piazza del Campo, quedan muchas horas por vivir, por disfrutar en esta ciudad que, ya he dicho en otras ocasiones, figura en mi lista de lugares favoritos, no sólo por su belleza indiscutible sino por ser poseedora de un carácter propio. Siena, que recibe de manera habitual a cientos, miles, de turistas, ve desbordadas sus calles, largas y estrechas, por una muchedumbre dispuesta a empaparse de la emoción de la fiesta del Palio, a contagiarse de la alegría de sus habitantes, aunque no tomen partido ni compartan la histórica rivalidad entre los vecinos de unas y otras Contradas, para quienes vencer la prueba es una cuestión de honor.

Tan sólo algunos insensatos -turistas en su totalidad- ocupan la Piazza desde primeras horas de la mañana, unos pertrechados con paraguas para protegerse del sol, aunque otros van más allá en su osadía y puedo observar los signos de las que serán severas quemaduras solares sobre sus pieles blancas, lechosas, que indican claramente su procedencia, sin necesidad de consultar su pasaporte. Pero muchos otros aprovechan la visita a la ciudad para conocer los innumerables tesoros que ofrece, entre ellos su Catedral, más bella si cabe engalanada para la ocasión.

Como no es nuestra primera visita a Siena – y espero que tampoco la última- no hemos querido madrugar en exceso, aunque ello nos complique, un poco más, la tarea de encontrar aparcamiento. La mayoría de los parking exhiben el cartel de “pieno” (lleno) pero finalmente nos hacemos un hueco en el de la Fortezza, gratuíto. Son las ventajas de un utilitario pequeño, como el cinquecento.

Por el camino, nos hemos desviado de la ruta más rápida para disfrutar de uno de los paisajes más sorprendentes de la Toscana, las Crete Senesi. Este paraje, que tomamos desde la salida a Betolle para continuar por Asciano hasta Taverne d’Arbia sigue sorprendiéndome cada vez que lo visito, tan diferente según la estación, pero es en verano cuando más me impacta, cuando más se asemeja a la superficie lunar – aunque nunca he viajado a la luna!- por lo que también es conocido como “crete lunari”. Y no os podéis imaginar lo bello que está en primavera. Es un recorrido que nadie debería perderse cuando visite Siena. Mucho menos frecuentado que otras zonas más turísticas, y sobrevaloradas en mi opinión, conserva como pocos la esencia del espíritu toscano: recio, árido, pero suave y acogedor a un tiempo.

Esto es sólo un inciso, pero una buena forma de comenzar un día lleno de emociones, de alcanzar una paz de espíritu… que ya se romperá con la algarabía y el bullicio de Siena!. Como hemos llegado con buena disposición de ánimo, a sabiendas de que deberemos soportar aglomeraciones, paseamos sin prisa entre las calles y nos sentamos en las escaleras que suben hasta el Duomo, para disfrutar del ir y venir de gente -a salvo del sol feroz que cae de plano sobre la Piazza- donde incluso nos llega una leve corriente de aire muy agradable.

En los aledaños de la Piazza del Campo se suceden los desfiles con los miembros de las Contradas: abanderados, caballeros medievales y las mujeres y niños ataviados con el pañuelo al cuello, que entonan una pegadiza melodía. Dan ganas de unirse al desfile, confundirse entre la muchedumbre, aunque no conozca la letra de la canción…

Al igual que cuatro años atrás, decidimos repetir nuestra comida en I Terzi, donde hemos reservado previamente. El local apenas ha cambiado, aunque por la fecha señalada hay una carta diferente y ya no cuelga la pizarra con los tres o cuatro platos del día. El menú es un poco más sofisticado, pero siguen preparando unos deliciosos pici, y los precios han subido… claro que ha pasado ya un tiempo, aunque nos parezca mentira!. La verdad es que el servicio es lento y no demasiado amable, quiero pensar que por ser un día excepcional, pero hace pocas semanas unos amigos, siguiendo nuestra recomendación,  han estado por allí y les ha ocurrido lo mismo. Es una pena, pero no podemos evitar que algunas cosas cambien!. Lo que permanece invariable es la ciudad, tan bella como siempre: las mismas tiendas con excelentes productos toscanos, el mismo lugar para tomar un café, un rincón donde esconderse… es una sensación extraña cuando se viaja desde otros lugares en los que se abren y cierran negocios con una rapidez sorprendente, o donde los viejos edificios desaparecen de la noche a la mañana, dejando un vacío inmenso, un solar desangelado que, tal y como están las cosas, nadie sabe que destino tendrá.

Con el estómago agradecido, decidimos dar una vuelta “de reconocimiento” a la Piazza, para comprobar su nivel de ocupación. Cuando la sombra de los edificios comienza a cubrir alguno de los ángulos, puede ser un buen momento para ocupar una posición privilegiada, sentados en el suelo como tanta gente lo hace. A mi lado, una joven aprovecha las horas para dedicarse a la lectura, en un idioma, por cierto, totalmente ininteligible. Hasta aquí llegan los ecos de la música y el redoble de tambores de los cortejos, que no cesan en su recorrido por la ciudad. Las horas transcurren lentas y los puestos que venden botellas de agua, sombreros y souvenirs para la ocasión, que se han situado en medio de la plaza, se van retirando poco después de las cinco de la tarde. Para entonces, la afluencia de público es mayor y el ambiente se anima mientras todos observamos impacientes el reloj de la Torre del Mangia.

Si algo hay que destacar en este evento, el del Palio, es la excelente organización. Cuerpos de policía, brigadas de limpieza municipal, servicios de socorro…jamás me he sentido tan segura entre una multitud, convencida de que ante el más mínimo incidente todo estaría bajo control. Como en el “making off” de una película o de un videoclip, las gradas comienzan a ocuparse- sólo por algunos de entre los más afortunados, familias de renombre o miembros importantes de las Contradas- y la Piazza recibe la llegada de mucha más gente de la que parece admitir. Pero es una falsa percepción, os aseguro que poco después, en los minutos previos al inicio de la carrera, los jóvenes seneses, que han acompañado los desfiles hasta su llegada a la Piazza, continúan entrando por un único pasillo central habilitado junto al Ayuntamiento, y no tienen reparo en ocupar el centro, aprisionados, dispuestos a vibrar con la emoción de la carrera.

Mientras, abanderados y miembros del cortejo, recorren la Piazza, deslumbrando al público con sus proezas y lanzamientos, siempre el mismo ritual… la recogida de las banderas y el redoble de tambores que preceden al lanzamiento de las enseñas, que arrancan suspiros de admiración entre el público. Nos hemos situado junto a la curva del Casato, uno de los puntos más complicados de la carrera, tan sólo superado por la famosa curva de San Martino donde suceden la mayor parte de las caidas – si el caballo llega sin jinete a la meta resulta igualmente vencedor- y algún desafortunado accidente.

Los servicios de limpieza municipal recorren la pista con grandes escobas de paja, para que quede libre del más mínimo obstáculo, que pondría en grave peligro a los participantes. El olor a tierra impregna el ambiente, mientras se apisona durante estos mismos preparativos, y cuando un cuerpo de guardia, a caballo, recorre las tres vueltas para comprobar el terreno, estremece la velocidad que alcanzan sin escuchar, ni por un instante, el sonido de los cascos sobre el terreno.

A estas horas comienza a sentirse la tensión, la impaciencia, el esfuerzo por mantenerse firme en el espacio conquistado, y también se advierten las consecuencias de algunos excesos: demasiadas horas bajo el sol de la Piazza, apenas una porción de pizza o un snack para comer… demasiado sacrificio para ocupar los primeros puestos, y la decepción de tener que abandonar su lugar justo antes del gran momento, en una de las camillas del servicio de socorro. Los sanitarios actúan con una celeridad impresionante y acceden a cualquier punto de la plaza con enorme rapidez, aunque advierten a quienes se niegan a abandonar su puesto, a pesar de la sensación de mareo o malestar, que una vez cerrada definitivamente la Piazza no podrán acudir de ninguna manera.

No es extraño que la tensión entre los miembros de unas y otras Contradas provoque algún pequeño enfrentamiento o discusión. Pero las normas de esta carrera son muy estrictas y cualquier mínimo incidente puede conllevar una amonestación o incluso la descalificación  o la prohibición de participar en la prueba. En la web de la ciudad de Siena pueden incluso leerse estas amonestaciones y resoluciones referentes al Palio, del mismo modo que al llegar a la ciudad encontramos, en grandes paneles, un bando municipal en el que se publican las normas que rigen el mismo.

Probablemente este Palio de agosto de 2011 no será recordado, afortunadamente, por la anécdota que ahora circula por internet y que cual paparazzi inmortalizamos a pocos metros de donde nos encontrábamos: la actitud poco decorosa de una pareja, turistas por supuesto -y no me aventuro en la nacionalidad para no herir susceptibilidades- desde la ventana de uno de los hoteles que ofrecen habitaciones con magníficas vistas a la Piazza del Campo. El revuelo entre el público resultó ciertamente divertido, y la reacción de aquellos que se encontraban en los balcones de las casas cercanas ha provocado que incluso alguien, con poco tino musical pero mucho sentido del humor, haya “compuesto” una canción relatando lo sucedido.

Per todo este revuelo se acaba cuando los caballos hacen su entrada en la Piazza. El público en las gradas comienza a pedir silencio, y la rivalidad entre las Contradas se advierte por los vítores y abucheos de unos y otros cada vez que las autoridades nombran a aquellas que participan en la prueba final. La tensión se contagia, atenaza los músculos, y parece que apenas se puede respirar entre la inmensa marea humana que ocupa el Campo. Tan sólo durante unos segundos se hace un silencio sepulcral, casi impensable entre 60.000 almas, y una explosión en el cielo- que provoca el vuelo de las numerosísimas palomas que habitualmente habitan la Piazza- precede a la explosión de júbilo y gritos de ánimo, cada cual hacia su favorito.

Sólo los seneses pueden comprender y vivir esta enorme rivalidad, el orgullo de pertenecer a cada una de las Contradas, con una intensidad casi inimaginable. Sin embargo, resulta muy fácil contagiarse de este ambiente e incluso tener un favorito. En nuestro caso, animamos al fantino de Leocorno (el Unicornio) que en las primeras dos vueltas se sitúa en los puestos de cabeza. Para nosotros tiene un significado especial: Leocorno fue el vencedor en el Palio de agosto de 2007, en cuya víspera prometimos que algún día regresaríamos a Siena para vivir la carrera.

La velocidad que alcanzan los hermosísimos ejemplares tan sólo permite apreciar una estela de formas y colores que pasa ante nuestros ojos, mientras a nuestros oidos llega el clamor ensordecedor del público. Tres estruendos en el aire dan por finalizada la prueba, que finalmente ha vencido la Jirafa. La alegría de unos se mezcla con el llanto y los lamentos de otros y la multitud se abalanza sobre el fantino ganador para llevarlo a hombros. Mucho antes de que las autoridades abran las vallas de acceso al centro de la Piazza, los jóvenes han comenzado a saltarlas para dirigirse a las calles y celebrar el triunfo. Finalmente, y viendo que nadie nos iba a sacar de allí, optamos por imitarles dando cuenta de una agilidad que creíamos perdida. Nos despedimos de una pareja americana, con quienes hemos compartido nuestras horas de espera y el espacio reducido cerca de la curva del Casato.

Una sensación de irrealidad me invade…habrá sido un sueño? Las horas de espera, la tensión y la emoción vividas, el sonido de tambores que aun resuenan en mi cabeza, los colores de los estandartes que ondean por toda la ciudad… de repente todo ha pasado, en apenas unos instantes. Comienzo a sentir cada músculo de mi cuerpo, el peso de mis piernas, de mis brazos, mientras nos abrimos paso entre las calles abarrotadas buscando una de las puertas de salida.

En Siena esta noche no termina. Volvemos la vista atrás con una nueva promesa: la próxima vez nos alojaremos en la ciudad, para disfrutar de esa noche mágica, de alegría desbordante, en la que no hay tiempo para el reposo.

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La Capilla di Vitaleta, la foto más famosa de la Toscana

Ilustra la portada de guías de viaje, aparece en primer plano en las búsquedas de imágenes de Google, la encontraréis en cualquier libro sobre la Toscana y en muchas películas  rodadas en estas tierras…os hablo de la Capilla de Vitaleta.

Existen otras pequeñas Capillas como ésta, y las podréis ver recorriendo las serpenteantes carreteras rodeadas de colinas, pero Vitaleta se ha convertido sin duda en un icono de la Toscana. La Capilla entre cipreses, inmutables con el cambio de estación.

Ha sido inmortalizada por grandes fotógrafos, Andrea Rontini, Stefano Caporali… (por cierto, de nuestro curioso encuentro con el primero en su galería de Castellina in Chianti os hablaré en otra ocasión) y por miles de personas que han quedado cautivadas por este lugar único.

Me resulta muy difícil transmitir  todo lo que la visión de este lugar nos produjo, y es que en este caso aquello de que “una imagen vale más que mil palabras” no es del todo cierto. Por muchas fotos que veamos no es posible hacerse una idea, hay que estar allí para abarcar con la mirada ese amplio paraje casi desierto, donde las colinas se suavizan todavía más si cabe, y que mantiene la misma calma desde hace siglos.

La primera vez que divisamos la Capilla de Vitaleta hacíamos la ruta que va desde Montalcino hasta Montepulciano, dejábamos atrás San Quirico d’Orcia para dirigirnos a Pienza y nos dimos de bruces con esa imagen que tanto habíamos visto mientras preparábamos nuestro viaje. Es complicado encontrar un lugar donde parar el coche cuando transitas por las estrechas carreteras de la Toscana, pero lo hicimos…era el mes de agosto y el paisaje nos resultó impactante. El color de las colinas en verano las convierte en una serie de ondulantes dunas, resulta árido, duro, como si de un desierto se tratase… sólo la presencia de los cipreses te reconcilia con la naturaleza.

La segunda vez que visitamos este paraje era a finales de marzo. La visión que nos ofrecía era radicalmente distinta y las colinas eran de un verde imposible. Las nubes proyectaban su sombra sobre los campos de grano y los hacían “bailar” ante nuestros ojos. Esta vez no nos conformamos con tomar unas fotos desde la carretera, y a pesar del cartel de “propiedad privada” decidimos bajar por aquel camino. Nos cruzamos con un coche y preguntamos si se podía acceder hasta la Capilla por allí. Resultó ser el propietario de un agroturismo, cuya propiedad estábamos “invadiendo”, quien nos indicó que hasta la misma Capilla no… ¡sólo faltaba! pensé. Aparcamos delante de su casa, y nos adentramos en el camino ligeramente embarrado (en esos días había llovido, incluso nevado en otras zonas no muy lejos de allí). El viento era fresco, pues ese año (2008)  la primavera había hecho caso omiso del calendario y decidió que no era el momento de regalarnos temperaturas más suaves, así que se limitó aobsequiarnos con las lluvias frecuentes en la Toscana durante esa estación.

Pensé que el relato de lo que vivimos ese día iba a resultar más sencillo, pero se me está haciendo muy difícil. Caminar entre la hierba que me llegaba hasta más arriba de las rodillas, respirar aquella paz profunda y llegar hasta la Capilla de Vitaleta para tocar sus muros… no es una cuestión de creencias religiosas, aunque en esta capilla apareció una imagen de la Virgen atribuída a Adrea della Robbia que actualmente se encuentra en la Iglesia de la Madonna di Vitaleta  en San Quirico d’Orcia. Se cree que la imagen se compró en Florencia en el S. XVI y que formaba parte de una Anunciación. La Capilla, como todo el Valle d’Orcia, está declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, aunque me apena enormemente su deterioro.

Como decía, no se trata de creencias o no… en este lugar, simple y llanamente, uno se reconcilia con la vida o consigo mismo. Uno puede cerrar los ojos y escuchar el silencio infinito que todo lo envuelve, y aun así, privado de la visión, la imagen permanece.

Hace ya un tiempo, compré un libro cuyo título sería muy adecuado para este artículo, o quizá el autor hubiese debido incluir en el mismo este lugar de la Toscana. Se trata de “Lugares donde se calma el dolor”, de César Antonio Molina, y en su contraportada se puede leer:

” ¿Existen lugares donde estamos libres del dolor, donde no nos puede alcanzar la muerte? Acercarnos a ellos es entrar en contacto con espacios donde el tiempo se detiene a la manera de una especie de limbo a salvo de todo”…

Eso es exactamente de lo que estoy hablando… en este lugar en el que,  aunque os pueda sorprender, hay quien me ha pedido reposar para siempre.

 

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No toques la teta de Julieta (y otras supersticiones viajeras)

No toques la teta de Julieta, por favor. Consideraciones sexistas aparte (¿Os imagináis que la costumbre fuese tocar los atributos de Romeo?) no creo que te garantice en absoluto que vayas a encontrar el amor verdadero . Si en tu caso, lo que necesitas es una excusa para regresar a Verona, búscate otra cualquiera ya que motivos no faltan para querer visitar una y otra vez esta hermosa ciudad del Véneto. Es una de esas costumbres “absurdas” que se repiten en muchos lugares que visitamos, como tirar monedas a una fuente o un pozo, pisar los testículos de un toro o tocar el morro de un jabalí, por citar tan solo algunas. Voy a llamarlas, amablemente, “supersticiones viajeras”. Y no digo que, en alguna ocasión, no haya sucumbido a alguna de ellas. ¿Vamos allá con la lista? Estas son algunas de ellas y ¡Solo en Italia!

 

#1 Tocar la teta de Julieta

Desconozco el origen esta superstición viajera pero, desde que en el año 1907 el Ayuntamiento de Verona adquirió parte del edificio, de origen medieval, que fue propiedad de la familia Dal Cappello, y que la leyenda popular dice que fue la casa natal de Giulietta Capuleti, son miles los turistas que pasan por allí. Incluso el famoso balcón y la ventana de estilo gótico son añadidos arquitectónicos a posteriori, seguramente con la finalidad de hacer más creíble la leyenda inmortalizada por Shakespeare. Por cierto ¿Sabíais que el dramaturgo jamás pisó Verona?

En el jardín, la estatua en bronce de la joven Julieta aguanta impasible la larga fila de viajeros supersticiosos que esperan para fotografiarse tocando su seno derecho y tanto toqueteo ha producido un desgaste más que evidente. Si al menos fuese el izquierdo, podría “bienpensar” que alguien se equivocó buscando el latido de su corazón.

Encontrar el amor o regresar a Verona, si es mejor acompañado/a, es una excelente idea. Sus hermosas plazas, como la delle Erbe, sus Palacios y el escenario único de su anfiteatro (Arena), su gastronomía o sus vinos- cultivados con mimo en las suaves colinas que rodean la ciudad- justificarían ya de por si el viaje . Así que, por favor ¡No toques la teta de Julieta! Y regresa a Verona siempre que puedas.

 

#2 Girar 3 veces sobre los testículos de un toro

Si leíste nuestro post sobre una escapada a Milán esto te resultará familiar. Ya te hablamos sobre las Galerías Vittorio Emmanuelle, frente al Duomo. Son preciosas y llenas de tiendas de lujo y Cafés. Seguramente inasequibles para una gran mayoría, desde luego para mi, de modo que quizá recurrir a la superstición viajera de turno nos funcione a la hora de atraer a la suerte.

En el centro de la Galería encontraréis el famoso mosaico del toro. En realidad es el escudo de la ciudad de Torino, donde también existe la tradición de pisar los testículos del toro que se encuentra en la Piazza San Carlo aunque, dicho sea de paso, los turineses lo hacen con mayor discreción (mientras pasean)  y no con tanto ahínco como en el caso de las Galerías más famosas de Milán.

La tradición, o más bien superstición, dice que hay que dar tres vueltas sobre un mismo pie encima de los testículos del toro. Es normal que, como ocurre con la teta de Julieta, os encontréis guardando cola para cumplir con el ritual y de paso sacar la foto. Os advierto que es complicado girar, ya que os hundiréis en el agujero que se ha ido formando en ese punto.

 

#3 Tirar 1 moneda (ó 2, ó 3) en la Fontana di Trevi

Confesad: ¡Vosotros también lo habéis hecho!

La fuente más famosa de Roma- sobre si es la más hermosa podríamos discutir durante horas- la más fotografiada y cinematográfica, lo es también por la tradición de lanzar una moneda a sus aguas custodiadas por Neptuno. No vale hacerlo de cualquier manera, así que atentos: de espaldas a la fuente, con la mano derecha y por encima del hombro izquierdo.

Parece ser que lanzar una moneda nos asegura volver a Roma. No es descabellado y, si encontramos una de esas ofertas de vuelos low cost a 2 €, probablemente volvamos antes de lo que nos imaginábamos (¡Ay, ese par de eurillos que echamos a la fuente!) La segunda moneda nos garantiza el amor y la tercera el matrimonio e incluso dicen que el divorcio, en caso necesario. Mucho me temo que estas últimas supersticiones viajeras sean de nuevo cuño pero ¡Que más da!

Solo os advierto en que es complicado encontrar un hueco para lanzar la moneda y, por supuesto, inmortalizarlo con vuestra cámara.

 

#4 Otra moneda para el Pozo del Palazzo Orsini

Guarda una de tus monedas para el Pozo del Palazzo Orsini en Pitigliano (Toscana) Seguramente este no sea uno de los lugares más famosos del mundo pero si uno de los que yo os recomiendo. La leyenda sobre el Pozo no soy capaz de recordarla muy bien pero os aseguro que las monedas, haberlas haylas. La realidad es que este “pozo de los deseos” se construyó en el siglo XVI, en un ampliación de este Palacio-Fortaleza original del S.XII. Se hizo sobre la cisterna que recogía, depuraba y distribuía el agua procedente de la lluvia en el centro de Pitigliano.

El pozo, de estilo renacentista, presenta forma hexagonal y está decorado con bajorrelieves que representan los escudos de armas de la familia Orsini.

Pitigliano es un lugar fascinante, envuelto en una atmósfera única, donde el tiempo parece haberse detenido. Quizá se deba a su construcción en el “tufo” (piedra volcánica) Pero además es un lugar lleno de leyendas, como la del conocido como “Poggio Strozzoni” donde se dice que el Conde Orso Orsini estranguló a a su mujer  al sospechar que le era infiel.

 

#5 Tocar el hocico del “cerdito”

En realidad os hablamos de la fuente del Porcellino, en la Logia del Mercado nuevo en Florencia, muy cerca del Ponte Vecchio. Así que no os preocupéis que el cerdito, que en realidad es un jabato, es una estatua de bronce cuyo hocico, tal y como sucede con la teta de Julieta, aparece brillante y dorado de tanto tocarlo.

Dicen que tocar el hocico del Porcellino trae suerte y , es más, para saber si nuestro deseo de cumplirá hay que apoyar una moneda dentro de la boca del animalito y dejarla caer en el pozo de la fuente. Si la moneda se cuela entre las aberturas de la rejilla, que cubre el pozo ¡Podemos dar nuestro deseo por cumplido!

En realidad el jabalí es un animal muy habitual en los bosques toscanos y parte importante en su gastronomía. No dejéis de probar la pasta con ragú de cinghiale o un delicioso paté.

La escultura de la Fontana del Porcellino, encargada por Cosimo I y destinada al Palacio Pitti, era en realidad una copia de una escultura en mármol más antigua, que puede contemplarse en la Galleria degli Uffizi. Fue Fernando II de Medici quien decidió transformarla en fuente y ubicarla junto al mercado, para que abasteciese a los comerciantes florentinos que vendían piedras preciosas, tejidos de seda, lana y brocados. Aunque os tengo que advertir que el Porcellino original, en bronce, se conserva en el Museo Bardini.

A pocos kilómetros de Florencia, en pleno Chianti, la figura del jabalí en la puerta de la carnicería Falorni (Greve in Chianti) una de las más antiguas de Toscana, recibe también la visita de tantos curiosos que se acercan a tocarlo en busca de buena suerte, aunque mucho me temo que la finalidad de la escultura no sea otra que la de servir como reclamo comercial de los productos Falorni.

 

Seguro que me dejo un montón de supersticiones viajeras en el tintero (me acabo de acordar de los famosos candados del Ponte Milvio en Roma) pero lo cierto es que seguro que habéis cumplido con el ritual en alguna ocasión. En realidad, creer o no es una elección personal pero, pensándolo bien, puede ser una excusa perfecta para recorrer Italia de Norte a Sur: desde la Teta de Julieta en Verona a la Fontana de Trevi en Roma, pasando como no por Florencia y la incomparable Toscana, podríamos organizar un viaje en busca de la buena suerte.

Pero… ¿No os dais cuenta? La verdadera fortuna está en poder visitarlos, así que  ¡Buen viaje y buena suerte, viajeros!

 

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Una casa en… La Toscana (La Miniera)

Tengo una casa en la Toscana. Eso es lo que creen mis amigos. No me molesto demasiado en sacarles del error, seguramente porque el equívoco me divierte sobremanera. Ha llegado a tal punto que, cuando se acerca el periodo de mis vacaciones, hay quien pregunta- o más bien afirma- “vas a la Toscana ¿Verdad?”

Lo cierto es que ese es uno de mis “destinos reincidentes” y no voy a negar que una casa en la Toscana es uno de mis sueños, y seguramente tuyo también, mi estimado lector. No pretendo protagonizar una de esas pelis que han contribuido a generar un anhelo enorme, ni hablo de una villa tipo “Bajo el sol de la Toscana”. Me conformo con una casa pequeña desde la que admirar las suaves colinas y las noches estrelladas. Y además, soñar es gratis.

Vale -lo admito- Sería estupendo compartir con mis amigos ese lugar de mis sueños, pero en realidad ya lo he hecho. Son tantas las veces que me han pedido consejo para viajar a Toscana que he terminado por recomendar “la casa” a mis amigos, a los amigos de mis amigos y al final incluso a desconocidos, que han llegado a mi desde auténticas redes sociales (y no hablo de Facebook) Fue siempre un placer.

Sin quererlo, y mucho antes de empezar con este blog, he organizado vacaciones familiares, tours fotográficos para aficionados y profesionales, y recorridos culturales o gastronómicos para otros. En todos los casos, La Miniera ha sido el lugar perfecto desde el que iniciar cualquier itinerario. Situada en Montefollonico (Siena), un enclave tranquilo desde el que contemplar la cercanísima Montepulciano o desde la que se llega de un salto a lugares tan emblemáticos como Pienza, Montalcino o San Quirico d’Orcia, muy cerca del Valle del mismo nombre y también de la Val di Chiana o de un lugar mágico como las Crete Senesi. Todo ello con la ventaja de ser un lugar menos conocido, un poco fuera de los circuitos habituales, lo que por norma general se traduce en “algo más asequible, económicamente”.

La historia de como La Miniera llegó a a convertirse en mi casa de vacaciones es un tanto singular, o quizá no. En uno de mis viajes me había alojado junto a familia y amigos en un apartamento encantador en Radicofani, al sur de la región. Decidí volver, y al no obtener respuesta a través de los formularios de reserva, llamé directamente al propietario quien nos dió la “mala noticia” de que ya no alquilaba la casa. Quedé, como dirían los franceses, “desolé”. Sin embargo nuestro ex-anfitrión se ofreció a contactar con unos parientes suyos- Luca y Beatrice- que tenían una casa cerca de Montepulciano, muy hermosa y “con vistas a las colinas”- remarcó- Y estaba en lo cierto.

Hay sensaciones difíciles de describir, van íntimamente ligadas a los aromas que trae y lleva el viento, al sabor de una copa de vino después de una jornada de itinerario por las serpenteantes carreteras, de paisajes increibles, de lugares llenos de arte, sentada en la terraza mientras se disfruta, tal y como me lo describieron, de la vista de las colinas y la vecina Montepulciano.

La casa es perfecta para ir en pareja, o con amigos (tiene dos habitaciones dobles y además un sofá cama en el salón) Para ir con niños, ya que tiene un pequeño jardín, y por supuesto con vuestra mascota porque además es dogfriendly ¿Qué más se puede pedir?

Quizá os estéis preguntando porque esta casa se llama La Miniera (La Mina). En su interior lo descubriréis, a través de fotos antiguas y grabados que relatan el desarrollo de la explotación de minas de carbón en Montefollonico, desde finales del S. XIX y especialmente desde principios del S. XX  hasta los años 60 del mismo, aunque el descubrimiento de la primera mina data del año 1750.

Y ahora decidme ¿Tengo, o no, una casa en la Toscana? Por cierto, si os apetece alojaros aquí no dudéis en contactar con nosotros.

 

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Florencia, ciudad del arte y el Renacimiento

Vale, lo admito, es difícil ocultar mi predilección por la Toscana en general y particularmente por Florencia. En los (casi) 3 años que llevo viviendo por Italia, he viajado de norte a sur y de este a oeste, recorriendo muchas de las regiones de este país. No se si será el hecho de que es la que más he visitado (como turista) pero varias localidades de esta amplia región forman parte de mi Top de ciudades Italianas favoritas. Florencia es, para mi,  la Ciudad de Arte más importante del país

Considerada la cuna del Renacimiento, cuenta con el patrimonio artístico y arquitectónico más importante del mundo. Para que os hagáis una idea, todo el centro histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Corría el siglo XIV cuando llegó la época dorada a Florencia, los Medici gobernaban y se habían convertido en grandes banqueros. Esta influyente familia fue mecenas de los que entonces fueron lo que hoy llamaríamos ‘artistas emergentes’. Grandes nombres del arte y las letras como Leonardo Da Vinci, Rafael, Botticelli, Brunelleschi y Maquiavelo entre otros. No es de extrañar que con este ‘background histórico’ la ciudad esté llena de rincones que visitar.

La Catedral de Santa Maria dei Fiori alberga la obra cumbre de Brunelleschi: su cúpula, decorada con impresionantes frescos. En  la cripta  encontraremos la tumba del arquitecto. Frente a la catedral, en el Baptisterio, nos encontraremos frente a la Puerta del Paraíso, de Ghiberti, aunque hay que advertir que no se trata de la original- que se encuentra en el Museo dell’Opera del Duomo, muy cerca de allí- ya que fue sustituida para someterla a una laboriosa restauración y preservarla de las inclemencias.

Caminamos hasta la Piazza della Signoria, la plaza más importante y conocida de la ciudad . Lo primero  que  nos llama la atención al llegar es el Palazzo Vecchio, antigua residencia de la Corte. En la entrada se pueden distinguir dos estatuas: Una copia del David de Miguel Ángel y otra obra de Baccio Bandinelli. En otras partes de la plaza encontramos la Fuente de Neptuno y una estatua ecuestre dedicada a Cosimo I di Medici.

El Ponte Vecchio es todo un icono de Florencia y uno de los puentes más famosos del mundo. Dañado por las continuas inundaciones del Arno, destruido y reconstruido, desde siempre ha sido una zona de intensa actividad comercial, inicialmente ocupada por carniceros y más tarde por joyeros y comerciantes de oro. Actualmente podemos encontrar las que seguramente son las joyerías más lujosas de la ciudad.

Las iglesias de la Santa Croce y Santa Maria Novella son dos lugares que bien merecen una visita si disponemos de tiempo. Y al otro lado del Arno, en Oltrarno, un barrio más tranquilo, el Palazzo Pitti- residencia de los Medici- la plaza del Santo Spirito o joyas escondidas como la Capilla Brancacci en la Iglesia del Carmine. Resulta complicadísimo escoger entra tantas maravillas en la ciudad del arte, es por eso que Florencia bien merece una estancia prolongada, o bien como hemos hecho nosotros regresar en cualquier ocasión.

El Piazzale Michelangelo aunque apartado del centro, en la parte alta de la ciudad. Podéis  tomar un autobús en Santa Maria Novella- aunque se puede subir andando- que os llevará hasta este mirador. Desde ahí la vista de la Florencia es espectacular. Además si viajáis en modalidad super low-cost, cerca del Piazzale hay un camping bastante económico (Una tienda privada con 2 camas sale por unos 30€ la noche). ¿Quién no querría tomarse un café por las mañanas con esas vistas?

Hablando de museos no podemos olvidar los dos más relevantes: La galería de los Uffizi contiene algunas de las obras más importantes de la historia, como ‘El Nacimiento de Venus’ de Botticelli o ‘La anunciación’ de Leonardo Da Vinci. Aviso, las colas suelen ser interminables (Y si vais en verano, estar bajo el sol 4 horas no es divertido, os lo aseguro) por lo que conviene reservar por internet o por teléfono para tener acceso prioritario. Si permanecéis varios días en Florencia comprad sin duda la Firenze card. La segunda que destacamos es la Galleria dell’Accademia, donde se expone el David de Miguel Ángel. Al contrario de lo que mucha gente piensa, ésta no es la única obra presente en el museo, sino que encontraremos muchísimas esculturas diseñadas por Miguel Angel y sus alumnos.

Es bien sabido que la cocina Toscana contiene algunos de los platos más exquisitos de la gastronomía italiana. Abundan las setas y hongos (Sobre todo la trufa), carnes selváticas como el jabalí o deliciosos patés. Pero hay algo por lo que Florencia es mundialmente conocida: La Bistecca Fiorentina. Preparad la cartera porque no es barato, pero un capricho nos lo concedemos de vez en cuando, ¿No?

Si queréis ahorrar id en busca de puestos de Pizza al corte o trattorias. Las hay verdaderamente económicas,y una de mis preferidas es ‘Gusto Leo‘, raciones enormes a precios irrisorios. Un plato de pasta ronda los 6€ mientras que un menú del día completo (Entrante+Ensalada+Plato de pasta) cuesta 13€.

¿Todavía encuentras excusas para no visitar esta magnífica ciudad?